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Land Rover Discovery 3.0 TDV6 HSE

Es un auténtico todo-terreno puro y duro, pero al mismo tiempo ofrece el refinamiento de una berlina de lujo. Su planteamiento sigue siendo todo un acierto y se adereza con un habitáculo amplísimo, una gran modularidad y capacidad de carga y, con este refinado motor, unas prestaciones notables sin que el consumo se dispare.
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Land Rover Discovery 3.0 TDV6 HSE
Hay quienes pueden preferir un SUV de lujo, tan de moda últimamente, para circular más del 90 por ciento del tiempo por carretera y, ocasionalmente, por alguna pista de tierra de poca dificultad. En el otro lado de la balanza y lejos de las modas pasajeras está el Land Rover Discovery, que desde finales de los años 80 se ha labrado una merecida reputación como eficaz todo-terreno. Pese a ello, no deja de lado el refinamiento de las mejores berlinas, ni un confort destinado a verdaderos sibaritas, sobre todo en esta cuarta edición. La "culpa" la tienen una casi perfecta insonorización, un nuevo y eficiente motor V6 biturbo Diesel y una suspensión neumática digna de modelos de representación. Por si esto fuera poco, sus cotas interiores le confieren un amplísimo habitáculo que se puede configurar para 5 ó 7 plazas (1.730 euros), y las dos últimas no sólo aptas para niños. La versión que nos ocupa es la más alta de la gama, con acabado HSE y propulsor TDV6 3.0 de 245 CV (62.000 euros), que incorpora de serie cambio automático de 6 marchas. La otra variante mecánica es un TDV6 2.7, de 190 CV, con un precio de partida de 42.770 euros si prescindimos de elementos como la suspensión neumática y el cambio automático.

Pese a sus aparatosas dimensiones, la buena visibilidad del Land Rover Discovery hacia todos los ángulos pone las cosas algo más fáciles a la hora de circular entre el tráfico, aunque para aparcar es recomendable la cámara de visión trasera (460 euros). Puede contar, además, con cámaras laterales delanteras y en los retrovisores (enfocando hacia el suelo), para disponer de una visión periférica completa en zonas complicadas fuera del asfalto, por las que, gracias a la suspensión neumática de altura variable y a sus larguísimos recorridos, pasaremos sin esfuerzo aparente. La reductora y el control de descensos harán el resto en rampas pronunciadas, mientras que el sistema "Terrain response" se encarga de adaptar la electrónica (ABS, ESP, respuesta del acelerador, gestión del cambio, altura, bloqueos...) a cada situación (nieve y terrenos deslizantes, barro y roderas, rocas, arena y dunas...). Todo ello en el más absoluto confort. Por cierto, que con la reductora engranada la velocidad máxima es de 88 km/h, en 6ª, y de 10 km/h, en 1ª. A la hora de analizar el comportamiento dinámico del Land Rover Discovery en asfalto no hay que olvidar que estamos ante un todo-terreno de 2,6 toneladas y no un SUV. Teniendo esto en cuenta, resulta brillante. Eso sí, hay que estar dispuestos a soportar un mayor balanceo de la carrocería y una menor precisión al límite en tramos virados. En curvas rápidas resulta sensible a las trasferencias de masas, de modo que al acelerar se abre ligeramente la trayectoria, y se cierra al levantar el pie, lo que otorga mayor confianza al conductor. En zonas tortuosas hay que disminuir la velocidad para que el ESP no actúe constantemente, pero si lo desconectamos (en realidad simplemente se activa un modo más permisivo), el ritmo de marcha que soporta el bastidor es difícil de creer. Los frenos, y sobre todo el motor, hacen que nos olvidemos del peso del Land Rover Discovery. A velocidades legales y a un ritmo constante podemos leer en el ordenador de viaje unos contenidos consumos de en torno a los 10 litros, aunque sobrepasaron los 21 litros tras nuestro exigente recorrido de pruebas por todo tipo de carreteras.

En cuanto al interior del Discovery, la única pega es el manejo poco intuitivo de la pantalla táctil del navegador, que además es poco visible cuando la luz ambiental es elevada. Desde ella se controlan también los sistemas de audio, Bluetooth, conexión USB, etc. Por otra parte, tanto la postura de conducción como los asientos delanteros resultan idóneos, mientras que los traseros acaban sintiéndose algo duros en viajes largos. Abatiéndolos se consigue un volumen de carga de 1.060 litros, además, la bandeja cubre equipajes se puede guardar bajo el piso del maletero. Practicidad no falta, y tampoco ganas de comprarlo si tuviéramos los 62.000 euros que cuesta. - Confort de marcha
- Capacidades todo-terreno
- Amplitud interior - Maniobrabilidad
- Peso elevado
- Opciones caras
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