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Lancia Voyager 2.8 CRD

Su apellido le precede y, pese a que ahora en su frontal pone Lancia y no Chrysler, sigue siendo el Voyager que todos conocemos. Eso sí, se han pulido algunos detalles.
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Lancia Voyager 2.8 CRD

Versatilidad y espacio a raudales son las dos cualidades más destacables de este enorme monovolumen, cuya "adopción" por parte de la marca italiana ha dado como resultado una mejora en su presentación interior, con acabados más cuidados, así como un enfoque algo más lujoso que corre a cargo de un completísimo equipamiento de serie.

El resultado es que este Voyager sigue siendo una de las mejores opciones para viajar ampliamente 7 pasajeros, y uno de los motivos es su sistema de asientos "Stow 'n Go". Su configuración 2-2-3 plazas, tipo autobús, encanta a los niños, y su modularidad, a los mayores. Las butacas que no se usan pueden plegarse y esconderse bajo el suelo —literalmente— para dejar libre una superficie plana y, cuando se utilizan, los huecos en los que se guardan dichos asientos —también los dos centrales— quedan vacíos y sirven para almacenar bultos. Por este motivo, y gracias a un maletero bastante amplio incluso cuando se utilizan las siete plazas, no habrá demasiados problemas para cargar el equipaje de todos los ocupantes. El proceso para plegar y desplegar los asientos es relativamente sencillo, y lo mismo se puede decir de la forma en la que se accede a la tercera fila de asientos, ya que accionando un simple mecanismo el asiento de la segunda fila se pliega y bascula hacia delante, dejando libre una zona de paso generosa. Las puertas laterales, por su parte, son correderas y de apertura eléctrica. 

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Lancia Voyager 2.8 CRD

Equipamiento de altos vuelos

Una vez acomodados, lo siguiente es regular la temperatura y, dado que la tapicería de piel, además de fácil de limpiar, suele ser fría en invierno —y calurosa en verano—, los cuatro asientos de las dos filas delanteras cuentan con calefacción. Otro detalle agradable es el volante calefactado, algo poco habitual, y también de serie. El climatizador es bizona en la parte delantera y con regulación independiente para la zona posterior del habitáculo, donde llega el aire a través de las salidas que hay en el techo. Lástima que la temperatura sólo se pueda seleccionar de grado en grado, sin posibilidad de medios grados, ya que su funcionamiento no es tan exacto como quisiéramos. Siguiendo con los cuidados hacia los pasajeros, y ya de forma opcional, puede contar con un sistema de DVD con auriculares inalámbricos y dos pantallas escamoteables colocadas longitudinalmente en el techo, junto con la que hay en la consola central, lo que "hipnotizará" a los niños en viajes largos.

Por otra parte, y volviendo al lado práctico, el habitáculo está lleno de huecos para depositar todo tipo de objetos, la mayoría de gran capacidad, y el hecho de que la palanca del cambio automático esté en el salpicadero, a la derecha del volante, hace que la consola central mejore sus posibilidades de almacenaje. 

Pedalier regulable

Antes de pulsar el botón de arranque probamos la regulación eléctrica de asiento y pedales, aunque esta última enfocada fundamentalmente a que personas de talla baja puedan acercárselos sin tener que ir demasiado pegados al volante. Los primeros metros de conducción dejan claro su carácter americano, con un convertidor de par que resbala bastante, y con una gestión del cambio que lo deja en "rueda libre" casi siempre que levantamos el pie del acelerador en zonas urbanas. Los cambios de marcha son suaves y relativamente rápidos bajo aceleración, pero si queremos reducir manualmente, mediante la función secuencial que permite bloquear la marcha más alta, las reacciones son lentas y poco satisfactorias, por lo que al final siempre dejaremos insertada la D. Nada que objetar teniendo en cuenta el planteamiento familiar del modelo, si bien el salto entre algunas marchas es demasiado acusado, pese a contar con seis relaciones. A pesar de ello, el motor ofrece un buen rendimiento desde muy pocas vueltas, y lucha con buen resultado dinámico contra las casi 2,3 toneladas que pesa el Voyager. Su sonido, sin ser elevado, no es atractivo en determinados puntos del cuentavueltas y en ocasiones, cuando aceleramos a punta de gas, llega al habitáculo un silbido que denota poco aislamiento acústico de la mecánica. Aun así, la rumorosidad a la hora de viajar es baja. 

Coherente

En cuanto al comportamiento, hay que tener en cuenta que su tren trasero está dotado de un sistema de eje rígido, perfecto para lograr semejante maletero porque ocupa poco, pero no tanto a la hora de lograr precisión en curvas o confort de bacheo, que a pesar de todo está a un nivel más que aceptable, pues, dada la enorme distancia entre ejes, serán casi exclusivamente los pasajeros de la última fila quienes noten una mayor dureza al pasar sobre determinados tipos de baches. Respecto a la mencionada falta de precisión, sale a relucir sólo si forzamos la marcha, y no de manera importante, porque sus reacciones son muy progresivas y dan bastante confianza, no obstante siempre hay que tener claro que, aunque no lo parezca, estamos a los mandos de un monovolumen de más de dos toneladas que no busca la sensación de "deportividad" que podríamos encontrarnos en alguno de sus rivales, sino una conducción tranquila y sosegada, no exenta de agrado.

La gran cantidad de superficie acristalada y unos retrovisores de gran tamaño hacen que la visibilidad sea muy buena, sin embargo, se puede mejorar la seguridad equipando avisador de vehículo en el ángulo ciego, aunque nosotros no lo hemos echado de menos. Sí que hemos agradecido la cámara trasera, algo que facilita mucho las cosas a la hora de dar marcha atrás, dados los 5,23 metros que mide el Voyager y su poca desenvoltura en espacios reducidos. Lo que no nos ha gustado es que el encendido automático de los faros es muy lento al entrar en túneles o garajes, y que el freno de estacionamiento sigue siendo por pedal, esto último menos criticable al tratarse de un modelo con cambio automático.

En definitiva, sigue fiel a sus características de siempre, pero con mejoras más o menos sustanciales en su equipamiento, presentación y rendimiento, para seguir ganando adeptos ahora que se comercializa bajo la marca Lancia.

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