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Lamborghini Aventador, una fiera

El Aventador no sólo es el toro más bravo de la ganadería Lamborghini, sino que es el mejor de la historia. Con sus 700 CV pone en jaque a todos sus rivales y deja claro quién manda en la plaza.
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Lamborghini Aventador, una fiera

Teníamos muchas ganas de sacar el capote para lidiar la última criatura «amamantada» en la «finca» de Santa Agata Bolognese. Junto con nuestros compañeros en la revista hermana Sport Auto hemos realizado un análisis pormenorizado del Aventador, un biplaza radical y espectacular que se pone al frente de los súper deportivo más fascinantes del planeta.

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Desde que Lamborghini está bajo el control del grupo Volkswagen no han podido ir mejor las cosas. Cada producto que han lanzado al mercado ha superado netamente al anterior, con un sello de calidad que ningún otro modelo de «Lambo» hasta entonces había podido ni soñar. Ha heredado toda la tecnología alemana, como por ejemplo una tracción total y una terminación de su habitáculo fabulosa, que le permite liderar este segmento del mercado. No hay muchos deportivos que le puedan hacer sombra. Y es que el sustituto del Murciélago se merecía este resultado.

El Aventador se convierte en uno de los más potentes del mercado. Se puede decir que es, de los coches «comprables» —si 300.000 euros se puede considerar una cifra relativamente accesible—, el más potente de todos. En este caso, el V12 de 6,5 litros ofrece ese rendimiento a 8.250 rpm, un régimen muy alto, pero propio de una mecánica con esta arquitectura y su carrera de cigüeñal corta. Porque hay que alabar que la firma italiana siga confiando en los 12 cilindros en V y no se deje llevar por modas que reducen los números de cilindros y las cilindradas para sustituirlos con sucedáneos como órganos mecánicos tipo turbos o compresores.

Aquí todo es congruente, no se pliegan a las exigencias de las normas contaminantes y la reducción de consumos, porque con este Aventador las paradas en las gasolineras serán abundantes. Porque si bien el depósito de combustible es de 90 litros, a lo largo de nuestra prueba difícilmente pudimos bajar de los 30 l/100 km. De hecho, a poco que se abuse del acelerador en carreteras de montaña, se supera ampliamente esa cifra. Pero dejemos de hablar de minucias, de banalidades para un Lamborghini como es el consumo. ¿Pero quién se fija en esos detalles salvo los probadores como nosotros? Sus potenciales clientes sólo lo harán obligados para detenerse en la gasolinera y poder proseguir el viaje. Aunque no es un coche para viajar, precisamente. Es un coche para disfrutar de trayectos cortos y, como no, para dejarse ver por los lugares de moda de las grades urbes. Sus espectaculares formas no dejan indiferente a nadie y tampoco sus gigantescas proporciones. Porque este coche es más grande de lo que parece a simple vista: casi 4,8 metros de largo y, lo más descomunal, una anchura que supera los 2 metros que a veces impide estacionar bien en los aparcamientos —otras minucias en la que nos paramos a valorar los «pobres» probadores que tenemos una modesta plaza de aparcamiento en nuestra casa y no un amplio garaje en una mansión—.

Estas dimensiones permiten que el habitáculo sea amplio. Entrar no cuesta porque la puerta en forma de élitro deja un buen hueco, sin tantos obstáculos como las «alas de gaviota» de Mercedes, pero hay que agacharse mucho porque el coche está muy bajo. Porque el Aventador es tan ancho como bajo: apenas supera el 1,1 metro de altura. A mí justo me llega el techo por la cintura, por lo que me obliga a inclinarme mucho para entrar. Pero una vez allí, hay que reconocer que estás muy a gusto, porque todo es amplio y no sientes sensación claustrofóbica. El puesto de mandos está abarrotado de teclas, siguiendo el estilo de sus antepasados y no dejándose llevar por las modas de todo limpio y minimalista. Lo que sí ofrece es el selector MMI de Audi, con la rueda en la consola central para controlar todo cuanto aparece en la pantalla multifunción. Justo encima de la rueda, llama la atención la tapa roja, que simula la protección de los cazas para sus lanzacohetes, de manera que hay que levantarla para acceder al arranque, un cristal que reconoce la huella del piloto.

Sonido atronador

¡El sonido es terrible! Cuando se despierta la bestia es atronador. Todo es desproporcionado en el Aventador, incluido su sonido. Simplemente espectacular. Aunque por eso he dicho que no está hecho para viajar, porque mucho tiempo con ese sonido entrando desde la parte trasera hacia el habitáculo, junto con una suspensión muy dura, hace que no lleguemos a nuestro destino precisamente descansados. Pero hay que reconocer que para un trayecto corto, el sonido es embriagador. Apetece estar cambiando de marcha constantemente para hacerlo subir de vueltas. El cambio es un robotizado, con un embrague de doble disco en seco y caja de siete marchas con desarrollos bastante cortos para extraer las mejores prestaciones. En Santa Agata Bolognese no han pensado en colocar una relación de desahogo para bajar los consumos, porque no lo consideran una prioridad. Para ello lo más importante son las prestaciones. Y lo han logrado. Anuncian un 0 a 100 de 2,9 segundos, lo cual le permite codearse con la élite de los que bajan de los 3 segundos —muy pocos, por cierto—. Aunque en nuestras pruebas, nosotros no hemos sido capaces de bajar de los 3,1 segundos. Respecto al Bugatti Veyron 16.4 Super Sport que publicamos el mes pasado, pierde 1,8 segundos en la aceleración hasta los 200 km/h, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta que le faltan 500 CV de nada.

El caso es que el Aventador es muy rápido. Uno de los más rápidos que han pasado por nuestras manos y uno de lo que mejor han frenado. Ha sido capaz de detener el coche completamente desde 200 km/h en 131 metros, un poco más que un campo de fútbol. El tacto del pedal es muy duro, como suele ser norma en este tipo de deportivos equipados con discos cerámicos de gran diámetro con pinzas de seis bombines. Y es que no hay que descuidarse para cumplir en este importante y vital cometido, el de parar sin llegar a agotarse, teniendo en cuenta que este biplaza nos ha pesado en nuestra báscula 1.792 kg. Con mi peso y el de un acompañante «pesadito» —y no porque hable mucho— pues nos acercamos peligrosamente a las dos toneladas, lo que es mucho peso a la hora de detener un coche que es capaz de alcanzar los 350 km/h. Según el constructor está autolimitado y podría alcanzar más si se quisiera pero han considerado suficiente llegar a esta cifra. Yo no lo hice pero da la sensación de que puede lograr los 350 km/h con suma facilidad.

Aunque considerado el tamaño del coche no se puede decir que sea pesado, y ello gracias a la tecnología empleada en la construcción del chasis, compuesto de un monocasco de fibra de carbono envuelto por una carrocería también fabricada con este ligero material así como el aluminio. Las suspensiones también son de aluminio, y emplean la misma arquitectura que los monoplaza de la F1, es decir tipo push-rod, con el conjunto muelle-amortiguador colocado en forma horizontal.

El resultado es magnífico. El coche es más ágil de lo que pueda parecer, aunque su terreno favorito son las vías rápidas. La tracción total le permite aprovechar muy bien los 700 CV y el jugoso par de 70 mkg. La entrega es muy lineal, aunque la curva de potencia se sobresalta cuando alcanza las 5.000 rpm. Es a partir de ese punto cuando entran en acción tanto la admisión como la distribución variable para provocar una explosión de entrega de potencia que se deja notar cuando apretamos el acelerador a fondo y superamos ese régimen. El Aventador ofrece lo mejor de sí entre las 5.000 y los 8.500 rpm, momento que llega al corte. Los cambios de marcha también son rapidísimos, por eso se eligió este cambio pilotado y no uno de doble embrague, porque resulta mucho más deportivo y rápido, aunque para ello tenemos que pagar la factura de que las entradas de las marchas son más bruscas y pega un golpe en el diferencial trasero muy violento. Si con semejantes prestaciones somos capaces de mirar la instrumentación, comprobamos que es una digital, no con tantas pantallas al estilo instaurado por Ferrari, pero que sí ofrece mucha información y está llena de colorido. El volante casi es lo que más desmerece del coche, porque el estilo de la botonera multifunción recuerda mucho a otros del grupo VW —sin ser igual, por supuesto—, y quizás resulte un tanto pobre para lo que es un Aventador: el toro más bravo construido jamás en Santa Agata Bolognese y marcado por el «hierro» de Lamborghini.

Sin duda es el mejor súper deportivo del momento. No hay un coche que por 300.000 euros ofrezca todo lo que ofrece el Aventador. Está claro que no es un coche para cualquiera, porque además de tener mucho dinero, hay que tener poca vergüenza porque pasas a ser el centro de atención allí por donde vayas. Un Ferrari, y no digamos un Porsche, es un coche discreto si lo que se quiere es llamar la atención delante de una discoteca. Pero cuestiones de estatus e imagen aparte, lo importante es que si le sometes a un duro examen en un circuito, el Aventador te responderá como el mejor. Es un Lamborghini de pura raza.

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