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Jaguar XJ Supersport

A la vista está la mejor virtud del XJ. Y no, no nos referimos solamente a su diseño, sino a su personalidad. Distinto, diferente, vanguardista, aporta frescura a un segmento donde impera lo clásico, aunque el XJ es mucho más que un bello y distinguido automóvil. Ahora, más que nunca, desafía de tú a tú a la competencia.
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Jaguar XJ Supersport
Adiós a un símbolo clásico. Bienvenida la revolución XJ, máximo exponente de la marca en el universo de las berlinas de representación. Es cierto, ni tan siquiera el impresionante giro estilístico que Jaguar ha osado dar ha supuesto una clara ruptura con la horma clásica del segmento, donde los grandes y claramente definidos tres cuerpos son rigor. Pero cabe destacar la abundancia del mejor diseño británico, y sobre todo, su personalidad, como el mejor valor añadido del más avanzado Jaguar de la historia. Pero la sofisticación no sólo llega al diseño, también a la línea, anunciando el coeficiente aerodinámico más bajo en la historia de Jaguar. Es otro grano de arena a sumar a la nueva generación de mecánicas o la construcción en materiales ligeros en beneficio no sólo de la exquisitez del producto, sino también del cuidado por el medio ambiente. Es obvio que el nuevo XJ recupera, a golpe de diseño, tecnología y dinámica aplicada el tiempo que las generaciones anteriores han ido concediendo a sus coetáneos, quienes en pleno siglo XXI han orientado su perfección en la masiva implantación de la telemática al servicio del conductor, hasta el punto de acercarse demasiado a la máquina perfecta y autónoma que siempre hemos soñado.

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Jaguar XJ Supersport

Tal vez por ello, resulta curioso la alta «dependencia» del conductor que exige el buque insignia de Jaguar, quien por ejemplo, no recibirá ninguna alerta ante síntoma de fatiga ni tampoco ante un cambio involuntario de carril. No se puede programar el control de crucero activo por debajo de 30 km/h ni éste se responsabiliza de frenar completamente el vehículo ante un eventual riesgo de alcance. Tampoco encontraremos en el frontal sofisticadas cámaras o radares capaces de interpretar la realidad más allá de donde alcanza la iluminación, ni tampoco ésta baña de luz el asfalto como las últimas luces dinámicas que se están imponiendo. Es un frente al que Jaguar ha querido renunciar y tal vez no debería permitírselo un automóvil de semejante nivel, tan aspiracional, llamado a marcar tendencias y con tal alto valor de adquisición: por él hay que desembolsar la friolera de 156.000 euros. Estamos ante la variante más costosa —entre las versiones de batalla corta—, el acabado Supersport, el cual implica en exclusiva el motor V8 Supercharger de 510 CV.

Por lo que vale, podríamos tener guardado en nuestro garaje uno de los Porsche más exclusivos y rápidos que existen, el Panamera Turbo; ocupar por ese mismo dinero una de nuestras plazas de garaje con un Audi S8 y la otra con un TT Roadster, por ejemplo. O gastarnos sólo un pellizco en un 750Xi, con tracción total incluida, y reservar el resto de dinero para el combustible de toda la vida. Vale, es una banalidad hablar de dinero en un segmento como el XJ, probablemente adquirido por quien jamás ocupará la plaza principal. Eso sí, en su descargo hay que reconocer el impresionante valor que ofrece de serie en equipamiento, léase la suntuosa piel con la que se viste el interior, la pantalla Dual View que independiza la imagen para conductor y pasajero, la televisión digital o un sinfín de elementos que, por norma general, son opciones en la competencia. Luces, cámaras... Y acción. Acceder al habitáculo es todo un espectáculo. Jaguar sigue expresándose «a su manera» imprimiendo su personal sello y estilo: olfato, vista, tacto… Estímulos a flor de piel. Y diseño, mucho diseño mezclado con elegantes detalles cromados —no todos realizados en el mismo material que la carrocería—, costuras y pieles tratadas al más puro estilo artesanal... Pero también con sensores que abren la guantera y activan las luces de lectura sólo con acariciarlos o con una enorme pantalla táctil Dual View, que meten de lleno a Jaguar en la era del iPad. El elemento más llamativo y a la vez diferenciador es el imponente cuadro de relojes virtual, una enorme pantalla de TFT de 12,3 pulgadas que aglutina infinidad de variables, pudiéndose configurar la información a voluntad. Como en el XF, el mando del cambio emerge al arrancar en un gesto de «estrechar» lazos con el conductor. Es un convertidor hidráulico de «sólo» 6 marchas, dos menos que las nuevas cajas que se están imponiendo en la competencia, aunque asociada a tan vigoroso motor resulta plenamente convincente casi en todo, pese a que sus desarrollos queden demasiado abiertos. El cambio es suave, el motor refinado. El binomio, perfecto. Pero este XJ Supersport tiene carácter y, al echar a rodar, manifiesta ímpetu, garra y deportividad, por más que acariciemos el acelerador para evitar ser bruscos en la arrancada.. Hay más de medio millar de caballos a nuestra disposición que se manifiestan con un ruido sobrecoger en el habitáculo, cual símbolo de poderío, pero también con una contundencia brutal al pisar el acelerador a fondo. El modo Dynamic sólo es una declaración de intenciones: pulsarlo activa una leve tensión del cinturón de seguridad para aferrar convenientemente nuestro cuerpo al asiento, aunque ni la dirección, amortiguación activa o respuesta de motor cambia de forma claramente perceptible. La única ganancia, o tal vez, la más ventajosa es que el cambio admite un funcionamiento cien por cien manual —mediante las levas del volante—. El V8 se crece y acelera el ritmo cardíaco a medida que sube de vueltas, mostrándose explosivo, en especial, desde el medio régimen hasta el mismo corte de encendido. Su bronco sonido llena la atmósfera con un tono inusual para tratarse de un modelo tan exquisito, pero no debe haber mortal que no se sobrecoja a su paso. La capacidad de aceleración es, sencillamente, impresionante, pero si necesitan referencias, ahí van: «sprinta» con la agilidad del todopoderoso BMW M5. Sobran las palabras.

El lujo se extiende más allá del motor y acabados. También acoge de lleno a las suspensiones. Al menos, a efectos de filtrado y confort, resultan asombrosas, aunque en su amortiguación se advierte cierta componente electrónica en el control de los movimientos de cada rueda. En ella, en la electrónica, reside en parte la doma y el éxito en el comportamiento de esta superdeportiva versión del XJ. Porque a diferencia del monolítico A8, se muestra tan temperamental que se agradece disponer de unas ayudas a la conducción ciertamente intrusivas, aunque las podrán desconectar quienes deseen experimentar la conducción en su máxima pureza. Aunque ligero para su tamaño, las inercias de semejante mole, la carencia de unos frenos de absoluta confianza —se calienten en exceso—, el exceso de suavidad en la dirección, en condiciones que requieren la máxima sensibilidad, o una suspensión cuyo grado de adaptabilidad no contempla unos parámetros algo más rigurosos, impiden que motor y chasis gocen del punto de equilibrio reinante en las versiones menos potentes de la gama, aunque, a decir verdad, poco falta para alcanzarlo. No cabe duda de que Jaguar se ha reinventado a sí misma. Tras los XK o XF, el XJ es la más clara demostración de que la firma inglesa ha encontrado la vía que le puede catapultar al éxito. - Prestaciones
- Diseño diferenciador
- Calidad de acabados - Faltan equipamiento tecnológicos
- Plaza central trasera
- Precio muy elevado

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