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Jaguar XE 2.0d, berlina de raza y gran carácter deportivo

Con gran personalidad y marcado carácter deportivo se expresa este Jaguar XE, un coche con una puesta a punto para quienes, sobretodo, les guste conducir.
Raúl Roncero.

Twitter: @Rron0_autopista Fotos: Israel Gardyn. -

Jaguar XE 2.0d, berlina de raza y gran carácter deportivo

Sobre refinadas y cómodas bases, otras berlinas medias similares pueden ir sumando opcionales para configurar productos más y más deportivos. Pero el punto de partida de Jaguar está muy orientado hacia el conductor verdaderamente conductor, pero vayamos punto por punto, empezando desde la base de la pirámide. Peculiar arranque en la gama con dos unidades de diferente potencia del Jaguar 2.0d e idéntico precio de salida: 163 CV –dice la marca que orientada a ventas a empresas flotistas– y 180 CV.

Jaguar XE 20dLos 37.000 euros que cuesta te abren la puertas de cualquiera de estos dos Jaguar con cambio manual, 2.500 euros más con el automático. No creo que haga falta que te diga a quién apunta la marca, aunque sí recordarte cómo van a cambiar las cosas en breve, porque tanto el Audi A4 como el BMW Serie 3 han experimentado un profundo cambio generacional y una importante evolución, respectivamente. Eso sí, aún cuando Jaguar podría justificar el precio de su materia prima, el Jaguar XE 2.0d no es, a igualdad de equipamiento, motor y transmisión, más caro que Audi A4 o BMW Serie 3 y sí claramente más barato que el Mercedes Clase C. Es en la liga japonesa donde encontramos los precios más ventajosos en este formato premium de berlina media, porque también es justo reconocer que el Q50 de Infiniti –con mecánica de procedencia Mercedes– como el Lexus IS, sin descartar al Volvo S60, pueden estar aquí por méritos propios.

De estreno, estructura modular con evidente proyección para futuros modelos, sobre la que se asienta una carrocería con elevado contenido de aluminio. Doy fe de que sientes en tus manos un coche muy ágil, de aparente gran ligereza y agilidad ante cambios de dirección, aunque la báscula echa por tierra nuestras sensaciones: de los coches que antes te he citado, tan sólo el Q50 2.2d de Infíniti es más pesado qué él. También habría que matizar que nuestro acabado R-Sport no sólo viene con un equipamiento claramente ampliado respecto la base –Pure–, sino que también incluía un impresionante equipo de ruedas de 19 pulgadas. Y en parte, tal vez por el tamaño de éstas, el XE no ha hecho valer ni su excelente aerodinámica ni la eficiencia que se espera de un motor de nueva generación. Entre sus selecto grupo de rivales, el Q50 2.2d es el único que ha superado las cifras de este XE en nuestros recorridos de carretera y ciudad; eso sí, seguro que han sido partícipes de que el XE frenara en cifras de Porsche, pero volvamos a los consumos. 

Consumo en el Jaguar XE 2.0d

Con 4,4 l/100 km, Mercedes ha impuesto el mejor registro en carretera con su 220 CDi, mientras que los 4 l/100 en ciudad del Lexus IS30h creo que serán, durante tiempo, una barrera infranqueable para cualquier berlina Diésel de este porte. Realmente es uno de esos aspectos que me esperaba a mejor nivel vistos los credenciales de su nuevo 2 litros Diesel, que incluso esconde una no muy habitual distribución variable para el árbol de escape

En su paso por nuestro banco de potencia, queda algo lejos de certificar los caballos que promete, aunque en marcha las sensaciones, esta vez, vuelven a dar la cara a la realidad. Aunque clavando 30 segundos en el 1.000 m, realmente no lo siento casi dos segundos más lento que el actual 320d Steptronic. Tal vez sea por su forma de entregar la potencia, o porque el efecto de aceleración es también protagonista en el habitáculo, no sé si haciéndote entender que XE quiere estrechar los vínculos entre hombre y máquina. Lo cierto es que el motor no es el más elástico, ni el más refinado, aunque por tacto, y por cómo se asocia con el chasis, el XE es una de las configuraciones más dinámicas y deportivas de toda la categoría

Cambio en el Jaguar XE 2.0d

Jaguar XE 20dEl cambio es uno de esos elementos que amplifica esta impresión. No han llegado las nueve marchas del Discovery Sport, cambio del mismo fabricante que el que usa el XE, sino el de ocho, transmitidas al cuerpo con sutiles e instantáneas interrupciones de potencia, creo que intencionadamente. Rapidez, por tanto, no falta, pero sí algo de suavidad para quien quiera ver en el XE un fino rodador. También echamos de menos la función inercia, cada vez más habitual en transmisiones automáticas de última hornada. 

No encuentro gran diferencia entre los extremos de los perfiles de conducción –Eco, Normal, Invierno y Dinámico–, todos ellos compatibles con el cambio de marchas en modo D o normal o un más deportivo S: ninguno deja apurar el motor hasta donde, seguro, podría llegar a girar, aunque poco sentido tendría cuando la potencia máxima se alcanza a 4.000 rpm, algo menos en realidad visto cómo se comporta este propulsor en el banco de rodillos; al final, todo depende de cómo actúes sobre el acelerador, aunque como te digo, incluso ese teórico modo Eco de orientación más eficiente mantiene ese puntito de pimienta en la entrega de potencia y respuesta del cambio

Comportamiento en el Jaguar XE 2.0d

Y como extensión de esas sensaciones cuerpo a cuerpo, la dirección tiene una rapidez suprema y el chasis no parece llevar encima una carrocería de tal calibre. Aquí sí, sale a relucir la mejor interpretación de Jaguar. El diferencial trasero deportivo –mediante frenado– aporta una extraordinario efecto directriz sobre un eje delantero muy directo pero muy preciso en prácticamente todas las situaciones, con la excepción de curvas rápidas y largas donde empiezas a perder un poco de sensibilidad. Pero la velocidad de paso por curva es realmente alta, y no sólo eso, sino que el coche también es noble y seguro. El citado efecto del diferencial parece quedarse sólo en eso y aún con tan directa dirección, es un coche monolítico a alta velocidad. Exquisita también me parece su calidad de amortiguación, y eso que debe retener el golpe de una enorme llanta. Pero comprime sin sacudida y extiende en su justa medida para que a bordo tampoco sientas gran cabeceo ni balanceo. De nuevo, el carácter de este Jaguar da de verdad la cara, demostrando sus habilidades con hechos, y no a cambio de grandes dotes. En su rodar se vuelve a sentir excesivo susurro porque al ya citado ruido mecánico se suma el de rodadura. No salen cifras escandalosamente altas de nuestro sonómetro, sino todo lo contrario, pero con penalizaciones a velocidades medias fruto de alguna posible resonancia mecánica o de chasis. 

Como el exterior, el diseño interior también sigue el patrón de los últimos Jaguar. Notable calidad de materiales, aunque los ajustes podrían mejorar un poco, para mi gusto, con demasiados elementos lacados muy sensibles a arañazos. Las plazas delanteras son como un guante de seda; las traseras no tanto: estrechas, cortas en espacio para las piernas, no tienen demasiada altura y la central es anecdótica. Igualmente, el maletero tampoco es el más capaz de la categoría, todo ello, tal vez, consecuencia del depurado diseño con inspiración coupé, papel que dinámicamente Jaguar adereza con una dinámica de primera. Quizá no sea el coche más equilibrado de la categoría, pero si de verdad te gusta conducir, ponlo en tu lista de candidatos. 

En pocas palabras

Aceleración. Justo en esos tiempos en las tres mediciones principales que delimitan los coches que son rápidos de los que no lo son tanto. Han faltado caballos, y se nota.

Cambio. Con ocho basta, aunque el fabricante ya está usando los de nueve. Es mucho más rápido que suave, resultando demasiado evidente las interrupciones de potencia.

Frenada. Si bajar de 70 m. es síntoma de cantidad y calidad en el equipo de frenos y ruedas, bajar de 68 implica una también afinadísima puesta a punto de todos los componentes electrónicos. En su clase, de récord.

Consumos. No han salido los registros que esperas de un motor tan moderno montado sobre una carrocería tan aerodinámica.

Adelantamiento. Son, proporcionalmente, datos mejores que las aceleraciones, pero de nuevo este XE está a la cola del pelotón: salvo el Infiniti Q50 2.2d, el resto le saca un segundo.

Habitabilidad y peso.  Gran rigidez estructural, y se nota; y no excesivo peso, algo también evidente, aunque tanta presencia de aluminio no ha dejado su rastro sobre la báscula. Sus plazas traseras son más de coupé que de berlina.

Sonoridad. Los valores no son altos, pero las gráficas de frecuencias que obtenemos no dibujan curvas muy limpias: existe alguna audible resonancia a velocidades bajas y medias.  

Maletero. Demasiado pequeño en volumen para un coche de su tamaño –cubica como la media entre coches compactos–, demasiado irregular en sus formas  y con boca de acceso no muy amplia. 

 

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