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Hyundai i10

Urbano, ágil y espacioso. Si además consume poco y resulta agradable de conducir, poco más se le puede pedir. Incluso su precio es atractivo, pues la versión más básica con aire acondicionado parte de 10.700 euros. Habrá Diesel a partir del verano.
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Hyundai i10
El sustituto del Atos se renueva por completo para hacerse un hueco en el cada vez más activo segmento A, en el que competirá con su “primo” el Kia Picanto, el Chevrolet Matiz, el Fiat Panda o el trío formado por los Peugeot 107, Citroën C1 y Toyota Aygo. No es un mero lavado de cara, pues el urbanita coreano esta vez va a por todas, para lo que estrena plataforma y cambia su denominación por la de i10.

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Hyundai i10: lo conducimos

Mantiene la longitud del Atos, pero gana 7 centímetros de anchura que repercuten positivamente en la amplitud interior. Los pasajeros delanteros cuentan ahora con 5 centímetros más para las piernas, mientras que los traseros (ahora tres en vez de dos) disponen de 8 centímetros adicionales a la altura de los hombros. En la práctica nos encontramos con un habitáculo moderno y desahogado, y esta sensación se acentúa gracias al acabado bi-tono del interior, con el techo y la mitad superior de los pilares en color claro y la zona inferior y los asientos en tonos grises oscuros. Lo más sorprendente es cuando te sientas en la fila de atrás: puedes estirar las piernas casi por completo porque, además del generoso espacio disponible, los pies caben holgadamente bajo las banquetas delanteras. En cuanto a acabados, el salpicadero está compuesto por plásticos duros y, en general, predomina la sencillez. La radio está ahora integrada y tiene muy buena calidad de sonido; cuenta con entrada auxiliar de audio y el CD lee archivos MP3.

La postura de conducción es cómoda, a pesar de que el volante sólo es regulable en altura. Se va sentado en una posición bastante elevada incluso con la banqueta en su reglaje más bajo, algo que mejora la visibilidad en medio del tráfico, donde el maniobrable i10 se mueve como pez en el agua. Esta agilidad se logra también gracias a la buena voluntad del motor 1.1 de gasolina, que es el que hemos tenido ocasión de conducir. El primer punto a favor lo encontramos nada más girar la llave para arrancar. Ni vibra, ni suena, toda una sorpresa. Al ralentí parece que está parado. Además consume muy poco: 5 litros de media homologados, lo que representa unas emisiones de CO2 de 119 g/km y, por consiguiente, queda exento del Impuesto de Matriculación en nuestro mercado. Su respuesta a pocas vueltas es inmediata y con una contundencia que no harían sospechar sus modestos 66 CV. A medio y alto régimen pierde fuerza, algo que, lógicamente, se nota al salir a carretera, donde se muestra algo más perezoso y pierde gran parte de la soltura de la que presume por la ciudad, sobre todo superados los 100 km/h, que los alcanza en 15,6 segundos.

La palanca de cambios está emplazada en la consola, por lo que queda bastante cerca de la mano, además tiene un tacto correcto. Su ubicación permite que haya numerosos huecos para depositar objetos entre los asientos delanteros, que se unen a las habituales bolsas de las puertas y a una guantera razonable.

El maletero, de 220 litros, es aprovechable y de formas regulares, y bajo su piso se encuentra la rueda de repuesto, que es de emergencia. En caso de necesitar más sitio para la carga se pueden abatir los asientos traseros, sin necesidad de retirar primero los reposacabezas.

El comportamiento es sano y, pese al planteamiento urbano, se muestra lo suficientemente noble y equilibrado ante situaciones comprometidas, aunque más bien está enfocado a proporcionar comodidad en lugar de eficacia dinámica pura y dura. Las suspensiones no son excesivamente blandas, pero aun así la alta carrocería acusa el balanceo más de lo normal.

El ESP opcional está previsto, en principio, para el próximo motor 1.1 Diesel que se lanzará en junio. Es un nuevo tricilíndrico con turbo de geometría variable y 75 CV, cuyas emisiones le situarán en la franja de los exentos de Impuesto de Matriculación. La otra alternativa mecánica será, a partir de octubre, un nuevo 1.2 de gasolina de 75 CV. Por ahora sólo se conocen los precios del 1.1 de gasolina, que oscilan entre los 9.700 euros del acabado básico, y los 12.700 de la versión automática con terminación Style. Respecto a su antecesor supone una gran mejora en todos los aspectos. El sustituto del Atos se renueva por completo para hacerse un hueco en el cada vez más activo segmento A, en el que competirá con su “primo” el Kia Picanto, el Chevrolet Matiz, el Fiat Panda o el trío formado por los Peugeot 107, Citroën C1 y Toyota Aygo. No es un mero lavado de cara, pues el urbanita coreano esta vez va a por todas, para lo que estrena plataforma y cambia su denominación por la de i10. Mantiene la longitud del Atos, pero gana 7 centímetros de anchura que repercuten positivamente en la amplitud interior. Los pasajeros delanteros cuentan ahora con 5 centímetros más para las piernas, mientras que los traseros (ahora tres en vez de dos) disponen de 8 centímetros adicionales a la altura de los hombros. En la práctica nos encontramos con un habitáculo moderno y desahogado, y esta sensación se acentúa gracias al acabado bi-tono del interior, con el techo y la mitad superior de los pilares en color claro y la zona inferior y los asientos en tonos grises oscuros. Lo más sorprendente es cuando te sientas en la fila de atrás: puedes estirar las piernas casi por completo porque, además del generoso espacio disponible, los pies caben holgadamente bajo las banquetas delanteras. En cuanto a acabados, el salpicadero está compuesto por plásticos duros y, en general, predomina la sencillez. La radio está ahora integrada y tiene muy buena calidad de sonido; cuenta con entrada auxiliar de audio y el CD lee archivos MP3.

La postura de conducción es cómoda, a pesar de que el volante sólo es regulable en altura. Se va sentado en una posición bastante elevada incluso con la banqueta en su reglaje más bajo, algo que mejora la visibilidad en medio del tráfico, donde el maniobrable i10 se mueve como pez en el agua. Esta agilidad se logra también gracias a la buena voluntad del motor 1.1 de gasolina, que es el que hemos tenido ocasión de conducir. El primer punto a favor lo encontramos nada más girar la llave para arrancar. Ni vibra, ni suena, toda una sorpresa. Al ralentí parece que está parado. Además consume muy poco: 5 litros de media homologados, lo que representa unas emisiones de CO2 de 119 g/km y, por consiguiente, queda exento del Impuesto de Matriculación en nuestro mercado. Su respuesta a pocas vueltas es inmediata y con una contundencia que no harían sospechar sus modestos 66 CV. A medio y alto régimen pierde fuerza, algo que, lógicamente, se nota al salir a carretera, donde se muestra algo más perezoso y pierde gran parte de la soltura de la que presume por la ciudad, sobre todo superados los 100 km/h, que los alcanza en 15,6 segundos.

La palanca de cambios está emplazada en la consola, por lo que queda bastante cerca de la mano, además tiene un tacto correcto. Su ubicación permite que haya numerosos huecos para depositar objetos entre los asientos delanteros, que se unen a las habituales bolsas de las puertas y a una guantera razonable.

El maletero, de 220 litros, es aprovechable y de formas regulares, y bajo su piso se encuentra la rueda de repuesto, que es de emergencia. En caso de necesitar más sitio para la carga se pueden abatir los asientos traseros, sin necesidad de retirar primero los reposacabezas.

El comportamiento es sano y, pese al planteamiento urbano, se muestra lo suficientemente noble y equilibrado ante situaciones comprometidas, aunque más bien está enfocado a proporcionar comodidad en lugar de eficacia dinámica pura y dura. Las suspensiones no son excesivamente blandas, pero aun así la alta carrocería acusa el balanceo más de lo normal.

El ESP opcional está previsto, en principio, para el próximo motor 1.1 Diesel que se lanzará en junio. Es un nuevo tricilíndrico con turbo de geometría variable y 75 CV, cuyas emisiones le situarán en la franja de los exentos de Impuesto de Matriculación. La otra alternativa mecánica será, a partir de octubre, un nuevo 1.2 de gasolina de 75 CV. Por ahora sólo se conocen los precios del 1.1 de gasolina, que oscilan entre los 9.700 euros del acabado básico, y los 12.700 de la versión automática con terminación Style. Respecto a su antecesor supone una gran mejora en todos los aspectos. El sustituto del Atos se renueva por completo para hacerse un hueco en el cada vez más activo segmento A, en el que competirá con su “primo” el Kia Picanto, el Chevrolet Matiz, el Fiat Panda o el trío formado por los Peugeot 107, Citroën C1 y Toyota Aygo. No es un mero lavado de cara, pues el urbanita coreano esta vez va a por todas, para lo que estrena plataforma y cambia su denominación por la de i10. Mantiene la longitud del Atos, pero gana 7 centímetros de anchura que repercuten positivamente en la amplitud interior. Los pasajeros delanteros cuentan ahora con 5 centímetros más para las piernas, mientras que los traseros (ahora tres en vez de dos) disponen de 8 centímetros adicionales a la altura de los hombros. En la práctica nos encontramos con un habitáculo moderno y desahogado, y esta sensación se acentúa gracias al acabado bi-tono del interior, con el techo y la mitad superior de los pilares en color claro y la zona inferior y los asientos en tonos grises oscuros. Lo más sorprendente es cuando te sientas en la fila de atrás: puedes estirar las piernas casi por completo porque, además del generoso espacio disponible, los pies caben holgadamente bajo las banquetas delanteras. En cuanto a acabados, el salpicadero está compuesto por plásticos duros y, en general, predomina la sencillez. La radio está ahora integrada y tiene muy buena calidad de sonido; cuenta con entrada auxiliar de audio y el CD lee archivos MP3.

La postura de conducción es cómoda, a pesar de que el volante sólo es regulable en altura. Se va sentado en una posición bastante elevada incluso con la banqueta en su reglaje más bajo, algo que mejora la visibilidad en medio del tráfico, donde el maniobrable i10 se mueve como pez en el agua. Esta agilidad se logra también gracias a la buena voluntad del motor 1.1 de gasolina, que es el que hemos tenido ocasión de conducir. El primer punto a favor lo encontramos nada más girar la llave para arrancar. Ni vibra, ni suena, toda una sorpresa. Al ralentí parece que está parado. Además consume muy poco: 5 litros de media homologados, lo que representa unas emisiones de CO2 de 119 g/km y, por consiguiente, queda exento del Impuesto de Matriculación en nuestro mercado. Su respuesta a pocas vueltas es inmediata y con una contundencia que no harían sospechar sus modestos 66 CV. A medio y alto régimen pierde fuerza, algo que, lógicamente, se nota al salir a carretera, donde se muestra algo más perezoso y pierde gran parte de la soltura de la que presume por la ciudad, sobre todo superados los 100 km/h, que los alcanza en 15,6 segundos.

La palanca de cambios está emplazada en la consola, por lo que queda bastante cerca de la mano, además tiene un tacto correcto. Su ubicación permite que haya numerosos huecos para depositar objetos entre los asientos delanteros, que se unen a las habituales bolsas de las puertas y a una guantera razonable.

El maletero, de 220 litros, es aprovechable y de formas regulares, y bajo su piso se encuentra la rueda de repuesto, que es de emergencia. En caso de necesitar más sitio para la carga se pueden abatir los asientos traseros, sin necesidad de retirar primero los reposacabezas.

El comportamiento es sano y, pese al planteamiento urbano, se muestra lo suficientemente noble y equilibrado ante situaciones comprometidas, aunque más bien está enfocado a proporcionar comodidad en lugar de eficacia dinámica pura y dura. Las suspensiones no son excesivamente blandas, pero aun así la alta carrocería acusa el balanceo más de lo normal.

El ESP opcional está previsto, en principio, para el próximo motor 1.1 Diesel que se lanzará en junio. Es un nuevo tricilíndrico con turbo de geometría variable y 75 CV, cuyas emisiones le situarán en la franja de los exentos de Impuesto de Matriculación. La otra alternativa mecánica será, a partir de octubre, un nuevo 1.2 de gasolina de 75 CV. Por ahora sólo se conocen los precios del 1.1 de gasolina, que oscilan entre los 9.700 euros del acabado básico, y los 12.700 de la versión automática con terminación Style. Respecto a su antecesor supone una gran mejora en todos los aspectos. El sustituto del Atos se renueva por completo para hacerse un hueco en el cada vez más activo segmento A, en el que competirá con su “primo” el Kia Picanto, el Chevrolet Matiz, el Fiat Panda o el trío formado por los Peugeot 107, Citroën C1 y Toyota Aygo. No es un mero lavado de cara, pues el urbanita coreano esta vez va a por todas, para lo que estrena plataforma y cambia su denominación por la de i10. Mantiene la longitud del Atos, pero gana 7 centímetros de anchura que repercuten positivamente en la amplitud interior. Los pasajeros delanteros cuentan ahora con 5 centímetros más para las piernas, mientras que los traseros (ahora tres en vez de dos) disponen de 8 centímetros adicionales a la altura de los hombros. En la práctica nos encontramos con un habitáculo moderno y desahogado, y esta sensación se acentúa gracias al acabado bi-tono del interior, con el techo y la mitad superior de los pilares en color claro y la zona inferior y los asientos en tonos grises oscuros. Lo más sorprendente es cuando te sientas en la fila de atrás: puedes estirar las piernas casi por completo porque, además del generoso espacio disponible, los pies caben holgadamente bajo las banquetas delanteras. En cuanto a acabados, el salpicadero está compuesto por plásticos duros y, en general, predomina la sencillez. La radio está ahora integrada y tiene muy buena calidad de sonido; cuenta con entrada auxiliar de audio y el CD lee archivos MP3.

La postura de conducción es cómoda, a pesar de que el volante sólo es regulable en altura. Se va sentado en una posición bastante elevada incluso con la banqueta en su reglaje más bajo, algo que mejora la visibilidad en medio del tráfico, donde el maniobrable i10 se mueve como pez en el agua. Esta agilidad se logra también gracias a la buena voluntad del motor 1.1 de gasolina, que es el que hemos tenido ocasión de conducir. El primer punto a favor lo encontramos nada más girar la llave para arrancar. Ni vibra, ni suena, toda una sorpresa. Al ralentí parece que está parado. Además consume muy poco: 5 litros de media homologados, lo que representa unas emisiones de CO2 de 119 g/km y, por consiguiente, queda exento del Impuesto de Matriculación en nuestro mercado. Su respuesta a pocas vueltas es inmediata y con una contundencia que no harían sospechar sus modestos 66 CV. A medio y alto régimen pierde fuerza, algo que, lógicamente, se nota al salir a carretera, donde se muestra algo más perezoso y pierde gran parte de la soltura de la que presume por la ciudad, sobre todo superados los 100 km/h, que los alcanza en 15,6 segundos.

La palanca de cambios está emplazada en la consola, por lo que queda bastante cerca de la mano, además tiene un tacto correcto. Su ubicación permite que haya numerosos huecos para depositar objetos entre los asientos delanteros, que se unen a las habituales bolsas de las puertas y a una guantera razonable.

El maletero, de 220 litros, es aprovechable y de formas regulares, y bajo su piso se encuentra la rueda de repuesto, que es de emergencia. En caso de necesitar más sitio para la carga se pueden abatir los asientos traseros, sin necesidad de retirar primero los reposacabezas.

El comportamiento es sano y, pese al planteamiento urbano, se muestra lo suficientemente noble y equilibrado ante situaciones comprometidas, aunque más bien está enfocado a proporcionar comodidad en lugar de eficacia dinámica pura y dura. Las suspensiones no son excesivamente blandas, pero aun así la alta carrocería acusa el balanceo más de lo normal.

El ESP opcional está previsto, en principio, para el próximo motor 1.1 Diesel que se lanzará en junio. Es un nuevo tricilíndrico con turbo de geometría variable y 75 CV, cuyas emisiones le situarán en la franja de los exentos de Impuesto de Matriculación. La otra alternativa mecánica será, a partir de octubre, un nuevo 1.2 de gasolina de 75 CV. Por ahora sólo se conocen los precios del 1.1 de gasolina, que oscilan entre los 9.700 euros del acabado básico, y los 12.700 de la versión automática con terminación Style. Respecto a su antecesor supone una gran mejora en todos los aspectos. El sustituto del Atos se renueva por completo para hacerse un hueco en el cada vez más activo segmento A, en el que competirá con su “primo” el Kia Picanto, el Chevrolet Matiz, el Fiat Panda o el trío formado por los Peugeot 107, Citroën C1 y Toyota Aygo. No es un mero lavado de cara, pues el urbanita coreano esta vez va a por todas, para lo que estrena plataforma y cambia su denominación por la de i10. Mantiene la longitud del Atos, pero gana 7 centímetros de anchura que repercuten positivamente en la amplitud interior. Los pasajeros delanteros cuentan ahora con 5 centímetros más para las piernas, mientras que los traseros (ahora tres en vez de dos) disponen de 8 centímetros adicionales a la altura de los hombros. En la práctica nos encontramos con un habitáculo moderno y desahogado, y esta sensación se acentúa gracias al acabado bi-tono del interior, con el techo y la mitad superior de los pilares en color claro y la zona inferior y los asientos en tonos grises oscuros. Lo más sorprendente es cuando te sientas en la fila de atrás: puedes estirar las piernas casi por completo porque, además del generoso espacio disponible, los pies caben holgadamente bajo las banquetas delanteras. En cuanto a acabados, el salpicadero está compuesto por plásticos duros y, en general, predomina la sencillez. La radio está ahora integrada y tiene muy buena calidad de sonido; cuenta con entrada auxiliar de audio y el CD lee archivos MP3.

La postura de conducción es cómoda, a pesar de que el volante sólo es regulable en altura. Se va sentado en una posición bastante elevada incluso con la banqueta en su reglaje más bajo, algo que mejora la visibilidad en medio del tráfico, donde el maniobrable i10 se mueve como pez en el agua. Esta agilidad se logra también gracias a la buena voluntad del motor 1.1 de gasolina, que es el que hemos tenido ocasión de conducir. El primer punto a favor lo encontramos nada más girar la llave para arrancar. Ni vibra, ni suena, toda una sorpresa. Al ralentí parece que está parado. Además consume muy poco: 5 litros de media homologados, lo que representa unas emisiones de CO2 de 119 g/km y, por consiguiente, queda exento del Impuesto de Matriculación en nuestro mercado. Su respuesta a pocas vueltas es inmediata y con una contundencia que no harían sospechar sus modestos 66 CV. A medio y alto régimen pierde fuerza, algo que, lógicamente, se nota al salir a carretera, donde se muestra algo más perezoso y pierde gran parte de la soltura de la que presume por la ciudad, sobre todo superados los 100 km/h, que los alcanza en 15,6 segundos.

La palanca de cambios está emplazada en la consola, por lo que queda bastante cerca de la mano, además tiene un tacto correcto. Su ubicación permite que haya numerosos huecos para depositar objetos entre los asientos delanteros, que se unen a las habituales bolsas de las puertas y a una guantera razonable.

El maletero, de 220 litros, es aprovechable y de formas regulares, y bajo su piso se encuentra la rueda de repuesto, que es de emergencia. En caso de necesitar más sitio para la carga se pueden abatir los asientos traseros, sin necesidad de retirar primero los reposacabezas.

El comportamiento es sano y, pese al planteamiento urbano, se muestra lo suficientemente noble y equilibrado ante situaciones comprometidas, aunque más bien está enfocado a proporcionar comodidad en lugar de eficacia dinámica pura y dura. Las suspensiones no son excesivamente blandas, pero aun así la alta carrocería acusa el balanceo más de lo normal.

El ESP opcional está previsto, en principio, para el próximo motor 1.1 Diesel que se lanzará en junio. Es un nuevo tricilíndrico con turbo de geometría variable y 75 CV, cuyas emisiones le situarán en la franja de los exentos de Impuesto de Matriculación. La otra alternativa mecánica será, a partir de octubre, un nuevo 1.2 de gasolina de 75 CV. Por ahora sólo se conocen los precios del 1.1 de gasolina, que oscilan entre los 9.700 euros del acabado básico, y los 12.700 de la versión automática con terminación Style. Respecto a su antecesor supone una gran mejora en todos los aspectos. El sustituto del Atos se renueva por completo para hacerse un hueco en el cada vez más activo segmento A, en el que competirá con su “primo” el Kia Picanto, el Chevrolet Matiz, el Fiat Panda o el trío formado por los Peugeot 107, Citroën C1 y Toyota Aygo. No es un mero lavado de cara, pues el urbanita coreano esta vez va a por todas, para lo que estrena plataforma y cambia su denominación por la de i10. Mantiene la longitud del Atos, pero gana 7 centímetros de anchura que repercuten positivamente en la amplitud interior. Los pasajeros delanteros cuentan ahora con 5 centímetros más para las piernas, mientras que los traseros (ahora tres en vez de dos) disponen de 8 centímetros adicionales a la altura de los hombros. En la práctica nos encontramos con un habitáculo moderno y desahogado, y esta sensación se acentúa gracias al acabado bi-tono del interior, con el techo y la mitad superior de los pilares en color claro y la zona inferior y los asientos en tonos grises oscuros. Lo más sorprendente es cuando te sientas en la fila de atrás: puedes estirar las piernas casi por completo porque, además del generoso espacio disponible, los pies caben holgadamente bajo las banquetas delanteras. En cuanto a acabados, el salpicadero está compuesto por plásticos duros y, en general, predomina la sencillez. La radio está ahora integrada y tiene muy buena calidad de sonido; cuenta con entrada auxiliar de audio y el CD lee archivos MP3.

La postura de conducción es cómoda, a pesar de que el volante sólo es regulable en altura. Se va sentado en una posición bastante elevada incluso con la banqueta en su reglaje más bajo, algo que mejora la visibilidad en medio del tráfico, donde el maniobrable i10 se mueve como pez en el agua. Esta agilidad se logra también gracias a la buena voluntad del motor 1.1 de gasolina, que es el que hemos tenido ocasión de conducir. El primer punto a favor lo encontramos nada más girar la llave para arrancar. Ni vibra, ni suena, toda una sorpresa. Al ralentí parece que está parado. Además consume muy poco: 5 litros de media homologados, lo que representa unas emisiones de CO2 de 119 g/km y, por consiguiente, queda exento del Impuesto de Matriculación en nuestro mercado. Su respuesta a pocas vueltas es inmediata y con una contundencia que no harían sospechar sus modestos 66 CV. A medio y alto régimen pierde fuerza, algo que, lógicamente, se nota al salir a carretera, donde se muestra algo más perezoso y pierde gran parte de la soltura de la que presume por la ciudad, sobre todo superados los 100 km/h, que los alcanza en 15,6 segundos.

La palanca de cambios está emplazada en la consola, por lo que queda bastante cerca de la mano, además tiene un tacto correcto. Su ubicación permite que haya numerosos huecos para depositar objetos entre los asientos delanteros, que se unen a las habituales bolsas de las puertas y a una guantera razonable.

El maletero, de 220 litros, es aprovechable y de formas regulares, y bajo su piso se encuentra la rueda de repuesto, que es de emergencia. En caso de necesitar más sitio para la carga se pueden abatir los asientos traseros, sin necesidad de retirar primero los reposacabezas.

El comportamiento es sano y, pese al planteamiento urbano, se muestra lo suficientemente noble y equilibrado ante situaciones comprometidas, aunque más bien está enfocado a proporcionar comodidad en lugar de eficacia dinámica pura y dura. Las suspensiones no son excesivamente blandas, pero aun así la alta carrocería acusa el balanceo más de lo normal.

El ESP opcional está previsto, en principio, para el próximo motor 1.1 Diesel que se lanzará en junio. Es un nuevo tricilíndrico con turbo de geometría variable y 75 CV, cuyas emisiones le situarán en la franja de los exentos de Impuesto de Matriculación. La otra alternativa mecánica será, a partir de octubre, un nuevo 1.2 de gasolina de 75 CV. Por ahora sólo se conocen los precios del 1.1 de gasolina, que oscilan entre los 9.700 euros del acabado básico, y los 12.700 de la versión automática con terminación Style. Respecto a su antecesor supone una gran mejora en todos los aspectos.
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