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Hyundai i-30 1.6 CRDi

Hyundai está europeizando sus modelos en cuando a estándares de calidad y acabado. Con el i-30 culmina esta tendencia ofreciendo un modelo en el que ya no sólo debe valorarse la relación precio/producto, sino que es perfectamente homologable a sus rivales con origen en el Viejo Continente.
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Hyundai i-30 1.6 CRDi
Si en amplitud, diseño y acabado la mejora era relativamente sencilla de obtener, en el bastidor las buenas maneras del Accent no hacían tan sencilla la tarea. Pero aquí también se han subido bastantes peldaños. A la generosa batalla, que ya en sí misma garantiza una buena estabilidad lineal, el i-30 añade una sencilla pero eficaz suspensión posterior que, aunque pomposamente definida como multibrazo, consta de un brazo superior, uno inferior y una bieleta de control de convergencia.

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Los resultados son excelentes y geométricamente muy eficaces. El generoso diámetro de las estabilizadoras nos da una pista sobre el planteamiento de las suspensiones. Los muelles tienen un tarado suave y no requieren unos amortiguadores muy firmes, obteniendo el conjunto una buena capacidad de absorción que proporciona un alto grado de confort, sobre todo tipo de carreteras. En los apoyos fuertes en curva, del control de la inclinación se encargan las estabilizadoras que cumplen su función con excelentes resultados. La sensación al volante es de absoluto control y, aunque con una cierta tendencia al subviraje inicial, lo cierto es que el comportamiento es bastante neutro, llegando, si desconectamos el ESP, a obtener un leve deslizamiento del tren posterior que en conducción deportiva hace al i-30 sumamente ágil. Todas las reacciones son muy progresivas y predecibles y su conducción está al alcance de todos los públicos. La dirección ofrece un buen tacto y su asistencia eléctrica pasa desapercibida. Algo parecido podemos decir de los frenos que, tanto en distancias como en resistencia al calentamiento, han cumplido sobradamente los objetivos. Sólo hemos apreciado un tacto del pedal algo esponjoso, posiblemente debido a alguna burbuja en el líquido. Los 20.500 euros que hay que desembolsar para adquirir esta versión del i-30 están más que justifi cados con relación a su equipamiento y es que a los elementos habituales, el Hyundai añade otros menos comunes en esta categoría como los sensores de aparcamiento, el sensor de lluvia, las luces activas o los mandos de la radio en el volante. Además tiene la ventaja de que este precio es difícilmente incrementable ya que la lista de opciones se limita a la pintura metalizada o al cambio automático. Esto en sí mismo puede merecer un cierto reproche ya que algunos elementos de equipamiento podrían estar incluidos como opción. Nos referimos concretamente al control de velocidad de crucero —importante tal y como está el “patio”— o a los airbags laterales traseros, no disponibles en la dotación de serie, ni como opción. Por lo demás nos parece un modelo con unos resultados sumamente satisfactorios y con un precio bastante asequible. Su imagen no es muy llamativa y peca incluso de algo modesta, pero ese punto de discreción también será, a buen seguro, valorado por muchos.
LO MEJOR
LO PEOR

– Buen comportamiento
– Consumos
– Confort de marcha

– Rueda de emergencia
– Poco llamativo
– Opciones escasas

Si en amplitud, diseño y acabado la mejora era relativamente sencilla de obtener, en el bastidor las buenas maneras del Accent no hacían tan sencilla la tarea. Pero aquí también se han subido bastantes peldaños. A la generosa batalla, que ya en sí misma garantiza una buena estabilidad lineal, el i-30 añade una sencilla pero eficaz suspensión posterior que, aunque pomposamente definida como multibrazo, consta de un brazo superior, uno inferior y una bieleta de control de convergencia.

Los resultados son excelentes y geométricamente muy eficaces. El generoso diámetro de las estabilizadoras nos da una pista sobre el planteamiento de las suspensiones. Los muelles tienen un tarado suave y no requieren unos amortiguadores muy firmes, obteniendo el conjunto una buena capacidad de absorción que proporciona un alto grado de confort, sobre todo tipo de carreteras. En los apoyos fuertes en curva, del control de la inclinación se encargan las estabilizadoras que cumplen su función con excelentes resultados. La sensación al volante es de absoluto control y, aunque con una cierta tendencia al subviraje inicial, lo cierto es que el comportamiento es bastante neutro, llegando, si desconectamos el ESP, a obtener un leve deslizamiento del tren posterior que en conducción deportiva hace al i-30 sumamente ágil. Todas las reacciones son muy progresivas y predecibles y su conducción está al alcance de todos los públicos. La dirección ofrece un buen tacto y su asistencia eléctrica pasa desapercibida. Algo parecido podemos decir de los frenos que, tanto en distancias como en resistencia al calentamiento, han cumplido sobradamente los objetivos. Sólo hemos apreciado un tacto del pedal algo esponjoso, posiblemente debido a alguna burbuja en el líquido. Los 20.500 euros que hay que desembolsar para adquirir esta versión del i-30 están más que justifi cados con relación a su equipamiento y es que a los elementos habituales, el Hyundai añade otros menos comunes en esta categoría como los sensores de aparcamiento, el sensor de lluvia, las luces activas o los mandos de la radio en el volante. Además tiene la ventaja de que este precio es difícilmente incrementable ya que la lista de opciones se limita a la pintura metalizada o al cambio automático. Esto en sí mismo puede merecer un cierto reproche ya que algunos elementos de equipamiento podrían estar incluidos como opción. Nos referimos concretamente al control de velocidad de crucero —importante tal y como está el “patio”— o a los airbags laterales traseros, no disponibles en la dotación de serie, ni como opción. Por lo demás nos parece un modelo con unos resultados sumamente satisfactorios y con un precio bastante asequible. Su imagen no es muy llamativa y peca incluso de algo modesta, pero ese punto de discreción también será, a buen seguro, valorado por muchos.
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