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Hyundai Veloster 1.6 GDi Sport S

Mucho estilo y cierto grado de practicidad se dan cita en el nuevo coupé de Hyundai, un modelo de cuatro plazas y 2+1 puertas. Probamos el motor atmosférico de 140 CV e inyección directa de gasolina, que puede contar con cambio de doble embrague y tres acabados diferentes.
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Hyundai Veloster 1.6 GDi Sport S
Rival directo del VW Scirocco, del Renault Mégane Coupé y del Honda CR-Z, el nuevo Hyundai Veloster aporta un plus a la funcionalidad de este tipo de automóviles. Destaca por algo que ningún otro se ha atrevido a ofrecer: una puerta adicional, sólo en el lado del acompañante, para acceder a las dos plazas traseras. Se trata de una puerta convencional —nada de complicaciones tipo Mini Clubman o Mazda RX-8— con el tirador camuflado en el montante posterior. Por tanto, la vista lateral del Hyundai Veloster cambia dependiendo del lado desde el que se mire, aunque no sabríamos decir cuál de sus dos perfiles resulta más atractivo. Sin duda, la original estética es uno de sus grandes valores y Hyundai es consciente de ello.

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Hyundai Veloster 1.6 GDi Sport S

El llamativo exterior, en el que no faltan luces diurnas ni pilotos traseros de aspecto muy trabajado —en ambos casos de tipo LED—, se combina con un interior de sugerente diseño. Eso sí, prácticamente todos los plásticos son duros, aunque éstos cuentan con buenos ajustes y transmiten más sensación de calidad de lo habitual, tanto visual como táctil. El alto nivel de equipamiento del acabado superior Sport S es otro de sus puntos fuertes, ya que no faltan asientos de cuero con reglaje eléctrico para el conductor —salvo el respaldo—, techo panorámico practicable, climatizador, sistema de apertura y arranque sin llave, o navegador con cámara trasera de aparcamiento. Por cierto, ésta funciona muy bien en condiciones de baja luminosidad. También dispone de conexiones Bluetooth, USB y auxiliar, elementos casi indispensables hoy día. Otros aspectos funcionales del Hyundai Veloster, sin embargo, están peor resueltos. Por ejemplo, por la noche el brillo de la pantalla del navegador es excesivo incluso en el nivel más bajo —no hay mucha diferencia entre los tres disponibles—. Tampoco nos gusta el tacto de algunos mandos, como los elevalunas, o la ausencia de faros de xenón. Por otra parte, el ventilador del climatizador emite un agudo zumbido cuando funciona a poca intensidad, un fallo que podría ser exclusivo de nuestra unidad y que acaba resultando molesto cuando circulamos a poca velocidad. A ritmos elevados el ruido de rodadura y del motor lo camuflan, sin embargo, surge cierta rumorosidad a causa del viento en la zona del techo practicable si superamos el límite legal establecido en nuestras autovías. También hemos constatado, en circuito cerrado, ruido aerodinámico al rodar a partir de unos 20 km/h por debajo de la velocidad máxima declarada por el fabricante. En cuanto al motor 1.6 de inyección directa de gasolina, su funcionamiento es muy correcto en toda la banda de utilización, además las relaciones del cambio son relativamente cerradas, de manera que contribuyen a lograr una buena respuesta. Sin embargo, no hay que esperar grandes sensaciones. Es un coche dinámico, pero no tanto como aparenta su agresiva estética. Se echa en falta un sonido más deportivo y algo más de rabia en la forma de entregar la potencia, sobre todo en la zona baja, y más ahora que nos estamos acostumbrando a los motores turbo de poca cilindrada. Aun así cuenta con unos bajos refinados, que dan como resultado un modelo agradable y con suficiente nivel de par para callejear y circular de manera tranquila. Es muy silencioso y apenas vibra por debajo de 3.000 vueltas. A medida que la aguja del cuentavueltas avanza, sobre todo a partir de 4.000 rpm, el motor va proporcionando mayor empuje, siempre con mucha progresividad y de manera bastante lineal, hasta llegar al corte de inyección, a unas 6.900 vueltas —la zona roja comienza a 6.500 rpm—. Es a alto régimen donde mejor rendimiento ofrece, por tanto, si queremos extraer el máximo partido es necesario emplear con frecuencia el cambio de seis marchas, cuyo accionamiento es rápido y preciso, aunque su tacto, sin ser malo, no es tan placentero como el de un Volkswagen Scirocco o un Honda CR-Z. Por el momento nos quedamos con las ganas de probar una versión con transmisión automática de doble embrague DCT.

Aparte de estética, un coupé debería ofrecer un buen comportamiento. En el caso del Hyundai Veloster, sobre asfalto en perfectas condiciones su bastidor transmite sensación de agilidad y ligereza. El tren trasero brinda cierta capacidad direccional, e incluso desliza ligeramente si levantamos el pie del acelerador en apoyos fuertes, proporcionando un buen paso por curva y diversión al volante si lo provocamos un poco, aunque con el ESP conectado todo vuelve a su sitio muy rápidamente. Si la dirección informase un poco y tuviera un tacto algo más pulido al límite de adherencia, su conducción sería aún más gratificante. Por otro lado, al rebasar badenes o cuando la carretera está bacheada, el eje trasero rebota más de la cuenta, dando lugar a cierta imprecisión y pérdida de confort. Debido a esta relativa falta de asentamiento del eje trasero, el ABS actúa más de lo normal cuando entramos frenando en una curva. Esto quizá también tenga algo que ver con una medición en la que el Hyundai Veloster no ha salido demasiado bien parado, la frenada de emergencia, con 79,1 metros en el paso de 140 a 0 km/h. En este caso, además, los frenos muestran poca mordiente inicial, como si el asistente de frenado de urgencia no funcionase. ¿Es realmente útil la tercera puerta? En pocas palabras, sí. Dentro de unos límites y teniendo en cuenta que se trata de un coupé, a la hora de acceder a la fila trasera sólo es criticable la poca altura del marco de la puerta y la ausencia de asideros en el techo, lo que dificulta enormemente la operación a personas mayores. Pero resulta mucho más complicado entrar y salir desde el lado del conductor, ya que al abatir el respaldo queda un hueco muy pequeño, además es casi inevitable rozar la pierna con la prominente palanca que lo libera. Por cierto que el respaldo del conductor no tiene memoria, y su regulación —por palanca— no es lo precisa que quisiéramos. En cuanto a la habitabilidad trasera, podemos calificarla de decente. Hay mucha anchura disponible, aunque resulta algo justo en altura para pasajeros de talla alta, y eso que la luneta queda justo encima de la cabeza, con lo que se ganan un par de centímetros.

En resumidas cuentas, el Hyundai Veloster es un modelo que entra por los ojos, un capricho poco radical en cuanto a deportividad pero sí muy equipado y versátil, si bien resulta algo caro al valorar el precio de rivales como el VW Scirocco o el Renault Mégane Coupé. Este acabado, por ejemplo, cuesta lo mismo que un Renault Mégane Coupé R.S. (250 CV), aunque también responde a otro planteamiento. Las terminaciones inferiores resultan más competitivas. Estética
Equipamiento
Practicidad 3ª puerta
Calidad de bacheo
Distancia de frenado
Precio elevado
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