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Golf TDI frente a Volvo C30

La funcionalidad del Golf se enfrenta en esta comparativa al rompedor diseño del C30. Uno es práctico; el otro menos. En uno impera la razón y en el otro la pasión. Uno es como los demás y el otro diferente al resto ¿Necesidad o deseo?
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Golf TDI frente a Volvo C30
Siguiendo con el maletero del Volvo, no se entiende que en la zona de carga haya un hueco libre entre los dos asientos por el que, en caso de frenada fuerte, pueda acceder cualquier objeto al habitáculo. La forma de resolver el escaso tamaño del maletero se soluciona quitando la lona que lo cubre, pero entonces, se complica la seguridad.

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Volvo C30 o VW Golf TDI

Por lo demás ambos tienen un buen nivel de equipamiento de seguridad. Cuentan con los dos airbag frontales más los laterales delanteros y los de cortina en las cuatro plazas principales. La rueda de repuesto es de emergencia en los dos de serie, pero en el Golf se puede sustituir por otra de medida normal por 245 euros. En cambio, no se entiende como Volkswagen no incluye de serie los faros antiniebla –170 euros-, ni en el acabado Sportline ni en el Highline, y en el Volvo son de serie en sólo en los dos acabados superiores.

El Volvo de nuestra comparativa estaba equipado con el acabado tope de gama, denominado Summun. Si se fijan en la tabla de equipamiento, la diferencia final con el Golf y su terminación Sportline asciende a unos insalvables 10.820 euros. Para hacer una comparación más racional, lo lógico es comparar el C30 con la terminación Kinetic, que es la más básica y mantiene un nivel similar a la del Golf. Así, de precio base, el alemán cuesta 24.230 euros y el sueco 25.000. Este precio implica a los dos coches con tapicería de tela, asientos con reglaje manual, faros convencionales y el climatizador básico. Para igualarlos y confeccionar el coche ideal con lo imprescindible, habría que añadir los faros antiniebla en los dos coches –170 euros en el Golf frente a 230 en el Volvo–, la desactivación manual del airbag de acompañante en el Volvo –91 euros–, y la lona del maletero del C30, que cuesta 240 euros.

Así, tras igualar equipamientos, se establece así un precio final de 24.400 euros en el Golf y 25.561 euros en el Volvo. Los dos son buenos coches, se comportan bien y ofrecen un rendimiento mecánico más que suficiente. En los 1.161 euros que cuesta de más el C30 a igualdad de equipamiento, tenemos un diseño diferente, sí, pero también casi la mitad del maletero y una plaza menos detrás. Por tanto el Golf es la elección más racional. Con el Volvo tendremos un buen coche igual, pero con las limitaciones de su parte trasera que, para una utilización de dos personas, es más que suficiente; todo depende de lo que usted esté buscando. En esta comparativa lo práctico es elegir el Golf; cuenta con cinco plazas utilizables y casi el doble de maletero que el C30. No alcanza el nivel de confort del sueco pero tampoco es incómodo y, al límite, muestra un bastidor más preciso. Tiene unas prestaciones mejores, un consumo ligeramente más bajo, es más barato y, encima, sus opciones son mucho más asequibles. El Volvo es una apuesta clara por el diseño, que llenará más a todos aquellos para los que el espacio no es imprescindible y sí la imagen. Siguiendo con el maletero del Volvo, no se entiende que en la zona de carga haya un hueco libre entre los dos asientos por el que, en caso de frenada fuerte, pueda acceder cualquier objeto al habitáculo. La forma de resolver el escaso tamaño del maletero se soluciona quitando la lona que lo cubre, pero entonces, se complica la seguridad. Por lo demás ambos tienen un buen nivel de equipamiento de seguridad. Cuentan con los dos airbag frontales más los laterales delanteros y los de cortina en las cuatro plazas principales. La rueda de repuesto es de emergencia en los dos de serie, pero en el Golf se puede sustituir por otra de medida normal por 245 euros. En cambio, no se entiende como Volkswagen no incluye de serie los faros antiniebla –170 euros-, ni en el acabado Sportline ni en el Highline, y en el Volvo son de serie en sólo en los dos acabados superiores.

El Volvo de nuestra comparativa estaba equipado con el acabado tope de gama, denominado Summun. Si se fijan en la tabla de equipamiento, la diferencia final con el Golf y su terminación Sportline asciende a unos insalvables 10.820 euros. Para hacer una comparación más racional, lo lógico es comparar el C30 con la terminación Kinetic, que es la más básica y mantiene un nivel similar a la del Golf. Así, de precio base, el alemán cuesta 24.230 euros y el sueco 25.000. Este precio implica a los dos coches con tapicería de tela, asientos con reglaje manual, faros convencionales y el climatizador básico. Para igualarlos y confeccionar el coche ideal con lo imprescindible, habría que añadir los faros antiniebla en los dos coches –170 euros en el Golf frente a 230 en el Volvo–, la desactivación manual del airbag de acompañante en el Volvo –91 euros–, y la lona del maletero del C30, que cuesta 240 euros.

Así, tras igualar equipamientos, se establece así un precio final de 24.400 euros en el Golf y 25.561 euros en el Volvo. Los dos son buenos coches, se comportan bien y ofrecen un rendimiento mecánico más que suficiente. En los 1.161 euros que cuesta de más el C30 a igualdad de equipamiento, tenemos un diseño diferente, sí, pero también casi la mitad del maletero y una plaza menos detrás. Por tanto el Golf es la elección más racional. Con el Volvo tendremos un buen coche igual, pero con las limitaciones de su parte trasera que, para una utilización de dos personas, es más que suficiente; todo depende de lo que usted esté buscando. En esta comparativa lo práctico es elegir el Golf; cuenta con cinco plazas utilizables y casi el doble de maletero que el C30. No alcanza el nivel de confort del sueco pero tampoco es incómodo y, al límite, muestra un bastidor más preciso. Tiene unas prestaciones mejores, un consumo ligeramente más bajo, es más barato y, encima, sus opciones son mucho más asequibles. El Volvo es una apuesta clara por el diseño, que llenará más a todos aquellos para los que el espacio no es imprescindible y sí la imagen.

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