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Golf TDI frente a Volvo C30

La funcionalidad del Golf se enfrenta en esta comparativa al rompedor diseño del C30. Uno es práctico; el otro menos. En uno impera la razón y en el otro la pasión. Uno es como los demás y el otro diferente al resto ¿Necesidad o deseo?
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Golf TDI frente a Volvo C30
Con muy buenas aptitudes dinámicas y elevada seguridad activa en los dos casos, cada uno muestra su propia personalidad en el apartado del comportamiento. En general nos ha gustado más el equilibrio del Golf. El Volvo es un coche mucho más confortable, con un tarado de suspensiones que no castiga a su conductor y que transmite solidez. Resulta una delicia conducirlo a velocidad moderada y ofrece esa agradable sensación de coche de marca premium.

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Volvo C30 o VW Golf TDI

El Golf, por su parte, no alcanza el nivel de confort del Volvo, pero no por ello es incómodo. Su compromiso entre confort y efectividad está más logrado, puesto que si llevamos al límite ambos coches, el alemán permite algo más; en estas condiciones, al C30 le cuesta más meter el tren delantero en la curva, apareciendo el subviraje antes que en el Golf. Los dos coches llevan de serie sus respectivos controles de tracción y estabilidad, con un correcto funcionamiento, al igual que el equipo de frenos; responde bien en los dos coches, con unas distancias de frenado similares y más que aceptable control del ABS.

El Golf emplea el ya de sobra conocido motor Diesel 2.0 TDI en su variante de 140 CV, mientras que el C30 recurre al 2.0D de 136 CV, que tienen en común el grupo Ford –al que Volvo pertenece– y PSA Peugeot-Citroën. Los dos guardan una configuración similar, con cuatro cilindros, turbo de geometría variable, intercooler y culata multiválvulas. Tan sólo discrepan en el sistema de inyección, ya que mientras el primero confía en los cuatro inyectores bomba, el sueco opta por el conducto común –common rail–. Aunque uno anuncia 140 CV y el otro 136, en nuestro banco de potencia los dos han aumentado hasta los 157,8 CV en el caso del Golf y a los 153,5 CV en el del C30. Aquí todos ganan. La respuesta de ambos motores es muy buena; el TDI muestra un poco más de potencia, ofrece prestaciones ligeramente superiores y consume algo menos, pero en contra tiene que es un motor muy tosco; suena más y su forma de entregar la potencia es más brusca. En cambio el motor del C30 tiene un comportamiento más refinado, que casa muy bien con el carácter de este coche. De hecho, nos parece el motor más adecuado para él, siendo esta versión del C30 la más recomendable de su gama. Como hemos dicho, las prestaciones son algo mejores en el Golf, que se muestra algo más rápido, sobre todo a la hora de recuperar. Sin embargo, la diferencia de prestaciones entre ambos no es suficiente como para decantarse por uno u otro, de ahí que hayan empatado los dos modelos en este apartado. La calidad visual de materiales empleada en el Volvo y su presentación, están un claro paso por delante de las del Golf. El sueco combina elementos de materiales plásticos de mejor presencia. A esto hay que sumarle un diseño interior menos “aburrido” que el del alemán, en el que destaca la consola central que también comparte con otros modelos de la casa, como el S40 del que deriva. Ésta es tan fina, que incluso cuenta con un hueco adicional tras ella –además puede ser decorada en opción–. El Golf por su parte no destaca por un diseño brillante, pero sí funcional en todos los sentidos. En el sueco hay muchos más botones y más pequeños, aunque una vez memorizada su ubicación, no son problema. Los asientos son más cómodos los del C30 en parado, puesto que su mullido es más blando que los del VW, pero carecen de la sujeción lateral de este último, muy de agradecer en marcha. El acceso a las plazas traseras es bueno en el Golf y problemático en el Volvo; el hueco que queda para entrar es bueno, pero hay que acordarse de desenganchar el cinturón de seguridad de la parte inferior del asiento cada vez que alguien entra o sale de la parte trasera, y acordarse de volver a engancharlo –si el cinturón no está ahí enganchado, irá golpeando contra el pilar central en marcha-. Las dos plazas traseras del C30 son cómodas por la calidad de los asientos o el espacio transversal y longitudinal disponible, pero disponen de una altura limitada a 88 cm, 7 menos que el Golf y... ¡1 cm menos que un Mini! En el alemán hay mucho más espacio en todas las cotas, donde dos viajaran cómodos y tres algo justos, sobre todo si son adultos. Tema aparte es el maletero. Los 235 litros del Volvo quedan limitados para el equipaje de 2 personas y resulta minúsculo para 4 –y eso que lleva rueda de emergencia-. El Golf cuenta con 165 litros más de espacio, que se reducen a 60 litros si lleva el extra de la rueda de repuesto convencional. Además, el sueco utiliza una lona –opcional por 250 euros- para cubrir y separar el maletero, lo que obliga a estar manipulando dicha lona cada vez que guardamos algo y no queremos que se vea desde fuera; nos parece un contrasentido en un coche como éste. Con muy buenas aptitudes dinámicas y elevada seguridad activa en los dos casos, cada uno muestra su propia personalidad en el apartado del comportamiento. En general nos ha gustado más el equilibrio del Golf. El Volvo es un coche mucho más confortable, con un tarado de suspensiones que no castiga a su conductor y que transmite solidez. Resulta una delicia conducirlo a velocidad moderada y ofrece esa agradable sensación de coche de marca premium. El Golf, por su parte, no alcanza el nivel de confort del Volvo, pero no por ello es incómodo. Su compromiso entre confort y efectividad está más logrado, puesto que si llevamos al límite ambos coches, el alemán permite algo más; en estas condiciones, al C30 le cuesta más meter el tren delantero en la curva, apareciendo el subviraje antes que en el Golf. Los dos coches llevan de serie sus respectivos controles de tracción y estabilidad, con un correcto funcionamiento, al igual que el equipo de frenos; responde bien en los dos coches, con unas distancias de frenado similares y más que aceptable control del ABS.

El Golf emplea el ya de sobra conocido motor Diesel 2.0 TDI en su variante de 140 CV, mientras que el C30 recurre al 2.0D de 136 CV, que tienen en común el grupo Ford –al que Volvo pertenece– y PSA Peugeot-Citroën. Los dos guardan una configuración similar, con cuatro cilindros, turbo de geometría variable, intercooler y culata multiválvulas. Tan sólo discrepan en el sistema de inyección, ya que mientras el primero confía en los cuatro inyectores bomba, el sueco opta por el conducto común –common rail–. Aunque uno anuncia 140 CV y el otro 136, en nuestro banco de potencia los dos han aumentado hasta los 157,8 CV en el caso del Golf y a los 153,5 CV en el del C30. Aquí todos ganan. La respuesta de ambos motores es muy buena; el TDI muestra un poco más de potencia, ofrece prestaciones ligeramente superiores y consume algo menos, pero en contra tiene que es un motor muy tosco; suena más y su forma de entregar la potencia es más brusca. En cambio el motor del C30 tiene un comportamiento más refinado, que casa muy bien con el carácter de este coche. De hecho, nos parece el motor más adecuado para él, siendo esta versión del C30 la más recomendable de su gama. Como hemos dicho, las prestaciones son algo mejores en el Golf, que se muestra algo más rápido, sobre todo a la hora de recuperar. Sin embargo, la diferencia de prestaciones entre ambos no es suficiente como para decantarse por uno u otro, de ahí que hayan empatado los dos modelos en este apartado. La calidad visual de materiales empleada en el Volvo y su presentación, están un claro paso por delante de las del Golf. El sueco combina elementos de materiales plásticos de mejor presencia. A esto hay que sumarle un diseño interior menos “aburrido” que el del alemán, en el que destaca la consola central que también comparte con otros modelos de la casa, como el S40 del que deriva. Ésta es tan fina, que incluso cuenta con un hueco adicional tras ella –además puede ser decorada en opción–. El Golf por su parte no destaca por un diseño brillante, pero sí funcional en todos los sentidos. En el sueco hay muchos más botones y más pequeños, aunque una vez memorizada su ubicación, no son problema. Los asientos son más cómodos los del C30 en parado, puesto que su mullido es más blando que los del VW, pero carecen de la sujeción lateral de este último, muy de agradecer en marcha. El acceso a las plazas traseras es bueno en el Golf y problemático en el Volvo; el hueco que queda para entrar es bueno, pero hay que acordarse de desenganchar el cinturón de seguridad de la parte inferior del asiento cada vez que alguien entra o sale de la parte trasera, y acordarse de volver a engancharlo –si el cinturón no está ahí enganchado, irá golpeando contra el pilar central en marcha-. Las dos plazas traseras del C30 son cómodas por la calidad de los asientos o el espacio transversal y longitudinal disponible, pero disponen de una altura limitada a 88 cm, 7 menos que el Golf y... ¡1 cm menos que un Mini! En el alemán hay mucho más espacio en todas las cotas, donde dos viajaran cómodos y tres algo justos, sobre todo si son adultos. Tema aparte es el maletero. Los 235 litros del Volvo quedan limitados para el equipaje de 2 personas y resulta minúsculo para 4 –y eso que lleva rueda de emergencia-. El Golf cuenta con 165 litros más de espacio, que se reducen a 60 litros si lleva el extra de la rueda de repuesto convencional. Además, el sueco utiliza una lona –opcional por 250 euros- para cubrir y separar el maletero, lo que obliga a estar manipulando dicha lona cada vez que guardamos algo y no queremos que se vea desde fuera; nos parece un contrasentido en un coche como éste. Con muy buenas aptitudes dinámicas y elevada seguridad activa en los dos casos, cada uno muestra su propia personalidad en el apartado del comportamiento. En general nos ha gustado más el equilibrio del Golf. El Volvo es un coche mucho más confortable, con un tarado de suspensiones que no castiga a su conductor y que transmite solidez. Resulta una delicia conducirlo a velocidad moderada y ofrece esa agradable sensación de coche de marca premium. El Golf, por su parte, no alcanza el nivel de confort del Volvo, pero no por ello es incómodo. Su compromiso entre confort y efectividad está más logrado, puesto que si llevamos al límite ambos coches, el alemán permite algo más; en estas condiciones, al C30 le cuesta más meter el tren delantero en la curva, apareciendo el subviraje antes que en el Golf. Los dos coches llevan de serie sus respectivos controles de tracción y estabilidad, con un correcto funcionamiento, al igual que el equipo de frenos; responde bien en los dos coches, con unas distancias de frenado similares y más que aceptable control del ABS.

El Golf emplea el ya de sobra conocido motor Diesel 2.0 TDI en su variante de 140 CV, mientras que el C30 recurre al 2.0D de 136 CV, que tienen en común el grupo Ford –al que Volvo pertenece– y PSA Peugeot-Citroën. Los dos guardan una configuración similar, con cuatro cilindros, turbo de geometría variable, intercooler y culata multiválvulas. Tan sólo discrepan en el sistema de inyección, ya que mientras el primero confía en los cuatro inyectores bomba, el sueco opta por el conducto común –common rail–. Aunque uno anuncia 140 CV y el otro 136, en nuestro banco de potencia los dos han aumentado hasta los 157,8 CV en el caso del Golf y a los 153,5 CV en el del C30. Aquí todos ganan. La respuesta de ambos motores es muy buena; el TDI muestra un poco más de potencia, ofrece prestaciones ligeramente superiores y consume algo menos, pero en contra tiene que es un motor muy tosco; suena más y su forma de entregar la potencia es más brusca. En cambio el motor del C30 tiene un comportamiento más refinado, que casa muy bien con el carácter de este coche. De hecho, nos parece el motor más adecuado para él, siendo esta versión del C30 la más recomendable de su gama. Como hemos dicho, las prestaciones son algo mejores en el Golf, que se muestra algo más rápido, sobre todo a la hora de recuperar. Sin embargo, la diferencia de prestaciones entre ambos no es suficiente como para decantarse por uno u otro, de ahí que hayan empatado los dos modelos en este apartado. La calidad visual de materiales empleada en el Volvo y su presentación, están un claro paso por delante de las del Golf. El sueco combina elementos de materiales plásticos de mejor presencia. A esto hay que sumarle un diseño interior menos “aburrido” que el del alemán, en el que destaca la consola central que también comparte con otros modelos de la casa, como el S40 del que deriva. Ésta es tan fina, que incluso cuenta con un hueco adicional tras ella –además puede ser decorada en opción–. El Golf por su parte no destaca por un diseño brillante, pero sí funcional en todos los sentidos. En el sueco hay muchos más botones y más pequeños, aunque una vez memorizada su ubicación, no son problema. Los asientos son más cómodos los del C30 en parado, puesto que su mullido es más blando que los del VW, pero carecen de la sujeción lateral de este último, muy de agradecer en marcha. El acceso a las plazas traseras es bueno en el Golf y problemático en el Volvo; el hueco que queda para entrar es bueno, pero hay que acordarse de desenganchar el cinturón de seguridad de la parte inferior del asiento cada vez que alguien entra o sale de la parte trasera, y acordarse de volver a engancharlo –si el cinturón no está ahí enganchado, irá golpeando contra el pilar central en marcha-. Las dos plazas traseras del C30 son cómodas por la calidad de los asientos o el espacio transversal y longitudinal disponible, pero disponen de una altura limitada a 88 cm, 7 menos que el Golf y... ¡1 cm menos que un Mini! En el alemán hay mucho más espacio en todas las cotas, donde dos viajaran cómodos y tres algo justos, sobre todo si son adultos. Tema aparte es el maletero. Los 235 litros del Volvo quedan limitados para el equipaje de 2 personas y resulta minúsculo para 4 –y eso que lleva rueda de emergencia-. El Golf cuenta con 165 litros más de espacio, que se reducen a 60 litros si lleva el extra de la rueda de repuesto convencional. Además, el sueco utiliza una lona –opcional por 250 euros- para cubrir y separar el maletero, lo que obliga a estar manipulando dicha lona cada vez que guardamos algo y no queremos que se vea desde fuera; nos parece un contrasentido en un coche como éste. Con muy buenas aptitudes dinámicas y elevada seguridad activa en los dos casos, cada uno muestra su propia personalidad en el apartado del comportamiento. En general nos ha gustado más el equilibrio del Golf. El Volvo es un coche mucho más confortable, con un tarado de suspensiones que no castiga a su conductor y que transmite solidez. Resulta una delicia conducirlo a velocidad moderada y ofrece esa agradable sensación de coche de marca premium. El Golf, por su parte, no alcanza el nivel de confort del Volvo, pero no por ello es incómodo. Su compromiso entre confort y efectividad está más logrado, puesto que si llevamos al límite ambos coches, el alemán permite algo más; en estas condiciones, al C30 le cuesta más meter el tren delantero en la curva, apareciendo el subviraje antes que en el Golf. Los dos coches llevan de serie sus respectivos controles de tracción y estabilidad, con un correcto funcionamiento, al igual que el equipo de frenos; responde bien en los dos coches, con unas distancias de frenado similares y más que aceptable control del ABS.

El Golf emplea el ya de sobra conocido motor Diesel 2.0 TDI en su variante de 140 CV, mientras que el C30 recurre al 2.0D de 136 CV, que tienen en común el grupo Ford –al que Volvo pertenece– y PSA Peugeot-Citroën. Los dos guardan una configuración similar, con cuatro cilindros, turbo de geometría variable, intercooler y culata multiválvulas. Tan sólo discrepan en el sistema de inyección, ya que mientras el primero confía en los cuatro inyectores bomba, el sueco opta por el conducto común –common rail–. Aunque uno anuncia 140 CV y el otro 136, en nuestro banco de potencia los dos han aumentado hasta los 157,8 CV en el caso del Golf y a los 153,5 CV en el del C30. Aquí todos ganan. La respuesta de ambos motores es muy buena; el TDI muestra un poco más de potencia, ofrece prestaciones ligeramente superiores y consume algo menos, pero en contra tiene que es un motor muy tosco; suena más y su forma de entregar la potencia es más brusca. En cambio el motor del C30 tiene un comportamiento más refinado, que casa muy bien con el carácter de este coche. De hecho, nos parece el motor más adecuado para él, siendo esta versión del C30 la más recomendable de su gama. Como hemos dicho, las prestaciones son algo mejores en el Golf, que se muestra algo más rápido, sobre todo a la hora de recuperar. Sin embargo, la diferencia de prestaciones entre ambos no es suficiente como para decantarse por uno u otro, de ahí que hayan empatado los dos modelos en este apartado. La calidad visual de materiales empleada en el Volvo y su presentación, están un claro paso por delante de las del Golf. El sueco combina elementos de materiales plásticos de mejor presencia. A esto hay que sumarle un diseño interior menos “aburrido” que el del alemán, en el que destaca la consola central que también comparte con otros modelos de la casa, como el S40 del que deriva. Ésta es tan fina, que incluso cuenta con un hueco adicional tras ella –además puede ser decorada en opción–. El Golf por su parte no destaca por un diseño brillante, pero sí funcional en todos los sentidos. En el sueco hay muchos más botones y más pequeños, aunque una vez memorizada su ubicación, no son problema. Los asientos son más cómodos los del C30 en parado, puesto que su mullido es más blando que los del VW, pero carecen de la sujeción lateral de este último, muy de agradecer en marcha. El acceso a las plazas traseras es bueno en el Golf y problemático en el Volvo; el hueco que queda para entrar es bueno, pero hay que acordarse de desenganchar el cinturón de seguridad de la parte inferior del asiento cada vez que alguien entra o sale de la parte trasera, y acordarse de volver a engancharlo –si el cinturón no está ahí enganchado, irá golpeando contra el pilar central en marcha-. Las dos plazas traseras del C30 son cómodas por la calidad de los asientos o el espacio transversal y longitudinal disponible, pero disponen de una altura limitada a 88 cm, 7 menos que el Golf y... ¡1 cm menos que un Mini! En el alemán hay mucho más espacio en todas las cotas, donde dos viajaran cómodos y tres algo justos, sobre todo si son adultos. Tema aparte es el maletero. Los 235 litros del Volvo quedan limitados para el equipaje de 2 personas y resulta minúsculo para 4 –y eso que lleva rueda de emergencia-. El Golf cuenta con 165 litros más de espacio, que se reducen a 60 litros si lleva el extra de la rueda de repuesto convencional. Además, el sueco utiliza una lona –opcional por 250 euros- para cubrir y separar el maletero, lo que obliga a estar manipulando dicha lona cada vez que guardamos algo y no queremos que se vea desde fuera; nos parece un contrasentido en un coche como éste.

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