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Ford Focus Coupé Cabrio 2.0 TDCI Titanium

Por primera vez el Focus lo enseña todo, todo y todo. Ante ustedes tienen al primer coupé cabrio de Ford, que muestra con elegancia su carrocería firmada por Pininfarina. Para su estreno, nada mejor que un potente Diesel, acabado alto de gama y un precio competitivo ¿está a la moda?
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Ford Focus Coupé Cabrio 2.0 TDCI Titanium
Pues creemos que sí. Ford ha sido de las últimas marcas generalistas que se ha apuntado a la moda de los coupé cabrio derivados de compactos; esto le ha permitido fijarse en la competencia y, así, poder ofrecer un producto que estuviese a la altura de lo demandado por el mercado.

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Ford Focus CC

El Focus CC es un cuatro plazas y, como la mayoría de sus rivales, se deja de complicaciones y no aporta ninguna solución tecnológica que lo diferencie del resto. Su techo es totalmente metálico —algunos de sus enemigos naturales lo llevan de cristal— y está dividido en dos partes. Sin embargo, sí presenta una ventaja frente al resto: su enorme maletero, que basa su diseño en la ausencia de recovecos, con lo que consigue ser un coche más polivalente en el uso del día a día. Está diseñado por Pininfarina que, además, también se ha encargado de su desarrollo y fabricación —en Italia—, de ahí que no sea de extrañar que guarde ciertas similitudes con el Volvo C70, su “primo hermano” del grupo Ford, también desarrollado por el carrocero italiano, con el que comparte muchos elementos de su bastidor y techo. Lo primero que llama la atención de este modelo es la “desproporción” existente entre sus tres volúmenes, con una parte trasera que destaca por su longitud, sobre todo cuando el techo está abierto, recordando al estilo de un típico coche americano, de esos que siempre aparecen en las películas. Esta característica es habitual, y también la encontramos en la mayoría de sus rivales, salvo el Eos o el Astra Twin Top que están más proporcionados, y todavía más en los C+C del segmento inferior; no queda otra, hay que hacer hueco al techo.

También es significativo su tamaño, el más grande entre sus rivales. Con 451 cm de largo, mide 17 cm más que un Focus de dos volúmenes y 2 cm más que la versión de cuatro puertas. Eso se traduce en un interior de generosas medidas. No hace falta un metro para darse cuenta de su estupenda anchura en las plazas delanteras y, sobre todo, en las traseras, que disponen de 4 cm más que su rival con mejor cota. Tampoco está nada mal el hueco que hay para las piernas de los que van detrás; si son adultos de más de 1,75 viajarán algo justos, eso sí, sabiendo que tienen más sitio que en un Astra, un Mégane o un 307, por ejemplo. Otro aspecto reseñable en este modelo, al menos en nuestra unidad de pruebas, es la presentación interior. La calidad de acabado está a la altura del mejor Ford, o por lo menos de los más caros. La causa está en el único acabado disponible con este motor, el tope de gama, denominado Titanium. Entre su dotación de serie encontramos detalles como la tapicería de cuero, con volante y pomo también forrados, que dan un agradable aspecto y tacto al conjunto. No cabe duda que un descapotable ha de tener una tapicería mucho más vistosa, puesto que se luce cuando se abre el techo, pero seguimos pensando que el cuero con el sol quema -sobre todo en nuestro país-, y en invierno es muy frío -esto último ya no es problema gracias a la calefacción en los asientos que lleva de serie-, algo achacable no sólo al Focus, sino a cualquier descapotable del mercado.

La operación de apertura y cierre del techo se realiza en 25 segundos, más o menos lo que tardan en descapotarse el resto de coches de su segmento. Es demasiado tiempo para un semáforo, por lo que para disfrutar del sol no queda otra que echarse a un lado, vigilar que no tenemos nada pegado a nuestra parte trasera —la tapa del maletero requiere de unos 10 cm de margen libre cuando se descapota—-, punto muerto, freno de mano echado y mantener el botón de apertura apretado durante todo el tiempo. Con las ventanas subidas, apenas se aprecian turbulencias en el interior, siendo uno de los modelos con mejor aerodinámica interior, que todavía mejora más si se monta el deflector trasero —opcional por 200 euros—; se instala en menos de un minuto y hará el viaje más agradable, especialmente en invierno.

Al carecer de marcos en las puertas, la sonoridad en marcha con el techo cerrado, por lógica, es algo más alta que en un turismo convencional. Con este motor Diesel, se filtra algo de ruido mecánico, sobre todo al acelerar, que resta refinamiento a este modelo de corte lujoso. El comportamiento dinámico es bueno. Se aprecia que este Focus va más duro que su equivalente en tres o cinco puertas, pero en ningún caso podemos tacharlo de incómodo. Su firme esquema de suspensiones, no hace sino corroborar la rigidez de su bastidor, una de las mejores del segmento junto a la del VW Eos. Los controles de tracción y estabilidad, a pesar de llevar el acabado tope de gama, son opcionales —350 euros—; no es un coche que requiera constantemente de su actuación pero, como en todos los casos, recomendamos su instalación. Se puede optar a un Focus Coupé Cabriolet con motor de gasolina de 100 CV desde los 22.205 euros, pero si se quiere un motor Diesel, la única opción pasa por este 2.0 TDCI. El motor es bueno y ofrece interesantes aceleraciones y velocidad, aunque sus largos desarrollos en quinta y sexta velocidad, obligan a usar el cambio más de lo habitual. Con todo, los 154 CV que ofreció nuestra unidad resultan más que suficientes para moverlo incluso con algo de deportividad. Su precio se establece en los 29.185 euros, en la línea de lo que sus rivales ofertan. De serie cuenta con elementos interesantes como el climatizador de doble zona, el encendido automático de faros, la radio con MP3 —y el sistema Bluetooth Music como oferta de lanzamiento— y el ajuste eléctrico de altura del asiento del conductor, que no todos sus rivales llevan.

Por contra se echa de menos que no sea de serie el control de estabilidad, el deflector trasero o una rueda de repuesto de medida normal. Es un coche cómodo, amplio y con un precio interesante. Es considerablemente más barato que un VW Eos, aporta un generoso maletero y una imagen, tanto interior como exterior, que se separa ligeramente de la apariencia de un Focus convencional. Sin lugar a dudas, está a la altura de sus rivales y, por tanto, a la moda. Lo mejor de este coche lo encontramos tanto en la habitabilidad como en la capacidad del maletero, esta última la mejor de su segmento. El motor tiene buenas prestaciones y ofrece un consumo moderado, pero es algo ruidoso y tiene que lidiar con largos desarrollos en las dos últimas marchas. Pues creemos que sí. Ford ha sido de las últimas marcas generalistas que se ha apuntado a la moda de los coupé cabrio derivados de compactos; esto le ha permitido fijarse en la competencia y, así, poder ofrecer un producto que estuviese a la altura de lo demandado por el mercado. El Focus CC es un cuatro plazas y, como la mayoría de sus rivales, se deja de complicaciones y no aporta ninguna solución tecnológica que lo diferencie del resto. Su techo es totalmente metálico —algunos de sus enemigos naturales lo llevan de cristal— y está dividido en dos partes. Sin embargo, sí presenta una ventaja frente al resto: su enorme maletero, que basa su diseño en la ausencia de recovecos, con lo que consigue ser un coche más polivalente en el uso del día a día. Está diseñado por Pininfarina que, además, también se ha encargado de su desarrollo y fabricación —en Italia—, de ahí que no sea de extrañar que guarde ciertas similitudes con el Volvo C70, su “primo hermano” del grupo Ford, también desarrollado por el carrocero italiano, con el que comparte muchos elementos de su bastidor y techo. Lo primero que llama la atención de este modelo es la “desproporción” existente entre sus tres volúmenes, con una parte trasera que destaca por su longitud, sobre todo cuando el techo está abierto, recordando al estilo de un típico coche americano, de esos que siempre aparecen en las películas. Esta característica es habitual, y también la encontramos en la mayoría de sus rivales, salvo el Eos o el Astra Twin Top que están más proporcionados, y todavía más en los C+C del segmento inferior; no queda otra, hay que hacer hueco al techo.

También es significativo su tamaño, el más grande entre sus rivales. Con 451 cm de largo, mide 17 cm más que un Focus de dos volúmenes y 2 cm más que la versión de cuatro puertas. Eso se traduce en un interior de generosas medidas. No hace falta un metro para darse cuenta de su estupenda anchura en las plazas delanteras y, sobre todo, en las traseras, que disponen de 4 cm más que su rival con mejor cota. Tampoco está nada mal el hueco que hay para las piernas de los que van detrás; si son adultos de más de 1,75 viajarán algo justos, eso sí, sabiendo que tienen más sitio que en un Astra, un Mégane o un 307, por ejemplo. Otro aspecto reseñable en este modelo, al menos en nuestra unidad de pruebas, es la presentación interior. La calidad de acabado está a la altura del mejor Ford, o por lo menos de los más caros. La causa está en el único acabado disponible con este motor, el tope de gama, denominado Titanium. Entre su dotación de serie encontramos detalles como la tapicería de cuero, con volante y pomo también forrados, que dan un agradable aspecto y tacto al conjunto. No cabe duda que un descapotable ha de tener una tapicería mucho más vistosa, puesto que se luce cuando se abre el techo, pero seguimos pensando que el cuero con el sol quema -sobre todo en nuestro país-, y en invierno es muy frío -esto último ya no es problema gracias a la calefacción en los asientos que lleva de serie-, algo achacable no sólo al Focus, sino a cualquier descapotable del mercado.

La operación de apertura y cierre del techo se realiza en 25 segundos, más o menos lo que tardan en descapotarse el resto de coches de su segmento. Es demasiado tiempo para un semáforo, por lo que para disfrutar del sol no queda otra que echarse a un lado, vigilar que no tenemos nada pegado a nuestra parte trasera —la tapa del maletero requiere de unos 10 cm de margen libre cuando se descapota—-, punto muerto, freno de mano echado y mantener el botón de apertura apretado durante todo el tiempo. Con las ventanas subidas, apenas se aprecian turbulencias en el interior, siendo uno de los modelos con mejor aerodinámica interior, que todavía mejora más si se monta el deflector trasero —opcional por 200 euros—; se instala en menos de un minuto y hará el viaje más agradable, especialmente en invierno.

Al carecer de marcos en las puertas, la sonoridad en marcha con el techo cerrado, por lógica, es algo más alta que en un turismo convencional. Con este motor Diesel, se filtra algo de ruido mecánico, sobre todo al acelerar, que resta refinamiento a este modelo de corte lujoso. El comportamiento dinámico es bueno. Se aprecia que este Focus va más duro que su equivalente en tres o cinco puertas, pero en ningún caso podemos tacharlo de incómodo. Su firme esquema de suspensiones, no hace sino corroborar la rigidez de su bastidor, una de las mejores del segmento junto a la del VW Eos. Los controles de tracción y estabilidad, a pesar de llevar el acabado tope de gama, son opcionales —350 euros—; no es un coche que requiera constantemente de su actuación pero, como en todos los casos, recomendamos su instalación. Se puede optar a un Focus Coupé Cabriolet con motor de gasolina de 100 CV desde los 22.205 euros, pero si se quiere un motor Diesel, la única opción pasa por este 2.0 TDCI. El motor es bueno y ofrece interesantes aceleraciones y velocidad, aunque sus largos desarrollos en quinta y sexta velocidad, obligan a usar el cambio más de lo habitual. Con todo, los 154 CV que ofreció nuestra unidad resultan más que suficientes para moverlo incluso con algo de deportividad. Su precio se establece en los 29.185 euros, en la línea de lo que sus rivales ofertan. De serie cuenta con elementos interesantes como el climatizador de doble zona, el encendido automático de faros, la radio con MP3 —y el sistema Bluetooth Music como oferta de lanzamiento— y el ajuste eléctrico de altura del asiento del conductor, que no todos sus rivales llevan.

Por contra se echa de menos que no sea de serie el control de estabilidad, el deflector trasero o una rueda de repuesto de medida normal. Es un coche cómodo, amplio y con un precio interesante. Es considerablemente más barato que un VW Eos, aporta un generoso maletero y una imagen, tanto interior como exterior, que se separa ligeramente de la apariencia de un Focus convencional. Sin lugar a dudas, está a la altura de sus rivales y, por tanto, a la moda. Lo mejor de este coche lo encontramos tanto en la habitabilidad como en la capacidad del maletero, esta última la mejor de su segmento. El motor tiene buenas prestaciones y ofrece un consumo moderado, pero es algo ruidoso y tiene que lidiar con largos desarrollos en las dos últimas marchas.
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