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Ford Mondeo 2.0 TDCi PowerShift vs Opel Insignia 2.0 CDTi Active Select

Siguen siendo una opción de minorías, pero presentan argumentos irrefutables. Hablamos de los cambios automáticos. No faltan en las gamas de Mondeo e Insignia y aunque buscan el mismo objetivo, las similitudes entre el Powershif del Ford y el Active Select del Opel son pura coincidencia.
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Ford Mondeo 2.0 TDCi PowerShift vs Opel Insignia 2.0 CDTi Active Select
En realidad, el confort empieza – y quizás baste- en el momento que no hay embrague que pisar ni velocidades que insertar, y en este sentido ambas opciones son plenamente válidas y gratificantes. Como lo son si nos llevamos por la eficacia y deportividad que nos permite el poder decidir y  manipular, sentirnos más conductores si cabe, sobre sus velocidades simplemente por impulsos longitudinales (tipo secuencial) de la palanca. Pero cada uno resalta en su especialidad.

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Opel Insignia vs Ford Mondeo

La diferencia más palpable, más evidente, está en el inicio de marcha y en la maniobra corta y lenta; y especialmente con la dirección muy girada y por tanto ejerciendo ésta una mayor resistencia que vencer. Ahí, por comparación el Mondeo PowerShift a veces resulta brusco de respuesta. La actuación de su embrague es más imprecisa. En los pequeños impulsos de maniobra de aparcamiento no consigue disimular ciertos tirones que el Insignia Active Select convierte en fluidez. En la última aproximación ‘al coche de atrás’, en el Mondeo se convierte en un ejercicio de precisión comparado con el Insignia. De hecho, nosotros con este PowerShift y con los dobles embragues en general hemos desarrollado una técnica de conducción que consiste en utilizar el freno con el pie izquierdo para contener los impulsos del coche en situaciones muy comprometidas de espacio. Iniciada la marcha con el terreno ya despejado, el Powershift es más instantáneo, más reactivo a nuestra demanda de aceleración. Mientras circule en 1ª, el Active Select deja sentir un claro resbalamiento que produce un “sobrerégimen” quizás más molesto que otra cosa por la acusada acústica a Diesel, en este caso, que deja escapar. Superado ese momento, las respuestas y las transiciones en ambos coches nos resultan muy similares por rapidez y tacto. El Active Select con su convertidor bloqueado emula la respuesta del PowerShift tanto en aceleración como en reducción. En la deceleración retiene (no lo hacen los antiguos convertidores que no bloquean), conserva el régimen de giro del motor y por tanto en la reaceleración la respuesta es inmediata. De todas formas, sí percibimos una mayor inmediatez general en el PowerShift, tanto en el subir/reducir velocidades, como en la respuesta de motor, también por unas leyes de acelerador más deportivas (recorrido claramente más corto).

Estos matices de personalidad de funcionamiento se convierten en definitorias al hacer un uso manual de las velocidades. El Mondeo PowerShift apela al origen de los circuitos de su doble embrague para la selección manual de las velocidades: para atrás para subir marchas y para adelante para reducir. Quizás la lógica sensorial nos dicte lo contrario, pero con esta configuración se busca hacer más natural el movimiento de nuestro brazo derecho con la inercia del coche: en aceleración (subimos velocidades) nos vamos hacia atrás y en frenada (cuando reducimos marchas) la inercia nos empuja hacia delante. El Insignia Active Select invierte este proceso y seguramente al neófito en la materia le resultará más natural asimilar subir con adelante y bajar con atrás. De nuevo, el PowerShift parece gestionar nuestras órdenes manuales más rápidamente, pero en ningún caso para que al Active Select lo tache de lento. Ambos cambios funcionan muy bien en modo manual y respetan hasta las últimas consecuencias la intención del conductor. Si llevamos el motor al corte de revoluciones no cambian a una marcha superior, admiten reducciones severas y sólo reducen si llevamos erráticamente una marcha a una velocidad inadecuadamente baja. La combinación mecánica de estas versiones las tildan de deportivas y en este sentido el Mondeo puede resultar más especializado. Su tren delantero es muy receptivo a las órdenes de dirección y se muestra marcadamente direccional. Como su tacto de frenada muy consistente en todo momento. Esta característica le sirve para que en los trazados sinuosos resulte un coche más fácil de conducir muy rápido. El Insignia no es tan directo, es más progresivo en sus apoyos, su tacto de frenada más suave y si bien puede resultar algo más aparatoso en trazados cerrados, en vías abiertas puede transmitir más quietud que el reactivo Mondeo. Esta connotación deportiva no conlleva una respuesta agresiva de sus suspensiones y ambos modelos son brillantes rodadores... de altos y cómodos vuelos.
Lucha de cambios automáticos
En realidad, el confort empieza – y quizás baste- en el momento que no hay embrague que pisar ni velocidades que insertar, y en este sentido ambas opciones son plenamente válidas y gratificantes. Como lo son si nos llevamos por la eficacia y deportividad que nos permite el poder decidir y  manipular, sentirnos más conductores si cabe, sobre sus velocidades simplemente por impulsos longitudinales (tipo secuencial) de la palanca. Pero cada uno resalta en su especialidad. La diferencia más palpable, más evidente, está en el inicio de marcha y en la maniobra corta y lenta; y especialmente con la dirección muy girada y por tanto ejerciendo ésta una mayor resistencia que vencer. Ahí, por comparación el Mondeo PowerShift a veces resulta brusco de respuesta. La actuación de su embrague es más imprecisa. En los pequeños impulsos de maniobra de aparcamiento no consigue disimular ciertos tirones que el Insignia Active Select convierte en fluidez. En la última aproximación ‘al coche de atrás’, en el Mondeo se convierte en un ejercicio de precisión comparado con el Insignia. De hecho, nosotros con este PowerShift y con los dobles embragues en general hemos desarrollado una técnica de conducción que consiste en utilizar el freno con el pie izquierdo para contener los impulsos del coche en situaciones muy comprometidas de espacio. Iniciada la marcha con el terreno ya despejado, el Powershift es más instantáneo, más reactivo a nuestra demanda de aceleración. Mientras circule en 1ª, el Active Select deja sentir un claro resbalamiento que produce un “sobrerégimen” quizás más molesto que otra cosa por la acusada acústica a Diesel, en este caso, que deja escapar. Superado ese momento, las respuestas y las transiciones en ambos coches nos resultan muy similares por rapidez y tacto. El Active Select con su convertidor bloqueado emula la respuesta del PowerShift tanto en aceleración como en reducción. En la deceleración retiene (no lo hacen los antiguos convertidores que no bloquean), conserva el régimen de giro del motor y por tanto en la reaceleración la respuesta es inmediata. De todas formas, sí percibimos una mayor inmediatez general en el PowerShift, tanto en el subir/reducir velocidades, como en la respuesta de motor, también por unas leyes de acelerador más deportivas (recorrido claramente más corto).

Estos matices de personalidad de funcionamiento se convierten en definitorias al hacer un uso manual de las velocidades. El Mondeo PowerShift apela al origen de los circuitos de su doble embrague para la selección manual de las velocidades: para atrás para subir marchas y para adelante para reducir. Quizás la lógica sensorial nos dicte lo contrario, pero con esta configuración se busca hacer más natural el movimiento de nuestro brazo derecho con la inercia del coche: en aceleración (subimos velocidades) nos vamos hacia atrás y en frenada (cuando reducimos marchas) la inercia nos empuja hacia delante. El Insignia Active Select invierte este proceso y seguramente al neófito en la materia le resultará más natural asimilar subir con adelante y bajar con atrás. De nuevo, el PowerShift parece gestionar nuestras órdenes manuales más rápidamente, pero en ningún caso para que al Active Select lo tache de lento. Ambos cambios funcionan muy bien en modo manual y respetan hasta las últimas consecuencias la intención del conductor. Si llevamos el motor al corte de revoluciones no cambian a una marcha superior, admiten reducciones severas y sólo reducen si llevamos erráticamente una marcha a una velocidad inadecuadamente baja. La combinación mecánica de estas versiones las tildan de deportivas y en este sentido el Mondeo puede resultar más especializado. Su tren delantero es muy receptivo a las órdenes de dirección y se muestra marcadamente direccional. Como su tacto de frenada muy consistente en todo momento. Esta característica le sirve para que en los trazados sinuosos resulte un coche más fácil de conducir muy rápido. El Insignia no es tan directo, es más progresivo en sus apoyos, su tacto de frenada más suave y si bien puede resultar algo más aparatoso en trazados cerrados, en vías abiertas puede transmitir más quietud que el reactivo Mondeo. Esta connotación deportiva no conlleva una respuesta agresiva de sus suspensiones y ambos modelos son brillantes rodadores... de altos y cómodos vuelos.
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