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Ford Ka 1.2 Titanium

Ha tardado, pero ya es realidad. Trece años después de su estreno, las calles dan la bienvenida a un sorprendente Ford Ka de nueva generación. Simpático de diseño, basado técnicamente en el Fiat 500 y preciso de conducción, este ágil ciudadano vuelve revitalizado.
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Ford Ka 1.2 Titanium
Si por dentro el Ford Ka sorprende más por diseño que por versatilidad, en conducción el avance es total. Sin duda, una referencia urbana. De momento, sólo dispone de dos contenidos motores y, aunque por primera vez adopta un Diesel (1.3 de 75 CV), por su concepción urbana creemos que es el 1.2 gasolina de 69 CV, ambos de origen Fiat, la opción más interesante. Teniendo en cuenta sus reducidos consumos y que siempre quedan exentos de Impuesto de Matriculación por bajas emisiones, la diferencia en precio (1.600 € más barato el gasolina) y combustible arroja un plazo de amortización del TDCi superior a 300.000 km. Demasiados.

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El Ford Ka Titanium por fuera

Además, como por sus actos se juzgará, al Ford Ka hay que calificarle en su terreno natural, las calles. Y, ahí, el pequeño Ford cumple como un titán. Muy suave, silencioso y con ausencia de vibraciones, este 1.2 reacciona con suficiente consistencia a las solicitudes de acelerador para sortear el tráfico, permitiendo circular en conducción relajada en marchas largas para rebajar aún más su frugal consumo; un mechero vaya, aunque, claro, punto y aparte merece aquí su agilidad.

Discreto en prestaciones, pero razonable para un urbano, el 1.2 del Ford Ka supera en banco en un 10 por ciento su potencia. Perezoso bajo las 2.500 rpm, desde entonces entrega un empuje progresivo y solvente hasta casi 5.000. Para buena aceleración, hay que moverlo ahí. El ligero chasis del Ford Ka responde con decisión y estabilidad a los giros rápidos, vira en un pañuelo (180º en sólo 9,2 m, casi uno menos por ejemplo que el Renault Twingo), y además es rápido y directo de dirección. Más que un Ka, parece un kart. Por cierto, en este apartado no se echa de menos la función City que dispone el Fiat 500 para incrementar la asistencia eléctrica en maniobras a baja velocidad, ya que de por sí se mueve con ligereza: aparcar entonces es muy fácil por el recortado tamaño y correcta visibilidad. Puestos además a compararlo con el Fiat 500, Ford presume de una puesta a punto específica para convertir al Ka en el más dinámico de su clase. Se han afinado las suspensiones, con muelles más finos y amortiguadores un 30 por ciento más suaves. Conclusión apreciable: su confort de bacheo es superior, fundamental para “navegar” en el mar de badenes que presiden las ciudades... Y que nadie subestime ahora su capacidad para rodar en carretera, porque no sólo es muy superior al anterior Ka, sino que es difícil encontrar un modelo de su tamaño con tacto tan preciso y pisada tan sólida. Frente al 500, el renovado Ford Ka añade también nuevos anclajes, una estabilizadora trasera de la que carece el Fiat y un efectivo eje torsional posterior más rígido. Su comportamiento así no se degrada tanto al circular por firme irregular, atajando bien los movimientos de carrocería y reduciendo también el balanceo. Salir a carretera no implica, por tanto dificultad, aunque es ahí cuando el motor muestra su vacío por debajo de 2.500 rpm, obligando a estirar las marchas si se quieren obtener más prestaciones y superar velocidades legales, haciendo valer eso sí un divertido alto régimen. Muy asentado, en autopista la estabilidad lineal del nuevo Ford Ka es sorprendente hasta 140 km/h, mientras entre curvas se mueve ágil y progresivo, acompañando la trasera ligeramente en las trazadas por un ESP opcional reglado con mayor permisividad. Incluso en frenos, aún con simples tambores traseros, este ciudadano responde con eficacia y equilibrio.

En conjunto, el renovado Ka emerge como un útil y dinámico ciudadano, al que Ford acompaña de un único acabado Titanium. Salvo por la incomprensible ausencia de reposacabezas traseros (sólo en opción), de serie incluye lo indispensable: radio CD MP3, ordenador de viaje, aire acondicionado, elevalunas y retrovisores eléctricos, faros antiniebla… Así, a igual equipamiento, los 9.800 euros que cuesta con descuento son muy competitivos frente a rivales más austeros. Además, existen tres paquetes de personalización (Tattoo, Grand Prix y Digital Art) por un sobreprecio de entre 900 y 1.200 € para configurar un Ford Ka todavía más simpático.
Mini-bombón
Si por dentro el Ford Ka sorprende más por diseño que por versatilidad, en conducción el avance es total. Sin duda, una referencia urbana. De momento, sólo dispone de dos contenidos motores y, aunque por primera vez adopta un Diesel (1.3 de 75 CV), por su concepción urbana creemos que es el 1.2 gasolina de 69 CV, ambos de origen Fiat, la opción más interesante. Teniendo en cuenta sus reducidos consumos y que siempre quedan exentos de Impuesto de Matriculación por bajas emisiones, la diferencia en precio (1.600 € más barato el gasolina) y combustible arroja un plazo de amortización del TDCi superior a 300.000 km. Demasiados. Además, como por sus actos se juzgará, al Ford Ka hay que calificarle en su terreno natural, las calles. Y, ahí, el pequeño Ford cumple como un titán. Muy suave, silencioso y con ausencia de vibraciones, este 1.2 reacciona con suficiente consistencia a las solicitudes de acelerador para sortear el tráfico, permitiendo circular en conducción relajada en marchas largas para rebajar aún más su frugal consumo; un mechero vaya, aunque, claro, punto y aparte merece aquí su agilidad.

Discreto en prestaciones, pero razonable para un urbano, el 1.2 del Ford Ka supera en banco en un 10 por ciento su potencia. Perezoso bajo las 2.500 rpm, desde entonces entrega un empuje progresivo y solvente hasta casi 5.000. Para buena aceleración, hay que moverlo ahí. El ligero chasis del Ford Ka responde con decisión y estabilidad a los giros rápidos, vira en un pañuelo (180º en sólo 9,2 m, casi uno menos por ejemplo que el Renault Twingo), y además es rápido y directo de dirección. Más que un Ka, parece un kart. Por cierto, en este apartado no se echa de menos la función City que dispone el Fiat 500 para incrementar la asistencia eléctrica en maniobras a baja velocidad, ya que de por sí se mueve con ligereza: aparcar entonces es muy fácil por el recortado tamaño y correcta visibilidad. Puestos además a compararlo con el Fiat 500, Ford presume de una puesta a punto específica para convertir al Ka en el más dinámico de su clase. Se han afinado las suspensiones, con muelles más finos y amortiguadores un 30 por ciento más suaves. Conclusión apreciable: su confort de bacheo es superior, fundamental para “navegar” en el mar de badenes que presiden las ciudades... Y que nadie subestime ahora su capacidad para rodar en carretera, porque no sólo es muy superior al anterior Ka, sino que es difícil encontrar un modelo de su tamaño con tacto tan preciso y pisada tan sólida. Frente al 500, el renovado Ford Ka añade también nuevos anclajes, una estabilizadora trasera de la que carece el Fiat y un efectivo eje torsional posterior más rígido. Su comportamiento así no se degrada tanto al circular por firme irregular, atajando bien los movimientos de carrocería y reduciendo también el balanceo. Salir a carretera no implica, por tanto dificultad, aunque es ahí cuando el motor muestra su vacío por debajo de 2.500 rpm, obligando a estirar las marchas si se quieren obtener más prestaciones y superar velocidades legales, haciendo valer eso sí un divertido alto régimen. Muy asentado, en autopista la estabilidad lineal del nuevo Ford Ka es sorprendente hasta 140 km/h, mientras entre curvas se mueve ágil y progresivo, acompañando la trasera ligeramente en las trazadas por un ESP opcional reglado con mayor permisividad. Incluso en frenos, aún con simples tambores traseros, este ciudadano responde con eficacia y equilibrio.

En conjunto, el renovado Ka emerge como un útil y dinámico ciudadano, al que Ford acompaña de un único acabado Titanium. Salvo por la incomprensible ausencia de reposacabezas traseros (sólo en opción), de serie incluye lo indispensable: radio CD MP3, ordenador de viaje, aire acondicionado, elevalunas y retrovisores eléctricos, faros antiniebla… Así, a igual equipamiento, los 9.800 euros que cuesta con descuento son muy competitivos frente a rivales más austeros. Además, existen tres paquetes de personalización (Tattoo, Grand Prix y Digital Art) por un sobreprecio de entre 900 y 1.200 € para configurar un Ford Ka todavía más simpático.
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