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Ford Focus ST

Pocos coches son tan eficaces como un buen compacto deportivo y, en este sentido, el ST es un modelo redondo que recupera el espíritu de los GTI de toda la vida. Con 225 CV oficiales, que se han disparado a 238 en nuestro banco de potencia, la diversión al volante está garantizada.
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Ford Focus ST
Sin ser extremo en su concepción, el Focus ST puede presumir de pertenecer al club de los compactos pura sangre del momento. La fórmula para ello es sencilla: recurre a un potente propulsor de origen Volvo, de cinco cilindros, turboalimentado y con una cilindrada de 2,5 litros, que se combina con las bondades de una acertada puesta a punto de su bastidor. Con las mejoras introducidas tras el profundo restyling de la gama, el ST es más capricho que nunca.
El ruido del motor es uno de los factores más cuidados de este modelo. Suena a coche «gordo» y está muy presente en todo momento, pero sin llegar a ser molesto. De hecho, en la admisión hay una caja de resonancia que envía el sonido por un conducto directamente al salpicadero, frente a los oídos del conductor. Éste es grave en toda la banda de revoluciones cuando damos gas, a no ser que sólo rocemos el pedal suavemente. A 3.000 rpm el volumen comienza a ser más audible y a 4.000 varía ligeramente el tono, pero para escuchar notas más agudas hay que estirarlo hasta cerca de la zona roja. Estos cambios de tonalidad coinciden con leves puntos de inflexión en las curvas de par y potencia, que se traducen en pequeñas variaciones a la hora de brindar todo su empuje, algo que le otorga una buena dosis de personalidad. Pese a todo, es una mecánica muy plena y lineal, con abundantes reservas de energía a cualquier régimen.

Tanto es así, que algunas curvas se pueden tomar en varias marchas indistintamente sin perder eficacia a la salida. Y en viajes por autopista, todo lo que sea reducir de sexta no será más que un alarde de aceleración de cara a los demás conductores, ya que incluso en la marcha más larga se consiguen unas cifras de recuperación excelentes. La inmediatez en la respuesta mecánica, tanto al hundir el acelerador como al levantarlo bruscamente, es otra de las características que hacen tan placentera y eficaz la conducción del Focus ST. El turbo sopla con fuerza, pero su entrada no es como en los motores sobrealimentados de antaño, es más progresiva; aun así conviene sujetar bien el volante al pisar a fondo, por si acaso, para mantener una trazada fina en carreteras con curvas, aunque no se producen tirones demasiado relevantes en la dirección. En cuanto a la capacidad de tracción, mientras las ruedas no estén muy giradas y el piso esté en buen estado no hay problema, pero en general conviene ser cuidadoso con el acelerador para que el morro no se desmande tras tomar una curva cerrada. Precisamente los virajes más lentos son el peor enemigo del ST, ya que en ellos es donde sale a relucir el peso del motor de cinco cilindros sobre el tren delantero. En el resto de curvas se muestra de lo más ágil e inmediato a las órdenes del volante, gracias a un eje trasero participativo, pero noble y fácil de colocar a nuestro antojo. De todos modos, para evitar posibles complicaciones basta con llevar conectado el ESP, que se deja notar sobre todo cortando la inyección cuando hay pérdidas de motricidad. A diferencia del resto de Focus de nueva hornada, en los que hay que acceder a un menú desde el ordenador de viaje para activar o desactivar este sistema, el ST dispone de una tecla directa en la consola. Lo único que nos ha defraudado un poco son los frenos, algo inexactos de dosificar y con unas distancias de detención sólo correctas debido a la falta de mordiente inicial, aunque seguramente sea un problema puntual de nuestra unidad. A pesar de su talante es un coche relativamente cómodo, con una suspensión capaz de proporcionar un buen equilibrio entre eficacia y confort de bacheo. También resulta idóneo el tacto de sus mandos, sobre todo cambio, embrague y dirección. Para su uso diario lo más reprochable es un diámetro de giro algo grande que dificulta las maniobras en espacios reducidos, no obstante, en ciudad se puede circular en marchas largas prácticamente al ralentí sin que el motor rechiste, aunque el principal inconveniente es el consumo, y eso que el ST queda en buen lugar si se compara con sus rivales compactos deportivos, pero aun así la autonomía es su punto más débil. Además, el sistema de repostaje Easy Fuel, si bien demuestra ser muy útil al prescindir de tapón, no permite llenar el depósito hasta la boca con facilidad. Entre eso y lo tentador que resulta dar algún que otro acelerón para sentir el empuje y el sonido del motor, las paradas en la gasolinera serán algo más frecuentes de lo habitual.

El interior está bien rematado y cuenta con detalles exclusivos de esta versión. Lo más llamativo son los asientos deportivos Recaro, tapizados en una combinación de negro y del color de la carrocería. Proporcionan buena sujeción y son cómodos, a pesar de no contar con regulación lumbar, pero en compensación se puede modificar la inclinación de la banqueta, de modo que la postura que se consigue al volante es perfecta. Las puertas cuentan con inserciones de tela, mientras que en la consola central hay terminaciones en materiales que semejan fibra de carbono y aluminio. Sólo desentonan algunos falsos botones entre el cenicero y los mandos del climatizador. También supone un plus el conjunto de relojes sobre el salpicadero, que indican la temperatura del aceite, la presión de soplado del turbo y la presión del aceite, datos de agradecer en un automóvil de estas características. Respecto al equipamiento, no se echa casi nada en falta, aunque no lleva control de velocidad de crucero, ni rueda de repuesto convencional, sino kit repara-pinchazos o en su defecto una rueda de emergencia. El control de presión de los neumáticos es opcional. También como extras se pueden equipar dos sistemas de navegación diferentes, uno con pantalla táctil de 7" (1.600 €), y el que equipaba nuestra unidad (550 €), con pantalla de 5" y lector de tarjetas SD, a nuestro juicio más interesante. En la tarjeta van los mapas, pero también puede soportar música en formato MP3, mientras que el lector de CD sirve para reproducir canciones o para cargar nuevos mapas en la tarjeta. Su manejo es bastante intuitivo y el tamaño de la pantalla, adecuado. Como detalle innovador, es posible incorporar una toma de corriente convencional de 230 V en la zona trasera. En resumidas cuentas, es un coche de lo más apetecible, con un calculado balance entre racionalidad y pasión. — Motor y prestaciones
— Agrado de uso
— Comportamiento — Radio de giro
— Autonomía
— Sin control de crucero Sin ser extremo en su concepción, el Focus ST puede presumir de pertenecer al club de los compactos pura sangre del momento. La fórmula para ello es sencilla: recurre a un potente propulsor de origen Volvo, de cinco cilindros, turboalimentado y con una cilindrada de 2,5 litros, que se combina con las bondades de una acertada puesta a punto de su bastidor. Con las mejoras introducidas tras el profundo restyling de la gama, el ST es más capricho que nunca. El ruido del motor es uno de los factores más cuidados de este modelo. Suena a coche «gordo» y está muy presente en todo momento, pero sin llegar a ser molesto. De hecho, en la admisión hay una caja de resonancia que envía el sonido por un conducto directamente al salpicadero, frente a los oídos del conductor. Éste es grave en toda la banda de revoluciones cuando damos gas, a no ser que sólo rocemos el pedal suavemente. A 3.000 rpm el volumen comienza a ser más audible y a 4.000 varía ligeramente el tono, pero para escuchar notas más agudas hay que estirarlo hasta cerca de la zona roja. Estos cambios de tonalidad coinciden con leves puntos de inflexión en las curvas de par y potencia, que se traducen en pequeñas variaciones a la hora de brindar todo su empuje, algo que le otorga una buena dosis de personalidad. Pese a todo, es una mecánica muy plena y lineal, con abundantes reservas de energía a cualquier régimen.

Tanto es así, que algunas curvas se pueden tomar en varias marchas indistintamente sin perder eficacia a la salida. Y en viajes por autopista, todo lo que sea reducir de sexta no será más que un alarde de aceleración de cara a los demás conductores, ya que incluso en la marcha más larga se consiguen unas cifras de recuperación excelentes. La inmediatez en la respuesta mecánica, tanto al hundir el acelerador como al levantarlo bruscamente, es otra de las características que hacen tan placentera y eficaz la conducción del Focus ST. El turbo sopla con fuerza, pero su entrada no es como en los motores sobrealimentados de antaño, es más progresiva; aun así conviene sujetar bien el volante al pisar a fondo, por si acaso, para mantener una trazada fina en carreteras con curvas, aunque no se producen tirones demasiado relevantes en la dirección. En cuanto a la capacidad de tracción, mientras las ruedas no estén muy giradas y el piso esté en buen estado no hay problema, pero en general conviene ser cuidadoso con el acelerador para que el morro no se desmande tras tomar una curva cerrada. Precisamente los virajes más lentos son el peor enemigo del ST, ya que en ellos es donde sale a relucir el peso del motor de cinco cilindros sobre el tren delantero. En el resto de curvas se muestra de lo más ágil e inmediato a las órdenes del volante, gracias a un eje trasero participativo, pero noble y fácil de colocar a nuestro antojo. De todos modos, para evitar posibles complicaciones basta con llevar conectado el ESP, que se deja notar sobre todo cortando la inyección cuando hay pérdidas de motricidad. A diferencia del resto de Focus de nueva hornada, en los que hay que acceder a un menú desde el ordenador de viaje para activar o desactivar este sistema, el ST dispone de una tecla directa en la consola. Lo único que nos ha defraudado un poco son los frenos, algo inexactos de dosificar y con unas distancias de detención sólo correctas debido a la falta de mordiente inicial, aunque seguramente sea un problema puntual de nuestra unidad. A pesar de su talante es un coche relativamente cómodo, con una suspensión capaz de proporcionar un buen equilibrio entre eficacia y confort de bacheo. También resulta idóneo el tacto de sus mandos, sobre todo cambio, embrague y dirección. Para su uso diario lo más reprochable es un diámetro de giro algo grande que dificulta las maniobras en espacios reducidos, no obstante, en ciudad se puede circular en marchas largas prácticamente al ralentí sin que el motor rechiste, aunque el principal inconveniente es el consumo, y eso que el ST queda en buen lugar si se compara con sus rivales compactos deportivos, pero aun así la autonomía es su punto más débil. Además, el sistema de repostaje Easy Fuel, si bien demuestra ser muy útil al prescindir de tapón, no permite llenar el depósito hasta la boca con facilidad. Entre eso y lo tentador que resulta dar algún que otro acelerón para sentir el empuje y el sonido del motor, las paradas en la gasolinera serán algo más frecuentes de lo habitual.

El interior está bien rematado y cuenta con detalles exclusivos de esta versión. Lo más llamativo son los asientos deportivos Recaro, tapizados en una combinación de negro y del color de la carrocería. Proporcionan buena sujeción y son cómodos, a pesar de no contar con regulación lumbar, pero en compensación se puede modificar la inclinación de la banqueta, de modo que la postura que se consigue al volante es perfecta. Las puertas cuentan con inserciones de tela, mientras que en la consola central hay terminaciones en materiales que semejan fibra de carbono y aluminio. Sólo desentonan algunos falsos botones entre el cenicero y los mandos del climatizador. También supone un plus el conjunto de relojes sobre el salpicadero, que indican la temperatura del aceite, la presión de soplado del turbo y la presión del aceite, datos de agradecer en un automóvil de estas características. Respecto al equipamiento, no se echa casi nada en falta, aunque no lleva control de velocidad de crucero, ni rueda de repuesto convencional, sino kit repara-pinchazos o en su defecto una rueda de emergencia. El control de presión de los neumáticos es opcional. También como extras se pueden equipar dos sistemas de navegación diferentes, uno con pantalla táctil de 7" (1.600 €), y el que equipaba nuestra unidad (550 €), con pantalla de 5" y lector de tarjetas SD, a nuestro juicio más interesante. En la tarjeta van los mapas, pero también puede soportar música en formato MP3, mientras que el lector de CD sirve para reproducir canciones o para cargar nuevos mapas en la tarjeta. Su manejo es bastante intuitivo y el tamaño de la pantalla, adecuado. Como detalle innovador, es posible incorporar una toma de corriente convencional de 230 V en la zona trasera. En resumidas cuentas, es un coche de lo más apetecible, con un calculado balance entre racionalidad y pasión. — Motor y prestaciones
— Agrado de uso
— Comportamiento — Radio de giro
— Autonomía
— Sin control de crucero

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