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Ford Focus RS

Izquierda tres para sexta a fondo con fe, derecha dos, sasar, ras en derecha uno ¡ojo, nieve!… En el Ford Focus RS más que un navegador que nos guíe hay que instalar un copiloto de carne y hueso, porque salvo porque le faltan las barras, los extintores y los números, el resto es de un auténtico carreras-cliente.
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Ford Focus RS
El Focus RS es uno de esos deportivos que sólo recomendaríamos su compra a aquél que sepa y pueda disfrutarlo, porque sino su dureza, el exigente bastidor o los altos consumos que tiene se pueden llegar a convertir en una tortura para quien sólo busque presumir de coche rápido y pintón; es como una Harley, apta únicamente para quien la entienda. El que quiera un coche rápido, mejor que mire un Audi S3 o un BMW 135i, que son más elegantes y corren un poco más —también son mucho más caros—. Eso sí, si lo que se busca es sensaciones sin compromisos y volver cabezas, en el RS encontraremos un magnífico aliado.

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Ford Focus RS, al detalle

Sus armas son el mismo motor de 5 cilindros y 2,5 litros del ST pero potenciado para superar los 300 CV, tracción delantera con autoblocante mecánico, vías más anchas, un chasis muy deportivo y una estética que no esconde ni una sola de las virtudes de este coche de rallyes matriculado. El Focus RS es un coche muy rápido y divertido de conducir en todo tipo de trazados, con un motor contundente y un chasis de los que exigen manos; eso sí, ya no es tan radical como el anterior Focus RS pero sí mucho más rápido y, en comparación, menos complicado de conducir. También es más potente y pesado, aunque al final su relación peso/potencia sea más baja (4,9 kg/CV el actual frente a los 5,9 kg/CV del anterior RS).

A pesar de llevar un autoblocante Quaife tipo Torsen (es como un Torsen pero sin pagar patente), ahora ya no hay tirones de la dirección en aceleración y no obliga a sujetar el volante con fuerza como el anterior RS para que no se nos escape, y eso que la entrega de potencia es considerablemente más contundente. Entre el sistema de mangueta con pivote desacoplado y un menor grado de bloqueo se consigue, sacrificando ligeramente la efectividad, un compromiso interesante para no complicar la conducción. Si comparamos las prestaciones reales —algo peores que las anunciadas— con las de rivales directos, el Focus RS no se muestra mucho más rápido que ellos, sin embargo, aporta sensaciones que los otros no se atreven a ofrecer, más cercanas a las de un EVO o un Impreza STI y, con todo, la velocidad que consigue es muy seria. La primera vez que aceleramos a fondo, frenamos fuerte y nos tiramos «a saco» en la curva, lo primero que pensamos fue «si un EVO fuese tracción delantera, ¡sería así!» . Acelera como un demonio y en cuanto levantamos el pie derecho se escucha el precioso sonido de la válvula de descarga del turbo, que nos transporta a cualquier tramo del mundial de rallyes (si has entendido esta última frase, es que deberías comprarlo). En curvas medias y rápidas resulta sencillo colocarlo a la entrada para no perder el vértice. Se puede acelerar pronto y confiar en que el autoblocante haga su trabajo, y el coche pasará como un obús, eso sí, teniendo en cuenta que levantar el pie del acelerador de golpe supone un sobreviraje casi inmediato —con el ESP desconectado, claro-. En curva lenta, y a ritmo elevado, tiene algunos «problemillas» ya que los 301 CV son difíciles de asimilar en un tracción delantera —motivo por el que no alcanza las prestaciones oficiales—. Hay tanto par de golpe que resulta difícil dosificar el gas hasta el punto óptimo de trabajo del autoblocante; ya puestos en deportividad y para el circuito, nos hubiese gustado algo más de bloqueo del mismo.

Los frenos soportan bien el trato duro y obtienen distancias buenas. No nos gustó nada que la temperatura del refrigerante del motor rondase los 100º C, siendo necesario refrigerar de vez en cuando para bajar temperatura... la aerodinámica riñe con la refrigeración. En el interior todo nos envuelve en la atmósfera deportiva del exterior, con unos magníficos asientos, arranque por botón y acabados en imitación a fibra de carbono. En apoyos fuertes se escucha algún crujido, pero no mucho más que en un Focus convencional. Por los 33.995 euros que cuesta, tenemos un superdeportivo al que pocos coches podrán mantener el ritmo. No te defraudará. — Comportamiento y precio
— Recuperaciones
— Imagen deportiva
— Pintura mal igualada
— Temperatura del motor
— Prestaciones oficiales no conseguidas
Frente a sus rivales
Duelo en el Inta
El Focus RS es uno de esos deportivos que sólo recomendaríamos su compra a aquél que sepa y pueda disfrutarlo, porque sino su dureza, el exigente bastidor o los altos consumos que tiene se pueden llegar a convertir en una tortura para quien sólo busque presumir de coche rápido y pintón; es como una Harley, apta únicamente para quien la entienda. El que quiera un coche rápido, mejor que mire un Audi S3 o un BMW 135i, que son más elegantes y corren un poco más —también son mucho más caros—. Eso sí, si lo que se busca es sensaciones sin compromisos y volver cabezas, en el RS encontraremos un magnífico aliado. Sus armas son el mismo motor de 5 cilindros y 2,5 litros del ST pero potenciado para superar los 300 CV, tracción delantera con autoblocante mecánico, vías más anchas, un chasis muy deportivo y una estética que no esconde ni una sola de las virtudes de este coche de rallyes matriculado. El Focus RS es un coche muy rápido y divertido de conducir en todo tipo de trazados, con un motor contundente y un chasis de los que exigen manos; eso sí, ya no es tan radical como el anterior Focus RS pero sí mucho más rápido y, en comparación, menos complicado de conducir. También es más potente y pesado, aunque al final su relación peso/potencia sea más baja (4,9 kg/CV el actual frente a los 5,9 kg/CV del anterior RS).

A pesar de llevar un autoblocante Quaife tipo Torsen (es como un Torsen pero sin pagar patente), ahora ya no hay tirones de la dirección en aceleración y no obliga a sujetar el volante con fuerza como el anterior RS para que no se nos escape, y eso que la entrega de potencia es considerablemente más contundente. Entre el sistema de mangueta con pivote desacoplado y un menor grado de bloqueo se consigue, sacrificando ligeramente la efectividad, un compromiso interesante para no complicar la conducción. Si comparamos las prestaciones reales —algo peores que las anunciadas— con las de rivales directos, el Focus RS no se muestra mucho más rápido que ellos, sin embargo, aporta sensaciones que los otros no se atreven a ofrecer, más cercanas a las de un EVO o un Impreza STI y, con todo, la velocidad que consigue es muy seria. La primera vez que aceleramos a fondo, frenamos fuerte y nos tiramos «a saco» en la curva, lo primero que pensamos fue «si un EVO fuese tracción delantera, ¡sería así!» . Acelera como un demonio y en cuanto levantamos el pie derecho se escucha el precioso sonido de la válvula de descarga del turbo, que nos transporta a cualquier tramo del mundial de rallyes (si has entendido esta última frase, es que deberías comprarlo). En curvas medias y rápidas resulta sencillo colocarlo a la entrada para no perder el vértice. Se puede acelerar pronto y confiar en que el autoblocante haga su trabajo, y el coche pasará como un obús, eso sí, teniendo en cuenta que levantar el pie del acelerador de golpe supone un sobreviraje casi inmediato —con el ESP desconectado, claro-. En curva lenta, y a ritmo elevado, tiene algunos «problemillas» ya que los 301 CV son difíciles de asimilar en un tracción delantera —motivo por el que no alcanza las prestaciones oficiales—. Hay tanto par de golpe que resulta difícil dosificar el gas hasta el punto óptimo de trabajo del autoblocante; ya puestos en deportividad y para el circuito, nos hubiese gustado algo más de bloqueo del mismo.

Los frenos soportan bien el trato duro y obtienen distancias buenas. No nos gustó nada que la temperatura del refrigerante del motor rondase los 100º C, siendo necesario refrigerar de vez en cuando para bajar temperatura... la aerodinámica riñe con la refrigeración. En el interior todo nos envuelve en la atmósfera deportiva del exterior, con unos magníficos asientos, arranque por botón y acabados en imitación a fibra de carbono. En apoyos fuertes se escucha algún crujido, pero no mucho más que en un Focus convencional. Por los 33.995 euros que cuesta, tenemos un superdeportivo al que pocos coches podrán mantener el ritmo. No te defraudará. — Comportamiento y precio
— Recuperaciones
— Imagen deportiva
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— Temperatura del motor
— Prestaciones oficiales no conseguidas
Frente a sus rivales
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