Publicidad

Ford Focus 2.0 TDCi

En nuestras manos, la tercera generación del Focus, representada en esta primera entrega por el Diesel más potente de la gama, aunque a la vez el más «burgués» asociado al cambio automático. Acusa el peso y nos hace perder alguna sensación de antaño, pero mejora frente al anterior modelo en confort, en bajos consumos… sin renunciar a la agresividad de precios. Y todo ello con una carga tecnológica de seguridad hasta ahora nunca vista en la categoría.
-
Ford Focus 2.0 TDCi

Devoto y usuario activo desde que el Focus es Focus, convencido de que su conducción
tiene ese don especial para quienes nos gusta convertir cada viaje en algo más que un mero trayecto desde origen a destino. ¡Qué dirección y qué buenas sensaciones de aquellos primeros chasis de la primera serie, pero que nunca volvieron a ser exactamente iguales después! Vale, en pista cerrada ni aquellos ni los venideros Focus ratificaron las buenas vibraciones que sí transmitía en carretera abierta, aunque he estado convencido de conducir uno de los mejores y más estimulantes coches de la categoría, siempre capaces de
transmitir algo especial. 

Galería relacionada

Ford Focus 2.0 TDCi

Nuevos tiempos, nuevas tendencias. ¿Nueva filosofía Focus? Prometen que no, que apuestan a lo de siempre: dinamismo en primera persona y que el objetivo es, ahora, superarse en calidad. Llegan Focus más amortiguados y confortables con plataformas más rígidasel crujido de puertas ya es historia—, motores más eficientes y abarrotados de electrónica o asistentes de conducción para convertirlo en una potencial referencia en la categoría, con pretendido tacto y refinamiento de coche grande.

Objetivo superado. Sí pero, ¿qué hay de la conducción de antes? Especie en continua evolución. Ahora, Focus global, mucho más rentable para la marca pero también para el comprador: una imagen más lograda y un continente proporcionalmente mayor que el incremento de precios lo convierten en una tentación para fieles y no fieles a la filosofía de este modelo. Ya no habrá ni tres puertas ni cabrio/coupé, así que se simplifica la gama… y los costes. La evolución de contenido y los nuevos estándares de confort llegan a convertirlo en el pequeño gran turismo que ahora es. Defendemos este concepto de coche incluso para las grandes familias, las numerosas que como en mi caso hemos sabido acomodarnos al espacio que es capaz de darnos menos de cuatro metros y medio de carrocería, considerando todos y cada uno de los beneficios en el día a día: solo o en compañía, a sus mandos, trazando entre límites de carril a la velocidad que impone la ley.

La llegada del C-Max, uno de tantos con los que compartirá plataforma el nuevo Focus, dibujaba una gran sonrisa en nuestro rostro al ser un verdadero monovolumen «de conductor», sin lugar a dudas, el que más. Turno ahora de nuestra habitual ronda de exigentes tests que realiza nuestro Centro Técnico y nuestro Equipo de Pruebas en las pistas del INTA. Este Focus TDCi 163 CV Powershift se muestra algo delicado, llegando a superar a conductores con gran experiencia en los mismos ejercicios de siempre, errático cuando buscamos los límites máximos y sacudiendo más conos de los deseados a la hora de realizar los ejercicios. Pronto su tren delantero se degrada y satura. Esto llevado al extremo, aunque por contra, el compacto de Ford tiene en el día a día muy buenas maneras: parece rápido y ágil -lo esperado en un Focus de siempre-. El seguro y eficaz Astra nos dio una lección de cómo gestionar sus kilos dentro y fuera de pista, aunque su conducción no nos trasmitiese mucho. Del Focus esperábamos alguna sensación más. ¿Y la dirección de siempre? Eléctrica ahora, tal vez por la función que compensa las irregularidades del asfalto, tal vez por el excesivo efecto autocentrado, no deja de susurrar cierta artificialidad. Entendemos esta versión probada como una pieza tal vez demasiado exótica en la gama, aburguesada, pero desequilibrada en su puesta a punto.

A cambio, elementos de seguridad atractivos para un espectro más amplio de usuarios. Filtra grietas a baja velocidad como si las alisara ofreciendo un magistral control de bacheo, no se siente la más mínima vibración y sus registros de sonoridad son francamente bajos aún cuando el cambio PowerShift es un ocho por ciento más corto que el manual; ¡qué cerca está de una buena berlina! Esta mecánica confirma aún más su talante: 163 CV de pletórica suavidad desde bajo régimen, sin excesivo tirón en el afán de buscar todo cuando sería capaz de darnos, tal vez porque ahora se estila que los turbodiesel lo den todo mucho antes de las 4.000 rpm. En sus prestaciones no hay dato que sorprenda ni para bien ni para mal -en el equilibrio parece estar la virtud-, y eso que la gestión del cambio automático también parece haberse «acomodado». Turno para el consumo: incluso aunque el Stop/Start no se contempla en esta versión, en el Focus no faltan otras ayudas que contribuyen a mantener el gasto energético a raya. Primera entrega del nuevo Focus pero llegarán muchas más -nuestro primer acercamiento a los Ecoboost promete y mucho-. Cerramos con la obligatoria referencia pecuniaria: si la decisión es cosa de cifras, y más concretamente, de precios, al Focus se le pueden abrir muchas más puertas.

Puede aplicar asistentes de conducción como en ningún compacto y, con excepciones, como ninguna berlina. Ford democratiza tecnología sin necesidad de invertir un riñón. Avisa de que nos salimos del carril, nos reconduce en curvas o en terreno bacheado, activa el frenado de emergencia si detecta un obstáculo... Quizá todo esto no siempre sea del gusto del amante de la conducción pura, que lo puede ver como una intrusión. Tanto como para desconectarlos, pero ahí están. Al conductor-conductor quizá tampoco le llene plenamente la unidad de nuestra superprueba, la más pesada de la gama. ¿Sería un Focus más ligero «más Focus»? Hemos buscado respuesta en otra unidad, un ligero gasolina turboalimentado… Y sí, ahí sí nos encontramos con la apisonadora de siempre, aumentada en calidad de rodadura y refinamiento, con tacto de coche muy serio, como el 2.0 TDCi, pero asombrosamente eficaz, ágil, predecible y divertido. La misma sección de goma y compuesto en contacto con el suelo que en el potente turbodiesel ahora no parece tener fin en su afán de dirigir al Focus justo por donde metros antes decidíamos pasar, pisar o trazar. Menos kilos, mayor control de carrocería, casi nulo subviraje hasta que la adherencia del neumático nos lo hace saber con claridad y mejor equilibrio entre trenes tienen, en parte, la respuesta a esa excepción en la regla Focus, pero hay más, mucho más; también con este suave y agradabilísimo cambio manual se evita que, justo en ese delicado apoyo, el PowerShift pase a una relación superior generando un incómodo vaivén de masas; el control de estabilidad es más «fino. En fin, qué regusto encontrarse con el Focus de siempre, ahora, además, con brillantes propulsores de gasolina.

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.