Publicidad

Ford C-Max 1.6 Ecoboost vs Mercedes B200 BlueEfficiency

Cumplen con la familia y lo políticamente correcto, pero sus bastidores y motores turbo de gasolina hacen de estos C-Max y Clase B dos monovolúmenes para fanáticos del volante.
-
Ford C-Max 1.6 Ecoboost vs Mercedes B200 BlueEfficiency

Pudiera parecer un con­trasentido combinar el concep­to familiar de base de toda ca­rrocería monovolumen con unos bastidores y motores que tildan de deportivos su conduc­ta dinámica, pero bendito contrasentido. El Ford C-Max no ha escondido nunca ser un mo­novolumen con una dinámica que más de un atrevido compacto quisiera, por reacciones y sensaciones, algo que real­za esta versión mecánica 1.6 Ecoboost de 150 CV, que nos recuerda en este mundo Diesel, lo fantásticos y divinos que son los mo­tores turbo de gasolina bajo la interpre­tación 'downsizing' de nuestros días. Por su parte, el nuevo Clase B de Mercedes lleva, si lo deseas, este guión un "mucho" más allá, gra­cias a un arsenal de opciones que te dejan confi­gurarlo como lo ves en las fotos: puedes rebajar la suspensión 20 milímetros, endurecer amor­tiguación, montar una dirección de desmulti­plicación variable; llantas de 18 pulgadas con neumáticos de mínimo perfil... en fin, convertirlo en un deportivo apto para la familia, con el ingrediente de su motor de gasolina 1.6 Turbo de 156 CV.

En cualquier caso, lo primero que te llamará la atención de estos dos co­ches es el refinamiento mecánico que imprimen sus motores al conjunto, al propio funcionamiento del coche. Todo lo bueno que pueden ser los Diesel de nuestros días en este sentido, lo mejoran los propulsores de gasoli­na con creces, y con la recuperación de los tur­bo, hacen de la prestación, pero sobre todo, del agrado de conducción, un estímulo diario de su conducción.

Ambos son finísimos de funciona­miento y silenciosos desde la crítica puesta en marcha en frío tras una helada noche, una cues­tión que a mi me supone un valor añadido de los motores de gasolina; también por la rápi­da disponibilidad de calefacción para caldear el habitáculo en cortos desplazamientos. Iniciar la marcha y moverse a bajo régimen supone acercarse al poderío de los turbodiesel, pero ha sido el 1.6 Ecoboost del C-Max el que verda­deramente me ha entusiasmado: es más temperamental, que no vio­lento, que el 1.6 Turbo del Clase B, que, quizás por su marcada suavidad de giro, percibes falta de par, pero no de respuesta (de hecho hemos me­dido su pico a ¡1.560 rpm!), porque se pone en movimiento también con mucha viveza.

A partir de cuarta velocidad, la configuración de las cajas de cambio de cada modelo también marcan diferencias en las res­puestas de cada motor. Como dicta la tenden­cia, el novísimo Clase B va mucho más largo y en te­rrenos virados te pide ser más preciso con la velocidad insertada que el C-Max, que te per­mite una viva conducción "monomarcha". Mira cómo en las maniobras de adelantamiento es capaz de sacarle 2 segundos al Mercedes, un mundo en una situación de emergencia.

El motor del B200 trabaja más relajado y viendo cómo acelera cuando precisamos toda la pres­tación (también es cierto que hemos medido 172 CV, sobre los 156 oficiales) y sus ajustadísi­mos consumos de combustible (un litro menos en nuestro combinado, con unos excelentes 5,9 en carretera), la fórmula BlueEfficiency del Mercedes resulta interesantísima para darse el capricho de tener un motor de gasolina. Dos últimos apuntes sobre los motores. El primero, por si vienes de un atmosférico, es que la respuesta de ambos se asemeja a la de los turbodiésel, muy solventes a bajo y medio régimen, pero con sensación de escalada plana a partir de 4.500 rpm (cortan a 6.500). El segundo apunte, destacar el exquisi­to funcionamiento del Stop-Start del Mercedes, por la rapidez y, de nuevo, la suavidad y el silencio con que se pone en marcha el motor en las con­tinuas secuencias urbanas con tráfico denso. 

Tal y como está concebido de serie el C-Max, resulta formidable por cómo pisa, cómo atiende tus órdenes y cómo compatibiliza eficacia di­námica con confort de rodadura. También tie­ne vistosas llantas de  18 pulgadas en la lista de opciones, pero con las de 17 probadas, se siente rápido e informativo de dirección, firme de apo­yos y dispone de muy buena tracción, asegu­rada en curva por un "autoblocante" electrónico que se deja sentir cómo trabaja sin interferir bruscamente en el avance del coche. De su "có­moda firmeza" interpretas equilibrio y calidad en su rodadura, en definitiva un agrado de con­ducción que sigue un guión general.


El
B200 que hemos probado es una unidad muy particular, porque el firme tacto deportivo de su bastidor con chasis deportivo opcional y llantas de 18 pulgadas con rígidos neumáticos 'runflat' (recuerda, con los que puedes rodar pin­chados) de bajísimo perfil, no se corresponde con su suave dirección, su suave caja de cam­bios, sus suaves pedales, su suave motor, en de­finitiva, con la suavidad general del modelo. El B 200 te lleva a notar contrasentidos, a pasar de un coche muy bien filtrado, a duro y seco en asfaltos no del todo buenos..., en algunos casos fuera de lugar en todo un Mercedes. Esto no quita para que su pisada se sienta emocionante, estimulante, y a encontrar una mayor eficacia al límite, como en la capacidad de frenada, como atestiguan sus extraordinarios 70 metros en el 140-0 km/h.

Pero no te estoy hablando de un coche rudo. La pisada del B, su conducción y roda­dura, junto con su presentación interior ador­nada de opciones, nos hablan de un coche premium... a golpe de talonario. El éxito del C-Max es que quizá no exclusividad, pero ca­lidad, cantidad y agrado transmite a raudales a muy buen precio.

Pudiera parecer un con­trasentido combinar el concep­to familiar de base de toda ca­rrocería monovolumen con unos bastidores y motores que tildan de deportivos su conduc­ta dinámica, pero bendito contrasentido. El Ford C-Max no ha escondido nunca ser un mo­novolumen con una dinámica que más de un atrevido compacto quisiera, por reacciones y sensaciones, algo que real­za esta versión mecánica 1.6 Ecoboost de 150 CV, que nos recuerda en este mundo Diesel, lo fantásticos y divinos que son los mo­tores turbo de gasolina bajo la interpre­tación 'downsizing' de nuestros días. Por su parte, el nuevo Clase B de Mercedes lleva, si lo deseas, este guión un "mucho" más allá, gra­cias a un arsenal de opciones que te dejan confi­gurarlo como lo ves en las fotos: puedes rebajar la suspensión 20 milímetros, endurecer amor­tiguación, montar una dirección de desmulti­plicación variable; llantas de 18 pulgadas con neumáticos de mínimo perfil... en fin, convertirlo en un deportivo apto para la familia, con el ingrediente de su motor de gasolina 1.6 Turbo de 156 CV.

En cualquier caso, lo primero que te llamará la atención de estos dos co­ches es el refinamiento mecánico que imprimen sus motores al conjunto, al propio funcionamiento del coche. Todo lo bueno que pueden ser los Diesel de nuestros días en este sentido, lo mejoran los propulsores de gasoli­na con creces, y con la recuperación de los tur­bo, hacen de la prestación, pero sobre todo, del agrado de conducción, un estímulo diario de su conducción.

Ambos son finísimos de funciona­miento y silenciosos desde la crítica puesta en marcha en frío tras una helada noche, una cues­tión que a mi me supone un valor añadido de los motores de gasolina; también por la rápi­da disponibilidad de calefacción para caldear el habitáculo en cortos desplazamientos. Iniciar la marcha y moverse a bajo régimen supone acercarse al poderío de los turbodiesel, pero ha sido el 1.6 Ecoboost del C-Max el que verda­deramente me ha entusiasmado: es más temperamental, que no vio­lento, que el 1.6 Turbo del Clase B, que, quizás por su marcada suavidad de giro, percibes falta de par, pero no de respuesta (de hecho hemos me­dido su pico a ¡1.560 rpm!), porque se pone en movimiento también con mucha viveza.

A partir de cuarta velocidad, la configuración de las cajas de cambio de cada modelo también marcan diferencias en las res­puestas de cada motor. Como dicta la tenden­cia, el novísimo Clase B va mucho más largo y en te­rrenos virados te pide ser más preciso con la velocidad insertada que el C-Max, que te per­mite una viva conducción "monomarcha". Mira cómo en las maniobras de adelantamiento es capaz de sacarle 2 segundos al Mercedes, un mundo en una situación de emergencia.

El motor del B200 trabaja más relajado y viendo cómo acelera cuando precisamos toda la pres­tación (también es cierto que hemos medido 172 CV, sobre los 156 oficiales) y sus ajustadísi­mos consumos de combustible (un litro menos en nuestro combinado, con unos excelentes 5,9 en carretera), la fórmula BlueEfficiency del Mercedes resulta interesantísima para darse el capricho de tener un motor de gasolina. Dos últimos apuntes sobre los motores. El primero, por si vienes de un atmosférico, es que la respuesta de ambos se asemeja a la de los turbodiésel, muy solventes a bajo y medio régimen, pero con sensación de escalada plana a partir de 4.500 rpm (cortan a 6.500). El segundo apunte, destacar el exquisi­to funcionamiento del Stop-Start del Mercedes, por la rapidez y, de nuevo, la suavidad y el silencio con que se pone en marcha el motor en las con­tinuas secuencias urbanas con tráfico denso. 

Tal y como está concebido de serie el C-Max, resulta formidable por cómo pisa, cómo atiende tus órdenes y cómo compatibiliza eficacia di­námica con confort de rodadura. También tie­ne vistosas llantas de  18 pulgadas en la lista de opciones, pero con las de 17 probadas, se siente rápido e informativo de dirección, firme de apo­yos y dispone de muy buena tracción, asegu­rada en curva por un "autoblocante" electrónico que se deja sentir cómo trabaja sin interferir bruscamente en el avance del coche. De su "có­moda firmeza" interpretas equilibrio y calidad en su rodadura, en definitiva un agrado de con­ducción que sigue un guión general.


El
B200 que hemos probado es una unidad muy particular, porque el firme tacto deportivo de su bastidor con chasis deportivo opcional y llantas de 18 pulgadas con rígidos neumáticos 'runflat' (recuerda, con los que puedes rodar pin­chados) de bajísimo perfil, no se corresponde con su suave dirección, su suave caja de cam­bios, sus suaves pedales, su suave motor, en de­finitiva, con la suavidad general del modelo. El B 200 te lleva a notar contrasentidos, a pasar de un coche muy bien filtrado, a duro y seco en asfaltos no del todo buenos..., en algunos casos fuera de lugar en todo un Mercedes. Esto no quita para que su pisada se sienta emocionante, estimulante, y a encontrar una mayor eficacia al límite, como en la capacidad de frenada, como atestiguan sus extraordinarios 70 metros en el 140-0 km/h.

Pero no te estoy hablando de un coche rudo. La pisada del B, su conducción y roda­dura, junto con su presentación interior ador­nada de opciones, nos hablan de un coche premium... a golpe de talonario. El éxito del C-Max es que quizá no exclusividad, pero ca­lidad, cantidad y agrado transmite a raudales a muy buen precio.

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.