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Fiat Linea 1.3 JTD frente a Toyota Corolla Sedán 1.4 D-4D

Prácticas y con un precio contenido, estas dos berlinas son perfectamente válidas por tamaño para cubrir las necesidades de una familia normal. Sus motores Diesel consumen muy poco y el nivel de equipamiento es más que correcto.
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Fiat Linea 1.3 JTD frente a Toyota Corolla Sedán 1.4 D-4D
La berlina básica, un tipo de automóvil que antes inundaba las carreteras, es ahora una opción en desuso y con una oferta de modelos que ha ido limitándose con el tiempo, al menos en nuestro país. Fiat y Toyota nos recuerdan sus virtudes con estos dos modelos que, aunque su principal mercado no es el europeo sino el de países con economías emergentes, aspiran también a satisfacer a un determinado público más fiel al pragmatismo que a la moda.

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corola sedan fiat linea

Sus diseños de tres volúmenes son de rasgos sencillos y clásicos, sin excesivas pretensiones, pero con las proporciones adecuadas para conseguir una buena relación entre habitáculo y maletero. En ambos la distancia entre ejes es de 260 cm y la longitud supera ligeramente los 4,5 metros. La principal diferencia entre ellos se encuentra en la anchura, 3 cm menor en el italiano, consecuencia de que su chasis deriva del polivalente Grande Punto, pero incrementando batalla y voladizos. Por su parte, la plataforma del Toyota es nueva y nada tiene que ver con la del anterior Corolla Sedán, aunque ciertos elementos son del último compacto nipón, el Auris. La excelente capacidad de filtrado al pasar por casi todo tipo de baches no impide que el comportamiento de estas berlinas esté a muy buen nivel. Tienen un paso por curva ágil y reaccionan con precisión a las órdenes del volante. Sus bastidores asimilan sin ningún problema la ajustada potencia (90 CV) de sus motores, con lo que su conducción no tiene complicaciones. El Toyota Corolla cuenta con un tren trasero algo más participativo y en caso de abordar una curva con demasiado optimismo hace un amago de redondear el giro, pero siempre tutelado por el control electrónico de estabilidad, que libera al conductor de cualquier corrección o trabajo extra con la dirección.

Tan eficaz o más se muestra el Fiat Linea, cuya dirección, a pesar de ser más blanda, proporciona una mayor sensibilidad acerca de las condiciones de adherencia. Nuestra unidad, sin ESP y equipada con llantas y neumáticos opcionales de la medida 205/45 R17, se siente un poco más directa que el Corolla. Al ser relativamente estrecho resulta muy manejable en carreteras tortuosas, además sus reacciones son muy nobles y sin apenas inercias, dando mayor impresión de ligereza que el Toyota. Su eje trasero está “soldado” al asfalto y el delantero se agarra como una lapa hasta que superamos su alto límite, momento en el que comienza a abrir la trayectoria muy progresivamente, de manera perfectamente controlable y predecible. Sólo el tacto de los frenos, menos dosificable al límite por la falta de información que recibimos del pedal cuando las ruedas están a punto de bloquearse —ni siquiera rebota al entrar el ABS—, hace que perdamos algo de confianza en situaciones muy puntuales. Al motor del Fiat Linea le cuesta más subir de vueltas. Por debajo de 2.000 rpm da la sensación de que tuviese que vencer mucha resistencia para avanzar, hay que hundir el acelerador más de lo normal y aun así carece de fuerza para moverse con soltura. A partir de dicho régimen empuja con más energía, con una entrada del turbo algo repentina si estamos pisando el pedal a fondo, pero con una cierta pereza. En el tráfico típico de ciudad, en el que hay que estar constantemente parando y arrancando, la respuesta no resulta la ideal para circular de manera fluida, algo que se une a un tacto del cambio gomoso e impreciso que no ayuda a lograr un mayor agrado de conducción. Al principio cuesta acostumbrarse, además, el sonido del motor invita a cambiar a la siguiente marcha antes de tiempo, con lo que la aguja del cuentavueltas cae de nuevo hasta la zona con menos par.

El motor del Corolla gana en refinamiento y rumorosidad, pues apenas se oye desde el interior, incluso a velocidades elevadas. También peca de una cierta carencia de bajos, pero menos acusada que en el Linea, al que supera en agrado de funcionamiento en el día a día y prestaciones, y eso que ambos coches pesan lo mismo y han logrado prácticamente idéntico resultado en nuestro banco de potencia (3 CV más el Fiat). En carretera, donde el Linea se desenvuelve con más alegría que en ciudad, el Toyota es menos sensible a la carga y a los repechos que puedan surgir. En lo que no se les puede poner pegas, ni a uno ni a otro, es en el consumo, muy contenido en los dos casos, aunque ligeramente inferior en el japonés. Si a esto se suma un depósito de combustible de superior capacidad, no es de extrañar que su autonomía sobrepase a la de su rival por unos 250 km.
Vida a bordo
La berlina básica, un tipo de automóvil que antes inundaba las carreteras, es ahora una opción en desuso y con una oferta de modelos que ha ido limitándose con el tiempo, al menos en nuestro país. Fiat y Toyota nos recuerdan sus virtudes con estos dos modelos que, aunque su principal mercado no es el europeo sino el de países con economías emergentes, aspiran también a satisfacer a un determinado público más fiel al pragmatismo que a la moda. Sus diseños de tres volúmenes son de rasgos sencillos y clásicos, sin excesivas pretensiones, pero con las proporciones adecuadas para conseguir una buena relación entre habitáculo y maletero. En ambos la distancia entre ejes es de 260 cm y la longitud supera ligeramente los 4,5 metros. La principal diferencia entre ellos se encuentra en la anchura, 3 cm menor en el italiano, consecuencia de que su chasis deriva del polivalente Grande Punto, pero incrementando batalla y voladizos. Por su parte, la plataforma del Toyota es nueva y nada tiene que ver con la del anterior Corolla Sedán, aunque ciertos elementos son del último compacto nipón, el Auris. La excelente capacidad de filtrado al pasar por casi todo tipo de baches no impide que el comportamiento de estas berlinas esté a muy buen nivel. Tienen un paso por curva ágil y reaccionan con precisión a las órdenes del volante. Sus bastidores asimilan sin ningún problema la ajustada potencia (90 CV) de sus motores, con lo que su conducción no tiene complicaciones. El Toyota Corolla cuenta con un tren trasero algo más participativo y en caso de abordar una curva con demasiado optimismo hace un amago de redondear el giro, pero siempre tutelado por el control electrónico de estabilidad, que libera al conductor de cualquier corrección o trabajo extra con la dirección.

Tan eficaz o más se muestra el Fiat Linea, cuya dirección, a pesar de ser más blanda, proporciona una mayor sensibilidad acerca de las condiciones de adherencia. Nuestra unidad, sin ESP y equipada con llantas y neumáticos opcionales de la medida 205/45 R17, se siente un poco más directa que el Corolla. Al ser relativamente estrecho resulta muy manejable en carreteras tortuosas, además sus reacciones son muy nobles y sin apenas inercias, dando mayor impresión de ligereza que el Toyota. Su eje trasero está “soldado” al asfalto y el delantero se agarra como una lapa hasta que superamos su alto límite, momento en el que comienza a abrir la trayectoria muy progresivamente, de manera perfectamente controlable y predecible. Sólo el tacto de los frenos, menos dosificable al límite por la falta de información que recibimos del pedal cuando las ruedas están a punto de bloquearse —ni siquiera rebota al entrar el ABS—, hace que perdamos algo de confianza en situaciones muy puntuales. Al motor del Fiat Linea le cuesta más subir de vueltas. Por debajo de 2.000 rpm da la sensación de que tuviese que vencer mucha resistencia para avanzar, hay que hundir el acelerador más de lo normal y aun así carece de fuerza para moverse con soltura. A partir de dicho régimen empuja con más energía, con una entrada del turbo algo repentina si estamos pisando el pedal a fondo, pero con una cierta pereza. En el tráfico típico de ciudad, en el que hay que estar constantemente parando y arrancando, la respuesta no resulta la ideal para circular de manera fluida, algo que se une a un tacto del cambio gomoso e impreciso que no ayuda a lograr un mayor agrado de conducción. Al principio cuesta acostumbrarse, además, el sonido del motor invita a cambiar a la siguiente marcha antes de tiempo, con lo que la aguja del cuentavueltas cae de nuevo hasta la zona con menos par.

El motor del Corolla gana en refinamiento y rumorosidad, pues apenas se oye desde el interior, incluso a velocidades elevadas. También peca de una cierta carencia de bajos, pero menos acusada que en el Linea, al que supera en agrado de funcionamiento en el día a día y prestaciones, y eso que ambos coches pesan lo mismo y han logrado prácticamente idéntico resultado en nuestro banco de potencia (3 CV más el Fiat). En carretera, donde el Linea se desenvuelve con más alegría que en ciudad, el Toyota es menos sensible a la carga y a los repechos que puedan surgir. En lo que no se les puede poner pegas, ni a uno ni a otro, es en el consumo, muy contenido en los dos casos, aunque ligeramente inferior en el japonés. Si a esto se suma un depósito de combustible de superior capacidad, no es de extrañar que su autonomía sobrepase a la de su rival por unos 250 km.
Vida a bordo
La berlina básica, un tipo de automóvil que antes inundaba las carreteras, es ahora una opción en desuso y con una oferta de modelos que ha ido limitándose con el tiempo, al menos en nuestro país. Fiat y Toyota nos recuerdan sus virtudes con estos dos modelos que, aunque su principal mercado no es el europeo sino el de países con economías emergentes, aspiran también a satisfacer a un determinado público más fiel al pragmatismo que a la moda. Sus diseños de tres volúmenes son de rasgos sencillos y clásicos, sin excesivas pretensiones, pero con las proporciones adecuadas para conseguir una buena relación entre habitáculo y maletero. En ambos la distancia entre ejes es de 260 cm y la longitud supera ligeramente los 4,5 metros. La principal diferencia entre ellos se encuentra en la anchura, 3 cm menor en el italiano, consecuencia de que su chasis deriva del polivalente Grande Punto, pero incrementando batalla y voladizos. Por su parte, la plataforma del Toyota es nueva y nada tiene que ver con la del anterior Corolla Sedán, aunque ciertos elementos son del último compacto nipón, el Auris. La excelente capacidad de filtrado al pasar por casi todo tipo de baches no impide que el comportamiento de estas berlinas esté a muy buen nivel. Tienen un paso por curva ágil y reaccionan con precisión a las órdenes del volante. Sus bastidores asimilan sin ningún problema la ajustada potencia (90 CV) de sus motores, con lo que su conducción no tiene complicaciones. El Toyota Corolla cuenta con un tren trasero algo más participativo y en caso de abordar una curva con demasiado optimismo hace un amago de redondear el giro, pero siempre tutelado por el control electrónico de estabilidad, que libera al conductor de cualquier corrección o trabajo extra con la dirección.

Tan eficaz o más se muestra el Fiat Linea, cuya dirección, a pesar de ser más blanda, proporciona una mayor sensibilidad acerca de las condiciones de adherencia. Nuestra unidad, sin ESP y equipada con llantas y neumáticos opcionales de la medida 205/45 R17, se siente un poco más directa que el Corolla. Al ser relativamente estrecho resulta muy manejable en carreteras tortuosas, además sus reacciones son muy nobles y sin apenas inercias, dando mayor impresión de ligereza que el Toyota. Su eje trasero está “soldado” al asfalto y el delantero se agarra como una lapa hasta que superamos su alto límite, momento en el que comienza a abrir la trayectoria muy progresivamente, de manera perfectamente controlable y predecible. Sólo el tacto de los frenos, menos dosificable al límite por la falta de información que recibimos del pedal cuando las ruedas están a punto de bloquearse —ni siquiera rebota al entrar el ABS—, hace que perdamos algo de confianza en situaciones muy puntuales. Al motor del Fiat Linea le cuesta más subir de vueltas. Por debajo de 2.000 rpm da la sensación de que tuviese que vencer mucha resistencia para avanzar, hay que hundir el acelerador más de lo normal y aun así carece de fuerza para moverse con soltura. A partir de dicho régimen empuja con más energía, con una entrada del turbo algo repentina si estamos pisando el pedal a fondo, pero con una cierta pereza. En el tráfico típico de ciudad, en el que hay que estar constantemente parando y arrancando, la respuesta no resulta la ideal para circular de manera fluida, algo que se une a un tacto del cambio gomoso e impreciso que no ayuda a lograr un mayor agrado de conducción. Al principio cuesta acostumbrarse, además, el sonido del motor invita a cambiar a la siguiente marcha antes de tiempo, con lo que la aguja del cuentavueltas cae de nuevo hasta la zona con menos par.

El motor del Corolla gana en refinamiento y rumorosidad, pues apenas se oye desde el interior, incluso a velocidades elevadas. También peca de una cierta carencia de bajos, pero menos acusada que en el Linea, al que supera en agrado de funcionamiento en el día a día y prestaciones, y eso que ambos coches pesan lo mismo y han logrado prácticamente idéntico resultado en nuestro banco de potencia (3 CV más el Fiat). En carretera, donde el Linea se desenvuelve con más alegría que en ciudad, el Toyota es menos sensible a la carga y a los repechos que puedan surgir. En lo que no se les puede poner pegas, ni a uno ni a otro, es en el consumo, muy contenido en los dos casos, aunque ligeramente inferior en el japonés. Si a esto se suma un depósito de combustible de superior capacidad, no es de extrañar que su autonomía sobrepase a la de su rival por unos 250 km.
Vida a bordo
La berlina básica, un tipo de automóvil que antes inundaba las carreteras, es ahora una opción en desuso y con una oferta de modelos que ha ido limitándose con el tiempo, al menos en nuestro país. Fiat y Toyota nos recuerdan sus virtudes con estos dos modelos que, aunque su principal mercado no es el europeo sino el de países con economías emergentes, aspiran también a satisfacer a un determinado público más fiel al pragmatismo que a la moda. Sus diseños de tres volúmenes son de rasgos sencillos y clásicos, sin excesivas pretensiones, pero con las proporciones adecuadas para conseguir una buena relación entre habitáculo y maletero. En ambos la distancia entre ejes es de 260 cm y la longitud supera ligeramente los 4,5 metros. La principal diferencia entre ellos se encuentra en la anchura, 3 cm menor en el italiano, consecuencia de que su chasis deriva del polivalente Grande Punto, pero incrementando batalla y voladizos. Por su parte, la plataforma del Toyota es nueva y nada tiene que ver con la del anterior Corolla Sedán, aunque ciertos elementos son del último compacto nipón, el Auris. La excelente capacidad de filtrado al pasar por casi todo tipo de baches no impide que el comportamiento de estas berlinas esté a muy buen nivel. Tienen un paso por curva ágil y reaccionan con precisión a las órdenes del volante. Sus bastidores asimilan sin ningún problema la ajustada potencia (90 CV) de sus motores, con lo que su conducción no tiene complicaciones. El Toyota Corolla cuenta con un tren trasero algo más participativo y en caso de abordar una curva con demasiado optimismo hace un amago de redondear el giro, pero siempre tutelado por el control electrónico de estabilidad, que libera al conductor de cualquier corrección o trabajo extra con la dirección.

Tan eficaz o más se muestra el Fiat Linea, cuya dirección, a pesar de ser más blanda, proporciona una mayor sensibilidad acerca de las condiciones de adherencia. Nuestra unidad, sin ESP y equipada con llantas y neumáticos opcionales de la medida 205/45 R17, se siente un poco más directa que el Corolla. Al ser relativamente estrecho resulta muy manejable en carreteras tortuosas, además sus reacciones son muy nobles y sin apenas inercias, dando mayor impresión de ligereza que el Toyota. Su eje trasero está “soldado” al asfalto y el delantero se agarra como una lapa hasta que superamos su alto límite, momento en el que comienza a abrir la trayectoria muy progresivamente, de manera perfectamente controlable y predecible. Sólo el tacto de los frenos, menos dosificable al límite por la falta de información que recibimos del pedal cuando las ruedas están a punto de bloquearse —ni siquiera rebota al entrar el ABS—, hace que perdamos algo de confianza en situaciones muy puntuales. Al motor del Fiat Linea le cuesta más subir de vueltas. Por debajo de 2.000 rpm da la sensación de que tuviese que vencer mucha resistencia para avanzar, hay que hundir el acelerador más de lo normal y aun así carece de fuerza para moverse con soltura. A partir de dicho régimen empuja con más energía, con una entrada del turbo algo repentina si estamos pisando el pedal a fondo, pero con una cierta pereza. En el tráfico típico de ciudad, en el que hay que estar constantemente parando y arrancando, la respuesta no resulta la ideal para circular de manera fluida, algo que se une a un tacto del cambio gomoso e impreciso que no ayuda a lograr un mayor agrado de conducción. Al principio cuesta acostumbrarse, además, el sonido del motor invita a cambiar a la siguiente marcha antes de tiempo, con lo que la aguja del cuentavueltas cae de nuevo hasta la zona con menos par.

El motor del Corolla gana en refinamiento y rumorosidad, pues apenas se oye desde el interior, incluso a velocidades elevadas. También peca de una cierta carencia de bajos, pero menos acusada que en el Linea, al que supera en agrado de funcionamiento en el día a día y prestaciones, y eso que ambos coches pesan lo mismo y han logrado prácticamente idéntico resultado en nuestro banco de potencia (3 CV más el Fiat). En carretera, donde el Linea se desenvuelve con más alegría que en ciudad, el Toyota es menos sensible a la carga y a los repechos que puedan surgir. En lo que no se les puede poner pegas, ni a uno ni a otro, es en el consumo, muy contenido en los dos casos, aunque ligeramente inferior en el japonés. Si a esto se suma un depósito de combustible de superior capacidad, no es de extrañar que su autonomía sobrepase a la de su rival por unos 250 km.
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