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Fiat 500 Abarth

La mítica marca italiana de preparación de automóviles, Abarth, vuelve a renacer de las cenizas como el ave fénix. No ha pasado más de un año desde que volvió a retomar su actividad en serio, con el Grande Punto Abarth, y ya tiene otra versión preparada para poner en el mercado: el 500 Abarth, una especial versión con la que retoma las preparaciones que hacía sobre este pequeño modelo en los años ’60.
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Fiat 500 Abarth
A la hora de preparar el 500 Abarth, los ingenieros de la marca del escorpión han elegido el motor 1.4 T-Jet que está disponible en su otra creación, el Grande Punto Abarth, sólo que para esta ocasión la potencia se limita a 135 CV -7,7 CV/kg- con un par máximo de 18,4 mkg a 2.500 rpm en modo de conducción normal y 21 mkg a 3.000 rpm si activamos el modo Sport –esto se realiza simplemente pulsando un interruptor situado en la consola central-.

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Al volante del Fiat 500 Abarth

El motor ofrece un rendimiento ciertamente bueno, tanto si circulamos despacio como cuando le exprimimos al máximo; sube de vueltas con mucha rapidez y permite una conducción deportiva más que suficiente como para poder calificar a este 500 Abarth como un pequeño, pero matón, tal y como se decía que eran los Abarth de los años ’60. La caja de cambios es de cinco velocidades –la de seis no les ha parecido oportuno montarla, por peso y espacio según comentaron-, pero tampoco se echa mucho en falta esta marcha de más cuando se rueda por un circuito como fue nuestra toma de contacto. La alegría con que el motor admite estar en las inmediaciones de la zona roja del cuentarrevoluciones hace que podamos exprimir al máximo sus prestaciones. El salto de marchas está muy bien ajustado y la última velocidad resulta sólo ligeramente larga, lo que da una idea de la eficacia de la caja de cambios en una conducción dinámica con la potencia y el peso de este 500 Abarth. Para dotarle del carácter dinámico que todos los modelos de la marca tienen que poseer, el tarado de muelles y amortiguadores se ha endurecido y la carrocería es ligeramente más baja en su altura al suelo.

El coche cuenta con un subviraje propio de su tracción y reparto de pesos y el tren trasero resulta poco menos que inamovible, incluso aunque lo forcemos en situaciones límites. Esto hace que el coche esté al alcance de mucha más gente, pero lo cierto es que en conducción deportiva limita un tanto su eficacia. Otra de las cosas que monta el 500 Abarth es un sistema denominado TTC –Torque Transfer Control- que funciona de forma similar a un autoblocante pero en lugar de ser mecánico, recurre a la electrónica para limitar el par en la rueda que pierde adherencia. Con él conectado –tiene una tecla en el salpicadero- lo cierto es que a la salida de las curvas se puede hundir el pedal del acelerador a fondo sin que el coche “pierda rueda” tanto como lo hace sin este sistema funcionando. El equipo de frenos se ha reforzado con la presencia de discos más grandes en ambos ejes. En nuestra toma de contacto en el circuito de Balocco, propiedad del Grupo Fiat, pudimos comprobar su excelente puesta a punto ya que en ningún caso –y dimos unas cuantas vueltas- se notó una pérdida de eficacia, lo que dice mucho del buen trabajo que se ha realizado en este apartado.
Vestido de deportista
A la hora de preparar el 500 Abarth, los ingenieros de la marca del escorpión han elegido el motor 1.4 T-Jet que está disponible en su otra creación, el Grande Punto Abarth, sólo que para esta ocasión la potencia se limita a 135 CV -7,7 CV/kg- con un par máximo de 18,4 mkg a 2.500 rpm en modo de conducción normal y 21 mkg a 3.000 rpm si activamos el modo Sport –esto se realiza simplemente pulsando un interruptor situado en la consola central-. El motor ofrece un rendimiento ciertamente bueno, tanto si circulamos despacio como cuando le exprimimos al máximo; sube de vueltas con mucha rapidez y permite una conducción deportiva más que suficiente como para poder calificar a este 500 Abarth como un pequeño, pero matón, tal y como se decía que eran los Abarth de los años ’60. La caja de cambios es de cinco velocidades –la de seis no les ha parecido oportuno montarla, por peso y espacio según comentaron-, pero tampoco se echa mucho en falta esta marcha de más cuando se rueda por un circuito como fue nuestra toma de contacto. La alegría con que el motor admite estar en las inmediaciones de la zona roja del cuentarrevoluciones hace que podamos exprimir al máximo sus prestaciones. El salto de marchas está muy bien ajustado y la última velocidad resulta sólo ligeramente larga, lo que da una idea de la eficacia de la caja de cambios en una conducción dinámica con la potencia y el peso de este 500 Abarth. Para dotarle del carácter dinámico que todos los modelos de la marca tienen que poseer, el tarado de muelles y amortiguadores se ha endurecido y la carrocería es ligeramente más baja en su altura al suelo.

El coche cuenta con un subviraje propio de su tracción y reparto de pesos y el tren trasero resulta poco menos que inamovible, incluso aunque lo forcemos en situaciones límites. Esto hace que el coche esté al alcance de mucha más gente, pero lo cierto es que en conducción deportiva limita un tanto su eficacia. Otra de las cosas que monta el 500 Abarth es un sistema denominado TTC –Torque Transfer Control- que funciona de forma similar a un autoblocante pero en lugar de ser mecánico, recurre a la electrónica para limitar el par en la rueda que pierde adherencia. Con él conectado –tiene una tecla en el salpicadero- lo cierto es que a la salida de las curvas se puede hundir el pedal del acelerador a fondo sin que el coche “pierda rueda” tanto como lo hace sin este sistema funcionando. El equipo de frenos se ha reforzado con la presencia de discos más grandes en ambos ejes. En nuestra toma de contacto en el circuito de Balocco, propiedad del Grupo Fiat, pudimos comprobar su excelente puesta a punto ya que en ningún caso –y dimos unas cuantas vueltas- se notó una pérdida de eficacia, lo que dice mucho del buen trabajo que se ha realizado en este apartado.
Vestido de deportista
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