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Fiat 500 TwinAir vs Volkswagen Up! 75

Opuestos por planteamiento y por las sensaciones que transmiten, estos utilitarios son, cada uno en su estilo, dos de los automóviles más apetecibles para moverse por ciudad. Los dos convencen plenamente y gustan mucho tras conducirlos, así que, ¿cuál elegir?
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Fiat 500 TwinAir vs Volkswagen Up! 75
Sin tener en cuenta eléctricos, segmentos superiores como el Mini, o micro urbanos tipo Smart, Toyota iQ y Aston Martin Cygnet, podemos considerar al Fiat 500 como la referencia aspiracional entre los utilitarios, un coche cuyo estilo y precio relativamente asequible le han valido un éxito comercial sin precedentes. Sus muchas opciones de personalización, un comportamiento dinámico de tintes deportivos y un cierto halo de exclusividad han servido para conquistar a un amplio público de lo más variado. Sus diferentes opciones mecánicas o la posibilidad de incorporar transmisión de embrague pilotado también le permiten satisfacer a casi cualquier tipo de conductor. En este caso, el motor bicilíndrico turboalimentado TwinAir pone la guinda con su sofisticación técnica, además de brindar al 500 un notable nivel prestacional.
El up! de Volkswagen es todo lo contrario en el apartado de motorizaciones, pues por ahora cuenta únicamente con un propulsor tricilíndrico atmosférico de gasolina, escalonado en 60 y 75 CV. Para esta comparativa contamos con el segundo, que en nuestro banco de rodillos ha obtenido nada menos que 86,5 CV, casi los mismos que el 500. Sin embargo, y pese al buen nivel de rendimiento, el carácter de ambos propulsores es totalmente distinto. Al Volkswagen le falta el par motor que proporciona el turbo del 500 TwinAir, por lo que, si queremos conseguir una respuesta prestacional ágil, hay que hacer uso del cambio para que la aguja del cuentavueltas se sitúe por encima de la zona media. En el 500, por el contrario, basta con pisar a fondo el acelerador y, siempre que el motor gire por encima de 2.000 rpm, obtendremos plena solvencia. Su capacidad para recuperarse es muy buena y le convierte en un modelo bastante rápido, pero a costa de unos consumos superiores. Lograr la máxima eficiencia en el italiano requiere esfuerzo por nuestra parte, e incluso activar el modo Eco, que resta potencia y par motor. Además, para que este bicilíndrico resulte agradable hay que llevarlo por encima de 2.000 vueltas. Por tanto, puede ser eficiente si nos lo proponemos, pero en la mayoría de los casos incita a hacer un uso “deportivo” del 500. Curiosamente, el Volkswagen up!, que es menos sofisticado en el apartado mecánico, consigue cifras de consumo bajísimas sin que nos lo propongamos, ya que no le afecta tanto el tipo de conducción ni los cambios de ritmo.

Volviendo a la filosofía del up!, hay que decir que es un coche desarrollado desde una hoja en blanco, lo que ha permitido aprovechar al máximo cada centímetro de su cúbica carrocería. Viendo sus habitáculos nadie diría que exteriormente miden prácticamente lo mismo, ya que el up! da mucha mayor sensación de amplitud nada más sentarnos a sus mandos, algo que se confirma con las cotas de habitabilidad obtenidas por nuestro Centro Técnico. Para empezar, las rodillas no rozan en ninguna parte, algo que sí ocurre en el 500, cuya consola central resulta muy intrusiva. Asiento y reglajes también son mejores en el up!, que proporciona más posibilidades a la hora de encontrar una posición de conducción cómoda, a pesar de que la columna de la dirección sólo se regula en altura, igual que en su rival. Los respaldos, eso sí, permiten un ajuste más preciso en el 500, ya que para ello cuentan con la clásica rueda, en vez de una palanca y varias posiciones prefijadas, como ocurre en el Volkswagen. En cuanto a equipamiento, el 500 es muy completo, pero el up! con el acabado superior que tratamos en estas páginas no se queda atrás y nos sorprende, de serie, con asientos calefactables, avisador de cinturones traseros, y un navegador que nos “enseña” a conducir eficientemente, elemento disponible como extra en el 500. También cabe mencionar algunas carencias, como la falta de interruptor del elevalunas derecho en la puerta del conductor, algo que obliga a estirar el brazo para accionar dicha ventanilla —en el 500 ambos mandos están en la consola central—, o espejo de cortesía en el parasol del conductor. Otro dispositivo que sólo monta el 500 es el sistema Stop/Start.

Respecto a su conducción, las marcadas diferencias vuelven a aflorar, pues cada uno apuesta por una personalidad muy distinta. El Fiat 500 es deportivo, de reacciones inmediatas, dirección muy directa y una considerable velocidad de paso por curva con poquísimo balanceo de la carrocería. Es algo nervioso en recta, como cabría esperar de un coche pequeño, y obliga a ir bastante pendiente de la conducción, pero también proporciona mayor diversión y emoción al volante. Dentro de este segmento es la alternativa más dinámica, con permiso del Abarth 500. El up! es otra cosa y la primera curva después de habernos bajado del 500 nos lo dejó bien claro. Si tratamos de mantener el ritmo del italiano la trayectoria se abre, pues la puesta a punto de su bastidor, mucho más blanda, proporciona menor agarre y mayores inclinaciones de la carrocería. En cualquier caso, su límite de adherencia es muy bueno teniendo en cuenta que se trata de un utilitario, aunque no resulta tan eficaz como el 500. Destaca, sin embargo, por su gran nobleza de reacciones y progresividad, ya que hace gala de un comportamiento muy seguro, incluso en situaciones complicadas como frenadas de emergencia en plena curva, donde se muestra casi tan asentado como un modelo del segmento polivalente y, a pesar del mencionado balanceo, raramente pondrá en apuros al conductor. Con unos tarados de suspensión más firmes sería incluso más satisfactorio en este apartado, porque si algo hemos echado de menos en este modelo es una dosis más alta de deportividad. De todas formas, ambos proporcionan un alto agrado de conducción, y el buen tacto de los mandos colabora con ello.

Analizando el lado práctico, el up! sobresale con una mayor habitabilidad y un mejor maletero, no por capacidad, que es similar, sino porque aporta mejores soluciones de organización, tanto por su piso configurable a dos alturas, como por el amplio hueco que hay debajo, que permite ocultar una rueda de repuesto de tamaño convencional, en lugar de la de “galleta” que lleva el 500. Al emocional 500 le ha salido un racional competidor que además tiene un precio muy ajustado. En cualquier caso, no conviene perder de vista las versiones con motorizaciones inferiores, pues son igualmente satisfactorias teniendo en cuenta que estamos ante vehículos eminentemente ciudadanos, y por una factura final mucho más contenida podremos hacernos con uno de estos dos apetecibles caprichos urbanos. ¿Qué opinas de esta noticia? Debate en los foros con otros aficionados al mundo del motor. Sin tener en cuenta eléctricos, segmentos superiores como el Mini, o micro urbanos tipo Smart, Toyota iQ y Aston Martin Cygnet, podemos considerar al Fiat 500 como la referencia aspiracional entre los utilitarios, un coche cuyo estilo y precio relativamente asequible le han valido un éxito comercial sin precedentes. Sus muchas opciones de personalización, un comportamiento dinámico de tintes deportivos y un cierto halo de exclusividad han servido para conquistar a un amplio público de lo más variado. Sus diferentes opciones mecánicas o la posibilidad de incorporar transmisión de embrague pilotado también le permiten satisfacer a casi cualquier tipo de conductor. En este caso, el motor bicilíndrico turboalimentado TwinAir pone la guinda con su sofisticación técnica, además de brindar al 500 un notable nivel prestacional. El up! de Volkswagen es todo lo contrario en el apartado de motorizaciones, pues por ahora cuenta únicamente con un propulsor tricilíndrico atmosférico de gasolina, escalonado en 60 y 75 CV. Para esta comparativa contamos con el segundo, que en nuestro banco de rodillos ha obtenido nada menos que 86,5 CV, casi los mismos que el 500. Sin embargo, y pese al buen nivel de rendimiento, el carácter de ambos propulsores es totalmente distinto. Al Volkswagen le falta el par motor que proporciona el turbo del 500 TwinAir, por lo que, si queremos conseguir una respuesta prestacional ágil, hay que hacer uso del cambio para que la aguja del cuentavueltas se sitúe por encima de la zona media. En el 500, por el contrario, basta con pisar a fondo el acelerador y, siempre que el motor gire por encima de 2.000 rpm, obtendremos plena solvencia. Su capacidad para recuperarse es muy buena y le convierte en un modelo bastante rápido, pero a costa de unos consumos superiores. Lograr la máxima eficiencia en el italiano requiere esfuerzo por nuestra parte, e incluso activar el modo Eco, que resta potencia y par motor. Además, para que este bicilíndrico resulte agradable hay que llevarlo por encima de 2.000 vueltas. Por tanto, puede ser eficiente si nos lo proponemos, pero en la mayoría de los casos incita a hacer un uso “deportivo” del 500. Curiosamente, el Volkswagen up!, que es menos sofisticado en el apartado mecánico, consigue cifras de consumo bajísimas sin que nos lo propongamos, ya que no le afecta tanto el tipo de conducción ni los cambios de ritmo.

Volviendo a la filosofía del up!, hay que decir que es un coche desarrollado desde una hoja en blanco, lo que ha permitido aprovechar al máximo cada centímetro de su cúbica carrocería. Viendo sus habitáculos nadie diría que exteriormente miden prácticamente lo mismo, ya que el up! da mucha mayor sensación de amplitud nada más sentarnos a sus mandos, algo que se confirma con las cotas de habitabilidad obtenidas por nuestro Centro Técnico. Para empezar, las rodillas no rozan en ninguna parte, algo que sí ocurre en el 500, cuya consola central resulta muy intrusiva. Asiento y reglajes también son mejores en el up!, que proporciona más posibilidades a la hora de encontrar una posición de conducción cómoda, a pesar de que la columna de la dirección sólo se regula en altura, igual que en su rival. Los respaldos, eso sí, permiten un ajuste más preciso en el 500, ya que para ello cuentan con la clásica rueda, en vez de una palanca y varias posiciones prefijadas, como ocurre en el Volkswagen. En cuanto a equipamiento, el 500 es muy completo, pero el up! con el acabado superior que tratamos en estas páginas no se queda atrás y nos sorprende, de serie, con asientos calefactables, avisador de cinturones traseros, y un navegador que nos “enseña” a conducir eficientemente, elemento disponible como extra en el 500. También cabe mencionar algunas carencias, como la falta de interruptor del elevalunas derecho en la puerta del conductor, algo que obliga a estirar el brazo para accionar dicha ventanilla —en el 500 ambos mandos están en la consola central—, o espejo de cortesía en el parasol del conductor. Otro dispositivo que sólo monta el 500 es el sistema Stop/Start.

Respecto a su conducción, las marcadas diferencias vuelven a aflorar, pues cada uno apuesta por una personalidad muy distinta. El Fiat 500 es deportivo, de reacciones inmediatas, dirección muy directa y una considerable velocidad de paso por curva con poquísimo balanceo de la carrocería. Es algo nervioso en recta, como cabría esperar de un coche pequeño, y obliga a ir bastante pendiente de la conducción, pero también proporciona mayor diversión y emoción al volante. Dentro de este segmento es la alternativa más dinámica, con permiso del Abarth 500. El up! es otra cosa y la primera curva después de habernos bajado del 500 nos lo dejó bien claro. Si tratamos de mantener el ritmo del italiano la trayectoria se abre, pues la puesta a punto de su bastidor, mucho más blanda, proporciona menor agarre y mayores inclinaciones de la carrocería. En cualquier caso, su límite de adherencia es muy bueno teniendo en cuenta que se trata de un utilitario, aunque no resulta tan eficaz como el 500. Destaca, sin embargo, por su gran nobleza de reacciones y progresividad, ya que hace gala de un comportamiento muy seguro, incluso en situaciones complicadas como frenadas de emergencia en plena curva, donde se muestra casi tan asentado como un modelo del segmento polivalente y, a pesar del mencionado balanceo, raramente pondrá en apuros al conductor. Con unos tarados de suspensión más firmes sería incluso más satisfactorio en este apartado, porque si algo hemos echado de menos en este modelo es una dosis más alta de deportividad. De todas formas, ambos proporcionan un alto agrado de conducción, y el buen tacto de los mandos colabora con ello.

Analizando el lado práctico, el up! sobresale con una mayor habitabilidad y un mejor maletero, no por capacidad, que es similar, sino porque aporta mejores soluciones de organización, tanto por su piso configurable a dos alturas, como por el amplio hueco que hay debajo, que permite ocultar una rueda de repuesto de tamaño convencional, en lugar de la de “galleta” que lleva el 500. Al emocional 500 le ha salido un racional competidor que además tiene un precio muy ajustado. En cualquier caso, no conviene perder de vista las versiones con motorizaciones inferiores, pues son igualmente satisfactorias teniendo en cuenta que estamos ante vehículos eminentemente ciudadanos, y por una factura final mucho más contenida podremos hacernos con uno de estos dos apetecibles caprichos urbanos. ¿Qué opinas de esta noticia? Debate en los foros con otros aficionados al mundo del motor.
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