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Ferrari Portofino: al volante del nuevo descapotable italiano

Con una velocidad máxima superior a 320 km/h, el Ferrari Portofino es posiblemente el convertible de techo rígido más rápido del mundo. Pero ya a velocidades mucho más bajas es capaz de desplegar gran parte de su encanto.
Heinrich Lingner.

Twitter: @autopista_es | Fotos: Lorenzo Marcinno/Ferrari -

Ferrari Portofino: al volante del nuevo descapotable italiano

Un escenario único, al sur de Puglia, en Italia, para conducir un coche único, uno de los últimos modelos de Ferrari. El Portofino es el sucesor del California presentado en 2008. En italiano, Portofino debería sonar de forma que quedara claro que se trata de un automóvil completamente nuevo; el cambio del modelo California a California T no cumplía ese objetivo.

Ferrari Portofino

Ferrari Portofino: inspiración Daytona

El equipo que gira alrededor del jefe de diseño Flavio Manzoni, junto al jefe de proyecto Werner Gruber, se ha asegurado de que el Portofino sea claramente diferente: musculoso, masculino y proporcionado, todo mucho más marcado que el algo “rechoncho” California. Se ve más elegante, especialmente con el techo cerrado. El progresivo perfil del California ha cambiado; el techo rígido retráctil marca una línea recta, como en un fastback. El Daytona ha servido de inspiración, nos indican en la marca de Maranello.

Igualmente nueva es la construcción del techo, realizada en una aleación de aluminio. Se abre incluso en marcha (hasta 40 km/h) pulsando un botón, escondiéndose mientras se pliega por completo en el maletero, dejando espacio de carga libre para ubicar hasta tres trolleys de cabina o -gracias al hueco que abre una portezuela en el respaldo-, incluso, bolsas de golf o esquís. Con 14 segundos (el techo invierte tres menos en abatirse de lo que necesitaba el California T), lo que hace la operación de descapotar el nuevo Ferrari bastante rápida. Otros dos botones de fácil acceso sirven para esconder rápidamente las cuatro ventanas laterales. Y también un botón, éste situado en la parte inferior izquierda del volante, es el que hace que el ocho cilindros cobre vida.

Las aletas que controlan el sistema de escape se accionan eléctricamente. El motor V8 de 3,9 litros no suenan igual en el momento de arrancar, porque las aletas permanecen cerradas. Pero incluso con una leve aceleración desde el ralentí el motor comienza a rugir rápidamente. Una mirada al “Manettino” en el volante nos confirma que estamos en modo “Confort”. Bueno, eso es todo... Engranamos la primera velocidad y nos ponemos en marcha; el Ferrari comienza a crujir sobre el camino de grava del hotel. Cuando llegamos al asfalto, la carretera pronto empieza a serpentear entre olivos y muretes en dirección al este, mostrando una pequeña válvula de escape para el Ferrari.

Ferrari Portofino

Ferrari Portofino: chasis afinado

El motor turbo ahora rinde 600 CV, ofreciendo un par máximo de 77,6 mkg, disponibles entre 3.000 y 5.000 rpm. El área roja del tacómetro comienza en 7.500 rpm. El motor no muestra “efecto turbo”, no hay retraso alguno en la entrega de potencia, nos dicen los ingenieros de Ferrari. No, realmente no ocurre, y tampoco se siente vacío alguno a altas revoluciones, ajustando el par en función de la carga y de la velocidad del bien afinado motor que emite una atractiva melodía al dar gas, al abrirse las válvulas de admisión y escape. El ocho cilindros -como todos los V8 de Ferrari desde principios de los ‘70- tiene un cigüeñal calado a 180 grados, pero su sonido no es el habitual de un V8, parece más como un cuatro cilindros "embravecido". Podemos reflexionar sobre ello mientras seguimos conduciendo el Portofino, porque el camino aún atraviesa áreas densamente pobladas.

El asfalto resulta bastante irregular, lo que se presenta como una oportunidad para comprobar cómo trabajan los amortiguadores adaptativos. Y podemos decir que resultan efectivos, absorbiendo con naturalidad los baches y ofreciendo un confort de suspensiones notable para un convertible tan rápido. Cabe destacar también la rigidez de la carrocería: no se notan crujidos ni torsiones y el parabrisas delantero no vibra como ocurre en muchos cabrios; el Portofino parece inquebrantable.

El flujo de aire que llega al habitáculo es moderado, desviado con efectividad por el borde del parabrisas delantero. Los ocupantes van sentados bajos y se sienten bien protegidos sobre el fino cuero de los asientos. Estos son cómodos y sujetan con firmeza el cuerpo, y el espacio delante es amplio incluso para adultos muy altos. Las dos plazas traseras son hábiles únicamente para ser utilizadas por niños.

Ferrari Portofino

Colocamos el “Manettino“ en modo Sport y aceleramos a fondo. El V8 muestra todo su poder al acelerar, mientras en el volante las luces de conmutación parpadean hasta el límite, indicándonos la transición entre cada marcha. Un espectáculo que se puede entender como una nueva etapa en Ferrari, aplicado en el nuevo Portofino como también en su hermano 488 y su salvaje motor central.

Por supuesto, las cifras de rendimiento son ligeramente mejores que en el California T, alcanzando en 3,5 segundos los 100 km/h e invirtiendo aproximadamente 11 segundos para llegar a 200 km/h, pero las diferencias son mínimas. La dirección al principio se siente ligera, pero al aumentar nuestra velocidad ofrece un excelente tacto y transmite total confianza. ¿Problemas de tracción al acelerar con decisión? Para nada.

Al llegar a Fasano las primeras casas desaparecen rápidamente. El Ferrari se desliza a través de una zona industrial hacia la autopista. El hotel queda a la derecha, hacia el sur. Aprovechamos la oportunidad para conectar el navegador: Portofino, 944 km al norte; en diez horas estaríamos allí.

Ferrari Portofino

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Igualmente nueva es la construcción del techo, realizada en una aleación de aluminio. Se abre incluso en marcha (hasta 40 km/h) pulsando un botón, escondiéndose mientras se pliega por completo en el maletero, dejando espacio de carga libre para ubicar hasta tres trolleys de cabina o -gracias al hueco que abre una portezuela en el respaldo-, incluso, bolsas de golf o esquís. Con 14 segundos (el techo invierte tres menos en abatirse de lo que necesitaba el California T), lo que hace la operación de descapotar el nuevo Ferrari bastante rápida. Otros dos botones de fácil acceso sirven para esconder rápidamente las cuatro ventanas laterales. Y también un botón, éste situado en la parte inferior izquierda del volante, es el que hace que el ocho cilindros cobre vida.

Las aletas que controlan el sistema de escape se accionan eléctricamente. El motor V8 de 3,9 litros no suenan igual en el momento de arrancar, porque las aletas permanecen cerradas. Pero incluso con una leve aceleración desde el ralentí el motor comienza a rugir rápidamente. Una mirada al “Manettino” en el volante nos confirma que estamos en modo “Confort”. Bueno, eso es todo... Engranamos la primera velocidad y nos ponemos en marcha; el Ferrari comienza a crujir sobre el camino de grava del hotel. Cuando llegamos al asfalto, la carretera pronto empieza a serpentear entre olivos y muretes en dirección al este, mostrando una pequeña válvula de escape para el Ferrari.

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El motor turbo ahora rinde 600 CV, ofreciendo un par máximo de 77,6 mkg, disponibles entre 3.000 y 5.000 rpm. El área roja del tacómetro comienza en 7.500 rpm. El motor no muestra “efecto turbo”, no hay retraso alguno en la entrega de potencia, nos dicen los ingenieros de Ferrari. No, realmente no ocurre, y tampoco se siente vacío alguno a altas revoluciones, ajustando el par en función de la carga y de la velocidad del bien afinado motor que emite una atractiva melodía al dar gas, al abrirse las válvulas de admisión y escape. El ocho cilindros -como todos los V8 de Ferrari desde principios de los ‘70- tiene un cigüeñal calado a 180 grados, pero su sonido no es el habitual de un V8, parece más como un cuatro cilindros "embravecido". Podemos reflexionar sobre ello mientras seguimos conduciendo el Portofino, porque el camino aún atraviesa áreas densamente pobladas.

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El asfalto resulta bastante irregular, lo que se presenta como una oportunidad para comprobar cómo trabajan los amortiguadores adaptativos. Y podemos decir que resultan efectivos, absorbiendo con naturalidad los baches y ofreciendo un confort de suspensiones notable para un convertible tan rápido. Cabe destacar también la rigidez de la carrocería: no se notan crujidos ni torsiones y el parabrisas delantero no vibra como ocurre en muchos cabrios; el Portofino parece inquebrantable.

El flujo de aire que llega al habitáculo es moderado, desviado con efectividad por el borde del parabrisas delantero. Los ocupantes van sentados bajos y se sienten bien protegidos sobre el fino cuero de los asientos. Estos son cómodos y sujetan con firmeza el cuerpo, y el espacio delante es amplio incluso para adultos muy altos. Las dos plazas traseras son hábiles únicamente para ser utilizadas por niños.

Ferrari Portofino

Colocamos el “Manettino“ en modo Sport y aceleramos a fondo. El V8 muestra todo su poder al acelerar, mientras en el volante las luces de conmutación parpadean hasta el límite, indicándonos la transición entre cada marcha. Un espectáculo que se puede entender como una nueva etapa en Ferrari, aplicado en el nuevo Portofino como también en su hermano 488 y su salvaje motor central.

Por supuesto, las cifras de rendimiento son ligeramente mejores que en el California T, alcanzando en 3,5 segundos los 100 km/h e invirtiendo aproximadamente 11 segundos para llegar a 200 km/h, pero las diferencias son mínimas. La dirección al principio se siente ligera, pero al aumentar nuestra velocidad ofrece un excelente tacto y transmite total confianza. ¿Problemas de tracción al acelerar con decisión? Para nada.

Al llegar a Fasano las primeras casas desaparecen rápidamente. El Ferrari se desliza a través de una zona industrial hacia la autopista. El hotel queda a la derecha, hacia el sur. Aprovechamos la oportunidad para conectar el navegador: Portofino, 944 km al norte; en diez horas estaríamos allí.

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