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Dodge Avenger 2.0 CRD SXT

Es legendario el esfuerzo que los fabricantes norteamericanos han realizado durante las últimas décadas para poner una pica en los mercados europeos. El Dodge Avenger juega sus bazas con una estética impactante, una mecánica conocida y un bastidor bien equilibrado.
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Dodge Avenger 2.0 CRD SXT
Si el motor ya no nos sorprende, por lo conocido, el bastidor sí ha sido una agradable confirmación. Trastoca todo lo anteriormente visto en este segmento bajo bandera estadounidense, inclinado al confort sobre cualquier otro condicionante. La elasticidad seleccionada para la suspensión es más bien firme, de manera que la carrocería no adopta ángulos de inclinación acusados.
Además, la amortiguación es rigurosa, de forma que al circular sobre firme irregular, no se advierten variaciones en la trayectoria del Avenger. La respuesta del tren delantero a las actuaciones del conductor sobre el volante es muy rápida, por lo que si no nos acercamos a los límites de adherencia, el coche muestra un comportamiento muy neutro con mínima acción de giro sobre el volante.

Forzando las situaciones, sí que, entonces, aparece el clásico subviraje de una berlina no especialmente inclinada a la deportividad. Pero aún así, el coche se defiende bien en carreteras retorcidas y el tren trasero está perfectamente definido en cuanto a geometría dinámica, puesto que no sorprende al conductor con acciones drásticas, incluso con una actuación decidida sobre el freno en apoyo. Hablando de frenos, también aquí nos ha parecido correcto el funcionamiento del Avenger. Las cifras de parada desde 140 km/h no son de infarto, pero cumplen con la media de la categoría. Y en cuanto a su resistencia a la fatiga, no hemos tenido especial queja en nuestro habitual recorrido de serranía. Ralentizando un poco la marcha, podemos entrar a analizar este nuevo Dodge en su faceta más estática. Lo primero que se adivina es una longitud poco habitual para el segmento de berlinas medias donde se inscribe. No está lejos de los 4,9 metros y, a primera vista, no lo parece. En ello, sin duda, tiene mucha responsabilidad unos paragolpes muy “extrovertidos”, tanto delante como detrás. No decimos si la estética es agraciada o no —cada uno pensará una cosa— pero sí que mucha gente vuelve la cabeza al verlo. Original, no hay duda de que es, y como otros modelos de la marca, no hay nada similar a este lado del Atlántico. Estas “rocosas” formas influyen en la aerodinámica, para mal. El Cx de 0,33 no es de los más brillantes de la categoría y si bien como cifra en sí no es mala, teniendo en cuenta la longitud de la carrocería y la conseguida por la mayoría de sus rivales, digamos que podría mejorarse. Tras abrir la puerta, nos encontramos con el capítulo menos brillante del Avenger. El plástico que cubre el salpicadero y los paneles de puerta no ofrece la prestancia de la mayoría de los europeos Su presentación interior y la terminación de algunos de sus elementos en el habitáculo deja bastante que desear. Sobre todo si tenemos en cuenta que nos piden más de 25.000 euros por el coche. El plástico que cubre el salpicadero y los paneles de puerta no ofrece la prestancia de la mayoría de los europeos y el diseño no resulta tan cuidado como se acostumbra en estos lares.

Afortunadamente, esta versión dispone de asiento del conductor con reglaje eléctrico, lo que unido al reglaje en altura y profundidad del volante, genera una buena posición de conducción. La palanca de cambios también posee un buen tacto en su manejo: firme, bastante precisa y con recorridos no especialmente largos. Los asientos delanteros aparentan un diseño deportivo, con remarcados pétalos laterales. Sin embargo, no sabemos si por el tapizado de cuero con que nos obsequian como elemento incluido en serie en esta versión, no sujetan tanto como aparentan y en conducción dinámica hay que sujetarse a elementos accesorios para no ir de un lado a otro. El confort que proporcionan no es sobresaliente, pero cumplen con su cometido. Es de destacar la “nevera” disponible sobre la guantera frente al acompañante, con capacidad para cuatro botes de refresco… imaginamos Pasando atrás, destaca la anchura interior, excelente espacio para las piernas y nada recortada cota de altura. De esta guisa, un ocupante de 1,90 metros puede encajarse atrás con total confort. No hay duda que ahí, los diseñadores norteamericanos han tenido en cuenta las tallas que abundan por aquellos parajes. Como no puede ser de otra manera, el habitáculo está repleto de “posabotes” , aunque en ningún caso escamoteados, por lo que no deja de ser algo menos elegante de lo que pudiera. Es de destacar la “nevera” disponible sobre la guantera frente al acompañante, con capacidad para cuatro botes de refresco… imaginamos. Y detrás, el maletero. Con un cubicaje oficial muy tímido, al pasar por nuestro Centro Técnico ha mostrado su verdadero volumen, muy superior, algo que a simple vista ya parecía claro. Con casi 550 dm3, se muestra tremendamente apto tanto para ir a la costa con los pertrechos de toda la familia como para llenar de víveres el más grande de los frigoríficos.

Y por lo que respecta al equipamiento, nada mejor que un vistazo a la ficha técnica para comprobar que no dispone de encendido automático de luces y limpiaparabrisas, luces de xenón o sensores de aparcamiento, todos ellos elementos de lo más común en su segmento e inferiores. Por el contrario, el cuero siempre parece ser una llamada a un específico tipo de clientela —afortunadamente acompañado de asientos delanteros calefactables— y el sistema de aire acondicionado que trae de serie es de lo más rudimentario. La opción de climatizador es barata y, en consecuencia, nos parece de obligatoria elección. Si el motor ya no nos sorprende, por lo conocido, el bastidor sí ha sido una agradable confirmación. Trastoca todo lo anteriormente visto en este segmento bajo bandera estadounidense, inclinado al confort sobre cualquier otro condicionante. La elasticidad seleccionada para la suspensión es más bien firme, de manera que la carrocería no adopta ángulos de inclinación acusados. Además, la amortiguación es rigurosa, de forma que al circular sobre firme irregular, no se advierten variaciones en la trayectoria del Avenger. La respuesta del tren delantero a las actuaciones del conductor sobre el volante es muy rápida, por lo que si no nos acercamos a los límites de adherencia, el coche muestra un comportamiento muy neutro con mínima acción de giro sobre el volante.

Forzando las situaciones, sí que, entonces, aparece el clásico subviraje de una berlina no especialmente inclinada a la deportividad. Pero aún así, el coche se defiende bien en carreteras retorcidas y el tren trasero está perfectamente definido en cuanto a geometría dinámica, puesto que no sorprende al conductor con acciones drásticas, incluso con una actuación decidida sobre el freno en apoyo. Hablando de frenos, también aquí nos ha parecido correcto el funcionamiento del Avenger. Las cifras de parada desde 140 km/h no son de infarto, pero cumplen con la media de la categoría. Y en cuanto a su resistencia a la fatiga, no hemos tenido especial queja en nuestro habitual recorrido de serranía. Ralentizando un poco la marcha, podemos entrar a analizar este nuevo Dodge en su faceta más estática. Lo primero que se adivina es una longitud poco habitual para el segmento de berlinas medias donde se inscribe. No está lejos de los 4,9 metros y, a primera vista, no lo parece. En ello, sin duda, tiene mucha responsabilidad unos paragolpes muy “extrovertidos”, tanto delante como detrás. No decimos si la estética es agraciada o no —cada uno pensará una cosa— pero sí que mucha gente vuelve la cabeza al verlo. Original, no hay duda de que es, y como otros modelos de la marca, no hay nada similar a este lado del Atlántico. Estas “rocosas” formas influyen en la aerodinámica, para mal. El Cx de 0,33 no es de los más brillantes de la categoría y si bien como cifra en sí no es mala, teniendo en cuenta la longitud de la carrocería y la conseguida por la mayoría de sus rivales, digamos que podría mejorarse. Tras abrir la puerta, nos encontramos con el capítulo menos brillante del Avenger. El plástico que cubre el salpicadero y los paneles de puerta no ofrece la prestancia de la mayoría de los europeos Su presentación interior y la terminación de algunos de sus elementos en el habitáculo deja bastante que desear. Sobre todo si tenemos en cuenta que nos piden más de 25.000 euros por el coche. El plástico que cubre el salpicadero y los paneles de puerta no ofrece la prestancia de la mayoría de los europeos y el diseño no resulta tan cuidado como se acostumbra en estos lares.

Afortunadamente, esta versión dispone de asiento del conductor con reglaje eléctrico, lo que unido al reglaje en altura y profundidad del volante, genera una buena posición de conducción. La palanca de cambios también posee un buen tacto en su manejo: firme, bastante precisa y con recorridos no especialmente largos. Los asientos delanteros aparentan un diseño deportivo, con remarcados pétalos laterales. Sin embargo, no sabemos si por el tapizado de cuero con que nos obsequian como elemento incluido en serie en esta versión, no sujetan tanto como aparentan y en conducción dinámica hay que sujetarse a elementos accesorios para no ir de un lado a otro. El confort que proporcionan no es sobresaliente, pero cumplen con su cometido. Es de destacar la “nevera” disponible sobre la guantera frente al acompañante, con capacidad para cuatro botes de refresco… imaginamos Pasando atrás, destaca la anchura interior, excelente espacio para las piernas y nada recortada cota de altura. De esta guisa, un ocupante de 1,90 metros puede encajarse atrás con total confort. No hay duda que ahí, los diseñadores norteamericanos han tenido en cuenta las tallas que abundan por aquellos parajes. Como no puede ser de otra manera, el habitáculo está repleto de “posabotes” , aunque en ningún caso escamoteados, por lo que no deja de ser algo menos elegante de lo que pudiera. Es de destacar la “nevera” disponible sobre la guantera frente al acompañante, con capacidad para cuatro botes de refresco… imaginamos. Y detrás, el maletero. Con un cubicaje oficial muy tímido, al pasar por nuestro Centro Técnico ha mostrado su verdadero volumen, muy superior, algo que a simple vista ya parecía claro. Con casi 550 dm3, se muestra tremendamente apto tanto para ir a la costa con los pertrechos de toda la familia como para llenar de víveres el más grande de los frigoríficos.

Y por lo que respecta al equipamiento, nada mejor que un vistazo a la ficha técnica para comprobar que no dispone de encendido automático de luces y limpiaparabrisas, luces de xenón o sensores de aparcamiento, todos ellos elementos de lo más común en su segmento e inferiores. Por el contrario, el cuero siempre parece ser una llamada a un específico tipo de clientela —afortunadamente acompañado de asientos delanteros calefactables— y el sistema de aire acondicionado que trae de serie es de lo más rudimentario. La opción de climatizador es barata y, en consecuencia, nos parece de obligatoria elección.

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