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Dacia Logan Break 1.6

Esta variante del Logan eleva a la máxima potencia el pragmatismo aplicado al automóvil. Con mínimas concesiones estéticas y sin dar pábulo a cualquier elemento superfluo, consigue ofertar, a un precio récord, una carrocería amplia, práctica, modulable y con capacidad para siete plazas.
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Dacia Logan Break 1.6
La versión mecánica probada es la del motor de cuatro cilindros multiválvulas de 1,6 litros, ya conocido en la gama Clio en su versión de 110 CV, que para la ocasión ha sido reducida a 105 CV nominales. El motivo son los ajustes necesarios para reducir las emisiones de CO2 a 170 gr/km. Sobre el papel, superar la cifra de los 100 CV parece algo bueno de cara a las cualidades dinámicas de un coche, cuyo peso es bastante contenido. En la práctica, los resultados son buenos a coche vacío. Las prestaciones, como puede comprobarse, no son las de un deportivo, pero se mantienen dentro de unos márgenes más que razonables. La cosa se complica algo más a medida que vamos utilizando la generosa capacidad de carga disponible y es que la cifra de par, que ronda los 15 mkg empieza a resultar corta para mover con soltura los más de 1.800 kg que puede llegar a pesar el Logan a plena carga. En estas condiciones, el uso del cambio debe multiplicarse y los adelantamientos deben calcularse con un criterio muy pesimista, ya que la reserva de aceleración disponible queda bastante justa. Algo parecido ocurre con los consumos que se mantienen en unos márgenes razonables a cruceros legales, pero que resultan muy sensibles, a la carga y a los cambios de ritmo.

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La configuración de chasis y suspensión responden perfectamente a los requerimientos de la mecánica que tampoco son excesivos. Con una implantación bastante convencional y unos tarados de muelle y amortiguador muy bien resueltos a nuestro juicio, el Logan break es capaz de ofrecer un excelente equilibrio entre confort y estabilidad que se nos antoja, junto con la habitabilidad como la mejor cualidad del coche. Hay que decir que a su favor juega su generosa distancia entre ejes que, ya de por sí, garantiza unas reacciones bastante progresivas, pero lo cierto es que sólo con eso no sería suficiente para obtener los resultados que muestra. Teniendo en cuenta que la variación de peso entre coche vacío o a plena carga es importante hay que decir que, con el conductor solo a bordo el eje posterior no presenta rebotes ni se muestra excesivamente duro como podría esperarse. Sobre asfalto en buen estado la conducción es bastante sencilla e intuitiva. El coche responde con suficiente fidelidad a las órdenes del volante y sólo cuando se supera el umbral de adherencia, que por otra parte tampoco es muy elevado, inicia un leve subviraje muy controlable y en absoluto excesivo. Pero tal vez lo que más nos ha llamado la atención es la agilidad que es capaz de demostrar el Logan en zonas muy viradas. El tren trasero nunca nos mete en líos, lo cual es de agradecer, si tenemos en cuenta que no disponemos de ESP, pero se muestra muy receptivo a las transferencias de masas y es capaz de deslizar lo justo para ayudarnos en los virajes más cerrados. Los casi tres metros de batalla se encargan de que ese deslizamiento se produzca casi a “cámara lenta” con lo que resulta muy fácil de controlar. Aunque parezca mentira el Logan es capaz de proporcionarnos más diversión que muchos modelos que se califican de deportivos. Las prestaciones pueden ser modestas pero manteniéndole en los límites de adherencia resulta muy satisfactoria para los que gustan de este tipo de conducción. Las presiones recomendadas de 2,4 bar delante y 2,6 bar detrás nos pueden servir de pista para intuir lo que decimos del tren posterior. La firmeza de las suspensiones es suficiente como para que el comportamiento sobre piso irregular no se degrade en exceso, aunque bajo este tipo de pavimento se perciben algunas imprecisiones que no se presentan sobre asfalto liso. Los frenos están dimensionados para las prestaciones y aguantan razonablemente bien el trabajo duro, pero las distancias de frenado han sido un tanto largas para su peso. Es cierto que en buena medida hay que responsabilizar de ello a los neumáticos, cuya adherencia no es especialmente brillante. Se trata, en resumen, de un modelo sumamente práctico, con unas grandes dosis de polivalencia y con una relación precio/producto muy honesta. No es un prodigio de calidad, pero tampoco lo pretende y tiene a su favor un apartado mecánico de probada fiabilidad y prestaciones suficientes. La versión mecánica probada es la del motor de cuatro cilindros multiválvulas de 1,6 litros, ya conocido en la gama Clio en su versión de 110 CV, que para la ocasión ha sido reducida a 105 CV nominales. El motivo son los ajustes necesarios para reducir las emisiones de CO2 a 170 gr/km. Sobre el papel, superar la cifra de los 100 CV parece algo bueno de cara a las cualidades dinámicas de un coche, cuyo peso es bastante contenido. En la práctica, los resultados son buenos a coche vacío. Las prestaciones, como puede comprobarse, no son las de un deportivo, pero se mantienen dentro de unos márgenes más que razonables. La cosa se complica algo más a medida que vamos utilizando la generosa capacidad de carga disponible y es que la cifra de par, que ronda los 15 mkg empieza a resultar corta para mover con soltura los más de 1.800 kg que puede llegar a pesar el Logan a plena carga. En estas condiciones, el uso del cambio debe multiplicarse y los adelantamientos deben calcularse con un criterio muy pesimista, ya que la reserva de aceleración disponible queda bastante justa. Algo parecido ocurre con los consumos que se mantienen en unos márgenes razonables a cruceros legales, pero que resultan muy sensibles, a la carga y a los cambios de ritmo. La configuración de chasis y suspensión responden perfectamente a los requerimientos de la mecánica que tampoco son excesivos. Con una implantación bastante convencional y unos tarados de muelle y amortiguador muy bien resueltos a nuestro juicio, el Logan break es capaz de ofrecer un excelente equilibrio entre confort y estabilidad que se nos antoja, junto con la habitabilidad como la mejor cualidad del coche. Hay que decir que a su favor juega su generosa distancia entre ejes que, ya de por sí, garantiza unas reacciones bastante progresivas, pero lo cierto es que sólo con eso no sería suficiente para obtener los resultados que muestra. Teniendo en cuenta que la variación de peso entre coche vacío o a plena carga es importante hay que decir que, con el conductor solo a bordo el eje posterior no presenta rebotes ni se muestra excesivamente duro como podría esperarse. Sobre asfalto en buen estado la conducción es bastante sencilla e intuitiva. El coche responde con suficiente fidelidad a las órdenes del volante y sólo cuando se supera el umbral de adherencia, que por otra parte tampoco es muy elevado, inicia un leve subviraje muy controlable y en absoluto excesivo. Pero tal vez lo que más nos ha llamado la atención es la agilidad que es capaz de demostrar el Logan en zonas muy viradas. El tren trasero nunca nos mete en líos, lo cual es de agradecer, si tenemos en cuenta que no disponemos de ESP, pero se muestra muy receptivo a las transferencias de masas y es capaz de deslizar lo justo para ayudarnos en los virajes más cerrados. Los casi tres metros de batalla se encargan de que ese deslizamiento se produzca casi a “cámara lenta” con lo que resulta muy fácil de controlar. Aunque parezca mentira el Logan es capaz de proporcionarnos más diversión que muchos modelos que se califican de deportivos. Las prestaciones pueden ser modestas pero manteniéndole en los límites de adherencia resulta muy satisfactoria para los que gustan de este tipo de conducción. Las presiones recomendadas de 2,4 bar delante y 2,6 bar detrás nos pueden servir de pista para intuir lo que decimos del tren posterior. La firmeza de las suspensiones es suficiente como para que el comportamiento sobre piso irregular no se degrade en exceso, aunque bajo este tipo de pavimento se perciben algunas imprecisiones que no se presentan sobre asfalto liso. Los frenos están dimensionados para las prestaciones y aguantan razonablemente bien el trabajo duro, pero las distancias de frenado han sido un tanto largas para su peso. Es cierto que en buena medida hay que responsabilizar de ello a los neumáticos, cuya adherencia no es especialmente brillante. Se trata, en resumen, de un modelo sumamente práctico, con unas grandes dosis de polivalencia y con una relación precio/producto muy honesta. No es un prodigio de calidad, pero tampoco lo pretende y tiene a su favor un apartado mecánico de probada fiabilidad y prestaciones suficientes.
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