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Dacia Sandero 1.6 Laureate: pasado y presente

La gama Dacia se ensancha con el Sandero, una berlina con carrocería de dos volúmenes que mejora la estética de su hermano, el Logan. También encaminado a las economías menos pudientes el Sandero posee una presentación más cuidada y utiliza el bastidor y la mecánica de un Renault Clio de pasadas generaciones.
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Dacia Sandero 1.6 Laureate: pasado y presente
Ahora viene el momento de enfrentarse con la carretera, algo que en coches de este precio suele ser la auténtica prueba de fuego. Bajo el capó del Sandero se encuentra un motor de penúltima generación de Renault pero que todavía da bastante juego. Ya su paso por el banco de pruebas ha demostrado que se encuentra más en forma de lo que su potencia nominal afirma. Su único árbol de levas podría anunciar una falta de elasticidad, ahora que proliferan las culatas con dos árboles y distribución variable.
Sin embargo, hay veces que volver la mirada al cercano pasado no resulta tan frustrante, porque aquí hemos comprobado que este 1.6 es un prodigio de elasticidad, ya que a 1.750 rpm ya entrega el 95 por ciento del par máximo, que se obtiene a unas moderadas 3.300 rpm. Esto se traduce en que, de cara a una conducción económica pero también eficaz, podemos movernos entre ambas cifras de giro y el coche responde con celeridad entre el tráfico. También es cierto que la inexistencia de una distribución más sofisticada hace que pasadas las 5.000 rpm, el Sandero 1.6 no vea una ganancia clara en aceleración, por lo que es conveniente un paso a la marcha superior. En conjunto, una conducta muy adecuada a un conductor tranquilo y pausado, sin duda, el cliente por el que Dacia apuesta para su Sandero.

Este tipo de respuesta mecánica, junto a un peso contenido -que en nuestra báscula no lo ha sido tanto, dado el equipamiento opcional montado en esta unidad- da como resultado unos consumos aquilatados. No llegar a los 8,5 litros en ciudad y bajar de los 6,5 en carretera, son cifras asumibles en un entorno de precios de combustibles como el actual. De hecho, en nuestra utilización diaria –sin contar el exigente recorrido de pruebas habitual ni los de consumo- hemos mantenido la cifra de consumo en 6,5 l/100 km, mezclando algo de ciudad, vías de circunvalación y zona residencial, siempre evitando superar los límites de velocidad genéricos. Creemos que la cifra es notable y se puede equiparar a la de uso de un cliente tipo. Este Sandero no dispone de ESP y el número de airbags no incluye los que necesitarían algunos de sus ocupantes. Entrar a comprobar la aptitud del Sandero frente a una prueba dinámica es reconocer viejas conductas vividas, años atrás, en el Clio. Amortiguación somera, por lo que, en baches profundos tomados en apoyo, el coche pierde un poco la trayectoria, junto a unos muelles firmes, que aseguran un buen aplomo sobre todo tipo de curvas, hacen que el coche se comporte de manera más que satisfactoria. El tren delantero no muestra pérdidas de motricidad ni en situaciones de alta exigencia y mantiene, en todo momento, el mando sobre la trayectoria elegida. Se ha evitado un tren trasero vivo, que tome decisiones propias al cambiar de carga el motor en apoyo, para que el conductor no tenga que corregir sobrevirajes. El equilibrio entre los trenes es bueno, por lo que no se echa de menos la falta de ESP, a no ser que surja una situación de emergencia. La dirección es otro de los elementos que nos retrotrae a unos cuantos años atrás y nos hace, de verdad, no echar de menos algunos de los sistemas eléctricos ahora imperantes en la servoasistencia. Cierto que podría parecer un poco dura para personas con poca fuerza física, pero una vez acostumbrado genera un buen tacto. En fin, que con el Sandero realizas un viaje de una década atrás y compruebas el buen sabor de lo añejo.

Sandero, la segunda berlina
Ahora viene el momento de enfrentarse con la carretera, algo que en coches de este precio suele ser la auténtica prueba de fuego. Bajo el capó del Sandero se encuentra un motor de penúltima generación de Renault pero que todavía da bastante juego. Ya su paso por el banco de pruebas ha demostrado que se encuentra más en forma de lo que su potencia nominal afirma. Su único árbol de levas podría anunciar una falta de elasticidad, ahora que proliferan las culatas con dos árboles y distribución variable. Sin embargo, hay veces que volver la mirada al cercano pasado no resulta tan frustrante, porque aquí hemos comprobado que este 1.6 es un prodigio de elasticidad, ya que a 1.750 rpm ya entrega el 95 por ciento del par máximo, que se obtiene a unas moderadas 3.300 rpm. Esto se traduce en que, de cara a una conducción económica pero también eficaz, podemos movernos entre ambas cifras de giro y el coche responde con celeridad entre el tráfico. También es cierto que la inexistencia de una distribución más sofisticada hace que pasadas las 5.000 rpm, el Sandero 1.6 no vea una ganancia clara en aceleración, por lo que es conveniente un paso a la marcha superior. En conjunto, una conducta muy adecuada a un conductor tranquilo y pausado, sin duda, el cliente por el que Dacia apuesta para su Sandero.

Este tipo de respuesta mecánica, junto a un peso contenido -que en nuestra báscula no lo ha sido tanto, dado el equipamiento opcional montado en esta unidad- da como resultado unos consumos aquilatados. No llegar a los 8,5 litros en ciudad y bajar de los 6,5 en carretera, son cifras asumibles en un entorno de precios de combustibles como el actual. De hecho, en nuestra utilización diaria –sin contar el exigente recorrido de pruebas habitual ni los de consumo- hemos mantenido la cifra de consumo en 6,5 l/100 km, mezclando algo de ciudad, vías de circunvalación y zona residencial, siempre evitando superar los límites de velocidad genéricos. Creemos que la cifra es notable y se puede equiparar a la de uso de un cliente tipo. Este Sandero no dispone de ESP y el número de airbags no incluye los que necesitarían algunos de sus ocupantes. Entrar a comprobar la aptitud del Sandero frente a una prueba dinámica es reconocer viejas conductas vividas, años atrás, en el Clio. Amortiguación somera, por lo que, en baches profundos tomados en apoyo, el coche pierde un poco la trayectoria, junto a unos muelles firmes, que aseguran un buen aplomo sobre todo tipo de curvas, hacen que el coche se comporte de manera más que satisfactoria. El tren delantero no muestra pérdidas de motricidad ni en situaciones de alta exigencia y mantiene, en todo momento, el mando sobre la trayectoria elegida. Se ha evitado un tren trasero vivo, que tome decisiones propias al cambiar de carga el motor en apoyo, para que el conductor no tenga que corregir sobrevirajes. El equilibrio entre los trenes es bueno, por lo que no se echa de menos la falta de ESP, a no ser que surja una situación de emergencia. La dirección es otro de los elementos que nos retrotrae a unos cuantos años atrás y nos hace, de verdad, no echar de menos algunos de los sistemas eléctricos ahora imperantes en la servoasistencia. Cierto que podría parecer un poco dura para personas con poca fuerza física, pero una vez acostumbrado genera un buen tacto. En fin, que con el Sandero realizas un viaje de una década atrás y compruebas el buen sabor de lo añejo.

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