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Comparativa: Peugeot RCZ 1.6 THP vs VW Beetle 1.4 TSI

No son dos compactos al uso; son, de hecho, posiblemente los más originales del mercado. Uno, el Volkswagen Beetle, por ser un brillante ejercicio de estilo que apela a la historia viva del automóvil; Otro, el Peugeot RCZ, por la deportividad que transmite ya desde su imagen. En definitiva, dos coupés muy especiales y diferentes en la forma… aunque no tanto en el fondo.
Jordi Moral y Equipo de Pruebas.

Twitter: @jordimoralp. Fotos: Israel Gardyn -

Comparativa: Peugeot RCZ 1.6 THP vs VW Beetle 1.4 TSI

Volkswagen Beetle y Peugeot RCZ tienen, sin duda, su propia denominación de origen. Y tanto uno como otro con la emoción por bandera, pero a través, eso sí, de un entusiasmo que en VW y Peugeot se vive de distinta manera.  Buscando así escapar del tradicional compacto familiar, ya muy bien representado en sus gamas por los superventas VW Golf y Peugeot 308, esto es otra cosa.

 

Con su moderno VW Beetle, la marca alemana recupera ya sí el aroma más clásico, el de un popular y querido Escarabajo que, lanzado en 1938, es aún el coche de la historia que más años ha estado en producción. Por algo será. Mientras, con el actualizado Peugeot RCZ, la firma francesa apuesta a un estimulante deportivo, tan imponente en su continente como eficaz en su contenido. Y ambos, sin parecerlo, con más punto en común que ese enfoque pasional. A saber.

 

Si uno, el Beetle, deriva del Golf (eso sí, de la anterior generación), el otro, el RCZ, toma la base del también anterior 308 (claro que con batalla alargada, menor altura y vías ensanchadas); tienen prácticamente las mismas dimensiones (aunque distinta proporción), los dos conforman además un coupé de 2+2 plazas, siempre de tracción delantera (y la ejecutan de manual), con un peso similar (no llegan a 1.400 kg), un elevado refinamiento y, también aquí, con dos versiones turbo de gasolina de 160 y 156 CV, respectivamente, tan rápidas como progresivas. Hasta calcan desarrollos de sus cambios manuales de 6 relaciones, bastante cortas por cierto para afinar prestaciones y generar gran agrado de marcha. A partir de aquí, diferencias. Matices que salen a la luz al sentarnos ya en ellos.

 

Se ve… y se siente

Esa apariencia más deportiva del Peugeot RCZ pronto cobra sentido. En él vas sentado mucho más bajo, el salpicadero inclinado te mete casi en un «cockpit», el asiento es semi-backet, mientras que dirección y cambio son de tacto más duro, más directo, aun sin llegar al cariz más radical por ejemplo de un Toyota GT86. Por no hablar ya de cómo suena (bonito al ralentí, muy tentador desde 3.500 rpm)ode la seductora vista por los retrovisores de sus poderosas aletas. Gran ambiente, impecable además por su tapizado en cuero y buenos ajustes, que trasciende lo deportivo.

 

Deportividad que en el VW Beetle se simula también con un spoiler fijo, ensanchados pasos de rueda, un volante de base achatada… y ya. Para lograr un tacto más firme debes ir a un acabado Sport con tren de rodaje específico. Lo suyo, en cambio, es más la vía nostálgica, por formas, coloridos y hasta por distintas ediciones especiales, como nuestra ya agotada y curiosa serie Fender, aunque la hay también de los 50’ y, en el Cabrio, de los 70’. Y, como buen VW, lo suyo es también más la funcionalidad.

 

Y es que, más lento y asistido de dirección y cambio, y más filtrado incluso de sonido, el Volkswagen Beetle es a cambio más práctico. Más alto, es más cómodo en el acceso, en el mullido de asientos y, ante todo, en espacio, con 2 plazas traseras utilizables al menos por adultos de 1,80 m, lejos de la «pecera» que deja el RCZ. Y el maletero, aunque bueno y de similar capacidad, cuenta con un portón más grande. El Beetle por tanto se acerca así más al concepto de tradicional compacto, mientras el RCZ al de auténtico coupé. Pero, ¿también en carretera?

 

Felino superior

Rodar con VW Beetle y Peugeot RCZ conlleva también sorpresas. Porque esa mayor suavidad y filtración comentada del VW no se traduce luego en carretera en más comodidad. Cierto que el Peugeot va más duro (e incluso hoy, por sus mayores neumáticos 235/40 ZR 19, nos parece incrementarlo aunque no cambia tarados), pero luego suena poco y tiene esa gran amortiguación de los mejores Peugeot; esa que lleva a absorber muy bien el bache. Deportivo, sí, pero no incómodo.

 

Este VW Beetle, en cambio, no alcanza la calidad de los mejores VW. Ni del nuevo Golf, ni del viejo, ya que, fabricado en México, no es que de origen montase un sencillo eje trasero torsional como el Peugeot RCZ, es que, como el Jetta americano, llevaba un eje rígido unido a dos brazos transversales y con una barra Panhard, solución ya abandonada en Europa; elemento que, sin duda, genera más oscilación vertical, no sólo en el bache, sino incluso en los cambios de dirección y carril.

 

VW ya lo ha corregido, sustituyéndolo ya de fábrica por el multibrazo que tan buen resultado ha dado en el último año en sus versiones superiores y en los Cabrio probados. Cuestión que, cuando la probemos, afinará seguro su dinámica buscando alcanzar en este caso al RCZ. Que no es fácil, porque el Peugeot responde francamente bien.

 

Muy preciso de guiado, con un cambio rápido y un motor 1.6 THP de origen BMW que impone cilindrada con una gran respuesta desde 1.500 rpm y una excelente estirada (corta cerca de 7.000), el Peugeot RCZ resulta muy eficaz. Muy ancho y con un bajo centro de gravedad, la curva rápida la gestiona con un altísimo aplomo, mientras que con apoyos casi planos la cerrada la supera con nota. Cierto que podría ganar agilidad con un tren delantero algo menos pesado y una trasera ligeramente más suelta (lo comprobamos sobre todo en circuito y el nuevo Peugeot RCZ R sí añade en este sentido mejoras), pero en carretera crea un comportamiento muy fácil y efectivo. Su buena motricidad permite abrir pronto gas a la salida de la curva y se recupera de maravilla incluso del fuerte cambio de apoyo. Ni se mueve, y frena muy bien.

 

El VW Beetle, mientras, sigue de inicio su estela, apoyado también en un motor 1.4 TSI doblemente sobrealimentado por turbo y compresor, que casi parece un TDI. No vibra, es incluso más inmediato que el 1.6 THP del RCZ (de ahí sus mejores adelantamientos) y, además, gasta hasta 0,6 l/100 km menos. No tiene la pegada final del Peugeot, y con 60 kg más de sobrepeso, lo paga en cambio en aceleraciones largas más lentas, pero es también muy rápido. Sin embargo, con una carrocería más suelta y más balanceo en el apoyo, unido a una dirección más lenta y que pide «manotear» más, el VW Beetle termina perdiendo su estela.

 

El VW Beetle no tiene, por tanto, el movimiento de cintura del Peugeot RCZ y es menos inmediato, pero también muestra impecables reacciones sin pérdidas evidentes de trayectoria. Puede controlarse casi a base de mayor o menor gas, tracciona muy bien y, aunque no tan contundentes, sus frenos cumplen. En definitiva, estamos ante dos buenos coches que buscan al final prácticamente lo mismo: tocar la fibra sensible, aunque con una orientación diferente y un precio 2.500 € mayor en el más divertido y eficaz Peugeot RCZ. Entre tú y yo, me valen los dos… ¡porque vaya imagen la del Beetle!

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