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Comparativa: Citroën C3 1.2 VTI frente a Lancia Ypsilon 1.2

Existen modelos que por su específica estética y presentación o su propia definición buscan más el agrado visual y de utilización que la propia practicidad. Tanto el Lancia Ypsilon como el Citroën C3 entran de pleno derecho en esa categoría.
Francisco Morillo -
Comparativa: Citroën C3 1.2 VTI frente a Lancia Ypsilon 1.2

Para una buena parte de los compradores de coches, las formas redondeadas siguen siendo una de las más apetecibles, manteniéndose lejos de lo que las modas indiquen. Nuestros dos protagonistas hacen buena gala de ellas, además de una presentación muy específica para los amantes de los aspectos y esencias diferenciadas, como queda reflejado, por ejemplo, en el salpicadero de este Ypsilon Elefantino o detalles como el perfumador del habitáculo emplazado ante el conductor del Citroën C3.

 

A gusto

Estar así es una de las principales premisas que se han propuesto a la hora contentar a los conductores en estos modelos. Sin duda, el Lancia es bastante más llamativo, ya desde el mismo momento en que te acercas a él, con los paragolpes pintados en el mismo color de la carrocería y sus atractivos tapacubos, que simulan a la perfección unas inexistentes llantas de aleación. Tras abrir la puerta, nos dan la bienvenida el buen gusto y una clase inhabitual en los materiales y terminación sobre un modelo de 11.000 euros de precio. El puesto de conducción concentra sus mandos en la consola central, culminada en su cima por un tablero de instrumentos que no interfiere en el emplazamiento ideal del volante, cualquiera que sea nuestra posición de conducción preferida. Cierto es que aquél sólo posee regulación en altura, pero la definición de los mandos principales permite la obtención de una buena postura de conducción

Los asientos del Lancia Ypsilon poseen un mullido bastante firme, sobre todo, si se tiene en cuenta que, en muchos casos, serán personas livianas, en su mayoría, las que graviten sobre ellos. El tacto de los mandos es bueno, destacando por su originalidad la doble potencia en la asistencia eléctrica de la dirección, que la convierte en una pluma al apretar la tecla City. El mando del cambio también es más agradable y suave que en el Citroën C3, con lo que la conducción de este Lancia es tremendamente satisfactoria

El Citroën C3 busca otros atractivos y el primero, a la vista está, es su gran superficie acristalada que, en opción, puede extremarse con un parabrisas que llega casi a la mitad del techo. Sin duda, es interesante en climas nórdicos, pero en nuestro país, donde el Sol pega incluso en invierno —siempre que brille—, no lo es tanto. En fin, una opción que satisfará según gustos. Sentados al volante, se obtiene en el C3 una posición de conducción algo mejor que en el Lancia Ypsilon, en parte por la posibilidad de regular el volante en dos planos, pero éste es más aparatoso y la dirección es algo menos rápida, por lo que para ese grupo específico de clientela formado por féminas, debería resultar más agradable de manejar el Ypsilon. Sin embargo, los asientos delanteros nos parecen mejores en este C3, con un mullido más acogedor aunque no tan vistoso. 

Dando un salto hacia atrás, la gran diferencia —nada menos que diez centímetros— la encontramos en la cota de anchura de las plazas traseras. Si ya el Citroën C3 se antoja difícilmente asumible como cinco plazas, el Lancia Ypsilon es, sin duda, un real cuatro plazas. De hecho, es así como se oferta de forma natural, siendo una opción, sin coste, la posibilidad de tres teóricas plazas en el asiento trasero. Y del maletero, ¿qué? Pues, en coches destinados, sobre todo, a un uso ciudadano o de cortos recorridos, tiene una importancia menos decisiva que si fueran modelos más específicos para viajar. Y, aunque no por mucho, el Citroën C3 se impone con un cifra de volumen interesante para su longitud total: 300 litros, medidos por nuestro Centro Técnico con su sistema de acumulación de bolas, diferente, y más preciso, al de homologación.

 

Tres o cuatro 

Nos referimos a la tendencia, casi generalizada, de supresión de un cilindro en los nuevos motores de baja cilindrada —hasta dejarlos en tres— o, como en el Lancia Ypsilon, la actualización de un propulsor veterano, pero en el que se mantiene ese cuarto elemento, ahora, parece, tan denostado. Y, por lo visto en esta confrontación, pues dicha reducción tampoco tiene tanto que ver con el consumo y, nos parece, sí más con la reducción de costes, al ahorrase, más o menos, un cuarto del total. El caso es que, entre el Citroën y el Lancia, a la hora de gastar combustible, las diferencias son pequeñas, de algunas décimas de litro cada cien kilómetros y eso da que pensar que, quizás, se han matado moscas a cañonazos. 

Con seguridad, algún responsable del Grupo PSA, tras leer lo anterior, nos dirá: «pero no comentáis la diferencia de peso entre ambos y, sobre todo, de prestaciones». Efectivamente, para eso tenemos a nuestro imaginario directivo, que nos ha quitado la palabra de la boca, perdón, de la tecla del ordenador. Según nuestra báscula, las dos unidades testadas se diferencian en 65 kg —tampoco es tanto, «monsieur»— a favor del Ypsilón, más ligero, y en el Lancia Ypsilon se ha optado por unos desarrollos de transmisión mucho más largos, que le permiten cruceros estables a regímenes de motor bastante más relajados. Por contra, las aceleraciones y, sobre todo, los adelantamientos muestran la ventaja para el motor del Citroën C3 de tirar de desarrollos más cortos. Lo uno por lo otro, resulta que éste es bastante más dinámico pero casi igual de austero. Sin embargo, éste no parece ser el objetivo más pretendido, hoy en día, por los fabricantes.

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