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Citroën Xsara Picasso y Citroën C3 Picasso

Fue el primer automóvil con nombre de artista y desplegó oficio: dibujó un nuevo espacio doméstico. Durante más de una década, el popular Xsara Picasso movilizó a la familia. Hoy, cuando brilla ya en el museo, Citroën aspira al relevo generacional: por concepto y precio, un buen discípulo C3 Picasso. Larga vida al genio.
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Citroën Xsara Picasso y Citroën C3 Picasso

A la izquierda, un primer plano del rostro de Picasso. Por debajo, una pequeña foto del nuevo monovolumen de Citroën. Y arriba, en caligrafía infantil, una frase: “Mamá, ¿por qué el señor se llama como el coche?”. Era entonces 1998 y la marca francesa sorprendía no sólo por la presentación de una nueva variante de su ya muy popular compacto Xsara, sino también por la publicidad y la denominación que elegía para su lanzamiento. ¿Merecía un automóvil el nombre de un genio?

Parecía, desde luego, una irreverencia, una idea loca. Como también la particular imagen de un nuevo Xsara Picasso que, si bien tampoco mereció nunca acusaciones como las que 50 años antes calificaron a su bisabuelo, el legendario Citroën 2CV, de “lata de conservas” o “cuatro ruedas bajo un paraguas” (emitida ésta directamente por el propio presidente de la marca), consiguió con el paso del tiempo aceptación.

Y es que, esta vez ya desde su fase de desarrollo, el Citroën Xsara Picasso nacía con vocación de maestro. Por nombre, que por cierto generó discusiones de patente hasta el acuerdo final con una Fundación Picasso que llegó a crear una comisión para supervisar su correcta utilización; y, sobre todo, por filosofía. Roto antes el fuego por el Renault Scénic, y animado por el éxito comercial de una nueva categoría familiar al alza que veía llegar también a los Fiat Multipla y Opel Zafira, Citroën aprendía de las carencias de sus rivales.

Creaba así Citroën un monovolumen “redondo”. No sólo por un diseño con el que prometía batir récords de habitabilidad, sino también por su cuidada y mejorada funcionalidad. Sobre la plataforma del Xsara, se caracterizó por su piso completamente plano, sin escalones; por sus tres buenos asientos traseros independientes, ligeros y de muy fácil mecanismo de desmontaje; por su buena capacidad de carga y múltiples huecos de almacenamiento; por su confort de marcha… Y, por encima de todo, por un precio de partida muy ajustado para acceder a todo tipo de público. Lo que no representaba, en cambio, novedad para Citroën.

La marca, pionera desde 1919 por desarrollar el primer coche europeo fabricado en serie -Tipo A- y por introducir también en el Viejo Continente en 1924 la carrocería de acero para automóviles, apostó ya en los años 30 por el bajo precio como estrategia de ventas. Hasta el punto de acarrearle grandes pérdidas financieras. Este recurso se prolongó en el tiempo hasta que, ya en 2006, alcanzó su máxima expresión. Ese año Citroën lanzaba el avanzado monovolumen C4 Picasso, teórico sustituto del Xsara Picasso. Sin embargo, y por sorpresa, mantuvo en el mercado a este último: redujo su gama y abarató más las tarifas.

Prácticamente Citroën inauguraba el monovolumen de bajo coste. Y así durante 5 años más. Hoy, cuando cesa ya definitivamente su fabricación, cimentada en una factoría del grupo PSA en Vigo que obtuvo con él su más alta producción, Citroën parece querer también cerrar ciclo. Con una gama ahora actualizada y una estrenada línea de producto con enfoque prácticamente “premium” (bajo nuevo nombre DS), busca buenos precios, sí, pero sobre todo mejor imagen.

Otro cubista
Y aquí, en esta evolución, es donde el funcional Citroën C3 Picasso comienza a jugar su papel para cobrar mayor protagonismo. A rey muerto, rey puesto. Su diseño moderno y cúbico para facilitar el espacio a bordo, la herencia de detalles funcionales, un precio que le acercan más al Xsara Picasso que un C4 Picasso más lujoso y sofisticado… le coronan como heredero. Cierto que adaptado a nuevos tiempos con dimensiones algo más contenidas, pero con mismo objetivo final: seguir movilizando a la familia media como hasta la fecha hacía el Xsara Picasso.

De hecho, en nuestra última supercomparativa de monovolúmenes, el Citroën C3 Picasso resultó vencedor a los puntos. ¿Qué tienen los monovolúmenes de Citroën que tanto gustan? Construidos alrededor de sus ocupantes, el C3 Picasso sirve de respuesta. En poco más de 4 metros de longitud ofrece sensación de espacio… y espacio real.

Estas mecánicas acapararon en España hasta un 85 por ciento de las ventas del Xsara Picasso. Sus alternativas eran motores 1.6 HDi de 90 y 110 CV… como hoy ofrece el C3 Picasso. Eso sí, con doce años de diferencia, y distinta evolución de carrocería, también los propulsores se actualizaron con los años. Un ejemplo es el 1.6 HDI de 110 CV: aun en misma versión comercial, sus distintas denominaciones internas (C-9HY en Xsara y D-9HZ en C3) hablan de diferente generación. Y, al compararlos, claro mejor aislamiento y mayor eficiencia en el C3 Picasso para unas prestaciones casi calcadas al anterior Xsara.
Dos generaciones

A la izquierda, un primer plano del rostro de Picasso. Por debajo, una pequeña foto del nuevo monovolumen de Citroën. Y arriba, en caligrafía infantil, una frase: “Mamá, ¿por qué el señor se llama como el coche?”. Era entonces 1998 y la marca francesa sorprendía no sólo por la presentación de una nueva variante de su ya muy popular compacto Xsara, sino también por la publicidad y la denominación que elegía para su lanzamiento. ¿Merecía un automóvil el nombre de un genio?

Parecía, desde luego, una irreverencia, una idea loca. Como también la particular imagen de un nuevo Xsara Picasso que, si bien tampoco mereció nunca acusaciones como las que 50 años antes calificaron a su bisabuelo, el legendario Citroën 2CV, de “lata de conservas” o “cuatro ruedas bajo un paraguas” (emitida ésta directamente por el propio presidente de la marca), consiguió con el paso del tiempo aceptación.

Y es que, esta vez ya desde su fase de desarrollo, el Citroën Xsara Picasso nacía con vocación de maestro. Por nombre, que por cierto generó discusiones de patente hasta el acuerdo final con una Fundación Picasso que llegó a crear una comisión para supervisar su correcta utilización; y, sobre todo, por filosofía. Roto antes el fuego por el Renault Scénic, y animado por el éxito comercial de una nueva categoría familiar al alza que veía llegar también a los Fiat Multipla y Opel Zafira, Citroën aprendía de las carencias de sus rivales.

Creaba así Citroën un monovolumen “redondo”. No sólo por un diseño con el que prometía batir récords de habitabilidad, sino también por su cuidada y mejorada funcionalidad. Sobre la plataforma del Xsara, se caracterizó por su piso completamente plano, sin escalones; por sus tres buenos asientos traseros independientes, ligeros y de muy fácil mecanismo de desmontaje; por su buena capacidad de carga y múltiples huecos de almacenamiento; por su confort de marcha… Y, por encima de todo, por un precio de partida muy ajustado para acceder a todo tipo de público. Lo que no representaba, en cambio, novedad para Citroën.

La marca, pionera desde 1919 por desarrollar el primer coche europeo fabricado en serie -Tipo A- y por introducir también en el Viejo Continente en 1924 la carrocería de acero para automóviles, apostó ya en los años 30 por el bajo precio como estrategia de ventas. Hasta el punto de acarrearle grandes pérdidas financieras. Este recurso se prolongó en el tiempo hasta que, ya en 2006, alcanzó su máxima expresión. Ese año Citroën lanzaba el avanzado monovolumen C4 Picasso, teórico sustituto del Xsara Picasso. Sin embargo, y por sorpresa, mantuvo en el mercado a este último: redujo su gama y abarató más las tarifas.

Prácticamente Citroën inauguraba el monovolumen de bajo coste. Y así durante 5 años más. Hoy, cuando cesa ya definitivamente su fabricación, cimentada en una factoría del grupo PSA en Vigo que obtuvo con él su más alta producción, Citroën parece querer también cerrar ciclo. Con una gama ahora actualizada y una estrenada línea de producto con enfoque prácticamente “premium” (bajo nuevo nombre DS), busca buenos precios, sí, pero sobre todo mejor imagen.

Otro cubista
Y aquí, en esta evolución, es donde el funcional Citroën C3 Picasso comienza a jugar su papel para cobrar mayor protagonismo. A rey muerto, rey puesto. Su diseño moderno y cúbico para facilitar el espacio a bordo, la herencia de detalles funcionales, un precio que le acercan más al Xsara Picasso que un C4 Picasso más lujoso y sofisticado… le coronan como heredero. Cierto que adaptado a nuevos tiempos con dimensiones algo más contenidas, pero con mismo objetivo final: seguir movilizando a la familia media como hasta la fecha hacía el Xsara Picasso.

De hecho, en nuestra última supercomparativa de monovolúmenes, el Citroën C3 Picasso resultó vencedor a los puntos. ¿Qué tienen los monovolúmenes de Citroën que tanto gustan? Construidos alrededor de sus ocupantes, el C3 Picasso sirve de respuesta. En poco más de 4 metros de longitud ofrece sensación de espacio… y espacio real.

Estas mecánicas acapararon en España hasta un 85 por ciento de las ventas del Xsara Picasso. Sus alternativas eran motores 1.6 HDi de 90 y 110 CV… como hoy ofrece el C3 Picasso. Eso sí, con doce años de diferencia, y distinta evolución de carrocería, también los propulsores se actualizaron con los años. Un ejemplo es el 1.6 HDI de 110 CV: aun en misma versión comercial, sus distintas denominaciones internas (C-9HY en Xsara y D-9HZ en C3) hablan de diferente generación. Y, al compararlos, claro mejor aislamiento y mayor eficiencia en el C3 Picasso para unas prestaciones casi calcadas al anterior Xsara.
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