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Citroën Survolt

Se presentó en el pasado Salón de Ginebra prefigurando un deportivo capaz de rodar en circuito con cero emisiones, aunque la experiencia servirá para otros futuros coches de calle. Desde entonces está de gira, demostrando sus capacidades sin flaquear en ningún momento. Esta semana ha sido nuestro turno.
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Citroën Survolt
El 24 de febrero del presente año se da por finalizado su desarrollo para tomar rumbo al Salón de Ginebra, donde se presenta en sociedad. Segundo concepto eléctrico revolucionario, tras el Revolte, aquel simpático 2 CV del futuro también propulsión eléctrica. El Survolt vuelve a demostrar la capacidad de creación de la marca imponiendo un estilo fascinante. Pura fibra —de carbono, por su puesto—, este estilizado coupé de carreras atesora rincones en sus tres dimensiones para quedarse ensimismado contemplándolo. Como coche concepto, está claro que no es más que una aproximación al futuro. Pero el Survolt está realmente bien pensado, desarrollado y fabricado, tanto como para aguantar la batalla en su particular su periplo de “presentaciones” sin grandes incidencias.

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Citroen Survolt, el contacto

Parece sacado de un cómic, aunque en cierto modo está inspirando en los monoplazas —con dos asientos interiores en este caso, centrados en el habitáculo y prácticamente al ras del suelo —, como lo está su tren delantero compuesto por finos tubos que conforman dobles brazos superpuestos. Sin asistencia alguna, la dirección es muy directa, pero el radio de giro es inusualmente grande. Escueta la información técnica proporcionada por la marca. “Tan sólo queremos que sintáis la sensaciones de empuje de un verdadero coche de carreras propulsado a pilas”. Corto —3,85 m—, ancho —1,87 m— y muy bajo —1,20 m—, de lejos nos recuerda a un Lotus. Pesa 1.150 kilos baterías incluidas y sus dos motores eléctricos —uno por rueda— desarrollan 223 KW entre 0 y 5.000 rpm. Sus 140 kilos de batería de iones de litio con 31 Kw de capacidad se recargan, durante el gélido día de pruebas, refugiadas en una carpa con calefacción auxiliar. “Resulta vital adaptar las condiciones de temperatura para lograr una carga lineal y disponer en un corto periodo de tiempo la capacidad energética suficiente para los turnos de conducción”. En unas dos hora se alcanza el 80 por ciento, en diez, en la red eléctrica, el 100 por cien.

Extraoficialmente nos confirman unos 200 kilómetros de autonomía. Realmente no hay nada oficializado ni homologado, como el EX1 de Peugeot, con siete posibles récords de aceleración verificados por la FIA. A pleno rendimiento, el Survolt podría hacer el kilómetro con salida parada en 22 segundos —28,16 es el tiempo verificado por el EX1 de Peugeot en condiciones de homologación— y llegar a 100 km/h en menos de cinco segundos, siendo capaz de superar los 250 km/h de velocidad máxima. Nos cuentan otras eventuales ventajas de la propulsión eléctrica del Survolt: con un motor por rueda y una compleja gestión de par de podría optimizar la dinámica a gusto del consumidor. Sin diferencial mecánico, el motor de la rueda exterior compensa la diferencia de giro en el Survolt acelerándola. “Se podría incluso hacer girar en sentido contrario, aunque sólo sea para maniobrar a baja velocidad y proporcionar un efecto oruga”. Entre las reglas del juego, nos exigen acelerar y frenar siempre con el coche recto y nunca actuar sobre sus dos pedales a la vez para evitar que el Survolt pueda empezar a girar sobre sí mismo —intencionadamente lo probamos y en realidad se para al entrar en modo de emergencia, lo que exige volver resetear el sistema al completo—. El puesto de mandos está configurado para una mujer de talla más bien menuda y los arcos de seguridad —el único elemento hecho en acero— ponen a prueba nuestra flexibilidad, pero por fin “caemos” sobre unos estrechos backets. Arneses, volante similar a un monoplaza —con levas en levas incluidas, aunque inutilizadas—, botones por doquier y una impresionante pantalla con toda la información del sistema proporcionan un ambiente real de carreras. Tres, dos uno… Y gas a fondo: se mezcla el ruido de rodadura con el aullido metálico del potencial eléctrico mientras todo comienza a pasar demasiado deprisa como par ir conduciendo un ejemplar único. Apenas habremos cubierto cien metros pero la sensación de aceleración es brutal. Frenamos —sin asistencia alguna, con el tacto de un monoplaza de verdad— para volver a aplastar el acelerador con más decisión aún, sufriendo, más que sintiendo, su terrorífica capacidad de aceleración… De la nada al todo a modo interruptor, sin linealidad, aunque con diferentes reglajes de acelerador se puede logar una respuesta más uniforme. “Eso queda para eléctricos de calle, porque con el Survolt pretendemos que experimentéis sensaciones de circuito en estado puro”. No es ocasión de probar la dinámica, pero seguro que habría que cogerle el punto para poder rodar tan rápido como lo permite su potencial eléctrico, porque su conducción se intuye bastante fina y exigente. Cinco cortos pero intensos turnos de conducción y el intenso frío obligan al Survolt a dirigirse la zona de avituallamiento. Fue corto pero tan intenso que serán ese tipo de recuerdos que perduran en la mente.

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