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Citroën C4 Sedán vs Renault Fluence

Mucho equipamiento de confort, enorme espacio de carga, una habitabilidad de primer nivel unidas a unas mecánicas económicas y diseño clásico de tres volúmenes son las cartas de presentación de nuestros protagonistas, los últimos en llegar al animado segmento de los derivados de compactos: el Renault Fluence y el Citroën C4 Sedán.
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Citroën C4 Sedán vs Renault Fluence
El torrente de nuevas categorías dentro del mercado automovilístico no ha sido capaz de borrar una de las más populares en nuestro país en las pasadas décadas, la de las berlinas tres volúmenes con maletero independiente derivadas de compactos. Muy al contrario, en los últimos tiempos hemos asistido al retorno a la oferta de éstos, especialmente entre las marcas más clásicas. Citroën C4 Sedán y Renault Fluence son dos de estos representantes. Coches de utilización económica, funcionales: buenas herramientas de uso diario en formato de tres volúmenes, muy a tono con los gustos clásicos a las que sin embargo no se puede pedir que exciten los sentidos por su diseño.
Pero, pese a sus teóricas similitudes, el modo de llegar hasta ellos ha sido diferente. El C4 Sedán parte de la base de un modelo existente sobre el que se da la impresión de haber ampliado ‘estirándolo’ hacia atrás para conseguir un maletero independiente. Este punto de partida condiciona el resultado final, ya que no deja de dar la impresión de ser el aprovechamiento de algo que ya estaba. En realidad, tiene mucho más trabajo. Crece 10 cm de distancia entre ejes y ¡51 de largo! entrando de lleno en confrontación con el C5, exponente de una categoría superior. A diferencia del C4, el Renault difumina algo más su origen Mégane. Da la impresión de ser un coche diferente no sólo por el nombre, sino que en sus ‘tripas’ soportes de motor, amortiguadores, anclajes, etc se alternan órganos mecánicos de las dos últimas generaciones del compacto con elementos actuales tanto de origen Renault como Nissan. Su complemento es un diseño propio, diferente, que realza la impresión de un coche independiente, con identidad propia.

Lo que más puede interesar al posible cliente es la funcionalidad de C4 Sedán y Fluence, concretamente en el espacio interior: habitabilidad y capacidad de carga. En este sentido, con cotas muy próximas a las de segmentos superiores, las plazas traseras del Citroën son ligeramente más amplias aunque, como siempre sucede, tres adultos deberán ser buenos amigos para compartir el espacio. También es más amplio el acceso al enorme maletero, aunque como suele ser habitual en estos casos introducir elementos muy grandes y rígidos como una maleta puede requerir buenas dosis de paciencia. Vistos desde la perspectiva de conductor, el Fluence ofrece un aspecto más moderno que su rival y mayor sensación de calidad en sus materiales. Habrá quienes critiquen que no se haya empleado el cuadro digital de los Mégane, pero lo cierto es que ofrece toda la información que se puede requerir y refuerza una imagen propia. Por su parte, el Citroën apuesta por un asiento más ancho y blando aunque menos envolvente que el de su rival. La instrumentación en el centro de la consola y todos los mandos accesorios en el centro fijo son elementos en principio poco intuitivos, a los que hay que irse acostumbrando.

Una vez iniciada la marcha, las diferencias entre ambos protagonistas se acentúan ya que el Citroën dispone de un cambio de cinco marchas, mientras que el del Fluence es de seis, pero no con una 6ª de desahogo, sino con un desarrollo prácticamente idéntico al de su rival en la última velocidad, lo que condiciona tanto los datos de aceleraciones puras, como los de recuperaciones o adelantamientos obtenidos por los especialistas del Centro Técnico. Esto implica, especialmente por vías de circunvalación, a tener que recurrir al cambio más de lo que sería conveniente para una conducción relajada. Porque no es que el pequeño 1.5 dCi sea malo ni empuje poco o mal. Todo lo contrario. Es suave, muy bien aislado acústicamente, más económico que su rival y con un empuje notable especialmente a medio régimen, pero no tiene el poderío en baja del Citroën, lo que hace que a poco que te descuides estés circulando en una marcha no óptima para desenvolverse en el tráfico. Eso sí, basta con llevar el motor cerca de las 2.000 rpm para que poder olvidarse del cambio.

Por su parte, el 1.6 HDI del C4 es más áspero, menos fino y económico que el 1.5 pero también empuja mejor. Tiene más bajos y es más elástico, lo que favorece poder descuidar un poco más el selector del cambio sabiendo que no hay riesgo de quedarnos «vendidos» cuando un pisotón en el acelerador no se traduce en rápida ganancia de velocidad. Dado el planteamiento familiar de ambos, juzgarlos por su planteamiento dinámico es algo de dudosa justificación. Pese a ello, no hay que dejar de reconocer que el C4 responde a las órdenes de acelerador con más contundencia que el Fluence, que hace gala de un comportamiento más burgués. Su suspensión es más blanda, y por lo tanto balancea más que su rival aunque no pierde la trayectoria pese a que circulemos a buen ritmo por zonas de firme en mal estado. También influye un neumático de mayor perfil y blanda carcasa, aunque sin llegar a la incomodidad. Se muestra confortablemente subvirador y pese a que no se le puede exigir el radical compromiso de un Reanult Sport cumple sobradamente ante el trabajo que se le exige.
Lo mejor
Citroën C4 Sedán: comportamiento más ágil
Renault Fluence: impresión de calidad mayor
Lo peor
Citroën C4 Sedán: aspecto interior veterano
Renault Fluence: boca de carga del maletero El Citroën aparenta ir más asentado sobre la carretera, circunstancia que se mantiene en todo momento pese a que circulando por terrenos muy rotos el trabajo de los amortiguadores pueda ser mejorable, especialmente en extensión, cuando tienen que recuperar su presión inicial.

En el interior se acentúan las diferencias de ambos. El Renault es más moderno que el C4 Sedán, el aspecto de sus revestimientos interiores es algo mejor, lo mismo que el aislamiento tanto acústico como de rodadura. De ahí que sea más acogedor que su rival. Pese a ello, ambos modelos están excelentemente equipados, con climatizador bizona, control de tracción y estabilidad -desconectable para arrancadas y que se vuelve a conectar pasados los 50 km/h- sensor de lluvia y luces. Pero el Fluence tiene la ventaja de su navegador TomTom (opcional) que se puede actualizar desde el PC de cada uno e incorpora un sistema de aviso de zonas de presencia de radares. Su inconveniente, que es fijo y queda a la vista no muy bien integrado en el resto de la consola. Es un complemento opcional de 470 euros que llega a aumentar la diferencia de precio entre nuestros protagonistas con ventaja para el Citroën. Porque no hay que dejar de reconocer que los más de 2.000 que separan ambos modelos puede inclinar la balanza a favor del C4 Sedan que a precio de compacto ofrece casi lo mismo que pueden hacer otros modelos de segmentos superiores aunque, claro, a expensas de un refinamiento menor. El torrente de nuevas categorías dentro del mercado automovilístico no ha sido capaz de borrar una de las más populares en nuestro país en las pasadas décadas, la de las berlinas tres volúmenes con maletero independiente derivadas de compactos. Muy al contrario, en los últimos tiempos hemos asistido al retorno a la oferta de éstos, especialmente entre las marcas más clásicas. Citroën C4 Sedán y Renault Fluence son dos de estos representantes. Coches de utilización económica, funcionales: buenas herramientas de uso diario en formato de tres volúmenes, muy a tono con los gustos clásicos a las que sin embargo no se puede pedir que exciten los sentidos por su diseño. Pero, pese a sus teóricas similitudes, el modo de llegar hasta ellos ha sido diferente. El C4 Sedán parte de la base de un modelo existente sobre el que se da la impresión de haber ampliado ‘estirándolo’ hacia atrás para conseguir un maletero independiente. Este punto de partida condiciona el resultado final, ya que no deja de dar la impresión de ser el aprovechamiento de algo que ya estaba. En realidad, tiene mucho más trabajo. Crece 10 cm de distancia entre ejes y ¡51 de largo! entrando de lleno en confrontación con el C5, exponente de una categoría superior. A diferencia del C4, el Renault difumina algo más su origen Mégane. Da la impresión de ser un coche diferente no sólo por el nombre, sino que en sus ‘tripas’ soportes de motor, amortiguadores, anclajes, etc se alternan órganos mecánicos de las dos últimas generaciones del compacto con elementos actuales tanto de origen Renault como Nissan. Su complemento es un diseño propio, diferente, que realza la impresión de un coche independiente, con identidad propia.

Lo que más puede interesar al posible cliente es la funcionalidad de C4 Sedán y Fluence, concretamente en el espacio interior: habitabilidad y capacidad de carga. En este sentido, con cotas muy próximas a las de segmentos superiores, las plazas traseras del Citroën son ligeramente más amplias aunque, como siempre sucede, tres adultos deberán ser buenos amigos para compartir el espacio. También es más amplio el acceso al enorme maletero, aunque como suele ser habitual en estos casos introducir elementos muy grandes y rígidos como una maleta puede requerir buenas dosis de paciencia. Vistos desde la perspectiva de conductor, el Fluence ofrece un aspecto más moderno que su rival y mayor sensación de calidad en sus materiales. Habrá quienes critiquen que no se haya empleado el cuadro digital de los Mégane, pero lo cierto es que ofrece toda la información que se puede requerir y refuerza una imagen propia. Por su parte, el Citroën apuesta por un asiento más ancho y blando aunque menos envolvente que el de su rival. La instrumentación en el centro de la consola y todos los mandos accesorios en el centro fijo son elementos en principio poco intuitivos, a los que hay que irse acostumbrando.

Una vez iniciada la marcha, las diferencias entre ambos protagonistas se acentúan ya que el Citroën dispone de un cambio de cinco marchas, mientras que el del Fluence es de seis, pero no con una 6ª de desahogo, sino con un desarrollo prácticamente idéntico al de su rival en la última velocidad, lo que condiciona tanto los datos de aceleraciones puras, como los de recuperaciones o adelantamientos obtenidos por los especialistas del Centro Técnico. Esto implica, especialmente por vías de circunvalación, a tener que recurrir al cambio más de lo que sería conveniente para una conducción relajada. Porque no es que el pequeño 1.5 dCi sea malo ni empuje poco o mal. Todo lo contrario. Es suave, muy bien aislado acústicamente, más económico que su rival y con un empuje notable especialmente a medio régimen, pero no tiene el poderío en baja del Citroën, lo que hace que a poco que te descuides estés circulando en una marcha no óptima para desenvolverse en el tráfico. Eso sí, basta con llevar el motor cerca de las 2.000 rpm para que poder olvidarse del cambio.

Por su parte, el 1.6 HDI del C4 es más áspero, menos fino y económico que el 1.5 pero también empuja mejor. Tiene más bajos y es más elástico, lo que favorece poder descuidar un poco más el selector del cambio sabiendo que no hay riesgo de quedarnos «vendidos» cuando un pisotón en el acelerador no se traduce en rápida ganancia de velocidad. Dado el planteamiento familiar de ambos, juzgarlos por su planteamiento dinámico es algo de dudosa justificación. Pese a ello, no hay que dejar de reconocer que el C4 responde a las órdenes de acelerador con más contundencia que el Fluence, que hace gala de un comportamiento más burgués. Su suspensión es más blanda, y por lo tanto balancea más que su rival aunque no pierde la trayectoria pese a que circulemos a buen ritmo por zonas de firme en mal estado. También influye un neumático de mayor perfil y blanda carcasa, aunque sin llegar a la incomodidad. Se muestra confortablemente subvirador y pese a que no se le puede exigir el radical compromiso de un Reanult Sport cumple sobradamente ante el trabajo que se le exige.
Lo mejor
Citroën C4 Sedán: comportamiento más ágil
Renault Fluence: impresión de calidad mayor
Lo peor
Citroën C4 Sedán: aspecto interior veterano
Renault Fluence: boca de carga del maletero El Citroën aparenta ir más asentado sobre la carretera, circunstancia que se mantiene en todo momento pese a que circulando por terrenos muy rotos el trabajo de los amortiguadores pueda ser mejorable, especialmente en extensión, cuando tienen que recuperar su presión inicial.

En el interior se acentúan las diferencias de ambos. El Renault es más moderno que el C4 Sedán, el aspecto de sus revestimientos interiores es algo mejor, lo mismo que el aislamiento tanto acústico como de rodadura. De ahí que sea más acogedor que su rival. Pese a ello, ambos modelos están excelentemente equipados, con climatizador bizona, control de tracción y estabilidad -desconectable para arrancadas y que se vuelve a conectar pasados los 50 km/h- sensor de lluvia y luces. Pero el Fluence tiene la ventaja de su navegador TomTom (opcional) que se puede actualizar desde el PC de cada uno e incorpora un sistema de aviso de zonas de presencia de radares. Su inconveniente, que es fijo y queda a la vista no muy bien integrado en el resto de la consola. Es un complemento opcional de 470 euros que llega a aumentar la diferencia de precio entre nuestros protagonistas con ventaja para el Citroën. Porque no hay que dejar de reconocer que los más de 2.000 que separan ambos modelos puede inclinar la balanza a favor del C4 Sedan que a precio de compacto ofrece casi lo mismo que pueden hacer otros modelos de segmentos superiores aunque, claro, a expensas de un refinamiento menor.
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