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Citroën C4 1.6 16V THP y Seat León 1.8 TSi

En Citroën y Seat sus afamadas siglas Diesel HDI y TDI tienen en estas THP y TSI modernas alternativas en gasolina, que sin disparar el consumo de combustible, ofrecen excelentes prestaciones con un alto agrado de conducción. Como en los Diesel, la clave está en la inyección directa y la sobrealimentación.
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Citroën C4 1.6 16V THP y Seat León 1.8 TSi
Si en los motores puede haber cierto parecido, los chasis de estas dos versiones son muy diferentes. El León TSI recibe una configuración decididamente deportiva; de hecho, el nombre que recibe su único acabado, Sport-Up, es toda una declaración de intenciones. Esto implica muelles y amortiguadores mucho más firmes que su rival y un ancho superior de neumáticos. Su tren delantero, con apenas insinuar el giro del volante, es muy rápido en el guiado y en el apoyo. La carrocería reacciona a los cambios de dirección sin apenas balancearse y siempre conserva sea cual sea el tipo de trazada un aplomo de pisada que genera muchísima confianza. El León se muestra especialmente preciso, como un sólo bloque, en las fases rápidas de curva y contracurva, y ante frenadas y aceleraciones fuertes. Es un coche que te permite ir muy rápido sin el agotamiento físico ni psíquico que aparece en otros coches cuando damos rienda suelta al acelerador. Otra cosa es buscar su límite, donde tanta eficacia conlleva cierto estrés por esa marcada agilidad.
Los reglajes del C4 son más elásticos y sus movimientos no resultan tan directos como el León. Es más progresivo, pero conserva la rapidez y solidez necesaria para resaltar su excelente equilibrio general. Sin duda ofrece un mejor equilibrio para todo uso y es especialmente confortable en largos trayectos frente al León TSi. La firmeza de las suspensiones del León exigen concienciarse de la deportividad del coche para aceptarlas, porque de lo contrario resultan cansadas e incómodas para todo lo que no sea exigir la precisión de su bastidor. El ESP del C4 reacciona antes al exceso y difícilmente deja escapar una reacción violenta. El del León permite cierta permisividad y deja que el eje posterior reaccione generosamente si practicamos una conducción rápida. Digamos que en el C4 te sientes conductor y en el León, piloto.

El Seat León recrea un ambiente interior implicado con la deportividad que transmite el coche. Su puesto de conducción está protagonizado por un asiento que recoge mucho el cuerpo y un salpicadero orientado al conductor. En el C4 todo resulta más espacioso y luminoso, con un puesto de conducción más despejado que lleva su cuadro de relojes al centro del salpicadero. La parte central del volante del C4, que es fija y por lo tanto no gira con el anillo exterior, recoge diversos botones de la radio y el control de crucero que hasta familiarizarse con ellos resulta poco intuitiva su manipulación. Detrás hay más espacio en el León, especialmente si valoramos el espacio para las piernas, pero de nuevo la sensación subjetiva es de una mayor luminosidad y espaciosidad en el C4, incluso con una cota de altura algo justa que será un problema para las tallas altas. El acceso también resulta más cómodo en el Citroën, que tiene una altura de plataforma más elevada. En el León claramente hay que bajarse para sentarnos en sus asientos. Por lo demás, ambos ofrecen un equipamiento acorde a nuestros tiempos y a la categoría de los coches.

De serie cuentan con todos los airbag habituales, con los de cabeza cubriendo las dos filas, que el León opcionalmente puede aumentar con los airbag laterales traseros. El control de estabilidad y así todas sus funciones como el control de tracción, viene de serie en los dos coches. Ambos frenan en distancias muy buenas, especialmente el C4 que apenas se ha ido por encima de los 70 metros desde 140 km/h. El equipamiento opcional contempla modernos faros bixenon direccionales y conexiones Bluetooth para facilitar el uso legal y seguro del teléfono móvil. De serie también cuentan con controles de crucero y el C4 opcionalmente puede montar un avisador de carril, que hace vibrar el asiento del conductor si detecta una posible pérdida de trayectoria.
Inyección directa y turbo
Si en los motores puede haber cierto parecido, los chasis de estas dos versiones son muy diferentes. El León TSI recibe una configuración decididamente deportiva; de hecho, el nombre que recibe su único acabado, Sport-Up, es toda una declaración de intenciones. Esto implica muelles y amortiguadores mucho más firmes que su rival y un ancho superior de neumáticos. Su tren delantero, con apenas insinuar el giro del volante, es muy rápido en el guiado y en el apoyo. La carrocería reacciona a los cambios de dirección sin apenas balancearse y siempre conserva sea cual sea el tipo de trazada un aplomo de pisada que genera muchísima confianza. El León se muestra especialmente preciso, como un sólo bloque, en las fases rápidas de curva y contracurva, y ante frenadas y aceleraciones fuertes. Es un coche que te permite ir muy rápido sin el agotamiento físico ni psíquico que aparece en otros coches cuando damos rienda suelta al acelerador. Otra cosa es buscar su límite, donde tanta eficacia conlleva cierto estrés por esa marcada agilidad. Los reglajes del C4 son más elásticos y sus movimientos no resultan tan directos como el León. Es más progresivo, pero conserva la rapidez y solidez necesaria para resaltar su excelente equilibrio general. Sin duda ofrece un mejor equilibrio para todo uso y es especialmente confortable en largos trayectos frente al León TSi. La firmeza de las suspensiones del León exigen concienciarse de la deportividad del coche para aceptarlas, porque de lo contrario resultan cansadas e incómodas para todo lo que no sea exigir la precisión de su bastidor. El ESP del C4 reacciona antes al exceso y difícilmente deja escapar una reacción violenta. El del León permite cierta permisividad y deja que el eje posterior reaccione generosamente si practicamos una conducción rápida. Digamos que en el C4 te sientes conductor y en el León, piloto.

El Seat León recrea un ambiente interior implicado con la deportividad que transmite el coche. Su puesto de conducción está protagonizado por un asiento que recoge mucho el cuerpo y un salpicadero orientado al conductor. En el C4 todo resulta más espacioso y luminoso, con un puesto de conducción más despejado que lleva su cuadro de relojes al centro del salpicadero. La parte central del volante del C4, que es fija y por lo tanto no gira con el anillo exterior, recoge diversos botones de la radio y el control de crucero que hasta familiarizarse con ellos resulta poco intuitiva su manipulación. Detrás hay más espacio en el León, especialmente si valoramos el espacio para las piernas, pero de nuevo la sensación subjetiva es de una mayor luminosidad y espaciosidad en el C4, incluso con una cota de altura algo justa que será un problema para las tallas altas. El acceso también resulta más cómodo en el Citroën, que tiene una altura de plataforma más elevada. En el León claramente hay que bajarse para sentarnos en sus asientos. Por lo demás, ambos ofrecen un equipamiento acorde a nuestros tiempos y a la categoría de los coches.

De serie cuentan con todos los airbag habituales, con los de cabeza cubriendo las dos filas, que el León opcionalmente puede aumentar con los airbag laterales traseros. El control de estabilidad y así todas sus funciones como el control de tracción, viene de serie en los dos coches. Ambos frenan en distancias muy buenas, especialmente el C4 que apenas se ha ido por encima de los 70 metros desde 140 km/h. El equipamiento opcional contempla modernos faros bixenon direccionales y conexiones Bluetooth para facilitar el uso legal y seguro del teléfono móvil. De serie también cuentan con controles de crucero y el C4 opcionalmente puede montar un avisador de carril, que hace vibrar el asiento del conductor si detecta una posible pérdida de trayectoria.
Inyección directa y turbo
Si en los motores puede haber cierto parecido, los chasis de estas dos versiones son muy diferentes. El León TSI recibe una configuración decididamente deportiva; de hecho, el nombre que recibe su único acabado, Sport-Up, es toda una declaración de intenciones. Esto implica muelles y amortiguadores mucho más firmes que su rival y un ancho superior de neumáticos. Su tren delantero, con apenas insinuar el giro del volante, es muy rápido en el guiado y en el apoyo. La carrocería reacciona a los cambios de dirección sin apenas balancearse y siempre conserva sea cual sea el tipo de trazada un aplomo de pisada que genera muchísima confianza. El León se muestra especialmente preciso, como un sólo bloque, en las fases rápidas de curva y contracurva, y ante frenadas y aceleraciones fuertes. Es un coche que te permite ir muy rápido sin el agotamiento físico ni psíquico que aparece en otros coches cuando damos rienda suelta al acelerador. Otra cosa es buscar su límite, donde tanta eficacia conlleva cierto estrés por esa marcada agilidad. Los reglajes del C4 son más elásticos y sus movimientos no resultan tan directos como el León. Es más progresivo, pero conserva la rapidez y solidez necesaria para resaltar su excelente equilibrio general. Sin duda ofrece un mejor equilibrio para todo uso y es especialmente confortable en largos trayectos frente al León TSi. La firmeza de las suspensiones del León exigen concienciarse de la deportividad del coche para aceptarlas, porque de lo contrario resultan cansadas e incómodas para todo lo que no sea exigir la precisión de su bastidor. El ESP del C4 reacciona antes al exceso y difícilmente deja escapar una reacción violenta. El del León permite cierta permisividad y deja que el eje posterior reaccione generosamente si practicamos una conducción rápida. Digamos que en el C4 te sientes conductor y en el León, piloto.

El Seat León recrea un ambiente interior implicado con la deportividad que transmite el coche. Su puesto de conducción está protagonizado por un asiento que recoge mucho el cuerpo y un salpicadero orientado al conductor. En el C4 todo resulta más espacioso y luminoso, con un puesto de conducción más despejado que lleva su cuadro de relojes al centro del salpicadero. La parte central del volante del C4, que es fija y por lo tanto no gira con el anillo exterior, recoge diversos botones de la radio y el control de crucero que hasta familiarizarse con ellos resulta poco intuitiva su manipulación. Detrás hay más espacio en el León, especialmente si valoramos el espacio para las piernas, pero de nuevo la sensación subjetiva es de una mayor luminosidad y espaciosidad en el C4, incluso con una cota de altura algo justa que será un problema para las tallas altas. El acceso también resulta más cómodo en el Citroën, que tiene una altura de plataforma más elevada. En el León claramente hay que bajarse para sentarnos en sus asientos. Por lo demás, ambos ofrecen un equipamiento acorde a nuestros tiempos y a la categoría de los coches.

De serie cuentan con todos los airbag habituales, con los de cabeza cubriendo las dos filas, que el León opcionalmente puede aumentar con los airbag laterales traseros. El control de estabilidad y así todas sus funciones como el control de tracción, viene de serie en los dos coches. Ambos frenan en distancias muy buenas, especialmente el C4 que apenas se ha ido por encima de los 70 metros desde 140 km/h. El equipamiento opcional contempla modernos faros bixenon direccionales y conexiones Bluetooth para facilitar el uso legal y seguro del teléfono móvil. De serie también cuentan con controles de crucero y el C4 opcionalmente puede montar un avisador de carril, que hace vibrar el asiento del conductor si detecta una posible pérdida de trayectoria.
Inyección directa y turbo
Si en los motores puede haber cierto parecido, los chasis de estas dos versiones son muy diferentes. El León TSI recibe una configuración decididamente deportiva; de hecho, el nombre que recibe su único acabado, Sport-Up, es toda una declaración de intenciones. Esto implica muelles y amortiguadores mucho más firmes que su rival y un ancho superior de neumáticos. Su tren delantero, con apenas insinuar el giro del volante, es muy rápido en el guiado y en el apoyo. La carrocería reacciona a los cambios de dirección sin apenas balancearse y siempre conserva sea cual sea el tipo de trazada un aplomo de pisada que genera muchísima confianza. El León se muestra especialmente preciso, como un sólo bloque, en las fases rápidas de curva y contracurva, y ante frenadas y aceleraciones fuertes. Es un coche que te permite ir muy rápido sin el agotamiento físico ni psíquico que aparece en otros coches cuando damos rienda suelta al acelerador. Otra cosa es buscar su límite, donde tanta eficacia conlleva cierto estrés por esa marcada agilidad. Los reglajes del C4 son más elásticos y sus movimientos no resultan tan directos como el León. Es más progresivo, pero conserva la rapidez y solidez necesaria para resaltar su excelente equilibrio general. Sin duda ofrece un mejor equilibrio para todo uso y es especialmente confortable en largos trayectos frente al León TSi. La firmeza de las suspensiones del León exigen concienciarse de la deportividad del coche para aceptarlas, porque de lo contrario resultan cansadas e incómodas para todo lo que no sea exigir la precisión de su bastidor. El ESP del C4 reacciona antes al exceso y difícilmente deja escapar una reacción violenta. El del León permite cierta permisividad y deja que el eje posterior reaccione generosamente si practicamos una conducción rápida. Digamos que en el C4 te sientes conductor y en el León, piloto.

El Seat León recrea un ambiente interior implicado con la deportividad que transmite el coche. Su puesto de conducción está protagonizado por un asiento que recoge mucho el cuerpo y un salpicadero orientado al conductor. En el C4 todo resulta más espacioso y luminoso, con un puesto de conducción más despejado que lleva su cuadro de relojes al centro del salpicadero. La parte central del volante del C4, que es fija y por lo tanto no gira con el anillo exterior, recoge diversos botones de la radio y el control de crucero que hasta familiarizarse con ellos resulta poco intuitiva su manipulación. Detrás hay más espacio en el León, especialmente si valoramos el espacio para las piernas, pero de nuevo la sensación subjetiva es de una mayor luminosidad y espaciosidad en el C4, incluso con una cota de altura algo justa que será un problema para las tallas altas. El acceso también resulta más cómodo en el Citroën, que tiene una altura de plataforma más elevada. En el León claramente hay que bajarse para sentarnos en sus asientos. Por lo demás, ambos ofrecen un equipamiento acorde a nuestros tiempos y a la categoría de los coches.

De serie cuentan con todos los airbag habituales, con los de cabeza cubriendo las dos filas, que el León opcionalmente puede aumentar con los airbag laterales traseros. El control de estabilidad y así todas sus funciones como el control de tracción, viene de serie en los dos coches. Ambos frenan en distancias muy buenas, especialmente el C4 que apenas se ha ido por encima de los 70 metros desde 140 km/h. El equipamiento opcional contempla modernos faros bixenon direccionales y conexiones Bluetooth para facilitar el uso legal y seguro del teléfono móvil. De serie también cuentan con controles de crucero y el C4 opcionalmente puede montar un avisador de carril, que hace vibrar el asiento del conductor si detecta una posible pérdida de trayectoria.
Inyección directa y turbo

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