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Chevrolet Cruze 2.0D LS vs Citroën C4 1.6 HDI 4p

Las berlinas derivadas de los compactos ofrecen casi tanto espacio como las medias y maleteros comparables. Tanto el Citroën C4 como el Chevrolet Cruze son ejemplos de modelos interesantes que os permitirán ahorrar un buen puñado de euros si son este tipo de carrocería lo que buscáis.
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Chevrolet Cruze 2.0D LS vs Citroën C4 1.6 HDI 4p
El entorno de los tres millones de las antiguas pesetas -18.000 euros, para los más jóvenes que ya no recuerdan aquella moneda- es una inversión razonable para desembolsar, ahora que los bancos siguen poniendo cada vez más cortapisas a los créditos al consumo y se niegan a rebajar sus tipos de interés por más que el del Banco Central Europeo está a ras de suelo. Unos años de esfuerzo ahorrativo y nos evitamos mendigar ante un orgulloso empleado unos dineros que, un par de años antes, nos metían en los bolsillos casi sin pedirlo. Por esta cantidad, Chevrolet y Citroën ponen en sus concesionarios dos berlinas compactas que dejan muy atrás los 4,5 metros, medida que hace pocos años estaban reservadas a berlinas de lujo. Esto, en el fondo, indica más que otra explicación la mejora en la relación oferta/precio que los constructores están poniendo en bandeja a quienes no se dejan engañar por los cantos de sirena de los nuevos tipos de vehículos -crossover, todocamino, monovolumen, etc- por los que se acaba pagando bastante más dinero y, para muchos de sus propietarios, les hacen el mismo servicio.
El Chevrolet Cruze es el modelo más reciente y su tarjeta de presentación no puede ser más interesante: comparte plataforma con el Opel Astra, aunque la suspensión trasera es menos compleja. Su línea moderna y equilibrada contrasta con el Citroën C4 berlina, que llama la atención por su desmesurada longitud -más largo que el propio C5 berlina- y por su desgarbada figura, en la que llama la atención la amplísima capacidad de su maletero, muy por encima del medio metro cúbico. Puestos al lado, uno del otro, la plataforma de ambos posee unos esquemas básico muy similares. El tren delantero, McPherson, y el posterior, por eje torsional, son compartidos como esquemas, mientras que la batalla se diferencia por un par de centímetros, más larga en el C4. Sin embargo, en las vías se nota la mayor actualidad del Cruze, cuyas anchuras son netamente superiores a las del Citroën. Esta mayor base de sustentación se aprovecha para relajar los reglajes de suspensión, lo que convierte a este Chevrolet en más confortable sobre mal piso que el modelo francés sin que pierda especialmente en comportamiento, teniendo en cuenta la experiencia ya tenido sobre la versión de 150 CV, que condujimos en su día. Entrando a examinar a este Cruze, la mayor crítica que se nos ocurre concierne a cierta lentitud del ESP en su funcionamiento, lo que permite al coche a adoptar posiciones algo extremas en situaciones límite. Así, en cambios de apoyo muy bruscos no es extraño que este Cruze sobrevire hasta exigirnos un cierto contravolante, antes de que la lucecita que nos anuncia la entrada en acción del sistema de control de estabilidad empiece a alumbrar.

El tren delantero, sin embargo, muestra una buena capacidad direccional, respondiendo bien a exigencias extremas de giro brusco. En general, se detecta una cierta falta de amortiguación en conducción exigente, pero dado el tipo de clientela a la que va dirigido, es una crítica con menor peso específico. El Citroën, de entrada, nos regala con una buena impresión: la adición del tercer volumen no implica mayores inercias del tren trasero. De hecho, en situaciones extremas, el deslizamiento de dicho tren está muy controlado y no obliga al conductor a correcciones con el volante. Al contrario, si de algo podemos quejarnos es de exceso de direccionalidad en los primeros grados de giro del volante. En momentos en que nos vemos obligados a cambios bruscos de trayectoria, hay que mantener fría la mente y no pegar un "volantazo", porque este C4 cambia su rumbo con un mínimo giro del volante. Exige más concentración que el Chevrolet, en este aspecto, para un resultado similar.

Chevrolet Cruze
- Confort de suspensión
- Buena presencia
- Aceleraciones

Citroën C4
- Equipamiento
- Motor más refinado
- Maletero Chevrolet Cruze
- Motor poco elástico
- Plástico mejorables
- Recuperaciones

Citroën C4
- Estética discutible
- Suspensión seca
- Maniobrabilidad en garaje
Interior y habitabilidad
El entorno de los tres millones de las antiguas pesetas -18.000 euros, para los más jóvenes que ya no recuerdan aquella moneda- es una inversión razonable para desembolsar, ahora que los bancos siguen poniendo cada vez más cortapisas a los créditos al consumo y se niegan a rebajar sus tipos de interés por más que el del Banco Central Europeo está a ras de suelo. Unos años de esfuerzo ahorrativo y nos evitamos mendigar ante un orgulloso empleado unos dineros que, un par de años antes, nos metían en los bolsillos casi sin pedirlo. Por esta cantidad, Chevrolet y Citroën ponen en sus concesionarios dos berlinas compactas que dejan muy atrás los 4,5 metros, medida que hace pocos años estaban reservadas a berlinas de lujo. Esto, en el fondo, indica más que otra explicación la mejora en la relación oferta/precio que los constructores están poniendo en bandeja a quienes no se dejan engañar por los cantos de sirena de los nuevos tipos de vehículos -crossover, todocamino, monovolumen, etc- por los que se acaba pagando bastante más dinero y, para muchos de sus propietarios, les hacen el mismo servicio. El Chevrolet Cruze es el modelo más reciente y su tarjeta de presentación no puede ser más interesante: comparte plataforma con el Opel Astra, aunque la suspensión trasera es menos compleja. Su línea moderna y equilibrada contrasta con el Citroën C4 berlina, que llama la atención por su desmesurada longitud -más largo que el propio C5 berlina- y por su desgarbada figura, en la que llama la atención la amplísima capacidad de su maletero, muy por encima del medio metro cúbico. Puestos al lado, uno del otro, la plataforma de ambos posee unos esquemas básico muy similares. El tren delantero, McPherson, y el posterior, por eje torsional, son compartidos como esquemas, mientras que la batalla se diferencia por un par de centímetros, más larga en el C4. Sin embargo, en las vías se nota la mayor actualidad del Cruze, cuyas anchuras son netamente superiores a las del Citroën. Esta mayor base de sustentación se aprovecha para relajar los reglajes de suspensión, lo que convierte a este Chevrolet en más confortable sobre mal piso que el modelo francés sin que pierda especialmente en comportamiento, teniendo en cuenta la experiencia ya tenido sobre la versión de 150 CV, que condujimos en su día. Entrando a examinar a este Cruze, la mayor crítica que se nos ocurre concierne a cierta lentitud del ESP en su funcionamiento, lo que permite al coche a adoptar posiciones algo extremas en situaciones límite. Así, en cambios de apoyo muy bruscos no es extraño que este Cruze sobrevire hasta exigirnos un cierto contravolante, antes de que la lucecita que nos anuncia la entrada en acción del sistema de control de estabilidad empiece a alumbrar.

El tren delantero, sin embargo, muestra una buena capacidad direccional, respondiendo bien a exigencias extremas de giro brusco. En general, se detecta una cierta falta de amortiguación en conducción exigente, pero dado el tipo de clientela a la que va dirigido, es una crítica con menor peso específico. El Citroën, de entrada, nos regala con una buena impresión: la adición del tercer volumen no implica mayores inercias del tren trasero. De hecho, en situaciones extremas, el deslizamiento de dicho tren está muy controlado y no obliga al conductor a correcciones con el volante. Al contrario, si de algo podemos quejarnos es de exceso de direccionalidad en los primeros grados de giro del volante. En momentos en que nos vemos obligados a cambios bruscos de trayectoria, hay que mantener fría la mente y no pegar un "volantazo", porque este C4 cambia su rumbo con un mínimo giro del volante. Exige más concentración que el Chevrolet, en este aspecto, para un resultado similar.

Chevrolet Cruze
- Confort de suspensión
- Buena presencia
- Aceleraciones

Citroën C4
- Equipamiento
- Motor más refinado
- Maletero Chevrolet Cruze
- Motor poco elástico
- Plástico mejorables
- Recuperaciones

Citroën C4
- Estética discutible
- Suspensión seca
- Maniobrabilidad en garaje
Interior y habitabilidad
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