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Cadillac BLS Wagon 1.9 TID/180 Sport Luxury

Cadillac inaugura su saga de modelos con carrocería familiar con su berlina media BLS. Esta versión turbodiésel de 180 CV proporciona todas las prestaciones y refinamiento necesarios para destacar entre sus rivales del segmento. Mucho lujo y buen andar a un precio selecto.
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Cadillac BLS Wagon 1.9 TID/180 Sport Luxury
Se está poniendo de moda. La obsesión por incrementar la potencia de los motores –algunos dirán: ¿para ir a 120?- está llevando a multiplicar la complejidad mecánica. En este caso, se utilizan dos turbocompresores, uno de pequeño tamaño e inercia limitada y otro, mayor, que le apoya en los momentos de máxima exigencia. De hecho, el primero funciona desde el mismo ralentí y funciona hasta las 3.000 rpm. La turbina grande empieza a funcionar a 1.500 rpm y se encarga de alimentar el motor hasta su régimen alto, a 4.750 rpm.
El motor de cuatro cilindros biturbo destaca por su aluvión de par a partir de 1.700 rpm, aunque ya desde 1.400 es plenamente utilizable. Como es lógico, el momento “más dulce” de este cuatro cilindros es cuando ambos están en acción, esto es, entre 1.500 y 3.000 rpm. En esa zona, rinde desde 36,7 hasta 39,6 mkg, pasando por sus mejores instantes de hasta 44,3 mkg. Una auténtica máquina de generar fuerza. Ahí, pese a la firmeza de amortiguación de que hace gala opción de suspensión, las ruedas –también opcionales en esta unidad: más anchas y de mayor diámetro- tienen ciertos problemas para transmitir todo ese aluvión de par sin que pierdan, aunque sea por un instante, el contacto con el asfalto.

En marchas cortas, curvas o giros cerrados y, sobre todo, si el asfalto está ondulado o en mal estado, la motricidad no es ideal y se obliga a trabajar al control de tracción. Eso sí, la cosa no pasa a mayores, porque son mínimos momentos y, como mucho, se nota una pequeña reacción sobre la dirección, fácilmente corregible. Estas situaciones se concretan cuando el conductor exige todo o casi todo lo que este Cadillac puede ofrecer. Y, por cierto, no es poco. Porque si “a priori” este nombre nos lleva a recordar coches grandes y poco estables, aquí nos encontramos con un bastidor muy dinámico y un motor de los que empujan de verdad y, además, no gasta más que lo justo, como puede comprobarse en los datos obtenidos por nuestro Centro Técnico. Vaya por delante que esta unidad disponía de la suspensión deportiva opcional, que no cuesta un céntimo en este nivel de equipamiento, y que se muestra de lo más efectiva. Porque, con ella, este Cadillac se desenvuelve como pez en el agua en cualquier tipo de carretera. Las amplias y de buen piso, se da por descontado. Pero cuando se retuercen, el tren delantero se muestra incisivo al atacar los virajes, sin mayores trazas de subviraje, máxime cuando, si forzamos la situación, el tren trasero toma los mandos con una significativa apuesta por la direccionalidad, ayudando a cerrar la trayectoria. En fin, un coche para gente joven y dinámica. Sólo un mínimo pero, en carreteras onduladas, el morro tiende a “husmear” a causa de los gruesos neumáticos y firme suspensión. Otro capítulo a remarcar son los frenos. Sobre todo porque el coche es relativamente pesado, con bastante más de tonelada y media, con depósito lleno. Aún así, hemos de reconocer que han aguantado estoicamente el maltrato con que les solemos obsequiar en nuestro recorrido de montaña. Pero es que, además, las distancias de detención desde velocidades estables son excelentes para el tipo de coche que es. Incluso mejores que las del Saab 9 3 1.9 TTid, que con la misma mecánica y bastidor tiene un marcado acento deportivo.

Al final, este Cadillac nos deja una grata impresión pero, también, la sensación de que las ganas de satisfacer a los europeos pueden haber desvirtuado la imagen de la marca. ¿Qué así ampliarán su clientela en nuestro continente? Seguro, pero también, a partir de ahora, no se tendrá demasiado claro los valores que Cadillac aporta a sus productos, por mucho que éstos hayan mejorado. En fin, todo cambio supone un riesgo. Dicen. — Motor potente y elástico
— Consumo ajustado
— Presentación diferencial — Suspensión seca
— Detalles de equipamiento
— Sin rueda de repuesto
Imagen y capacidad
Se está poniendo de moda. La obsesión por incrementar la potencia de los motores –algunos dirán: ¿para ir a 120?- está llevando a multiplicar la complejidad mecánica. En este caso, se utilizan dos turbocompresores, uno de pequeño tamaño e inercia limitada y otro, mayor, que le apoya en los momentos de máxima exigencia. De hecho, el primero funciona desde el mismo ralentí y funciona hasta las 3.000 rpm. La turbina grande empieza a funcionar a 1.500 rpm y se encarga de alimentar el motor hasta su régimen alto, a 4.750 rpm. El motor de cuatro cilindros biturbo destaca por su aluvión de par a partir de 1.700 rpm, aunque ya desde 1.400 es plenamente utilizable. Como es lógico, el momento “más dulce” de este cuatro cilindros es cuando ambos están en acción, esto es, entre 1.500 y 3.000 rpm. En esa zona, rinde desde 36,7 hasta 39,6 mkg, pasando por sus mejores instantes de hasta 44,3 mkg. Una auténtica máquina de generar fuerza. Ahí, pese a la firmeza de amortiguación de que hace gala opción de suspensión, las ruedas –también opcionales en esta unidad: más anchas y de mayor diámetro- tienen ciertos problemas para transmitir todo ese aluvión de par sin que pierdan, aunque sea por un instante, el contacto con el asfalto.

En marchas cortas, curvas o giros cerrados y, sobre todo, si el asfalto está ondulado o en mal estado, la motricidad no es ideal y se obliga a trabajar al control de tracción. Eso sí, la cosa no pasa a mayores, porque son mínimos momentos y, como mucho, se nota una pequeña reacción sobre la dirección, fácilmente corregible. Estas situaciones se concretan cuando el conductor exige todo o casi todo lo que este Cadillac puede ofrecer. Y, por cierto, no es poco. Porque si “a priori” este nombre nos lleva a recordar coches grandes y poco estables, aquí nos encontramos con un bastidor muy dinámico y un motor de los que empujan de verdad y, además, no gasta más que lo justo, como puede comprobarse en los datos obtenidos por nuestro Centro Técnico. Vaya por delante que esta unidad disponía de la suspensión deportiva opcional, que no cuesta un céntimo en este nivel de equipamiento, y que se muestra de lo más efectiva. Porque, con ella, este Cadillac se desenvuelve como pez en el agua en cualquier tipo de carretera. Las amplias y de buen piso, se da por descontado. Pero cuando se retuercen, el tren delantero se muestra incisivo al atacar los virajes, sin mayores trazas de subviraje, máxime cuando, si forzamos la situación, el tren trasero toma los mandos con una significativa apuesta por la direccionalidad, ayudando a cerrar la trayectoria. En fin, un coche para gente joven y dinámica. Sólo un mínimo pero, en carreteras onduladas, el morro tiende a “husmear” a causa de los gruesos neumáticos y firme suspensión. Otro capítulo a remarcar son los frenos. Sobre todo porque el coche es relativamente pesado, con bastante más de tonelada y media, con depósito lleno. Aún así, hemos de reconocer que han aguantado estoicamente el maltrato con que les solemos obsequiar en nuestro recorrido de montaña. Pero es que, además, las distancias de detención desde velocidades estables son excelentes para el tipo de coche que es. Incluso mejores que las del Saab 9 3 1.9 TTid, que con la misma mecánica y bastidor tiene un marcado acento deportivo.

Al final, este Cadillac nos deja una grata impresión pero, también, la sensación de que las ganas de satisfacer a los europeos pueden haber desvirtuado la imagen de la marca. ¿Qué así ampliarán su clientela en nuestro continente? Seguro, pero también, a partir de ahora, no se tendrá demasiado claro los valores que Cadillac aporta a sus productos, por mucho que éstos hayan mejorado. En fin, todo cambio supone un riesgo. Dicen. — Motor potente y elástico
— Consumo ajustado
— Presentación diferencial — Suspensión seca
— Detalles de equipamiento
— Sin rueda de repuesto
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