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Cadillac BLS Wagon 1.9 TID/180 Sport Luxury

Cadillac inaugura su saga de modelos con carrocería familiar con su berlina media BLS. Esta versión turbodiésel de 180 CV proporciona todas las prestaciones y refinamiento necesarios para destacar entre sus rivales del segmento. Mucho lujo y buen andar a un precio selecto.
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Cadillac BLS Wagon 1.9 TID/180 Sport Luxury
Las sinergias dentro del mundo del automóvil llevan a esto. Una marca con la inequívoca aureola estadounidense como es Cadillac se aprovecha del bastidor ya conocido en el Opel Vectra y Saab 9 3 para erigir su oferta de berlina media, en este caso, en su versión de carrocería familiar. Eso sí, los retoques estéticos en frontal y zaga son profundos, lo que lo desmarca a simple vista de aquéllos, favoreciendo sus posibilidades de éxito comercial.
El BLS Wagon se presenta como un familiar de estilo. Con esto queremos decir que la búsqueda del máximo volumen de carga no es el objetivo de su diseño. Se ha cuidado más la estética, para nosotros bastante conseguida, como lo demuestra la tendencia descendente del final del techo. Algo más interesante que la estética, a nuestro juicio, es la eficacia aerodinámica y la búsqueda del silencio en la ruptura del aire. Y ahí, el éxito parece razonable, con un Cx de 0,33 y una marcha relativamente silenciosa en lo que al rozar del aire se refiere. Desde luego, la versión Wagon del BLS proporciona mayor practicidad que la berlina aunque su volumen de maletero sea, incluso, inferior, ya que donde esté un portón que se quite cualquier tapa de maletero, a la hora de meter objetos de todas dimensiones. Pero no esperen una capacidad de carga excepcional, ni mucho menos, a no ser que abatamos los asientos traseros, pero ese recurso –como el lógico- limita el transporte de personas.

Hablando de ellas, hay que decir que en este BLS Wagon se viaja muy a gusto. Los asientos se han definido en un buen equilibrio entre sujeción lateral, amplitud y mullido aceptable por una gran cantidad de usuarios. Para aquéllos que les guste una sujeción total del cuerpo, no esperen un resultado superlativo en ese apartado, pero en el uso diario, acaban resultado muy agradables. Detrás, la cota de anchura interior permitiría una definición como tres plazas, pero ni el diseño ni el túnel en el piso del habitáculo facilitan el uso de la central. Hay que tener claro que este tipo de coches, pese a su homologación, hay que catalogarlos como cuatro plazas reales pues, con cinco, viajar atrás es casi un martirio. Este Cadillac resulta ser un modelo consistente, en el que encontrar un defecto de consideración es tarea más que ardua. El conductor dispone de un puesto de mando bastante confortable, con el apoyabrazos situado entre los asientos deslizable, de manera que puede servir para reposar el antebrazo en carreteras rectilíneas. Nos ha resultado paradójico que en un modelo con este nombre y precio, el conductor deba acordarse de encender las luces en túneles, zonas sombrías, niebla, etc, puesto que no dispone de sensor de encendido de luces automático. Si les parece exagerado nuestro sibaritismo, fíjense en la cantidad de coches que circulan con las luces apagadas en los ocasos, túneles y otras múltiples situaciones en las que se deben llevar encendidas y, sólo, por el olvido o cabezonería de sus conductores. En marcha, la buena factura de este Cadillac queda a la vista. El acabado es correcto aunque la presentación es más austera de lo esperado y el diseño algo falto de audacia y modernidad. Pero, nos imaginamos, se ha buscado contentar a clientes con un segmento de edad media y algo más alta. El conductor siente que la mecánica de gasóleo se ha aislado con bastante éxito, aunque se notan ligeras vibraciones en los pedales en los primeros centímetros de su recorrido. El sonido del motor también llega con más nitidez que en los modelos más brillantes de este segmento, con el agravante que esta mecánica –de origen Fiat- no es precisamente la más melodiosa el mercado.

La correcta posición al volante se obtiene con facilidad, gracias a los múltiples reglajes eléctricos de los asientos y la posibilidad de subir, bajas, acercar o alejar el volante. El tacto del cambio es firme pero suave, dando la sensación de calidad y precisión, mientras que la visibilidad es correcta aunque el montante trasero es muy grueso. También aquí echamos de menos la disponibilidad de serie –este coche cuesta más de 40.000 euros así- de faros bi-xenón, ya que hay que poner más de 800 encima de la mesa para disponer de ellos.
Fuerza y agarre
Las sinergias dentro del mundo del automóvil llevan a esto. Una marca con la inequívoca aureola estadounidense como es Cadillac se aprovecha del bastidor ya conocido en el Opel Vectra y Saab 9 3 para erigir su oferta de berlina media, en este caso, en su versión de carrocería familiar. Eso sí, los retoques estéticos en frontal y zaga son profundos, lo que lo desmarca a simple vista de aquéllos, favoreciendo sus posibilidades de éxito comercial. El BLS Wagon se presenta como un familiar de estilo. Con esto queremos decir que la búsqueda del máximo volumen de carga no es el objetivo de su diseño. Se ha cuidado más la estética, para nosotros bastante conseguida, como lo demuestra la tendencia descendente del final del techo. Algo más interesante que la estética, a nuestro juicio, es la eficacia aerodinámica y la búsqueda del silencio en la ruptura del aire. Y ahí, el éxito parece razonable, con un Cx de 0,33 y una marcha relativamente silenciosa en lo que al rozar del aire se refiere. Desde luego, la versión Wagon del BLS proporciona mayor practicidad que la berlina aunque su volumen de maletero sea, incluso, inferior, ya que donde esté un portón que se quite cualquier tapa de maletero, a la hora de meter objetos de todas dimensiones. Pero no esperen una capacidad de carga excepcional, ni mucho menos, a no ser que abatamos los asientos traseros, pero ese recurso –como el lógico- limita el transporte de personas.

Hablando de ellas, hay que decir que en este BLS Wagon se viaja muy a gusto. Los asientos se han definido en un buen equilibrio entre sujeción lateral, amplitud y mullido aceptable por una gran cantidad de usuarios. Para aquéllos que les guste una sujeción total del cuerpo, no esperen un resultado superlativo en ese apartado, pero en el uso diario, acaban resultado muy agradables. Detrás, la cota de anchura interior permitiría una definición como tres plazas, pero ni el diseño ni el túnel en el piso del habitáculo facilitan el uso de la central. Hay que tener claro que este tipo de coches, pese a su homologación, hay que catalogarlos como cuatro plazas reales pues, con cinco, viajar atrás es casi un martirio. Este Cadillac resulta ser un modelo consistente, en el que encontrar un defecto de consideración es tarea más que ardua. El conductor dispone de un puesto de mando bastante confortable, con el apoyabrazos situado entre los asientos deslizable, de manera que puede servir para reposar el antebrazo en carreteras rectilíneas. Nos ha resultado paradójico que en un modelo con este nombre y precio, el conductor deba acordarse de encender las luces en túneles, zonas sombrías, niebla, etc, puesto que no dispone de sensor de encendido de luces automático. Si les parece exagerado nuestro sibaritismo, fíjense en la cantidad de coches que circulan con las luces apagadas en los ocasos, túneles y otras múltiples situaciones en las que se deben llevar encendidas y, sólo, por el olvido o cabezonería de sus conductores. En marcha, la buena factura de este Cadillac queda a la vista. El acabado es correcto aunque la presentación es más austera de lo esperado y el diseño algo falto de audacia y modernidad. Pero, nos imaginamos, se ha buscado contentar a clientes con un segmento de edad media y algo más alta. El conductor siente que la mecánica de gasóleo se ha aislado con bastante éxito, aunque se notan ligeras vibraciones en los pedales en los primeros centímetros de su recorrido. El sonido del motor también llega con más nitidez que en los modelos más brillantes de este segmento, con el agravante que esta mecánica –de origen Fiat- no es precisamente la más melodiosa el mercado.

La correcta posición al volante se obtiene con facilidad, gracias a los múltiples reglajes eléctricos de los asientos y la posibilidad de subir, bajas, acercar o alejar el volante. El tacto del cambio es firme pero suave, dando la sensación de calidad y precisión, mientras que la visibilidad es correcta aunque el montante trasero es muy grueso. También aquí echamos de menos la disponibilidad de serie –este coche cuesta más de 40.000 euros así- de faros bi-xenón, ya que hay que poner más de 800 encima de la mesa para disponer de ellos.
Fuerza y agarre
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