Publicidad

BMW 335i Cabrio

Como el famoso aceite que valía para todo, el nuevo Cabrio de la Serie 3 con su techo duro retráctil reúne lo mejor de tres mundos: es un coupé, es un cabrio y, sobre todo, con su motor 335i, es una auténtica máquina de puro placer al volante. Súbete, vamos a darnos una vuelta.
-
BMW 335i Cabrio
Nada más descapotar toca arrancar el motor. Si con la capota puesta el sonido proveniente de la mecánica nos pone “los pelos de punta”, descapotados… Palanca a posición D y aceleramos. La suavidad con que el motor va subiendo el régimen de revoluciones sorprende ya que apenas hay que ir pisando el acelerador.

Galería relacionada

bmw335c_01

Más presión sobre este pedal y el coche sale “catapultado” ganando velocidad como si lleváramos un cohete en la parte trasera. Y todo esto sin apenas notar que contamos no con uno, sino con dos turbos bajo el capó motor. Y es que uno de los puntos más destacables de este motor es la facilidad que tiene para moverse tanto a bajas revoluciones como en la zona cercana a la línea roja de este instrumento -sin el más mínimo retraso en la entrega de potencia si es demandada de forma inmediata con el acelerador-. Los dos turbos –cada uno alimenta a tres cilindros- son de pequeño tamaño, con lo que se eliminan las inercias o los retrasos en la entrega de potencia. La ventaja que aporta el opcional cambio automático es que lo habitual es que circulemos en marchas largas prácticamente al instante de arrancar, con el consiguiente ahorro de combustible. Como muestra de esto que decimos, los consumos que hemos obtenido son más bajos en todas las mediciones que los que, en su día, obtuvimos con el 335 Coupé. Si las aceleraciones son fulgurantes, los adelantamientos son espectaculares; bien es cierto que el cambio automático supone una ventaja incuestionable ya que al pisar a fondo el acelerador baja las marchas necesarias para salir catapultados hacia delante, pero no podemos dejar de apuntar que pasar de 80 a 120 km/h en poco más de 3,8 segundos es una cifra destacable que, además, es un exponente claro de la seguridad cuando se hace este tipo de ejercicios en la carretera. Bien es cierto que como mejor se disfruta un cabrio es haciendo una conducción relajada, con el techo guardado en el maletero y disfrutando de los olores y colores del campo. Y esto el 335i lo borda, ya que el conjunto motor/cambio automático/dirección activa y suspensiones hacen que su conducción a ritmo de paseo sea toda una delicia. Pero el 335i guarda en su manga un as cuando queremos ir con un ritmo más alto y buscamos disfrutar no del paisaje, sino de su conducción. La finura con que se puede pasar por las curvas, la precisión de trazada, el aplomo del coche y la calidad de rodadura hacen que esta versión cabrio no tenga nada que envidiar a cualquier coupé o berlina de su mismo rango. Al volante, la sensación es de auténtico control, el tren delantero es rápido y fiel a las órdenes del volante, el tren trasero redondea las curvas y cuando se quiere desmandar, el ángel de la guarda del ESP pone las cosas en su sitio. El 335i nos ha parecido, simplemente, una auténtica delicia en todos los sentidos, capotado, sin capotar, circulando despacio, a buen ritmo... hay que reconocer que es un vehículo con el que se puede disfrutar al volante en todo momento. Sigue sin parecernos lógica la política de opciones -que, por ejemplo, el deflector trasero sea una opción en un coche de este precio es incomprensible- aunque hay que reconocer que de serie dispone de un equipamiento bastante completo. Eso sí, los 8.000 euros que hay de diferencia con respecto a un coupé o los 12.000 con una berlina son muchos y muy buenos motivos como para pensárselo, pero si la cuenta corriente lo admite, no lo dudes, antes que el coupé elige el cabrio, tendrás dos coches en uno. Nada más descapotar toca arrancar el motor. Si con la capota puesta el sonido proveniente de la mecánica nos pone “los pelos de punta”, descapotados… Palanca a posición D y aceleramos. La suavidad con que el motor va subiendo el régimen de revoluciones sorprende ya que apenas hay que ir pisando el acelerador. Más presión sobre este pedal y el coche sale “catapultado” ganando velocidad como si lleváramos un cohete en la parte trasera. Y todo esto sin apenas notar que contamos no con uno, sino con dos turbos bajo el capó motor. Y es que uno de los puntos más destacables de este motor es la facilidad que tiene para moverse tanto a bajas revoluciones como en la zona cercana a la línea roja de este instrumento -sin el más mínimo retraso en la entrega de potencia si es demandada de forma inmediata con el acelerador-. Los dos turbos –cada uno alimenta a tres cilindros- son de pequeño tamaño, con lo que se eliminan las inercias o los retrasos en la entrega de potencia. La ventaja que aporta el opcional cambio automático es que lo habitual es que circulemos en marchas largas prácticamente al instante de arrancar, con el consiguiente ahorro de combustible. Como muestra de esto que decimos, los consumos que hemos obtenido son más bajos en todas las mediciones que los que, en su día, obtuvimos con el 335 Coupé. Si las aceleraciones son fulgurantes, los adelantamientos son espectaculares; bien es cierto que el cambio automático supone una ventaja incuestionable ya que al pisar a fondo el acelerador baja las marchas necesarias para salir catapultados hacia delante, pero no podemos dejar de apuntar que pasar de 80 a 120 km/h en poco más de 3,8 segundos es una cifra destacable que, además, es un exponente claro de la seguridad cuando se hace este tipo de ejercicios en la carretera. Bien es cierto que como mejor se disfruta un cabrio es haciendo una conducción relajada, con el techo guardado en el maletero y disfrutando de los olores y colores del campo. Y esto el 335i lo borda, ya que el conjunto motor/cambio automático/dirección activa y suspensiones hacen que su conducción a ritmo de paseo sea toda una delicia. Pero el 335i guarda en su manga un as cuando queremos ir con un ritmo más alto y buscamos disfrutar no del paisaje, sino de su conducción. La finura con que se puede pasar por las curvas, la precisión de trazada, el aplomo del coche y la calidad de rodadura hacen que esta versión cabrio no tenga nada que envidiar a cualquier coupé o berlina de su mismo rango. Al volante, la sensación es de auténtico control, el tren delantero es rápido y fiel a las órdenes del volante, el tren trasero redondea las curvas y cuando se quiere desmandar, el ángel de la guarda del ESP pone las cosas en su sitio. El 335i nos ha parecido, simplemente, una auténtica delicia en todos los sentidos, capotado, sin capotar, circulando despacio, a buen ritmo... hay que reconocer que es un vehículo con el que se puede disfrutar al volante en todo momento. Sigue sin parecernos lógica la política de opciones -que, por ejemplo, el deflector trasero sea una opción en un coche de este precio es incomprensible- aunque hay que reconocer que de serie dispone de un equipamiento bastante completo. Eso sí, los 8.000 euros que hay de diferencia con respecto a un coupé o los 12.000 con una berlina son muchos y muy buenos motivos como para pensárselo, pero si la cuenta corriente lo admite, no lo dudes, antes que el coupé elige el cabrio, tendrás dos coches en uno.

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.