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Prueba: BMW 235i, sucedáneo de M3

En el BMW 235i se encuentra el sabor de generaciones pasadas del M3, un juguete para disfrutar al volante. A veces los sucedáneos son mejor que los originales.
Juan Ignacio Eguiara | Fotos: Mikael Helsing -
Prueba: BMW 235i, sucedáneo de M3

Los coches más divertidos no tienen por qué ser los más potentes. Y el mejor ejemplo lo tenemos con el BMW 235i que nos ha entusiasmado desde el primer momento y lo preferimos a sus hermanos mayores los M3/M4. La verdad es que esta generación M se ha ido embruteciendo con motores de mucha potencia y, sobre todo par, que hace que su bastidor no sea capaz de asimilarlos de buena gana. Hay que llevarlos siempre con el control de tracción conectados porque se hace difícil controlar el pedal del gas para que no nos de un susto la zaga. Y eso resta diversión. Por ello el 235i nos ha encantado, ya que tiene el espíritu de los primeros M3 de motores de seis cilindros atmosféricos que nos permitían disfrutar a tope. Este 235i ofrece también un seis en línea, pero como corresponde a los tiempos modernos con doble turbo. Porque básicamente la mecánica del 235i es similar a la de los M3/M4. Se trata del seis cilindros de 3 litros con doble turbo en paralelo (cada uno trabaja para tres cilindros) que anuncia 326 CV, es decir, ofrece 100 CV menos que su hermano mayor a base de controlar el régimen con la electrónica: el 235i llega al corte a las 6.600 rpm y el M4 lo hace a 7.300 rpm. Por ello la entrega es muy progresiva y fácil de controlar en el 235i, por lo que nos permite «jugar» sin peligro alguno.

 BMW 235i

Buenas prestaciones

Además tampoco perdemos muchas prestaciones frente al M4: en la aceleración de 0 a 100 km/h se pierden 9 décimas, y cuando alcanza los primeros 400 m sólo pierde un segundo. Eso significa que está penalizado sobre todo por la arrancada, porque el launch control del cambio de doble embrague del M4, junto con el diferencial autoblocante, es más efectivo que el launch control del cambio automático de 8 marchas del 235i, donde se pierde más motricidad. De hecho nos hemos quedado lejos de la cifra oficial de 4,8 segundos en el 0-100 km/h que anuncia, ya que solo hemos logrado 5,22 segundos.

Pero donde realmente el 235i nos convence del todo es en ese equilibrio entre peso, dimensiones y balance de bastidor. Aunque el peso es bastante elevado con más de 1,5 toneladas, frente a lo que se estila en la actualidad no está mal. La relación peso/potencia es de 1 kg/CV más que el M4, que es bastante, pero lo que pierdes en fases de aceleración, lo ganas en los cambios de apoyo y las frenadas. Agilidad, en resumidas cuentas.

BMW 235i

Un 'eMe' encubierto

Tampoco podemos olvidar que este 235i también lleva sellos de la factoría M como los frenos y la suspensión. Y se puede mejorar con la suspensión adaptativa M que regula electrónicamente la amortiguación. Es decir, que M también ha puesto su toque para que el 235i sea un deportivo de verdad. Con el chasis deportivo M Performance el coche es 20 mm más bajo con amortiguadores específicos y muelles rojos recortados.

Pero como se traduce todo esto en sensaciones y en comportamiento. Ya hemos dicho que el menor peso y ser de un tamaño más recortado (aunque tampoco mucho menos, el Serie 2 es más largo de lo que parece con casi 4,5 metros) permite hacer los cambios de apoyo más rápido. La batalla es bastante más corta lo que ayuda bastante en este sentido (120 mm menor). El equipo de neumáticos no es tan agresivo como en sus hermanos mayores M, por lo que la deriva del neumático llega antes. Monta de serie llantas de 18” de diámetro que es más que razonable y suficiente. Además esa deriva, no llevar el coche tan agarrado al asfalto, permite jugar y anticiparnos sin que nos sorprenda el coche. El límite entre adherencia y no adherencia es más predecible y, por tanto, mejor para llevar el coche al límite.

BMW 235i

Falta motricidad

Aun así, el 235i tampoco es un coche perfecto y no es todo lo equilibrado que podría ser. Por ejemplo lleva un autoblocante mecánico, pero no está muy tarado y perdemos mucha motricidad en las curvas lentas. El cambio automático de 8 marchas es muy bueno, y para la vida diaria es perfecto, pero para un circuito, por ejemplo, nunca puede llegar a la efectividad de uno manual o el doble embrague que lleva su hermano mayor. También va un poco alto de atrás, por lo que en las frenadas se descuelga más de lo que deseamos y tiende a balancear un poco. De todas formas frena de maravilla y sus cifras son espectaculares, al nivel del M3/M4. Y, como ya sucede con sus hermanos M, ya no desfallecen como antaño, con lo que tenemos una garantía absoluta a la hora de frenar al límite cuando ya llevamos unas vueltas abusando de ellos.

BMW 235i

El coche para todos los días

Pero si en el circuito disfrutamos al máximo con un 235i, cuando salimos a la calle y se convierte en nuestro coche del día a día, entonces la satisfacción se multiplica. No sólo es un coche atractivo, sino que es práctico, con un tamaño adecuado, con sus cuatro plazas perfectamente utilizables y un maletero generoso con 395 litros reales. Además la combinación de este seis cilindros biturbo con el cambio automático de 8 marchas es una delicia. Y tener tantas marchas en lo primero que se traduce es en el consumo. Para hacerse una idea, hemos dicho que en prestaciones no está muy lejos del M4, sin embargo en el apartado de consumo, hemos obtenido un gasto medio ¡5 litros menor! Si a esto añadimos que también te ahorras en la compra 35.000 euros, pues es que todos son ventajas.

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