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Audi S5

La principal aportación “S” al nuevo A5 viene marcada por un impecable propulsor V8 de 354 CV, que acentúa el carácter prestacional de este elegante coupé hasta niveles de modelos estrictamente deportivos, como Porsche, Aston Martin o Jaguar.
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Audi S5
En carretera se muestra más a sus anchas. Corre muchísimo, pero no sólo en rectas. Volvemos a reconocer que con este nivel de potencia el grado de eficacia natural distribuyendo el par motor sobre cuatro ruedas es muy superior a un equivalente de propulsión. La capacidad de tracción parece que nunca se ve superada ni por la respuesta más delicada del motor. En curva sólo hace falta adivinar la salida y en pleno apoyo pisar sin contemplaciones el acelerador, que la única reacción del S5 es la de avanzar en la dirección indicada. Eso mismo en un M3 o CLK equivalentes se ve acompañado de una entrada irremediable del control de tracción, que en terreno resbaladizo vuelve crítica la conducción.

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La tracción quattro ayuda a digerir todo el potencial sin dependencia de las ayudas electrónicas. Al margen de la tracción, el S5 cuenta con tarados propios de suspensiones que minimizan los movimientos verticales de la carrocería hasta niveles a los que no llega una berlina familiar por muy prestacional que sea. No por ello es incómodo, pero descubres que hay muy pocos asfaltos completamente lisos en la geografía española. Es un coche muy directo, pero no duro de movimientos, que apoya muy plano y la dirección se muestra todo lo incisiva que esperas de un coche que te permite afrontar endiabladamente las entradas en curva. En trazados lentos no hay que dejarse llevar por esa imagen de deportividad aburguesada. Es muy eficaz y divertido, porque el eje trasero tiende a participar si lo descargamos de acelerador en la trazada insinuando el giro elegido. Todo surge muy fácil y natural, sin verte obligado a respetar escrupulosamente un código de conducción “asustado” por la aceleración de su motor. Frenando es otro especialista. El pedal te ofrece mucha confianza por su firme y corto tacto y el trabajo intensivo lo lleva con dignidad. Monta discos grandísimos en ambos ejes e igualmente son autoventilados delante y detrás. Sus 70 metros desde 140 km/h no son soberbios pero sí muy buenos, con el apoyo que su estabilidad en fuertes frenadas da mucha confianza.

Nos hemos dejado llevar por las emociones dinámicas, pero antes el salto al habitáculo del S5 nos lleva a otras emociones igualmente muy gratificantes. El puesto de conducción es excelente, con un perfecto protagonismo de unos asientos de corte deportivo de impecable factura. El coche está muy bien presentado y entre su equipamiento se agradece el freno de mano electrónico y la opcional llave electrónica que permite abrir y arrancar el motor a toque de tecla. Como gran coupé, ofrece una buena sensación de espacio y luminosidad, con una ergonomía tan cuidada como en todo Audi. Detrás, el acceso es incómodo: los respaldos delanteros se reclinan manualmente, pero, para aumentar el espacio de entrada, hay que desplazar eléctricamente la banqueta, maniobra que se antoja siempre lenta. El espacio allí encontrado es razonablemente bueno para ser usadas esas dos plazas de forma habitual y en largos trayectos. En todo caso, se echan en falta asas en el techo de esas plazas, condenadas por los airbags. Esta cara funcional la remata un maletero suficientemente generoso (y con respaldo reclinable) para la filosofía de este S5, que tanto puede oficiar de deportivo de élite como lujoso y refinado coupé. Es la fórmula “S”.

En carretera se muestra más a sus anchas. Corre muchísimo, pero no sólo en rectas. Volvemos a reconocer que con este nivel de potencia el grado de eficacia natural distribuyendo el par motor sobre cuatro ruedas es muy superior a un equivalente de propulsión. La capacidad de tracción parece que nunca se ve superada ni por la respuesta más delicada del motor. En curva sólo hace falta adivinar la salida y en pleno apoyo pisar sin contemplaciones el acelerador, que la única reacción del S5 es la de avanzar en la dirección indicada. Eso mismo en un M3 o CLK equivalentes se ve acompañado de una entrada irremediable del control de tracción, que en terreno resbaladizo vuelve crítica la conducción. La tracción quattro ayuda a digerir todo el potencial sin dependencia de las ayudas electrónicas. Al margen de la tracción, el S5 cuenta con tarados propios de suspensiones que minimizan los movimientos verticales de la carrocería hasta niveles a los que no llega una berlina familiar por muy prestacional que sea. No por ello es incómodo, pero descubres que hay muy pocos asfaltos completamente lisos en la geografía española. Es un coche muy directo, pero no duro de movimientos, que apoya muy plano y la dirección se muestra todo lo incisiva que esperas de un coche que te permite afrontar endiabladamente las entradas en curva. En trazados lentos no hay que dejarse llevar por esa imagen de deportividad aburguesada. Es muy eficaz y divertido, porque el eje trasero tiende a participar si lo descargamos de acelerador en la trazada insinuando el giro elegido. Todo surge muy fácil y natural, sin verte obligado a respetar escrupulosamente un código de conducción “asustado” por la aceleración de su motor. Frenando es otro especialista. El pedal te ofrece mucha confianza por su firme y corto tacto y el trabajo intensivo lo lleva con dignidad. Monta discos grandísimos en ambos ejes e igualmente son autoventilados delante y detrás. Sus 70 metros desde 140 km/h no son soberbios pero sí muy buenos, con el apoyo que su estabilidad en fuertes frenadas da mucha confianza.

Nos hemos dejado llevar por las emociones dinámicas, pero antes el salto al habitáculo del S5 nos lleva a otras emociones igualmente muy gratificantes. El puesto de conducción es excelente, con un perfecto protagonismo de unos asientos de corte deportivo de impecable factura. El coche está muy bien presentado y entre su equipamiento se agradece el freno de mano electrónico y la opcional llave electrónica que permite abrir y arrancar el motor a toque de tecla. Como gran coupé, ofrece una buena sensación de espacio y luminosidad, con una ergonomía tan cuidada como en todo Audi. Detrás, el acceso es incómodo: los respaldos delanteros se reclinan manualmente, pero, para aumentar el espacio de entrada, hay que desplazar eléctricamente la banqueta, maniobra que se antoja siempre lenta. El espacio allí encontrado es razonablemente bueno para ser usadas esas dos plazas de forma habitual y en largos trayectos. En todo caso, se echan en falta asas en el techo de esas plazas, condenadas por los airbags. Esta cara funcional la remata un maletero suficientemente generoso (y con respaldo reclinable) para la filosofía de este S5, que tanto puede oficiar de deportivo de élite como lujoso y refinado coupé. Es la fórmula “S”.

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