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Audi A4 2.0 TDI

Con la nueva generación del A4 se soslaya el principal defecto de su antecesor, que era la habitabilidad. En éste ya se disfruta de un espacio digno para viajar en las plazas traseras. También la mecánica se ha modernizado, haciendo más progresiva su respuesta y recortando su nivel sonoro y de vibraciones.
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Audi A4 2.0 TDI
Este motor, unido a la caja de seis relaciones disponible como elemento de serie –hay una automática opcional-, se convierte en un medio flexible para alcanzar distintos objetivos. Se puede realizar, tanto una conducción muy dinámica y excitante como un relajado guiado en la búsqueda de un mínimo consumo. Las dos primeras marchas son relativamente cortas, para obtener un buen dinamismo en la ciudad, mientras que en carretera no son prácticamente utilizables, pues ni en las horquillas es necesario su concurso. No hay que olvidar que desde 1.300 rpm este Audi A4 recibe un impulso en su cigüeñal de más de 30 mkg, lo que hace no necesario estar jugando con regímenes de giro medios o altos. Por cierto, este modelo también se apunta a la tendencia orientativa de la conducción, con una indicación en el tablero de instrumentos de la marcha engranada y la conveniencia –en su momento- de un cambio a la superior o inferior.

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Puede que la comprobación de las cifras de prestaciones lleve a la decepción, al menos, en su apartado de aceleración. Efectivamente, plantarse en el segundo 31,4 en el kilómetro cuando un Laguna dCi 150 CV baja de los 30 pues…… Sin embargo, en la carretera, donde esta prueba no tienen sentido, el A4 2.0 TDI no se siente submotorizado. La brillante respuesta del motor permite adelantamientos sin una preparación minuciosa, pues hay dos o, incluso, tres marchas en las que se puede realizar dicha maniobra con soltura.

El comportamiento de esta unidad viene calificado por la instalación de la opción de suspensión deportiva, que suponen muelles y amortiguadores más duros y rebaja en 20 mm la distancia al suelo. Además, las llantas con que venía equipada esta unidad eran de 17 pulgadas y neumáticos 225/50 en lugar de 225/55-16 de la monta de serie. Con este calzado, no podemos por menos que afirmar que uno de los lastres más importantes del A4 anterior, el subviraje en apoyo y aceleración, ha sido disminuido en una gran proporción. Ahora, este A4 se inscribe con mayor inmediatez en las curvas y en pleno apoyo aún puede cerrar más la trayectoria, si se le exige. Pero en fases de máxima demanda, todavía aparece una cierta tendencia a abrir la trayectoria, recordatorio del motor delantero en posición longitudinal, por más que se haya alterado la posición del diferencial, tratando de centrar las masas. La reacción del tren trasero en estas situaciones es de lo más precisa, no poniendo al conductor en situaciones de elevada exigencia. Sólo hay que confiar en el coche, que hará las cosas con la precisión requerida. Otro de los buenos momentos que se viven en este A4 es a la hora de frenar. La potencia, facilidad de dosificación y resistencia hacen que el coche se detenga rápido y con continuidad, sin mayores problemas. Si un defecto se había mantenido hasta ahora en la saga A4 y anteriores, era el de la habitabilidad trasera. En éste, la marca le ha puesto fin y, ahora, aunque tres adultos no pueden ir cómodos detrás, dos sí que van como marqueses. Razonablemente ancho –para lo que se estila hoy en día-, alto, con buen espacio para las piernas y puertas traseras de aceptable tamaño, la banqueta trasera es un agradable lugar para vivir el paso de los kilómetros, excepto por el ruido, que resulta anormalmente alto, con relación a los delanteros y a la categoría del coche. Delante, los opcionales asientos deportivos eléctricos –1.460 euros- son un ejemplo de cómo sujetando bien el cuerpo lo conforta excelentemente pese a estar en ellos durante horas. El volante deportivo –también opcional- nos muestra un tacto de dirección suave en toda circunstancia, alejado –afortunadamente- de la tendencia de algunas marcas de endurecer este sistema como objetivo para simular mayor calidad o rigidez.

Y, ahora, llegamos al punto, a nuestro juicio, menos favorable de este modelo: su equipamiento. Vamos a obviar enumerar todos los elementos de confort, seguridad o lujo que modelos generalistas incluyen en los equipamientos de serie por precios muy inferiores, no vaya a ser que alguien diga que no tienen cuatro aros en la parrilla. Pero estos mismos cuatro aros, creo, obligan a que elementos como el encendido automático de luces, sensor de lluvia, faros bi-xenón, asiento trasero abatible por secciones, sensor trasero de aparcamiento o el control de crucero tuvieran cabida en el precio inicial.

Efectivamente, por poco más de lo que cuesta un generalista, se podrán comprar un Audi pero, luego, se les olvidará encender los faros en un túnel o golpearán el paragolpes trasero al aparcar. Serán conductores “premium” de segunda categoría.

Ah, por cierto, ya que se incluye el freno de estacionamiento eléctrico, se podría añadir que se active sin necesidad de tirar del correspondiente mando.

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