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Audi TT RS

Para entra a competir con los Porsche Cayman y Boxster y Mercedes SLK más potentes, Audi presenta su TT con motor de 340 CV, bajo la denominación RS. Con tracción total y un aspecto aún más radical, se desdobla en versiones Coupé y Roadster ambas capaces de llegar a los 250 km/h y proporcionar sensaciones cercanas a las de un coche de competición.
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Audi TT RS
Tener la posibilidad de rodar en un circuito con un deportivo extremo como es este Audi TT RS es lo más idóneo para extraer conclusiones válidas, puesto que la carretera difícilmente lleva a un coche así a sus límites máximos. En este caso, el circuito belga de Zolder fue el lugar donde comprobamos su conducta. Esta pista pone a prueba los frenos, pues son tres las frenadas bruscas que se realizan, una de ellas desde 200 hasta 70 km/h, además de la motricidad y equilibrio del chasis, ya que dos chicanes jalonan su recorrido. Engarzando unas y otras zonas, curvas rápidas, rasantes ciegos y guardarraíles cercanos ponen a prueba tanto al Audi TT RS como a su eventual conductor.

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Audi TT RS

De entrada, lo primero que demuestra son unas prestaciones fenomenales. En la pequeña contrarresta –no más de 400 metros, pensamos- se alcanzan casi los 200 km/h, para, de forma contundente, frenar con brusquedad para tomar una primera chicane. El TT RS para con celeridad y con un suave golpe de volante izquierda-derecha, sale catapultado a casi 100 km/h hacia un rasante severo en cuya cresta casi no se tiene tiempo de mentalizarse para trazar un curvón de bajada a izquierdas que termina en una doble chicane –sustituta de la curva donde falleció Gilles Villeneuve- que exige del bastidor una rapidísima capacidad de cambio de apoyo. La primera parte de esta zona es donde el conductor siente como el pie derecho se levanta sólo del acelerador –estamos bajando a más de 170 km/h- y, esta vez conscientemente, pega un pisotón para entrar en la doble chicane. Ahí la motricidad se pone a prueba porque hay que aprovechar cada metro para pisar y soltar el acelerador entre pico y pico de la chicane. La última parte del circuito es casi de pie a tabla, con sólo dos curvas de tercera en la que los neumáticos delanteros ya no quieren seguir la trayectoria con total fidelidad, debido a su exceso de temperatura.

Normalmente, muy pocos coches matriculables se comportan y resisten bien una prueba en circuito. Este Audi TT RS la supera con notable. El bastidor aguanta bien una exigencia de este calibre y sólo los frenos, al final de tres vueltas, empezaban a mostrar una cierta pérdida de rendimiento. Es sencillo de conducir, porque su tren trasero no se desmanda cuando accionamos los mandos –pedales o volante- en apoyo y en esto, las cuatro ruedas motrices son un elemento protagonista. Pocos serán los elegidos que conduzcan uno de estos Audi TT RS en nuestro país, ya que la previsión de ventas es de una docena de unidades en los seis meses restantes de este año. Pero para aquéllos que lo disfruten, y todos los que sueñen con ello, hay que comentar que en la carretera, el TT RS va más que sobrado. De entrada, es conveniente instalar la opción de amortiguación adaptativa magnética, porque en su reglaje normal resulta plenamente confortable el rodar de estos coupés y roadsters. Al apretar el botón Sport, se selecciona la regulación más deportiva y, entonces, la pérdida de confort es notoria. Por el contrario, las reacciones del coche son más vivaces y, sobre todo, el sonido del escape se vuelve más excitante. También tuvimos ocasión de conducir una versión sin amortiguación regulable en la que lucían dos opcionales asientos de tipo competición. La combinación no era especialmente adecuada para un uso muy extenso, porque la dureza al pasar las irregularidades del asfalto resultaba excesiva.

Los asientos de serie son más mullidos, en equilibrio con la rigidez de suspensión, y sujetan el cuerpo con suficiente eficacia. Los reglajes del volante y de los propios asientos permiten obtener variadas correctas posiciones de conducción, para adaptarse a los gustos de los distintos conductores. El tacto y la precisión de la palanca de cambios es un punto en el que hace falta un grado de mejora para conseguir la excelencia, pero en uso moderado no genera problema alguno. Quien se decida por la versión descapotable Roadster, hay que avisarle que el nivel sonoro, incluso con la capota cerrada, es bastante elevado.
Droga dura
Tener la posibilidad de rodar en un circuito con un deportivo extremo como es este Audi TT RS es lo más idóneo para extraer conclusiones válidas, puesto que la carretera difícilmente lleva a un coche así a sus límites máximos. En este caso, el circuito belga de Zolder fue el lugar donde comprobamos su conducta. Esta pista pone a prueba los frenos, pues son tres las frenadas bruscas que se realizan, una de ellas desde 200 hasta 70 km/h, además de la motricidad y equilibrio del chasis, ya que dos chicanes jalonan su recorrido. Engarzando unas y otras zonas, curvas rápidas, rasantes ciegos y guardarraíles cercanos ponen a prueba tanto al Audi TT RS como a su eventual conductor. De entrada, lo primero que demuestra son unas prestaciones fenomenales. En la pequeña contrarresta –no más de 400 metros, pensamos- se alcanzan casi los 200 km/h, para, de forma contundente, frenar con brusquedad para tomar una primera chicane. El TT RS para con celeridad y con un suave golpe de volante izquierda-derecha, sale catapultado a casi 100 km/h hacia un rasante severo en cuya cresta casi no se tiene tiempo de mentalizarse para trazar un curvón de bajada a izquierdas que termina en una doble chicane –sustituta de la curva donde falleció Gilles Villeneuve- que exige del bastidor una rapidísima capacidad de cambio de apoyo. La primera parte de esta zona es donde el conductor siente como el pie derecho se levanta sólo del acelerador –estamos bajando a más de 170 km/h- y, esta vez conscientemente, pega un pisotón para entrar en la doble chicane. Ahí la motricidad se pone a prueba porque hay que aprovechar cada metro para pisar y soltar el acelerador entre pico y pico de la chicane. La última parte del circuito es casi de pie a tabla, con sólo dos curvas de tercera en la que los neumáticos delanteros ya no quieren seguir la trayectoria con total fidelidad, debido a su exceso de temperatura.

Normalmente, muy pocos coches matriculables se comportan y resisten bien una prueba en circuito. Este Audi TT RS la supera con notable. El bastidor aguanta bien una exigencia de este calibre y sólo los frenos, al final de tres vueltas, empezaban a mostrar una cierta pérdida de rendimiento. Es sencillo de conducir, porque su tren trasero no se desmanda cuando accionamos los mandos –pedales o volante- en apoyo y en esto, las cuatro ruedas motrices son un elemento protagonista. Pocos serán los elegidos que conduzcan uno de estos Audi TT RS en nuestro país, ya que la previsión de ventas es de una docena de unidades en los seis meses restantes de este año. Pero para aquéllos que lo disfruten, y todos los que sueñen con ello, hay que comentar que en la carretera, el TT RS va más que sobrado. De entrada, es conveniente instalar la opción de amortiguación adaptativa magnética, porque en su reglaje normal resulta plenamente confortable el rodar de estos coupés y roadsters. Al apretar el botón Sport, se selecciona la regulación más deportiva y, entonces, la pérdida de confort es notoria. Por el contrario, las reacciones del coche son más vivaces y, sobre todo, el sonido del escape se vuelve más excitante. También tuvimos ocasión de conducir una versión sin amortiguación regulable en la que lucían dos opcionales asientos de tipo competición. La combinación no era especialmente adecuada para un uso muy extenso, porque la dureza al pasar las irregularidades del asfalto resultaba excesiva.

Los asientos de serie son más mullidos, en equilibrio con la rigidez de suspensión, y sujetan el cuerpo con suficiente eficacia. Los reglajes del volante y de los propios asientos permiten obtener variadas correctas posiciones de conducción, para adaptarse a los gustos de los distintos conductores. El tacto y la precisión de la palanca de cambios es un punto en el que hace falta un grado de mejora para conseguir la excelencia, pero en uso moderado no genera problema alguno. Quien se decida por la versión descapotable Roadster, hay que avisarle que el nivel sonoro, incluso con la capota cerrada, es bastante elevado.
Droga dura
Tener la posibilidad de rodar en un circuito con un deportivo extremo como es este Audi TT RS es lo más idóneo para extraer conclusiones válidas, puesto que la carretera difícilmente lleva a un coche así a sus límites máximos. En este caso, el circuito belga de Zolder fue el lugar donde comprobamos su conducta. Esta pista pone a prueba los frenos, pues son tres las frenadas bruscas que se realizan, una de ellas desde 200 hasta 70 km/h, además de la motricidad y equilibrio del chasis, ya que dos chicanes jalonan su recorrido. Engarzando unas y otras zonas, curvas rápidas, rasantes ciegos y guardarraíles cercanos ponen a prueba tanto al Audi TT RS como a su eventual conductor. De entrada, lo primero que demuestra son unas prestaciones fenomenales. En la pequeña contrarresta –no más de 400 metros, pensamos- se alcanzan casi los 200 km/h, para, de forma contundente, frenar con brusquedad para tomar una primera chicane. El TT RS para con celeridad y con un suave golpe de volante izquierda-derecha, sale catapultado a casi 100 km/h hacia un rasante severo en cuya cresta casi no se tiene tiempo de mentalizarse para trazar un curvón de bajada a izquierdas que termina en una doble chicane –sustituta de la curva donde falleció Gilles Villeneuve- que exige del bastidor una rapidísima capacidad de cambio de apoyo. La primera parte de esta zona es donde el conductor siente como el pie derecho se levanta sólo del acelerador –estamos bajando a más de 170 km/h- y, esta vez conscientemente, pega un pisotón para entrar en la doble chicane. Ahí la motricidad se pone a prueba porque hay que aprovechar cada metro para pisar y soltar el acelerador entre pico y pico de la chicane. La última parte del circuito es casi de pie a tabla, con sólo dos curvas de tercera en la que los neumáticos delanteros ya no quieren seguir la trayectoria con total fidelidad, debido a su exceso de temperatura.

Normalmente, muy pocos coches matriculables se comportan y resisten bien una prueba en circuito. Este Audi TT RS la supera con notable. El bastidor aguanta bien una exigencia de este calibre y sólo los frenos, al final de tres vueltas, empezaban a mostrar una cierta pérdida de rendimiento. Es sencillo de conducir, porque su tren trasero no se desmanda cuando accionamos los mandos –pedales o volante- en apoyo y en esto, las cuatro ruedas motrices son un elemento protagonista. Pocos serán los elegidos que conduzcan uno de estos Audi TT RS en nuestro país, ya que la previsión de ventas es de una docena de unidades en los seis meses restantes de este año. Pero para aquéllos que lo disfruten, y todos los que sueñen con ello, hay que comentar que en la carretera, el TT RS va más que sobrado. De entrada, es conveniente instalar la opción de amortiguación adaptativa magnética, porque en su reglaje normal resulta plenamente confortable el rodar de estos coupés y roadsters. Al apretar el botón Sport, se selecciona la regulación más deportiva y, entonces, la pérdida de confort es notoria. Por el contrario, las reacciones del coche son más vivaces y, sobre todo, el sonido del escape se vuelve más excitante. También tuvimos ocasión de conducir una versión sin amortiguación regulable en la que lucían dos opcionales asientos de tipo competición. La combinación no era especialmente adecuada para un uso muy extenso, porque la dureza al pasar las irregularidades del asfalto resultaba excesiva.

Los asientos de serie son más mullidos, en equilibrio con la rigidez de suspensión, y sujetan el cuerpo con suficiente eficacia. Los reglajes del volante y de los propios asientos permiten obtener variadas correctas posiciones de conducción, para adaptarse a los gustos de los distintos conductores. El tacto y la precisión de la palanca de cambios es un punto en el que hace falta un grado de mejora para conseguir la excelencia, pero en uso moderado no genera problema alguno. Quien se decida por la versión descapotable Roadster, hay que avisarle que el nivel sonoro, incluso con la capota cerrada, es bastante elevado.
Droga dura
Tener la posibilidad de rodar en un circuito con un deportivo extremo como es este Audi TT RS es lo más idóneo para extraer conclusiones válidas, puesto que la carretera difícilmente lleva a un coche así a sus límites máximos. En este caso, el circuito belga de Zolder fue el lugar donde comprobamos su conducta. Esta pista pone a prueba los frenos, pues son tres las frenadas bruscas que se realizan, una de ellas desde 200 hasta 70 km/h, además de la motricidad y equilibrio del chasis, ya que dos chicanes jalonan su recorrido. Engarzando unas y otras zonas, curvas rápidas, rasantes ciegos y guardarraíles cercanos ponen a prueba tanto al Audi TT RS como a su eventual conductor. De entrada, lo primero que demuestra son unas prestaciones fenomenales. En la pequeña contrarresta –no más de 400 metros, pensamos- se alcanzan casi los 200 km/h, para, de forma contundente, frenar con brusquedad para tomar una primera chicane. El TT RS para con celeridad y con un suave golpe de volante izquierda-derecha, sale catapultado a casi 100 km/h hacia un rasante severo en cuya cresta casi no se tiene tiempo de mentalizarse para trazar un curvón de bajada a izquierdas que termina en una doble chicane –sustituta de la curva donde falleció Gilles Villeneuve- que exige del bastidor una rapidísima capacidad de cambio de apoyo. La primera parte de esta zona es donde el conductor siente como el pie derecho se levanta sólo del acelerador –estamos bajando a más de 170 km/h- y, esta vez conscientemente, pega un pisotón para entrar en la doble chicane. Ahí la motricidad se pone a prueba porque hay que aprovechar cada metro para pisar y soltar el acelerador entre pico y pico de la chicane. La última parte del circuito es casi de pie a tabla, con sólo dos curvas de tercera en la que los neumáticos delanteros ya no quieren seguir la trayectoria con total fidelidad, debido a su exceso de temperatura.

Normalmente, muy pocos coches matriculables se comportan y resisten bien una prueba en circuito. Este Audi TT RS la supera con notable. El bastidor aguanta bien una exigencia de este calibre y sólo los frenos, al final de tres vueltas, empezaban a mostrar una cierta pérdida de rendimiento. Es sencillo de conducir, porque su tren trasero no se desmanda cuando accionamos los mandos –pedales o volante- en apoyo y en esto, las cuatro ruedas motrices son un elemento protagonista. Pocos serán los elegidos que conduzcan uno de estos Audi TT RS en nuestro país, ya que la previsión de ventas es de una docena de unidades en los seis meses restantes de este año. Pero para aquéllos que lo disfruten, y todos los que sueñen con ello, hay que comentar que en la carretera, el TT RS va más que sobrado. De entrada, es conveniente instalar la opción de amortiguación adaptativa magnética, porque en su reglaje normal resulta plenamente confortable el rodar de estos coupés y roadsters. Al apretar el botón Sport, se selecciona la regulación más deportiva y, entonces, la pérdida de confort es notoria. Por el contrario, las reacciones del coche son más vivaces y, sobre todo, el sonido del escape se vuelve más excitante. También tuvimos ocasión de conducir una versión sin amortiguación regulable en la que lucían dos opcionales asientos de tipo competición. La combinación no era especialmente adecuada para un uso muy extenso, porque la dureza al pasar las irregularidades del asfalto resultaba excesiva.

Los asientos de serie son más mullidos, en equilibrio con la rigidez de suspensión, y sujetan el cuerpo con suficiente eficacia. Los reglajes del volante y de los propios asientos permiten obtener variadas correctas posiciones de conducción, para adaptarse a los gustos de los distintos conductores. El tacto y la precisión de la palanca de cambios es un punto en el que hace falta un grado de mejora para conseguir la excelencia, pero en uso moderado no genera problema alguno. Quien se decida por la versión descapotable Roadster, hay que avisarle que el nivel sonoro, incluso con la capota cerrada, es bastante elevado.
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