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Audi S3 TFSI quattro Sportback frente a BMW 130i

Dos conceptos técnicos bien distintos: la tracción total del Audi S3 frente a la propulsión trasera del BMW 130i. Comparte una extrema potencia, 265 CV, y un aroma genuinamente deportivo.
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Audi S3 TFSI quattro Sportback frente a BMW 130i
Otro apartado donde las diferencias son radicales. Audi utiliza inyección directa de gasolina y turbocompresor para llegar a la misma potencia -pero con más par- que BMW con inyección indirecta, aspiración atmosférica y un par de cilindros extras. Es verdad, hay algo de gigantismo en este Serie 1, pero el análisis del motor no deja lugar más que al éxtasis. Es impresionante en todos los sentidos, teórico o práctico. Cierto es, también, que acaba gastando más combustible que el Audi, éste ayudado por las tecnologías más modernas y su menor cilindrada. El propulsor del S3 no puede compararse con la respuesta del BMW a bajo régimen, pero pasando las 2.500 rpm el tirón es similar, sino superior.
Una diferencia clave en esta comparación se encuentra en el cambio. Audi acaba de proponer su S-tronic para el S3 desde el primero de octubre. Por tanto, el que hemos conducido utiliza una caja manual de seis relaciones. A fuerza de ser pesado, me mantengo en que una caja de cambios de este tipo no tiene ya razón de ser. Eso de pisar el embrague y realizar el punta-tacón con el pie derecho en las reducciones parece la historia del abuelo a su nieto: "cuando yo era joven....." Por contra, el BMW incorpora la opción de caja automática con palancas en el volante, que puede hacerte imaginar la actividad de Heidfeld en sus fines de semana de trabajo en la Fórmula 1. Rápida, suave y con "punta-tacón" automático, libera al conductor de una parte del trabajo requerido para sacar el máximo jugo a este 130i.

No sólo somos nosotros, buen número de compradores del Serie 1 acaban escarmentados por su dureza de suspensión. Es un coche de rodar incómodo, y más si dispone de la opcional suspensión deportiva -como era el caso-, para el día a día. Por contra, el S3 juega con unos recorridos iniciales de suspensión más progresivos y sólo cuando apretamos el botón de la amortiguación electromagnética comprobamos que también puede convertirse en realmente insoportable. La presentación interior del Audi, sin ser la de modelos superiores de la marca, genera excelentes sensaciones de calidad visual. En cuanto al interior, nuestro S3 contaba con los asientos deportivos opcionales, que cuestan 4.300 euros y que, curiosamente, no disponen del reglaje lumbar de que disponen los de serie. Como conjunto son buenos, muy buenos, pero nos han parecido más cómodos los del BMW, con más capacidad de mullido y, por tanto, adaptación a las curvas que cada persona posee en la espalda. El espacio interior es adecuado para cuatro adultos, en particular parece haberse pensado mucho en el mercado alemán, porque las cotas de altura son especialmente generosas. Ya hemos dejado claro que en situaciones precarias de agarre, las cuatro ruedas motrices, además asociadas a similares controles electrónicos, son una ventaja incuestionable. Como es previsible, dado el cercano marcaje existente entre ambas marcas, la disponibilidad de elementos de control electrónico es muy semejante y donde realmente se notan diferencias es a la hora de detener el coche con los frenos. Ahí, el Audi S3 ha demostrado un rendimiento decepcionante, ni siquiera la mordiente a baja velocidad se muestra brillante. Tampoco el BMW ha conseguido unas distancias de detención que puedan calificarse de sobresalientes, pero entran dentro de lo esperable en un coche con pretensiones "deportivas".

En el BMW, la austeridad en la presentación es la regla, sin que ello quiera decir que la calidad se vea mermada. En su versión con caja de cambios manual, el BMW resulta bastante más asequible que el S3, mientras que en la configuración aquí probada, la balanza se equilibra. Con esta dotación de transmisión, el gusto por el uso diario del 130i gana muchos enteros, mientras que de la otra forma, no podría recortar el superior confort del Audi.
La tracción frente a la propulsión
Otro apartado donde las diferencias son radicales. Audi utiliza inyección directa de gasolina y turbocompresor para llegar a la misma potencia -pero con más par- que BMW con inyección indirecta, aspiración atmosférica y un par de cilindros extras. Es verdad, hay algo de gigantismo en este Serie 1, pero el análisis del motor no deja lugar más que al éxtasis. Es impresionante en todos los sentidos, teórico o práctico. Cierto es, también, que acaba gastando más combustible que el Audi, éste ayudado por las tecnologías más modernas y su menor cilindrada. El propulsor del S3 no puede compararse con la respuesta del BMW a bajo régimen, pero pasando las 2.500 rpm el tirón es similar, sino superior. Una diferencia clave en esta comparación se encuentra en el cambio. Audi acaba de proponer su S-tronic para el S3 desde el primero de octubre. Por tanto, el que hemos conducido utiliza una caja manual de seis relaciones. A fuerza de ser pesado, me mantengo en que una caja de cambios de este tipo no tiene ya razón de ser. Eso de pisar el embrague y realizar el punta-tacón con el pie derecho en las reducciones parece la historia del abuelo a su nieto: "cuando yo era joven....." Por contra, el BMW incorpora la opción de caja automática con palancas en el volante, que puede hacerte imaginar la actividad de Heidfeld en sus fines de semana de trabajo en la Fórmula 1. Rápida, suave y con "punta-tacón" automático, libera al conductor de una parte del trabajo requerido para sacar el máximo jugo a este 130i.

No sólo somos nosotros, buen número de compradores del Serie 1 acaban escarmentados por su dureza de suspensión. Es un coche de rodar incómodo, y más si dispone de la opcional suspensión deportiva -como era el caso-, para el día a día. Por contra, el S3 juega con unos recorridos iniciales de suspensión más progresivos y sólo cuando apretamos el botón de la amortiguación electromagnética comprobamos que también puede convertirse en realmente insoportable. La presentación interior del Audi, sin ser la de modelos superiores de la marca, genera excelentes sensaciones de calidad visual. En cuanto al interior, nuestro S3 contaba con los asientos deportivos opcionales, que cuestan 4.300 euros y que, curiosamente, no disponen del reglaje lumbar de que disponen los de serie. Como conjunto son buenos, muy buenos, pero nos han parecido más cómodos los del BMW, con más capacidad de mullido y, por tanto, adaptación a las curvas que cada persona posee en la espalda. El espacio interior es adecuado para cuatro adultos, en particular parece haberse pensado mucho en el mercado alemán, porque las cotas de altura son especialmente generosas. Ya hemos dejado claro que en situaciones precarias de agarre, las cuatro ruedas motrices, además asociadas a similares controles electrónicos, son una ventaja incuestionable. Como es previsible, dado el cercano marcaje existente entre ambas marcas, la disponibilidad de elementos de control electrónico es muy semejante y donde realmente se notan diferencias es a la hora de detener el coche con los frenos. Ahí, el Audi S3 ha demostrado un rendimiento decepcionante, ni siquiera la mordiente a baja velocidad se muestra brillante. Tampoco el BMW ha conseguido unas distancias de detención que puedan calificarse de sobresalientes, pero entran dentro de lo esperable en un coche con pretensiones "deportivas".

En el BMW, la austeridad en la presentación es la regla, sin que ello quiera decir que la calidad se vea mermada. En su versión con caja de cambios manual, el BMW resulta bastante más asequible que el S3, mientras que en la configuración aquí probada, la balanza se equilibra. Con esta dotación de transmisión, el gusto por el uso diario del 130i gana muchos enteros, mientras que de la otra forma, no podría recortar el superior confort del Audi.
La tracción frente a la propulsión
Otro apartado donde las diferencias son radicales. Audi utiliza inyección directa de gasolina y turbocompresor para llegar a la misma potencia -pero con más par- que BMW con inyección indirecta, aspiración atmosférica y un par de cilindros extras. Es verdad, hay algo de gigantismo en este Serie 1, pero el análisis del motor no deja lugar más que al éxtasis. Es impresionante en todos los sentidos, teórico o práctico. Cierto es, también, que acaba gastando más combustible que el Audi, éste ayudado por las tecnologías más modernas y su menor cilindrada. El propulsor del S3 no puede compararse con la respuesta del BMW a bajo régimen, pero pasando las 2.500 rpm el tirón es similar, sino superior. Una diferencia clave en esta comparación se encuentra en el cambio. Audi acaba de proponer su S-tronic para el S3 desde el primero de octubre. Por tanto, el que hemos conducido utiliza una caja manual de seis relaciones. A fuerza de ser pesado, me mantengo en que una caja de cambios de este tipo no tiene ya razón de ser. Eso de pisar el embrague y realizar el punta-tacón con el pie derecho en las reducciones parece la historia del abuelo a su nieto: "cuando yo era joven....." Por contra, el BMW incorpora la opción de caja automática con palancas en el volante, que puede hacerte imaginar la actividad de Heidfeld en sus fines de semana de trabajo en la Fórmula 1. Rápida, suave y con "punta-tacón" automático, libera al conductor de una parte del trabajo requerido para sacar el máximo jugo a este 130i.

No sólo somos nosotros, buen número de compradores del Serie 1 acaban escarmentados por su dureza de suspensión. Es un coche de rodar incómodo, y más si dispone de la opcional suspensión deportiva -como era el caso-, para el día a día. Por contra, el S3 juega con unos recorridos iniciales de suspensión más progresivos y sólo cuando apretamos el botón de la amortiguación electromagnética comprobamos que también puede convertirse en realmente insoportable. La presentación interior del Audi, sin ser la de modelos superiores de la marca, genera excelentes sensaciones de calidad visual. En cuanto al interior, nuestro S3 contaba con los asientos deportivos opcionales, que cuestan 4.300 euros y que, curiosamente, no disponen del reglaje lumbar de que disponen los de serie. Como conjunto son buenos, muy buenos, pero nos han parecido más cómodos los del BMW, con más capacidad de mullido y, por tanto, adaptación a las curvas que cada persona posee en la espalda. El espacio interior es adecuado para cuatro adultos, en particular parece haberse pensado mucho en el mercado alemán, porque las cotas de altura son especialmente generosas. Ya hemos dejado claro que en situaciones precarias de agarre, las cuatro ruedas motrices, además asociadas a similares controles electrónicos, son una ventaja incuestionable. Como es previsible, dado el cercano marcaje existente entre ambas marcas, la disponibilidad de elementos de control electrónico es muy semejante y donde realmente se notan diferencias es a la hora de detener el coche con los frenos. Ahí, el Audi S3 ha demostrado un rendimiento decepcionante, ni siquiera la mordiente a baja velocidad se muestra brillante. Tampoco el BMW ha conseguido unas distancias de detención que puedan calificarse de sobresalientes, pero entran dentro de lo esperable en un coche con pretensiones "deportivas".

En el BMW, la austeridad en la presentación es la regla, sin que ello quiera decir que la calidad se vea mermada. En su versión con caja de cambios manual, el BMW resulta bastante más asequible que el S3, mientras que en la configuración aquí probada, la balanza se equilibra. Con esta dotación de transmisión, el gusto por el uso diario del 130i gana muchos enteros, mientras que de la otra forma, no podría recortar el superior confort del Audi.
La tracción frente a la propulsión
Otro apartado donde las diferencias son radicales. Audi utiliza inyección directa de gasolina y turbocompresor para llegar a la misma potencia -pero con más par- que BMW con inyección indirecta, aspiración atmosférica y un par de cilindros extras. Es verdad, hay algo de gigantismo en este Serie 1, pero el análisis del motor no deja lugar más que al éxtasis. Es impresionante en todos los sentidos, teórico o práctico. Cierto es, también, que acaba gastando más combustible que el Audi, éste ayudado por las tecnologías más modernas y su menor cilindrada. El propulsor del S3 no puede compararse con la respuesta del BMW a bajo régimen, pero pasando las 2.500 rpm el tirón es similar, sino superior. Una diferencia clave en esta comparación se encuentra en el cambio. Audi acaba de proponer su S-tronic para el S3 desde el primero de octubre. Por tanto, el que hemos conducido utiliza una caja manual de seis relaciones. A fuerza de ser pesado, me mantengo en que una caja de cambios de este tipo no tiene ya razón de ser. Eso de pisar el embrague y realizar el punta-tacón con el pie derecho en las reducciones parece la historia del abuelo a su nieto: "cuando yo era joven....." Por contra, el BMW incorpora la opción de caja automática con palancas en el volante, que puede hacerte imaginar la actividad de Heidfeld en sus fines de semana de trabajo en la Fórmula 1. Rápida, suave y con "punta-tacón" automático, libera al conductor de una parte del trabajo requerido para sacar el máximo jugo a este 130i.

No sólo somos nosotros, buen número de compradores del Serie 1 acaban escarmentados por su dureza de suspensión. Es un coche de rodar incómodo, y más si dispone de la opcional suspensión deportiva -como era el caso-, para el día a día. Por contra, el S3 juega con unos recorridos iniciales de suspensión más progresivos y sólo cuando apretamos el botón de la amortiguación electromagnética comprobamos que también puede convertirse en realmente insoportable. La presentación interior del Audi, sin ser la de modelos superiores de la marca, genera excelentes sensaciones de calidad visual. En cuanto al interior, nuestro S3 contaba con los asientos deportivos opcionales, que cuestan 4.300 euros y que, curiosamente, no disponen del reglaje lumbar de que disponen los de serie. Como conjunto son buenos, muy buenos, pero nos han parecido más cómodos los del BMW, con más capacidad de mullido y, por tanto, adaptación a las curvas que cada persona posee en la espalda. El espacio interior es adecuado para cuatro adultos, en particular parece haberse pensado mucho en el mercado alemán, porque las cotas de altura son especialmente generosas. Ya hemos dejado claro que en situaciones precarias de agarre, las cuatro ruedas motrices, además asociadas a similares controles electrónicos, son una ventaja incuestionable. Como es previsible, dado el cercano marcaje existente entre ambas marcas, la disponibilidad de elementos de control electrónico es muy semejante y donde realmente se notan diferencias es a la hora de detener el coche con los frenos. Ahí, el Audi S3 ha demostrado un rendimiento decepcionante, ni siquiera la mordiente a baja velocidad se muestra brillante. Tampoco el BMW ha conseguido unas distancias de detención que puedan calificarse de sobresalientes, pero entran dentro de lo esperable en un coche con pretensiones "deportivas".

En el BMW, la austeridad en la presentación es la regla, sin que ello quiera decir que la calidad se vea mermada. En su versión con caja de cambios manual, el BMW resulta bastante más asequible que el S3, mientras que en la configuración aquí probada, la balanza se equilibra. Con esta dotación de transmisión, el gusto por el uso diario del 130i gana muchos enteros, mientras que de la otra forma, no podría recortar el superior confort del Audi.
La tracción frente a la propulsión

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