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Audi R8 5.2 FSI Quattro

En el exclusivo club de los deportivos más potentes del mundo, no hay otro coche más fácil de conducir que el R8. Eso ya pasaba con el V8 de 420 CV, pero el nuevo V10 de 525 CV corre muchísimo más y es bastante más eficaz.
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Audi R8 5.2 FSI Quattro
El nuevo Audi R8 5.2 FSI Quattro cuesta 157.900 euros con cambio manual de seis marchas, cuya palanca se desliza por una rejilla de aluminio, y 166.000 con cambio robotizado R Tronic y levas en el volante. Acelera de 0 a 100 km/h en menos de 4 segundos y sólo tiene dos plazas. Es la última versión del superdeportivo de Audi que, al igual que el R8 4.2 V8 conocido hasta ahora, resulta increíblemente fácil de conducir, aunque corre una barbaridad.

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Audi R8 5.2 FSI Quattro

Y es que el nuevo Audi R8 5.2 FSI Quattro recibe el motor del Lamborghini Gallardo LP560-4, con inyección directa y distribución variable aunque «rebajado» a 525 CV. Se trata de un 5,2 litros con 10 cilindros en V a 90º pero con las muñequillas del cigüeñal descentradas 18º, de modo que funciona como si fuera un V10 a 72º. Aunque esta última configuración es la más equilibrada para un motor de diez cilindros en V, en Audi han preferido conservar el V10 a 90º para ahorrar costes de desarrollo y, al tiempo, reducir el centro de gravedad.

El sistema de tracción totalQuattro con acoplamiento viscoso tiene ahora un nuevo reparto de par para primar más al eje trasero. En condiciones normales, el eje posterior recibe un 85 por ciento de la fuerza del motor pero, en caso necesario, las delanteras pueden llegar a recibir hasta el 30 por ciento. El Audi S8 ya tenía un reparto similar, si bien la berlina de lujo cuenta con un diferencial central Torsen. La marca de los cuatro aros tiene otro V10 aún más potente, el 5.0 biturbo de 585 CV que lleva el Audi RS6. Hemos tenido ocasión de probar el Audi R8 5.2 FSI Quattro por la Serranía de Ronda y en el Ascari Race Resort. Sin duda, el R8 V10 corre muchísimo más que el V8, la suspensión Magnetic Ride no es cómoda pero tampoco una tabla —opcionalmente hay otra suspensión deportiva—, el bastidor es tan noble que permite frenar, ahuecar o reducir en apoyo, la velocidad de paso por curva quita el hipo casi tanto como la motricidad o la aceleración y el cambio R Tronic es brusco en aceleración pero una gozada en retención. Puede que no tenga los frenos de un Porsche 911 GT2 ni el caché o la eficacia de un Ferrari 430 Scuderia pero el Audi R8 5.2 FSI Quattro es sin duda el mejor coche para ir endiabladamente rápido sin necesidad de tener unas manos prodigiosas
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