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Audi R8

El último producto de Audi apunta al sector deportivo más puro y elitista, a Porsche por ejemplo, lo que lleva al R8 a tener también un puesto en el club de los coches más fascinantes del mundo.
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Audi R8
Antes de la llegada de este espectacular R8, Audi tenía en sus versiones RS modelos desde un punto de vista prestacional tan deportivos como un Porsche, Lamborghini o Ferrari. Sin embargo, por mucho que un Audi RS4 de 420 CV -comparte motor con este R8-, pida paso a un Porsche 911, no parece que el primero tenga la autenticidad de éste último.

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Detalles del Audi R8

La configuración mecánica del R8 es equiparable a la de coches tan apasionantes como un Ferrari F430 o un Lamborghini Gallardo. Con el R8 Audi plantea un deportivo en toda su dimensión, sin concesiones derivadas por partir de una vulgar berlina. Y, en este sentido, el R8 nace de la mejor receta posible. Si hay un tipo de deportivo que te lleve a sentirlo desde el primer instante de un rango superior, éste es el de los biplazas con motor central. De hecho, independientemente de la potencia final y tipo de transmisión, esta configuración propia de un Fórmula 1 sólo la firman hasta la llegada de este R8 y, salvo puntuales realizaciones, marcas como las citadas anteriormente: Ferrari, Porsche o Lamborghini. Ahí queda eso. Cuando los ingenieros trabajan con este tipo de configuración, los diseñadores se deben frotar las manos. El resultado no sólo es que sean los coches más excitantes de conducir, sino que igualmente son los más impresionantes de admirar. Bajo, anchísimo, vano delantero cortísimo, distancia entre ejes larguísima, voladizos que no dejan de ser únicamente paragolpes de diseño. Estéticamente la planta del R8 resulta impresionante, aderezada por enormes tomas de refrigeración distribuidas por todo el perímetro de la carrocería. Otras aportaciones de esa configuración vienen por la concentración del peso sobre el centro de gravedad. Frente a esto, técnicamente un 911 parece una aberración, aunque la puesta a punto final de tantas y tantas evoluciones maquille el resultado. Sin embargo, de base, las propiedades del R8 reducen el momento polar y reparte equitativamente el peso sobre ambos ejes. El R8 deja caer sobre su eje delantero el 44 por ciento de sus 1.645 kilos verificados, mientras un “convencional” RS4 (mismo motor y también tracción integral) sobrecarga su tren delantero con el 60 por ciento de sus 1.728 kg (40 por ciento en un 911 Carrera 4). Entre este equilibrio, su óptimo centro de gravedad y la construcción del chasis y la carrocería en aluminio, que lo hacen relativamente ligero, todo lo radical que puede parecer el R8 se transforma en facilidad de conducción, dentro de un orden cuando tratamos con 420 CV. En este sentido, posiblemente sea el superdeportivo más apto para todos los públicos y más agradecido para todas las condiciones de uso, salvo que el cambio R Tronic opcional dificulta modular el acelerador en las maniobras de ciudad.

Con el motor pasa algo parecido. No es el más potente del muestrario Audi, aunque el conjunto sí es el más prestacional. De hecho, librado de limitaciones electrónicas, este R8 lleva la aguja del velocímetro hasta los 301 km/h. El motor proviene del RS4, un V8 4.2 FSI de 420 CV que en este caso abandona el cárter húmedo por uno seco que garantiza la lubricación en largos y fuertes apoyos. Decir que peca de soso parece una prepotencia por nuestra parte, pero resulta tan progresivo y civilizado si lo buscamos que sus sensaciones no se corresponden con los números que arroja, que son de auténtico vértigo… De los coches más rápidos del mundo. Además, el sonido del motor dice mucho en estos coches, y el del R8 es intencionadamente moderado. Salvo en acelerones en vacío o cuando lo llevamos en busca de las 8.000 revoluciones, casos en los que suena a música celestial, en fases normales de aceleración y a regímenes mantenidos el motor pasa bastante desapercibido dentro del habitáculo para lo que puedes esperar.

Este ambiente relativamente refinado se complementa con un habitáculo muy bien presentado y equipado, en la línea de una berlina de la marca, eso sí, con un diseño claramente más deportivo del puesto de conducción. Si todo son parabienes en este sentido, el volante con la parte baja achatada no es un acierto en un coche de calle con el que completas giros de volante. Por lo demás, asientos, mandos, pedales… ergonómicamente es todo un Audi y esto significa acomodarse muy bien. Sólo, y es lógico, el acceso exige ciertas dosis de contorsionismo. El V8 retrasa el corte a 8.250 rpm, donde "muere" sonando a música celestial. Antes de la llegada de este espectacular R8, Audi tenía en sus versiones RS modelos desde un punto de vista prestacional tan deportivos como un Porsche, Lamborghini o Ferrari. Sin embargo, por mucho que un Audi RS4 de 420 CV -comparte motor con este R8-, pida paso a un Porsche 911, no parece que el primero tenga la autenticidad de éste último. La configuración mecánica del R8 es equiparable a la de coches tan apasionantes como un Ferrari F430 o un Lamborghini Gallardo. Con el R8 Audi plantea un deportivo en toda su dimensión, sin concesiones derivadas por partir de una vulgar berlina. Y, en este sentido, el R8 nace de la mejor receta posible. Si hay un tipo de deportivo que te lleve a sentirlo desde el primer instante de un rango superior, éste es el de los biplazas con motor central. De hecho, independientemente de la potencia final y tipo de transmisión, esta configuración propia de un Fórmula 1 sólo la firman hasta la llegada de este R8 y, salvo puntuales realizaciones, marcas como las citadas anteriormente: Ferrari, Porsche o Lamborghini. Ahí queda eso. Cuando los ingenieros trabajan con este tipo de configuración, los diseñadores se deben frotar las manos. El resultado no sólo es que sean los coches más excitantes de conducir, sino que igualmente son los más impresionantes de admirar. Bajo, anchísimo, vano delantero cortísimo, distancia entre ejes larguísima, voladizos que no dejan de ser únicamente paragolpes de diseño. Estéticamente la planta del R8 resulta impresionante, aderezada por enormes tomas de refrigeración distribuidas por todo el perímetro de la carrocería. Otras aportaciones de esa configuración vienen por la concentración del peso sobre el centro de gravedad. Frente a esto, técnicamente un 911 parece una aberración, aunque la puesta a punto final de tantas y tantas evoluciones maquille el resultado. Sin embargo, de base, las propiedades del R8 reducen el momento polar y reparte equitativamente el peso sobre ambos ejes. El R8 deja caer sobre su eje delantero el 44 por ciento de sus 1.645 kilos verificados, mientras un “convencional” RS4 (mismo motor y también tracción integral) sobrecarga su tren delantero con el 60 por ciento de sus 1.728 kg (40 por ciento en un 911 Carrera 4). Entre este equilibrio, su óptimo centro de gravedad y la construcción del chasis y la carrocería en aluminio, que lo hacen relativamente ligero, todo lo radical que puede parecer el R8 se transforma en facilidad de conducción, dentro de un orden cuando tratamos con 420 CV. En este sentido, posiblemente sea el superdeportivo más apto para todos los públicos y más agradecido para todas las condiciones de uso, salvo que el cambio R Tronic opcional dificulta modular el acelerador en las maniobras de ciudad.

Con el motor pasa algo parecido. No es el más potente del muestrario Audi, aunque el conjunto sí es el más prestacional. De hecho, librado de limitaciones electrónicas, este R8 lleva la aguja del velocímetro hasta los 301 km/h. El motor proviene del RS4, un V8 4.2 FSI de 420 CV que en este caso abandona el cárter húmedo por uno seco que garantiza la lubricación en largos y fuertes apoyos. Decir que peca de soso parece una prepotencia por nuestra parte, pero resulta tan progresivo y civilizado si lo buscamos que sus sensaciones no se corresponden con los números que arroja, que son de auténtico vértigo… De los coches más rápidos del mundo. Además, el sonido del motor dice mucho en estos coches, y el del R8 es intencionadamente moderado. Salvo en acelerones en vacío o cuando lo llevamos en busca de las 8.000 revoluciones, casos en los que suena a música celestial, en fases normales de aceleración y a regímenes mantenidos el motor pasa bastante desapercibido dentro del habitáculo para lo que puedes esperar.

Este ambiente relativamente refinado se complementa con un habitáculo muy bien presentado y equipado, en la línea de una berlina de la marca, eso sí, con un diseño claramente más deportivo del puesto de conducción. Si todo son parabienes en este sentido, el volante con la parte baja achatada no es un acierto en un coche de calle con el que completas giros de volante. Por lo demás, asientos, mandos, pedales… ergonómicamente es todo un Audi y esto significa acomodarse muy bien. Sólo, y es lógico, el acceso exige ciertas dosis de contorsionismo. El V8 retrasa el corte a 8.250 rpm, donde "muere" sonando a música celestial.
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