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Audi A6 vs BMW 530d, Jaguar XF y Mercedes E 350

Finas, distinguidas, muy rápidas. Son bienes de lujo, berlinas de gran prestigio con un único destino: abanderar el tradicional segmento de representación. El último y espectacular BMW Serie 5 abre el desafío; Audi A6, Mercedes Clase E y Jaguar XF aceptan el reto.
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Audi A6 vs BMW 530d, Jaguar XF  y Mercedes E 350

Si la forma de desplazarse establece inmediatamente cuatro personalidades tan marcadas (más deportiva el BMW, confortable Mercedes, elegante Jaguar o más equilibrada Audi), de puertas a dentro todos los caminos coinciden en la búsqueda del total confort. Con matices, y quizá parentescos de nacionalidad (sobrio el diseño alemán, más visual y estiloso el británico de Jaguar), pero configuraciones idénticas de habitáculo. Delante se busca envolver y agasajar al conductor en detalles; detrás, convencer al pasajero y garantizar una buena capacidad de carga.

Y cierto también que ninguna de estas berlinas brilla en modularidad (destaca sólo la posibilidad de abatir asientos traseros), ni en más funcionalidad que la cortesía al ocupante: no busquen aquí soluciones ingeniosas o mucho hueco de almacenamiento. Lo suyo, en cambio, se inicia con una exquisita calidad de rodadura.
Hemos completado la ocupación de cada berlina, y equipado con sonómetros y medidores de temperatura. Pronto no quedan dudas: el pasajero viaja envuelto en seda. Claro que la hay de distinta clase. Cien por cien natural nos la ha exhibido en suavidad y absorción del firme Mercedes y su suspensión neumática. Ninguna berlina en el mundo acolcha igual su carrocería. Claro que luces y sombras acompañan también su habitáculo.

Desde luego, de las cuatro berlinas el Mercedes Clase E es la menos vistosa: hay poco alarde. Demasiado sobrio, aunque impecable en corte y confección, ciertos detalles desentonan en un automóvil de su clase: como una sencilla instrumentación con reloj analógico que parece ya olvidado, algún material poco consistente (como las débiles levas de cambio) o unos asientos que, por corta banqueta y mucho apoyo lumbar, no convencen como en anteriores generaciones. A cambio, la ergonomía, la facilidad de manejo de mandos y la practicidad son realmente buenos, ya que, a pesar de ser exteriormente la más pequeña, obtiene mucho espacio: el Clase E es el mejor en altura y anchura interior, correcto en espacio para piernas y, tras el Audi A6, el segundo en maletero (excelentes proporciones también).
Intratable… e inalcanzable en suavidad de marcha, como BMW, por el contrario, en un aislamiento acústico que nos ha enmudecido: al nivel, incluso, del novísimo y superior Audi A8. Fantástico. Con arte y con maña, BMW persuade y cautiva también en su interior. Por su importante paso al frente en diseño, buenos ajustes y excelentes materiales que le sitúan por encima en calidad percibida, al tiempo que la deportividad mantiene presencia. Sin embargo, el nuevo Serie 5 no saca todo el partido a su gigantesca distancia entre ejes (2,97 m casi de Serie 7, del que deriva su plataforma). Amplio sin duda es, sobre todo en espacio trasero para piernas y altura, pero no más que un “acortado” Audi A6 o un Mercedes Clase E.
Lo que sí paga BMW es una anchura trasera más bien justa y una configuración que impide que, detrás, tres no puedan casi ni sentarse; la consola central es muy intrusiva y el exagerado abultamiento provocado por el paso de rueda trasero no sólo condiciona ligeramente un acceso a bordo por lo demás más que correcto, sino que recubierto de superficie rígida impide que en las plazas laterales se viaje cómodo: escupen hacia el centro. Ese mismo ensanchamiento también limita la capacidad de maletero, con mucha menor anchura disponible que sus rivales.
Dejando a un lado el tejido y, centrándonos en las medidas, una berlina sobresale entre todas: el Audi A6. No es despampanante, no impresiona en su diseño como BMW, pero abrir sus puertas supone un curso de protocolo; impecable en ajustes, materiales, tacto y disposición de mandos, donde destaca su consola central orientada al conductor. No hace falta medir para entender que estamos ante el campeón del espacio. Si delante destaca en ergonomía, detrás lo hace en habitabilidad. Y es de nota, porque cuenta, de largo, con la menor batalla de la comparativa. Con hasta 12 cm menos que el BMW Serie 5, ofrece similar espacio para piernas (ambos ganadores) y el mayor maletero.
Pero detengámonos primero en la fila trasera del Audi A6: merece la pena. Es el que más cuida el acceso, y sólo la necesidad de superar a la hora de salir la diferencia de altura desde el fondo de piso interior hasta el cerco inferior de la puerta, le impide obtener el 10. Es el más ancho de puerta y de cotas para liberar cabeza y pies. Una vez dentro, como sus rivales, es apto para 4 ocupantes. Ahora bien, puestos a viajar tres detrás, es el más agradecido, ya que ofrece el respaldo central más cómodo y natural. El maletero es el que más volumen y profundidad presenta, ideal, por ejemplo, para albergar palos de golf… aunque casi haya que “bucear” para sacar objetos del fondo.

Todo lo contrario sucede en un “pequeño” JaguarNoble y detallista, el XF se ha modernizado mucho… y sigue ofreciendo detalles de caballero británico. Menos visto (tanto por fuera como por dentro, lo cual es de valorar en un segmento tan exclusivo), abre un ambiente de gran estilo y elegancia, donde predomina el tapizado en piel, la madera, el aluminio y hasta el terciopelo en los marcos. Puede que el ajuste final y el tacto de mandos no alcancen la calidad de realización o solidez de Audi o BMW, pero todo queda enmascarado y superado por sus innumerables “gadgets” de lujo. Y, lo mejor, todo desde el mejor equipamiento de serie del segmento.
Impacta así el Jaguar XF, desde una columna de dirección eléctrica que facilita nuestra entrada o un botón de arranque que late con nuestro acceso, al selector de cambio o unas salidas de aire que se descubren sólo tras la arrancada. Las luces son táctiles, lo mismo que la apertura de guantera o la pantalla de entretenimiento, mientras que los limpiaparabrisas “tiran” agua durante el barrido desde su propia raqueta: nada de manchas o salpicaduras. Engancha su presentación: para enseñar y dejar con la boca abierta.
Claro que, como contraposición a este enorme despliegue, en espacio el Jaguar XF encoje. Curioso, porque con 4,96 metros de largo y 1,88 de ancho es, de todos, el más voluminoso… por fuera. No hace falta decir que delante y detrás se viaja cómodo y con suficiencia, pero es el peor en prácticamente todas las cotas de habitabilidad y no sobra ni un milímetro en altura, anchura, espacio para piernas (ésta al nivel de un compacto tipo Ford Focus) o maletero, el más pequeño sin duda de todos. 
Motores y prestaciones
Comportamiento

Si la forma de desplazarse establece inmediatamente cuatro personalidades tan marcadas (más deportiva el BMW, confortable Mercedes, elegante Jaguar o más equilibrada Audi), de puertas a dentro todos los caminos coinciden en la búsqueda del total confort. Con matices, y quizá parentescos de nacionalidad (sobrio el diseño alemán, más visual y estiloso el británico de Jaguar), pero configuraciones idénticas de habitáculo. Delante se busca envolver y agasajar al conductor en detalles; detrás, convencer al pasajero y garantizar una buena capacidad de carga.

Y cierto también que ninguna de estas berlinas brilla en modularidad (destaca sólo la posibilidad de abatir asientos traseros), ni en más funcionalidad que la cortesía al ocupante: no busquen aquí soluciones ingeniosas o mucho hueco de almacenamiento. Lo suyo, en cambio, se inicia con una exquisita calidad de rodadura.
Hemos completado la ocupación de cada berlina, y equipado con sonómetros y medidores de temperatura. Pronto no quedan dudas: el pasajero viaja envuelto en seda. Claro que la hay de distinta clase. Cien por cien natural nos la ha exhibido en suavidad y absorción del firme Mercedes y su suspensión neumática. Ninguna berlina en el mundo acolcha igual su carrocería. Claro que luces y sombras acompañan también su habitáculo.

Desde luego, de las cuatro berlinas el Mercedes Clase E es la menos vistosa: hay poco alarde. Demasiado sobrio, aunque impecable en corte y confección, ciertos detalles desentonan en un automóvil de su clase: como una sencilla instrumentación con reloj analógico que parece ya olvidado, algún material poco consistente (como las débiles levas de cambio) o unos asientos que, por corta banqueta y mucho apoyo lumbar, no convencen como en anteriores generaciones. A cambio, la ergonomía, la facilidad de manejo de mandos y la practicidad son realmente buenos, ya que, a pesar de ser exteriormente la más pequeña, obtiene mucho espacio: el Clase E es el mejor en altura y anchura interior, correcto en espacio para piernas y, tras el Audi A6, el segundo en maletero (excelentes proporciones también).
Intratable… e inalcanzable en suavidad de marcha, como BMW, por el contrario, en un aislamiento acústico que nos ha enmudecido: al nivel, incluso, del novísimo y superior Audi A8. Fantástico. Con arte y con maña, BMW persuade y cautiva también en su interior. Por su importante paso al frente en diseño, buenos ajustes y excelentes materiales que le sitúan por encima en calidad percibida, al tiempo que la deportividad mantiene presencia. Sin embargo, el nuevo Serie 5 no saca todo el partido a su gigantesca distancia entre ejes (2,97 m casi de Serie 7, del que deriva su plataforma). Amplio sin duda es, sobre todo en espacio trasero para piernas y altura, pero no más que un “acortado” Audi A6 o un Mercedes Clase E.
Lo que sí paga BMW es una anchura trasera más bien justa y una configuración que impide que, detrás, tres no puedan casi ni sentarse; la consola central es muy intrusiva y el exagerado abultamiento provocado por el paso de rueda trasero no sólo condiciona ligeramente un acceso a bordo por lo demás más que correcto, sino que recubierto de superficie rígida impide que en las plazas laterales se viaje cómodo: escupen hacia el centro. Ese mismo ensanchamiento también limita la capacidad de maletero, con mucha menor anchura disponible que sus rivales.
Dejando a un lado el tejido y, centrándonos en las medidas, una berlina sobresale entre todas: el Audi A6. No es despampanante, no impresiona en su diseño como BMW, pero abrir sus puertas supone un curso de protocolo; impecable en ajustes, materiales, tacto y disposición de mandos, donde destaca su consola central orientada al conductor. No hace falta medir para entender que estamos ante el campeón del espacio. Si delante destaca en ergonomía, detrás lo hace en habitabilidad. Y es de nota, porque cuenta, de largo, con la menor batalla de la comparativa. Con hasta 12 cm menos que el BMW Serie 5, ofrece similar espacio para piernas (ambos ganadores) y el mayor maletero.
Pero detengámonos primero en la fila trasera del Audi A6: merece la pena. Es el que más cuida el acceso, y sólo la necesidad de superar a la hora de salir la diferencia de altura desde el fondo de piso interior hasta el cerco inferior de la puerta, le impide obtener el 10. Es el más ancho de puerta y de cotas para liberar cabeza y pies. Una vez dentro, como sus rivales, es apto para 4 ocupantes. Ahora bien, puestos a viajar tres detrás, es el más agradecido, ya que ofrece el respaldo central más cómodo y natural. El maletero es el que más volumen y profundidad presenta, ideal, por ejemplo, para albergar palos de golf… aunque casi haya que “bucear” para sacar objetos del fondo.

Todo lo contrario sucede en un “pequeño” JaguarNoble y detallista, el XF se ha modernizado mucho… y sigue ofreciendo detalles de caballero británico. Menos visto (tanto por fuera como por dentro, lo cual es de valorar en un segmento tan exclusivo), abre un ambiente de gran estilo y elegancia, donde predomina el tapizado en piel, la madera, el aluminio y hasta el terciopelo en los marcos. Puede que el ajuste final y el tacto de mandos no alcancen la calidad de realización o solidez de Audi o BMW, pero todo queda enmascarado y superado por sus innumerables “gadgets” de lujo. Y, lo mejor, todo desde el mejor equipamiento de serie del segmento.
Impacta así el Jaguar XF, desde una columna de dirección eléctrica que facilita nuestra entrada o un botón de arranque que late con nuestro acceso, al selector de cambio o unas salidas de aire que se descubren sólo tras la arrancada. Las luces son táctiles, lo mismo que la apertura de guantera o la pantalla de entretenimiento, mientras que los limpiaparabrisas “tiran” agua durante el barrido desde su propia raqueta: nada de manchas o salpicaduras. Engancha su presentación: para enseñar y dejar con la boca abierta.
Claro que, como contraposición a este enorme despliegue, en espacio el Jaguar XF encoje. Curioso, porque con 4,96 metros de largo y 1,88 de ancho es, de todos, el más voluminoso… por fuera. No hace falta decir que delante y detrás se viaja cómodo y con suficiencia, pero es el peor en prácticamente todas las cotas de habitabilidad y no sobra ni un milímetro en altura, anchura, espacio para piernas (ésta al nivel de un compacto tipo Ford Focus) o maletero, el más pequeño sin duda de todos. 
Motores y prestaciones
Comportamiento

Si la forma de desplazarse establece inmediatamente cuatro personalidades tan marcadas (más deportiva el BMW, confortable Mercedes, elegante Jaguar o más equilibrada Audi), de puertas a dentro todos los caminos coinciden en la búsqueda del total confort. Con matices, y quizá parentescos de nacionalidad (sobrio el diseño alemán, más visual y estiloso el británico de Jaguar), pero configuraciones idénticas de habitáculo. Delante se busca envolver y agasajar al conductor en detalles; detrás, convencer al pasajero y garantizar una buena capacidad de carga.

Y cierto también que ninguna de estas berlinas brilla en modularidad (destaca sólo la posibilidad de abatir asientos traseros), ni en más funcionalidad que la cortesía al ocupante: no busquen aquí soluciones ingeniosas o mucho hueco de almacenamiento. Lo suyo, en cambio, se inicia con una exquisita calidad de rodadura.
Hemos completado la ocupación de cada berlina, y equipado con sonómetros y medidores de temperatura. Pronto no quedan dudas: el pasajero viaja envuelto en seda. Claro que la hay de distinta clase. Cien por cien natural nos la ha exhibido en suavidad y absorción del firme Mercedes y su suspensión neumática. Ninguna berlina en el mundo acolcha igual su carrocería. Claro que luces y sombras acompañan también su habitáculo.

Desde luego, de las cuatro berlinas el Mercedes Clase E es la menos vistosa: hay poco alarde. Demasiado sobrio, aunque impecable en corte y confección, ciertos detalles desentonan en un automóvil de su clase: como una sencilla instrumentación con reloj analógico que parece ya olvidado, algún material poco consistente (como las débiles levas de cambio) o unos asientos que, por corta banqueta y mucho apoyo lumbar, no convencen como en anteriores generaciones. A cambio, la ergonomía, la facilidad de manejo de mandos y la practicidad son realmente buenos, ya que, a pesar de ser exteriormente la más pequeña, obtiene mucho espacio: el Clase E es el mejor en altura y anchura interior, correcto en espacio para piernas y, tras el Audi A6, el segundo en maletero (excelentes proporciones también).
Intratable… e inalcanzable en suavidad de marcha, como BMW, por el contrario, en un aislamiento acústico que nos ha enmudecido: al nivel, incluso, del novísimo y superior Audi A8. Fantástico. Con arte y con maña, BMW persuade y cautiva también en su interior. Por su importante paso al frente en diseño, buenos ajustes y excelentes materiales que le sitúan por encima en calidad percibida, al tiempo que la deportividad mantiene presencia. Sin embargo, el nuevo Serie 5 no saca todo el partido a su gigantesca distancia entre ejes (2,97 m casi de Serie 7, del que deriva su plataforma). Amplio sin duda es, sobre todo en espacio trasero para piernas y altura, pero no más que un “acortado” Audi A6 o un Mercedes Clase E.
Lo que sí paga BMW es una anchura trasera más bien justa y una configuración que impide que, detrás, tres no puedan casi ni sentarse; la consola central es muy intrusiva y el exagerado abultamiento provocado por el paso de rueda trasero no sólo condiciona ligeramente un acceso a bordo por lo demás más que correcto, sino que recubierto de superficie rígida impide que en las plazas laterales se viaje cómodo: escupen hacia el centro. Ese mismo ensanchamiento también limita la capacidad de maletero, con mucha menor anchura disponible que sus rivales.
Dejando a un lado el tejido y, centrándonos en las medidas, una berlina sobresale entre todas: el Audi A6. No es despampanante, no impresiona en su diseño como BMW, pero abrir sus puertas supone un curso de protocolo; impecable en ajustes, materiales, tacto y disposición de mandos, donde destaca su consola central orientada al conductor. No hace falta medir para entender que estamos ante el campeón del espacio. Si delante destaca en ergonomía, detrás lo hace en habitabilidad. Y es de nota, porque cuenta, de largo, con la menor batalla de la comparativa. Con hasta 12 cm menos que el BMW Serie 5, ofrece similar espacio para piernas (ambos ganadores) y el mayor maletero.
Pero detengámonos primero en la fila trasera del Audi A6: merece la pena. Es el que más cuida el acceso, y sólo la necesidad de superar a la hora de salir la diferencia de altura desde el fondo de piso interior hasta el cerco inferior de la puerta, le impide obtener el 10. Es el más ancho de puerta y de cotas para liberar cabeza y pies. Una vez dentro, como sus rivales, es apto para 4 ocupantes. Ahora bien, puestos a viajar tres detrás, es el más agradecido, ya que ofrece el respaldo central más cómodo y natural. El maletero es el que más volumen y profundidad presenta, ideal, por ejemplo, para albergar palos de golf… aunque casi haya que “bucear” para sacar objetos del fondo.

Todo lo contrario sucede en un “pequeño” JaguarNoble y detallista, el XF se ha modernizado mucho… y sigue ofreciendo detalles de caballero británico. Menos visto (tanto por fuera como por dentro, lo cual es de valorar en un segmento tan exclusivo), abre un ambiente de gran estilo y elegancia, donde predomina el tapizado en piel, la madera, el aluminio y hasta el terciopelo en los marcos. Puede que el ajuste final y el tacto de mandos no alcancen la calidad de realización o solidez de Audi o BMW, pero todo queda enmascarado y superado por sus innumerables “gadgets” de lujo. Y, lo mejor, todo desde el mejor equipamiento de serie del segmento.
Impacta así el Jaguar XF, desde una columna de dirección eléctrica que facilita nuestra entrada o un botón de arranque que late con nuestro acceso, al selector de cambio o unas salidas de aire que se descubren sólo tras la arrancada. Las luces son táctiles, lo mismo que la apertura de guantera o la pantalla de entretenimiento, mientras que los limpiaparabrisas “tiran” agua durante el barrido desde su propia raqueta: nada de manchas o salpicaduras. Engancha su presentación: para enseñar y dejar con la boca abierta.
Claro que, como contraposición a este enorme despliegue, en espacio el Jaguar XF encoje. Curioso, porque con 4,96 metros de largo y 1,88 de ancho es, de todos, el más voluminoso… por fuera. No hace falta decir que delante y detrás se viaja cómodo y con suficiencia, pero es el peor en prácticamente todas las cotas de habitabilidad y no sobra ni un milímetro en altura, anchura, espacio para piernas (ésta al nivel de un compacto tipo Ford Focus) o maletero, el más pequeño sin duda de todos. 
Motores y prestaciones
Comportamiento

Si la forma de desplazarse establece inmediatamente cuatro personalidades tan marcadas (más deportiva el BMW, confortable Mercedes, elegante Jaguar o más equilibrada Audi), de puertas a dentro todos los caminos coinciden en la búsqueda del total confort. Con matices, y quizá parentescos de nacionalidad (sobrio el diseño alemán, más visual y estiloso el británico de Jaguar), pero configuraciones idénticas de habitáculo. Delante se busca envolver y agasajar al conductor en detalles; detrás, convencer al pasajero y garantizar una buena capacidad de carga.

Y cierto también que ninguna de estas berlinas brilla en modularidad (destaca sólo la posibilidad de abatir asientos traseros), ni en más funcionalidad que la cortesía al ocupante: no busquen aquí soluciones ingeniosas o mucho hueco de almacenamiento. Lo suyo, en cambio, se inicia con una exquisita calidad de rodadura.
Hemos completado la ocupación de cada berlina, y equipado con sonómetros y medidores de temperatura. Pronto no quedan dudas: el pasajero viaja envuelto en seda. Claro que la hay de distinta clase. Cien por cien natural nos la ha exhibido en suavidad y absorción del firme Mercedes y su suspensión neumática. Ninguna berlina en el mundo acolcha igual su carrocería. Claro que luces y sombras acompañan también su habitáculo.

Desde luego, de las cuatro berlinas el Mercedes Clase E es la menos vistosa: hay poco alarde. Demasiado sobrio, aunque impecable en corte y confección, ciertos detalles desentonan en un automóvil de su clase: como una sencilla instrumentación con reloj analógico que parece ya olvidado, algún material poco consistente (como las débiles levas de cambio) o unos asientos que, por corta banqueta y mucho apoyo lumbar, no convencen como en anteriores generaciones. A cambio, la ergonomía, la facilidad de manejo de mandos y la practicidad son realmente buenos, ya que, a pesar de ser exteriormente la más pequeña, obtiene mucho espacio: el Clase E es el mejor en altura y anchura interior, correcto en espacio para piernas y, tras el Audi A6, el segundo en maletero (excelentes proporciones también).
Intratable… e inalcanzable en suavidad de marcha, como BMW, por el contrario, en un aislamiento acústico que nos ha enmudecido: al nivel, incluso, del novísimo y superior Audi A8. Fantástico. Con arte y con maña, BMW persuade y cautiva también en su interior. Por su importante paso al frente en diseño, buenos ajustes y excelentes materiales que le sitúan por encima en calidad percibida, al tiempo que la deportividad mantiene presencia. Sin embargo, el nuevo Serie 5 no saca todo el partido a su gigantesca distancia entre ejes (2,97 m casi de Serie 7, del que deriva su plataforma). Amplio sin duda es, sobre todo en espacio trasero para piernas y altura, pero no más que un “acortado” Audi A6 o un Mercedes Clase E.
Lo que sí paga BMW es una anchura trasera más bien justa y una configuración que impide que, detrás, tres no puedan casi ni sentarse; la consola central es muy intrusiva y el exagerado abultamiento provocado por el paso de rueda trasero no sólo condiciona ligeramente un acceso a bordo por lo demás más que correcto, sino que recubierto de superficie rígida impide que en las plazas laterales se viaje cómodo: escupen hacia el centro. Ese mismo ensanchamiento también limita la capacidad de maletero, con mucha menor anchura disponible que sus rivales.
Dejando a un lado el tejido y, centrándonos en las medidas, una berlina sobresale entre todas: el Audi A6. No es despampanante, no impresiona en su diseño como BMW, pero abrir sus puertas supone un curso de protocolo; impecable en ajustes, materiales, tacto y disposición de mandos, donde destaca su consola central orientada al conductor. No hace falta medir para entender que estamos ante el campeón del espacio. Si delante destaca en ergonomía, detrás lo hace en habitabilidad. Y es de nota, porque cuenta, de largo, con la menor batalla de la comparativa. Con hasta 12 cm menos que el BMW Serie 5, ofrece similar espacio para piernas (ambos ganadores) y el mayor maletero.
Pero detengámonos primero en la fila trasera del Audi A6: merece la pena. Es el que más cuida el acceso, y sólo la necesidad de superar a la hora de salir la diferencia de altura desde el fondo de piso interior hasta el cerco inferior de la puerta, le impide obtener el 10. Es el más ancho de puerta y de cotas para liberar cabeza y pies. Una vez dentro, como sus rivales, es apto para 4 ocupantes. Ahora bien, puestos a viajar tres detrás, es el más agradecido, ya que ofrece el respaldo central más cómodo y natural. El maletero es el que más volumen y profundidad presenta, ideal, por ejemplo, para albergar palos de golf… aunque casi haya que “bucear” para sacar objetos del fondo.

Todo lo contrario sucede en un “pequeño” JaguarNoble y detallista, el XF se ha modernizado mucho… y sigue ofreciendo detalles de caballero británico. Menos visto (tanto por fuera como por dentro, lo cual es de valorar en un segmento tan exclusivo), abre un ambiente de gran estilo y elegancia, donde predomina el tapizado en piel, la madera, el aluminio y hasta el terciopelo en los marcos. Puede que el ajuste final y el tacto de mandos no alcancen la calidad de realización o solidez de Audi o BMW, pero todo queda enmascarado y superado por sus innumerables “gadgets” de lujo. Y, lo mejor, todo desde el mejor equipamiento de serie del segmento.
Impacta así el Jaguar XF, desde una columna de dirección eléctrica que facilita nuestra entrada o un botón de arranque que late con nuestro acceso, al selector de cambio o unas salidas de aire que se descubren sólo tras la arrancada. Las luces son táctiles, lo mismo que la apertura de guantera o la pantalla de entretenimiento, mientras que los limpiaparabrisas “tiran” agua durante el barrido desde su propia raqueta: nada de manchas o salpicaduras. Engancha su presentación: para enseñar y dejar con la boca abierta.
Claro que, como contraposición a este enorme despliegue, en espacio el Jaguar XF encoje. Curioso, porque con 4,96 metros de largo y 1,88 de ancho es, de todos, el más voluminoso… por fuera. No hace falta decir que delante y detrás se viaja cómodo y con suficiencia, pero es el peor en prácticamente todas las cotas de habitabilidad y no sobra ni un milímetro en altura, anchura, espacio para piernas (ésta al nivel de un compacto tipo Ford Focus) o maletero, el más pequeño sin duda de todos. 
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