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Audi A4 2.0 TDIe

No es eléctrico. Ni híbrido... es realmente un TDI. Pero este Audi se apaga en semáforos, manda notas de ahorro al conductor y evita cualquier gasto innecesario de energía. Ni una gota de más. Sobre el papel, una de las berlinas más eficientes del mercado; casi de récord. Sobre el asfalto, un auténtico A4 por prestación, agrado y comportamiento. Ésa es la mejor noticia de este nuevo Audi A4 TDIe.
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Audi A4 2.0 TDIe
Gasta casi como un pequeño Renault Twingo o un Citroën C1 Diesel. Ha tardado, pero Audi se suma finalmente a la última corriente ecológica. Y con muy buena fórmula, aunque nueva no sea.

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Audi A4 2.0 TDIe

Ya en 2001, en Ingolstadt contaron con un Audi A2 1.2 TDI, réplica del pionero Volkswagen Lupo 3 Litros. En síntesis, contaba con mucha tecnología de este Audi A4. Entonces no se entendió. Ya hoy, Mercedes, con sus Blueefficiency, pero ante todo BMW, con su avanzado concepto EfficientDynamics, han marcado primero el paso. Incluso en Münich se atreven ahora a aprovechar el estreno del apellido «e» en Audi (también ya sobre A3 y A6) para anunciar un futuro BMW 320d de 4,1 l/100 km de consumo. Pero, para eso, todavía faltan unos meses.

Mientras, lo cierto es que con un perfeccionado e inteligente nuevo kit de eficiencia modular, Audi introduce al A4 como única berlina exenta de Impuesto de Matriculación por emisiones de CO2 inferiores a 120 g/km… exceptuando claro variantes alimentadas por gas o Vehículos híbridos como el Toyota Prius. Y, lo más importante, no a cualquier precio. Lo hace con un modelo muy trabajado que ofrece el rendimiento y el dinamismo que se espera de todo un Audi. Quizá no obre milagros, pero algo tiene de mágico: nadie da hoy más por menos. ¿Cómo lo hará? Contra la tendencia ecológica general, Audi se ha esforzado más en serlo que en parecerlo. Ningún distintivo delata a este A4. De hecho, hasta su mejorada aerodinámica (Cx de 0,26) transmite aire de deportivo. Desde una carrocería rebajada 20 milímetros, que oculta un fondo inferior plano y carenado para menor resistencia al avance, a una doble salida de escape muy agresiva… hasta que la observamos totalmente limpia. De pega. Eso a la vista, porque sentarnos y arrancar no cambia nada. No varía la presentación (esta vez, ni se recorta en piezas ni en un equipamiento idéntico a cualquier Audi A4) y el empuje convence. Gusta de inicio este TDI, su gran valedor. Se trata del conocido dos litros Diesel del grupo VW, en su última y refinada versión «common rail» de inyectores piezoeléctricos y filtro de partículas. Eso sí, con modificaciones importantes para reducir fricciones (como nueva geometría de pistones), periféricos desacoplables (como la bomba de agua) o elementos con menor demanda de energía (bomba de caudal de gasoil, de aceite…). Y también Audi introduce cambios en la gestión electrónica, que rebajan la potencia de 143 a 136 CV oficiales. Da igual, el A4 ni se inmuta. Sigue obsequiando con una gran entrega de fuerza, con más del 80 por ciento de par disponible desde antes ya de las 1.500 rpm y hasta superar las 3.500… claro que llegar a tanto es casi sacrilegio. Olvídense.

Acompañando a un cambio manual de 6 velocidades y menores rozamientos (se aprecia hasta en el enclavamiento de relaciones), resulta idóneo para tirar de unos más largos, pero no exagerados, desarrollos. Puede con ellos sin necesidad de apurar cada marcha. Es más, salvo en una primera que pide algo más de arrastre para lanzar tanto tamaño, con este Audi A4 TDIe no es necesario superar en ningún caso las 2.000 rpm para desplazarnos a velocidad legal con buen brío (2.500 si se quiere más deportividad), especialmente si decidimos implicarnos un paso más e intentar situar siempre el régimen entre 1.500-2.000 rpm. El gasto entonces es mínimo, y la reserva de potencia máxima: el motor nunca se «ahoga». Ni rastro a ecológico. De hecho, sus prestaciones son más que aceptables. No sólo no pierde comba con el buen Audi A4 TDI de 143 CV de base, sino que en aceleración, recuperaciones y adelantamientos se sitúa en cabeza de su categoría, éstos últimos hasta 4 segundos más rápidos que un BMW 318d o un Mercedes C200 CDI Blueefficiency. Nunca un ecológico proporcionó tanto agrado.
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