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Audi A4 2.0 TDI vs VW Passat 2.0 TDI

Con los elevados estándares de cantidad y calidad técnica de la gama Passat, el actualizado A4 lleva a preguntarnos, dónde acaba un producto generalista y dónde empieza uno premium.
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Audi A4 2.0 TDI  vs VW Passat 2.0 TDI

Este ha sido un tema muy recurrente en este grupo auto­movilístico, donde también Seat y Skoda entran alguna vez en el juego con sus mejores berlinas. Pero es obvio que cada marca tiene una definición muy concreta de sus pro­ductos y la cúpula dirigente se habrá ocupado de indicar a cada fabricante el terreno que pi­sar. Por ello, podrías pensar que este empareja­miento desvirtúa la realidad, o quizá no.

Estamos en un segmento donde seguramente los fabricantes generalistas ofrecen sus produc­tos más competitivos; el precio ya no es un valor primordial y la tecnología, la calidad y la propia imagen del producto, dan una enorme y ambiciosa validez a los participantes. Es en esta categoría, también, donde los fabricantes premium han te­nido que adaptarse para ofre­cer su calidad y tecnología a precios más razonables que en sus "propias" categorías. De al­guna manera, aquí la fron­tera "generalista-premium" se puede llegar a solapar.

Un excelente argumento de las berlinas medias generalistas ha sido tradicionalmente sus generosas medidas, antaño como para empequeñecer a los contemporáneos Audi A4, BMW Serie 3 y Mercedes Clase C. Con las actuales generaciones, esto ya no es tan evidente, pero ahí está el Passat, con sus 4,77 metros, frente a los 4,70 del A4, para imponer una mejor habitabilidad pos­terior y, sobre todo, su maletero.

Pero la imagen no sólo son centímetros, también diseño, y nos encontramos dos productos diferentes. Es algo muy subjetivo, pero el Passat pasa por ser un vehículo anodino (¿o intencionadamente dis­creto?), como más estimulante resulta el A4. Frente al Audi, algo te dice que estás ante el modelo premiun del Grupo, por su vistosidad y sofisticación de producto, cuando además la opciones de personalización son infinitas. 

El Passat es un irreprochable rodador, que lla­nea y curvea con la sana intención de transmi­tir siempre la más absoluta normalidad en cual­quier tipo de maniobra. No disimula una clara flexibilidad de su suspensión y una progresiva dirección que amortiguan todas sus reacciones, y por eso sobre su buena y sencilla efectividad, impone un confort de rodadura referente. Pero si quieres, no le faltan llantas de 18 pulgadas, amortiguación activa y chasis deportivo para hacer que el Passat sea... un A4.

Quizá la disposición longitudinal del motor en el A4 (como en todos los grandes Audi), no sea la mejor opción (afec­ta a la habitabilidad), además cuando la tracción quattro permanente no es obligatoria, pero por otra parte, el A4 se beneficia del desarrollo de las grandes berlinas de la marca para disponer de un tren delantero por paralelogramo deforma­ble propio de esos segmentos superiores, mucho más elaborado que las columnas McPherson del Passat y compañía.

Este
mayor y mejor control geométrico de las ruedas direccionales, un tacto más firme y directo de la dirección y de la sus­pensión, incluso de otros mecanismos como el embrague, vuelven a recordarme que indepen­dientemente del valor de la imagen de uno u otro fabricante, todo esto conlleva también un estímulo más personal en su conducción.

El A4 es más reactivo a nuestras órdenes, más firme y sólido en el apoyo y en la pisada; más in­formativo y realista de cuanto sucede. Pero de la misma manera que la eficacia dinámica del comodísimo Passat está fuera de toda duda, el confort y re­finamiento de marcha del dinámico A4 también. Al final, me llevo la impresión que no está en la calidad de producto, sino en la personalidad del producto, la diferenciación entre estos A4 y Passat

Otro claro ejemplo de dar vida a algo inerte, de estimular tus sensaciones, viene por cómo el A4 y el Passat hacen del "mismo" motor dos fuen­tes mecánicas suficientemente diferentes como para poder preferir uno antes que otro. Y aquí también creo que el que se sale del "guión racio­nal" es el A4, a cambio de estímulos que engan­charán al entusiasta del volante. En lo que coin­ciden para bien, es que ambos son idénticos en hacernos sentir hoy día a este 2.0 TDI como uno de los bloques más refinados y agradables de su categoría, por cantidad y calidad de decibelios y por el trabajo de insonorización y filtración. ¡Lo que era hace unos años hablar de un bloque 1.9 TDI y lo que significa hoy este 2.0 common rail!

El Audi se desmarca del Volkswagen anuncian­do 143 CV frente a 140, pero también por mos­trar un mayor dinamismo que lo que significan esos 3 CV de más. La clave está en los desarro­llos del cambio, que Passat, en su caso, alarga la 6ª hasta casi 60 km/h por cada 1.000 rpm, propio de la más eficiente versión ecológica del mercado. Pero el 2.0 TDI resulta tan contunden­te de respuesta desde poco más de 1.000 rpm en cualquier velocidad, que es perfectamente compatible, por lo que el Passat te transmite la sensación de acelerar y recuperar de forma despreocupada, extraordinariamente bien. Sólo pudiera cuestionar esta configuración en zonas geográficas muy abruptas.

El Audi recorta su 6ª hasta los 55 km/h y así adecua todas las demás, por lo que ya te pue­des imaginar que su espontaneidad es superior; otra vez se muestra más reactivo a nuestras órdenes y estimulante. Pero también debieras tener en cuenta aquello del "tanto ando, tanto consumo". Y el Passat nos ha vuelto a dejar cara de incredulidad, por las extraordinarias me­dias que es capaz de alcanzar tanto en carretera (4,1 l/100 verificado en nuestro recorrido) como en ciudad. El A4 te puede llevar a gastar un litro más (le lastran los neumáticos opciona­les), pero también en otras circunstancias a ser tan eficiente como el especializado Passat.

Este ha sido un tema muy recurrente en este grupo auto­movilístico, donde también Seat y Skoda entran alguna vez en el juego con sus mejores berlinas. Pero es obvio que cada marca tiene una definición muy concreta de sus pro­ductos y la cúpula dirigente se habrá ocupado de indicar a cada fabricante el terreno que pi­sar. Por ello, podrías pensar que este empareja­miento desvirtúa la realidad, o quizá no.

Estamos en un segmento donde seguramente los fabricantes generalistas ofrecen sus produc­tos más competitivos; el precio ya no es un valor primordial y la tecnología, la calidad y la propia imagen del producto, dan una enorme y ambiciosa validez a los participantes. Es en esta categoría, también, donde los fabricantes premium han te­nido que adaptarse para ofre­cer su calidad y tecnología a precios más razonables que en sus "propias" categorías. De al­guna manera, aquí la fron­tera "generalista-premium" se puede llegar a solapar.

Un excelente argumento de las berlinas medias generalistas ha sido tradicionalmente sus generosas medidas, antaño como para empequeñecer a los contemporáneos Audi A4, BMW Serie 3 y Mercedes Clase C. Con las actuales generaciones, esto ya no es tan evidente, pero ahí está el Passat, con sus 4,77 metros, frente a los 4,70 del A4, para imponer una mejor habitabilidad pos­terior y, sobre todo, su maletero.

Pero la imagen no sólo son centímetros, también diseño, y nos encontramos dos productos diferentes. Es algo muy subjetivo, pero el Passat pasa por ser un vehículo anodino (¿o intencionadamente dis­creto?), como más estimulante resulta el A4. Frente al Audi, algo te dice que estás ante el modelo premiun del Grupo, por su vistosidad y sofisticación de producto, cuando además la opciones de personalización son infinitas. 

El Passat es un irreprochable rodador, que lla­nea y curvea con la sana intención de transmi­tir siempre la más absoluta normalidad en cual­quier tipo de maniobra. No disimula una clara flexibilidad de su suspensión y una progresiva dirección que amortiguan todas sus reacciones, y por eso sobre su buena y sencilla efectividad, impone un confort de rodadura referente. Pero si quieres, no le faltan llantas de 18 pulgadas, amortiguación activa y chasis deportivo para hacer que el Passat sea... un A4.

Quizá la disposición longitudinal del motor en el A4 (como en todos los grandes Audi), no sea la mejor opción (afec­ta a la habitabilidad), además cuando la tracción quattro permanente no es obligatoria, pero por otra parte, el A4 se beneficia del desarrollo de las grandes berlinas de la marca para disponer de un tren delantero por paralelogramo deforma­ble propio de esos segmentos superiores, mucho más elaborado que las columnas McPherson del Passat y compañía.

Este
mayor y mejor control geométrico de las ruedas direccionales, un tacto más firme y directo de la dirección y de la sus­pensión, incluso de otros mecanismos como el embrague, vuelven a recordarme que indepen­dientemente del valor de la imagen de uno u otro fabricante, todo esto conlleva también un estímulo más personal en su conducción.

El A4 es más reactivo a nuestras órdenes, más firme y sólido en el apoyo y en la pisada; más in­formativo y realista de cuanto sucede. Pero de la misma manera que la eficacia dinámica del comodísimo Passat está fuera de toda duda, el confort y re­finamiento de marcha del dinámico A4 también. Al final, me llevo la impresión que no está en la calidad de producto, sino en la personalidad del producto, la diferenciación entre estos A4 y Passat

Otro claro ejemplo de dar vida a algo inerte, de estimular tus sensaciones, viene por cómo el A4 y el Passat hacen del "mismo" motor dos fuen­tes mecánicas suficientemente diferentes como para poder preferir uno antes que otro. Y aquí también creo que el que se sale del "guión racio­nal" es el A4, a cambio de estímulos que engan­charán al entusiasta del volante. En lo que coin­ciden para bien, es que ambos son idénticos en hacernos sentir hoy día a este 2.0 TDI como uno de los bloques más refinados y agradables de su categoría, por cantidad y calidad de decibelios y por el trabajo de insonorización y filtración. ¡Lo que era hace unos años hablar de un bloque 1.9 TDI y lo que significa hoy este 2.0 common rail!

El Audi se desmarca del Volkswagen anuncian­do 143 CV frente a 140, pero también por mos­trar un mayor dinamismo que lo que significan esos 3 CV de más. La clave está en los desarro­llos del cambio, que Passat, en su caso, alarga la 6ª hasta casi 60 km/h por cada 1.000 rpm, propio de la más eficiente versión ecológica del mercado. Pero el 2.0 TDI resulta tan contunden­te de respuesta desde poco más de 1.000 rpm en cualquier velocidad, que es perfectamente compatible, por lo que el Passat te transmite la sensación de acelerar y recuperar de forma despreocupada, extraordinariamente bien. Sólo pudiera cuestionar esta configuración en zonas geográficas muy abruptas.

El Audi recorta su 6ª hasta los 55 km/h y así adecua todas las demás, por lo que ya te pue­des imaginar que su espontaneidad es superior; otra vez se muestra más reactivo a nuestras órdenes y estimulante. Pero también debieras tener en cuenta aquello del "tanto ando, tanto consumo". Y el Passat nos ha vuelto a dejar cara de incredulidad, por las extraordinarias me­dias que es capaz de alcanzar tanto en carretera (4,1 l/100 verificado en nuestro recorrido) como en ciudad. El A4 te puede llevar a gastar un litro más (le lastran los neumáticos opciona­les), pero también en otras circunstancias a ser tan eficiente como el especializado Passat.

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