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Audi A4 2.0 TDI vs BMW 318d y Mercedes C 200 CDI

Su bajo consumo e imagen de marca les han convertido en triunfadores de las flotas de empresa. Respecto a las berlinas generalistas, compensan su menor espacio interior con un elevado placer de conducción, que no está del todo reñido con sus modestas mecánicas turbodiesel.
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Audi A4 2.0 TDI vs BMW 318d y  Mercedes C 200 CDI
No destacan especialmente por una gran habitabilidad, de hecho tres adultos viajarán demasiado apretados en las plazas posteriores de cualquiera de estas berlinas. Las cotas interiores son bastante similares en los tres casos, salvo por el menor espacio disponible para las piernas de los pasajeros traseros del Mercedes Clase C que, a cambio, ofrece más maletero que ninguno. El BMW Serie 3 es el que peor parado sale en cuanto a capacidad de carga, y eso que no lleva rueda de repuesto, ya que equipa neumáticos Runflat. Visualmente los tres habitáculos convencen y cuentan con materiales y ajustes de calidad, aunque el del Mercedes Clase C puede resultar demasiado austero en su diseño. El BMW 318d, a pesar de haber experimentado un restyling, sigue siendo fiel a sus orígenes y apenas ha cambiado, salvo por el nuevo mando del iDrive. Quien gana más puntos en este apartado es el Audi A4 2.0 TDI, que se distancia con mejores acabados y un aspecto más sofisticado. Además, es el único que lleva freno de estacionamiento por botón —en el Mercedes Clase C es por pedal—.
Además de un comportamiento impecable con altos márgenes dinámicos, los tres cuentan con una amplia dotación de ayudas electrónicas a la conducción que facilitan las cosas en caso de complicaciones. Una de las pocas pegas que podemos encontrar en este apartado son las distancias de frenado del Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency, algo más largas de lo deseable. Comparadas con las excelentes cifras del A4 2.0 TDI hay 8 metros de diferencia en el paso de 140 a 0 km/h. A cambio, el Mercedes Clase C es el único que lleva airbag de rodillas para el conductor, que se suma a los habituales que podemos encontrar también en sus rivales. Tanto el BMW 318d como el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency montan de serie control de presión de los neumáticos, un elemento que en el Audi es opcional. En caso de pinchazo ninguno permite continuar el viaje con normalidad, ya que tanto el A4 como el Clase C incorporan rueda de repuesto de emergencia, mientras que el BMW carece de ella, ya que equipa neumáticos Runflat.

Las diferencias de equipamiento no son suficientes para inclinar la balanza a favor de ninguno, ya que todos cuentan con una dotación de serie generosa en la que echaremos en falta pocas cosas. No obstante, en los tres casos hay detalles que podrían mejorar, como el sensor de lluvia de los limpiaparabrisas, que es opcional, o los respaldos posteriores abatibles, que también hay que pagarlos aparte. Por otro lado, sólo el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency equipa de serie faros con encendido automático. Son elementos que prácticamente cualquier berlina de última generación, e incluso un utilitario con menos pretensiones, suele ofrecer. Pero si hablamos de inversión, lo que de verdad puede disparar la factura final es la lista de extras disponibles. Es larga y cara, y permite configurar a nuestro gusto hasta el más mínimo detalle, no sólo estético sino también técnico, desde faros inteligentes hasta varios tipos de tarados de suspensión, pasando por distintas direcciones —variable en el Mercedes y activas en el Audi y el BMW—. El Audi A4 2.0 TDI es el que puede incorporar un mayor «arsenal» tecnológico, ya que es el único que ofrece control activo de velocidad de crucero, o suspensión pilotada.
Tres Diesel modélicos
Comportamiento intachable
No destacan especialmente por una gran habitabilidad, de hecho tres adultos viajarán demasiado apretados en las plazas posteriores de cualquiera de estas berlinas. Las cotas interiores son bastante similares en los tres casos, salvo por el menor espacio disponible para las piernas de los pasajeros traseros del Mercedes Clase C que, a cambio, ofrece más maletero que ninguno. El BMW Serie 3 es el que peor parado sale en cuanto a capacidad de carga, y eso que no lleva rueda de repuesto, ya que equipa neumáticos Runflat. Visualmente los tres habitáculos convencen y cuentan con materiales y ajustes de calidad, aunque el del Mercedes Clase C puede resultar demasiado austero en su diseño. El BMW 318d, a pesar de haber experimentado un restyling, sigue siendo fiel a sus orígenes y apenas ha cambiado, salvo por el nuevo mando del iDrive. Quien gana más puntos en este apartado es el Audi A4 2.0 TDI, que se distancia con mejores acabados y un aspecto más sofisticado. Además, es el único que lleva freno de estacionamiento por botón —en el Mercedes Clase C es por pedal—. Además de un comportamiento impecable con altos márgenes dinámicos, los tres cuentan con una amplia dotación de ayudas electrónicas a la conducción que facilitan las cosas en caso de complicaciones. Una de las pocas pegas que podemos encontrar en este apartado son las distancias de frenado del Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency, algo más largas de lo deseable. Comparadas con las excelentes cifras del A4 2.0 TDI hay 8 metros de diferencia en el paso de 140 a 0 km/h. A cambio, el Mercedes Clase C es el único que lleva airbag de rodillas para el conductor, que se suma a los habituales que podemos encontrar también en sus rivales. Tanto el BMW 318d como el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency montan de serie control de presión de los neumáticos, un elemento que en el Audi es opcional. En caso de pinchazo ninguno permite continuar el viaje con normalidad, ya que tanto el A4 como el Clase C incorporan rueda de repuesto de emergencia, mientras que el BMW carece de ella, ya que equipa neumáticos Runflat.

Las diferencias de equipamiento no son suficientes para inclinar la balanza a favor de ninguno, ya que todos cuentan con una dotación de serie generosa en la que echaremos en falta pocas cosas. No obstante, en los tres casos hay detalles que podrían mejorar, como el sensor de lluvia de los limpiaparabrisas, que es opcional, o los respaldos posteriores abatibles, que también hay que pagarlos aparte. Por otro lado, sólo el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency equipa de serie faros con encendido automático. Son elementos que prácticamente cualquier berlina de última generación, e incluso un utilitario con menos pretensiones, suele ofrecer. Pero si hablamos de inversión, lo que de verdad puede disparar la factura final es la lista de extras disponibles. Es larga y cara, y permite configurar a nuestro gusto hasta el más mínimo detalle, no sólo estético sino también técnico, desde faros inteligentes hasta varios tipos de tarados de suspensión, pasando por distintas direcciones —variable en el Mercedes y activas en el Audi y el BMW—. El Audi A4 2.0 TDI es el que puede incorporar un mayor «arsenal» tecnológico, ya que es el único que ofrece control activo de velocidad de crucero, o suspensión pilotada.
Tres Diesel modélicos
Comportamiento intachable
No destacan especialmente por una gran habitabilidad, de hecho tres adultos viajarán demasiado apretados en las plazas posteriores de cualquiera de estas berlinas. Las cotas interiores son bastante similares en los tres casos, salvo por el menor espacio disponible para las piernas de los pasajeros traseros del Mercedes Clase C que, a cambio, ofrece más maletero que ninguno. El BMW Serie 3 es el que peor parado sale en cuanto a capacidad de carga, y eso que no lleva rueda de repuesto, ya que equipa neumáticos Runflat. Visualmente los tres habitáculos convencen y cuentan con materiales y ajustes de calidad, aunque el del Mercedes Clase C puede resultar demasiado austero en su diseño. El BMW 318d, a pesar de haber experimentado un restyling, sigue siendo fiel a sus orígenes y apenas ha cambiado, salvo por el nuevo mando del iDrive. Quien gana más puntos en este apartado es el Audi A4 2.0 TDI, que se distancia con mejores acabados y un aspecto más sofisticado. Además, es el único que lleva freno de estacionamiento por botón —en el Mercedes Clase C es por pedal—. Además de un comportamiento impecable con altos márgenes dinámicos, los tres cuentan con una amplia dotación de ayudas electrónicas a la conducción que facilitan las cosas en caso de complicaciones. Una de las pocas pegas que podemos encontrar en este apartado son las distancias de frenado del Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency, algo más largas de lo deseable. Comparadas con las excelentes cifras del A4 2.0 TDI hay 8 metros de diferencia en el paso de 140 a 0 km/h. A cambio, el Mercedes Clase C es el único que lleva airbag de rodillas para el conductor, que se suma a los habituales que podemos encontrar también en sus rivales. Tanto el BMW 318d como el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency montan de serie control de presión de los neumáticos, un elemento que en el Audi es opcional. En caso de pinchazo ninguno permite continuar el viaje con normalidad, ya que tanto el A4 como el Clase C incorporan rueda de repuesto de emergencia, mientras que el BMW carece de ella, ya que equipa neumáticos Runflat.

Las diferencias de equipamiento no son suficientes para inclinar la balanza a favor de ninguno, ya que todos cuentan con una dotación de serie generosa en la que echaremos en falta pocas cosas. No obstante, en los tres casos hay detalles que podrían mejorar, como el sensor de lluvia de los limpiaparabrisas, que es opcional, o los respaldos posteriores abatibles, que también hay que pagarlos aparte. Por otro lado, sólo el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency equipa de serie faros con encendido automático. Son elementos que prácticamente cualquier berlina de última generación, e incluso un utilitario con menos pretensiones, suele ofrecer. Pero si hablamos de inversión, lo que de verdad puede disparar la factura final es la lista de extras disponibles. Es larga y cara, y permite configurar a nuestro gusto hasta el más mínimo detalle, no sólo estético sino también técnico, desde faros inteligentes hasta varios tipos de tarados de suspensión, pasando por distintas direcciones —variable en el Mercedes y activas en el Audi y el BMW—. El Audi A4 2.0 TDI es el que puede incorporar un mayor «arsenal» tecnológico, ya que es el único que ofrece control activo de velocidad de crucero, o suspensión pilotada.
Tres Diesel modélicos
Comportamiento intachable
No destacan especialmente por una gran habitabilidad, de hecho tres adultos viajarán demasiado apretados en las plazas posteriores de cualquiera de estas berlinas. Las cotas interiores son bastante similares en los tres casos, salvo por el menor espacio disponible para las piernas de los pasajeros traseros del Mercedes Clase C que, a cambio, ofrece más maletero que ninguno. El BMW Serie 3 es el que peor parado sale en cuanto a capacidad de carga, y eso que no lleva rueda de repuesto, ya que equipa neumáticos Runflat. Visualmente los tres habitáculos convencen y cuentan con materiales y ajustes de calidad, aunque el del Mercedes Clase C puede resultar demasiado austero en su diseño. El BMW 318d, a pesar de haber experimentado un restyling, sigue siendo fiel a sus orígenes y apenas ha cambiado, salvo por el nuevo mando del iDrive. Quien gana más puntos en este apartado es el Audi A4 2.0 TDI, que se distancia con mejores acabados y un aspecto más sofisticado. Además, es el único que lleva freno de estacionamiento por botón —en el Mercedes Clase C es por pedal—. Además de un comportamiento impecable con altos márgenes dinámicos, los tres cuentan con una amplia dotación de ayudas electrónicas a la conducción que facilitan las cosas en caso de complicaciones. Una de las pocas pegas que podemos encontrar en este apartado son las distancias de frenado del Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency, algo más largas de lo deseable. Comparadas con las excelentes cifras del A4 2.0 TDI hay 8 metros de diferencia en el paso de 140 a 0 km/h. A cambio, el Mercedes Clase C es el único que lleva airbag de rodillas para el conductor, que se suma a los habituales que podemos encontrar también en sus rivales. Tanto el BMW 318d como el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency montan de serie control de presión de los neumáticos, un elemento que en el Audi es opcional. En caso de pinchazo ninguno permite continuar el viaje con normalidad, ya que tanto el A4 como el Clase C incorporan rueda de repuesto de emergencia, mientras que el BMW carece de ella, ya que equipa neumáticos Runflat.

Las diferencias de equipamiento no son suficientes para inclinar la balanza a favor de ninguno, ya que todos cuentan con una dotación de serie generosa en la que echaremos en falta pocas cosas. No obstante, en los tres casos hay detalles que podrían mejorar, como el sensor de lluvia de los limpiaparabrisas, que es opcional, o los respaldos posteriores abatibles, que también hay que pagarlos aparte. Por otro lado, sólo el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency equipa de serie faros con encendido automático. Son elementos que prácticamente cualquier berlina de última generación, e incluso un utilitario con menos pretensiones, suele ofrecer. Pero si hablamos de inversión, lo que de verdad puede disparar la factura final es la lista de extras disponibles. Es larga y cara, y permite configurar a nuestro gusto hasta el más mínimo detalle, no sólo estético sino también técnico, desde faros inteligentes hasta varios tipos de tarados de suspensión, pasando por distintas direcciones —variable en el Mercedes y activas en el Audi y el BMW—. El Audi A4 2.0 TDI es el que puede incorporar un mayor «arsenal» tecnológico, ya que es el único que ofrece control activo de velocidad de crucero, o suspensión pilotada.
Tres Diesel modélicos
Comportamiento intachable
No destacan especialmente por una gran habitabilidad, de hecho tres adultos viajarán demasiado apretados en las plazas posteriores de cualquiera de estas berlinas. Las cotas interiores son bastante similares en los tres casos, salvo por el menor espacio disponible para las piernas de los pasajeros traseros del Mercedes Clase C que, a cambio, ofrece más maletero que ninguno. El BMW Serie 3 es el que peor parado sale en cuanto a capacidad de carga, y eso que no lleva rueda de repuesto, ya que equipa neumáticos Runflat. Visualmente los tres habitáculos convencen y cuentan con materiales y ajustes de calidad, aunque el del Mercedes Clase C puede resultar demasiado austero en su diseño. El BMW 318d, a pesar de haber experimentado un restyling, sigue siendo fiel a sus orígenes y apenas ha cambiado, salvo por el nuevo mando del iDrive. Quien gana más puntos en este apartado es el Audi A4 2.0 TDI, que se distancia con mejores acabados y un aspecto más sofisticado. Además, es el único que lleva freno de estacionamiento por botón —en el Mercedes Clase C es por pedal—. Además de un comportamiento impecable con altos márgenes dinámicos, los tres cuentan con una amplia dotación de ayudas electrónicas a la conducción que facilitan las cosas en caso de complicaciones. Una de las pocas pegas que podemos encontrar en este apartado son las distancias de frenado del Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency, algo más largas de lo deseable. Comparadas con las excelentes cifras del A4 2.0 TDI hay 8 metros de diferencia en el paso de 140 a 0 km/h. A cambio, el Mercedes Clase C es el único que lleva airbag de rodillas para el conductor, que se suma a los habituales que podemos encontrar también en sus rivales. Tanto el BMW 318d como el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency montan de serie control de presión de los neumáticos, un elemento que en el Audi es opcional. En caso de pinchazo ninguno permite continuar el viaje con normalidad, ya que tanto el A4 como el Clase C incorporan rueda de repuesto de emergencia, mientras que el BMW carece de ella, ya que equipa neumáticos Runflat.

Las diferencias de equipamiento no son suficientes para inclinar la balanza a favor de ninguno, ya que todos cuentan con una dotación de serie generosa en la que echaremos en falta pocas cosas. No obstante, en los tres casos hay detalles que podrían mejorar, como el sensor de lluvia de los limpiaparabrisas, que es opcional, o los respaldos posteriores abatibles, que también hay que pagarlos aparte. Por otro lado, sólo el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency equipa de serie faros con encendido automático. Son elementos que prácticamente cualquier berlina de última generación, e incluso un utilitario con menos pretensiones, suele ofrecer. Pero si hablamos de inversión, lo que de verdad puede disparar la factura final es la lista de extras disponibles. Es larga y cara, y permite configurar a nuestro gusto hasta el más mínimo detalle, no sólo estético sino también técnico, desde faros inteligentes hasta varios tipos de tarados de suspensión, pasando por distintas direcciones —variable en el Mercedes y activas en el Audi y el BMW—. El Audi A4 2.0 TDI es el que puede incorporar un mayor «arsenal» tecnológico, ya que es el único que ofrece control activo de velocidad de crucero, o suspensión pilotada.
Tres Diesel modélicos
Comportamiento intachable
No destacan especialmente por una gran habitabilidad, de hecho tres adultos viajarán demasiado apretados en las plazas posteriores de cualquiera de estas berlinas. Las cotas interiores son bastante similares en los tres casos, salvo por el menor espacio disponible para las piernas de los pasajeros traseros del Mercedes Clase C que, a cambio, ofrece más maletero que ninguno. El BMW Serie 3 es el que peor parado sale en cuanto a capacidad de carga, y eso que no lleva rueda de repuesto, ya que equipa neumáticos Runflat. Visualmente los tres habitáculos convencen y cuentan con materiales y ajustes de calidad, aunque el del Mercedes Clase C puede resultar demasiado austero en su diseño. El BMW 318d, a pesar de haber experimentado un restyling, sigue siendo fiel a sus orígenes y apenas ha cambiado, salvo por el nuevo mando del iDrive. Quien gana más puntos en este apartado es el Audi A4 2.0 TDI, que se distancia con mejores acabados y un aspecto más sofisticado. Además, es el único que lleva freno de estacionamiento por botón —en el Mercedes Clase C es por pedal—. Además de un comportamiento impecable con altos márgenes dinámicos, los tres cuentan con una amplia dotación de ayudas electrónicas a la conducción que facilitan las cosas en caso de complicaciones. Una de las pocas pegas que podemos encontrar en este apartado son las distancias de frenado del Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency, algo más largas de lo deseable. Comparadas con las excelentes cifras del A4 2.0 TDI hay 8 metros de diferencia en el paso de 140 a 0 km/h. A cambio, el Mercedes Clase C es el único que lleva airbag de rodillas para el conductor, que se suma a los habituales que podemos encontrar también en sus rivales. Tanto el BMW 318d como el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency montan de serie control de presión de los neumáticos, un elemento que en el Audi es opcional. En caso de pinchazo ninguno permite continuar el viaje con normalidad, ya que tanto el A4 como el Clase C incorporan rueda de repuesto de emergencia, mientras que el BMW carece de ella, ya que equipa neumáticos Runflat.

Las diferencias de equipamiento no son suficientes para inclinar la balanza a favor de ninguno, ya que todos cuentan con una dotación de serie generosa en la que echaremos en falta pocas cosas. No obstante, en los tres casos hay detalles que podrían mejorar, como el sensor de lluvia de los limpiaparabrisas, que es opcional, o los respaldos posteriores abatibles, que también hay que pagarlos aparte. Por otro lado, sólo el Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency equipa de serie faros con encendido automático. Son elementos que prácticamente cualquier berlina de última generación, e incluso un utilitario con menos pretensiones, suele ofrecer. Pero si hablamos de inversión, lo que de verdad puede disparar la factura final es la lista de extras disponibles. Es larga y cara, y permite configurar a nuestro gusto hasta el más mínimo detalle, no sólo estético sino también técnico, desde faros inteligentes hasta varios tipos de tarados de suspensión, pasando por distintas direcciones —variable en el Mercedes y activas en el Audi y el BMW—. El Audi A4 2.0 TDI es el que puede incorporar un mayor «arsenal» tecnológico, ya que es el único que ofrece control activo de velocidad de crucero, o suspensión pilotada.
Tres Diesel modélicos
Comportamiento intachable
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