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Audi A4 2.0 TDI vs BMW 318d y Mercedes C 200 CDI

Su bajo consumo e imagen de marca les han convertido en triunfadores de las flotas de empresa. Respecto a las berlinas generalistas, compensan su menor espacio interior con un elevado placer de conducción, que no está del todo reñido con sus modestas mecánicas turbodiesel.
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Audi A4 2.0 TDI vs BMW 318d y  Mercedes C 200 CDI
En los tres casos las motorizaciones Diesel de cuatro cilindros son las más vendidas y, en los tres casos, se ofrecen varios niveles de potencia partiendo de bloques motor comunes. Pensamos que para un uso diario convencional no hace falta recurrir a las versiones más prestacionales, pues las más básicas son lo suficientemente solventes y ya permiten disfrutar de la sensación de conducir un coche bien hecho. En el caso del Audi A4, el escalonamiento comienza con unos muy recomendables 120 CV, continúa con los 143 CV del modelo tratado en esta comparativa, y llega hasta los 170 CV. El BMW Serie 3, por su parte, dispone actualmente de 143 y 177 CV, mientras que Mercedes ofrece 136 y 170 CV para su Clase C. Tanto en el remodelado BMW Serie 3 como en Mercedes Clase C, pronto harán su aparición los máximos exponentes derivados de estas arquitecturas de cuatro cilindros, ambos sobrealimentados por dos turbos y con 204 CV.
En el caso de las versiones que nos ocupan, es decir, en torno a 140 CV, cifras casi calcadas y diferencias de matiz en prestaciones, equipamientos e incluso en las cotas interiores, hacen casi imposible que la elección entre uno u otro no quede relegada a una mera cuestión emocional de afinidad a la marca, ya que los tres productos son totalmente convincentes. La conclusión final es que cada uno tiene virtudes en las que destaca especialmente, de modo que la configuración ideal pasaría por tomar prestado un poco de uno y de otro.

La personalidad de sus motores no tiene nada que ver. Los tres ofrecen un excelente rendimiento y un alto grado de refinamiento, pero cada uno entrega la potencia a su manera. El Audi A4 2.0 TDI es el que menos cómodo se encuentra al girar a pocas revoluciones, ya que su respuesta no es contundente hasta superadas las 2.000 vueltas. Es el que más efecto turbo tiene y el menos progresivo, pero también el que mejores cifras de recuperaciones ha obtenido en nuestras mediciones, por sus desarrollos algo más cortos. Su consumo también es ligeramente superior; además, a diferencia de sus competidores, no cuenta con medidas específicas enfocadas a optimizar el gasto de combustible. En este sentido, el BMW 318d es el que más mejoras incorpora bajo el paraguas del llamado EfficientDynamics, desde periféricos desacoplables hasta función de arranque y parada automáticos para reducir el consumo en ciudad, y sus excelentes cifras así lo reflejan. Su única pega es que resulta algo «soso»; es un propulsor excesivamente lineal y que no emociona, sobre todo si lo comparamos con el 320d del que deriva. El Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency también puede presumir de ser una versión de «eficiencia mejorada», con desarrollos alargados respecto al Mercedes C 200 CDI, cambios aerodinámicos, parabrisas más fino y ligero, así como bomba de la dirección desconectable cuando no está en uso. A pesar de ser el más modesto oficialmente —136 CV—, en nuestro banco ha rendido 155 CV. Sorprende su puntiagudo funcionamiento, que recuerda al de un motor de gasolina, progresivo y con más fuerza a medida que aumentan las revoluciones e incluso nos adentramos en la zona roja, por lo que obliga a jugar con el cambio para sacar el máximo partido. Como contrapartida, es el que peor recupera. Por lo tanto, empate técnico, con alternativas para todos los gustos. Audi A4 2.0 TDI
-Tacto de conducción
-Frenos
-Recuperaciones

BMW 318d
-Comportamiento deportivo
-Start-Stop
-Consumo

Mercedes C 200 CDI
-Motor
-Agrado de uso
-Comodidad de suspensión Audi A4 2.0 TDI
-Confort de bacheo
-Sonoridad en plazas traseras
-Tracción en mojado

BMW 318d
-Motor falto de carácter
-Sin termómetro de agua
-Maletero

Mercedes C 200 CDI
-Plazas traseras
-Recuperaciones
-Distancia de frenado
Comportamiento intachable
Equipamiento y seguridad
En los tres casos las motorizaciones Diesel de cuatro cilindros son las más vendidas y, en los tres casos, se ofrecen varios niveles de potencia partiendo de bloques motor comunes. Pensamos que para un uso diario convencional no hace falta recurrir a las versiones más prestacionales, pues las más básicas son lo suficientemente solventes y ya permiten disfrutar de la sensación de conducir un coche bien hecho. En el caso del Audi A4, el escalonamiento comienza con unos muy recomendables 120 CV, continúa con los 143 CV del modelo tratado en esta comparativa, y llega hasta los 170 CV. El BMW Serie 3, por su parte, dispone actualmente de 143 y 177 CV, mientras que Mercedes ofrece 136 y 170 CV para su Clase C. Tanto en el remodelado BMW Serie 3 como en Mercedes Clase C, pronto harán su aparición los máximos exponentes derivados de estas arquitecturas de cuatro cilindros, ambos sobrealimentados por dos turbos y con 204 CV. En el caso de las versiones que nos ocupan, es decir, en torno a 140 CV, cifras casi calcadas y diferencias de matiz en prestaciones, equipamientos e incluso en las cotas interiores, hacen casi imposible que la elección entre uno u otro no quede relegada a una mera cuestión emocional de afinidad a la marca, ya que los tres productos son totalmente convincentes. La conclusión final es que cada uno tiene virtudes en las que destaca especialmente, de modo que la configuración ideal pasaría por tomar prestado un poco de uno y de otro.

La personalidad de sus motores no tiene nada que ver. Los tres ofrecen un excelente rendimiento y un alto grado de refinamiento, pero cada uno entrega la potencia a su manera. El Audi A4 2.0 TDI es el que menos cómodo se encuentra al girar a pocas revoluciones, ya que su respuesta no es contundente hasta superadas las 2.000 vueltas. Es el que más efecto turbo tiene y el menos progresivo, pero también el que mejores cifras de recuperaciones ha obtenido en nuestras mediciones, por sus desarrollos algo más cortos. Su consumo también es ligeramente superior; además, a diferencia de sus competidores, no cuenta con medidas específicas enfocadas a optimizar el gasto de combustible. En este sentido, el BMW 318d es el que más mejoras incorpora bajo el paraguas del llamado EfficientDynamics, desde periféricos desacoplables hasta función de arranque y parada automáticos para reducir el consumo en ciudad, y sus excelentes cifras así lo reflejan. Su única pega es que resulta algo «soso»; es un propulsor excesivamente lineal y que no emociona, sobre todo si lo comparamos con el 320d del que deriva. El Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency también puede presumir de ser una versión de «eficiencia mejorada», con desarrollos alargados respecto al Mercedes C 200 CDI, cambios aerodinámicos, parabrisas más fino y ligero, así como bomba de la dirección desconectable cuando no está en uso. A pesar de ser el más modesto oficialmente —136 CV—, en nuestro banco ha rendido 155 CV. Sorprende su puntiagudo funcionamiento, que recuerda al de un motor de gasolina, progresivo y con más fuerza a medida que aumentan las revoluciones e incluso nos adentramos en la zona roja, por lo que obliga a jugar con el cambio para sacar el máximo partido. Como contrapartida, es el que peor recupera. Por lo tanto, empate técnico, con alternativas para todos los gustos. Audi A4 2.0 TDI
-Tacto de conducción
-Frenos
-Recuperaciones

BMW 318d
-Comportamiento deportivo
-Start-Stop
-Consumo

Mercedes C 200 CDI
-Motor
-Agrado de uso
-Comodidad de suspensión Audi A4 2.0 TDI
-Confort de bacheo
-Sonoridad en plazas traseras
-Tracción en mojado

BMW 318d
-Motor falto de carácter
-Sin termómetro de agua
-Maletero

Mercedes C 200 CDI
-Plazas traseras
-Recuperaciones
-Distancia de frenado
Comportamiento intachable
Equipamiento y seguridad
En los tres casos las motorizaciones Diesel de cuatro cilindros son las más vendidas y, en los tres casos, se ofrecen varios niveles de potencia partiendo de bloques motor comunes. Pensamos que para un uso diario convencional no hace falta recurrir a las versiones más prestacionales, pues las más básicas son lo suficientemente solventes y ya permiten disfrutar de la sensación de conducir un coche bien hecho. En el caso del Audi A4, el escalonamiento comienza con unos muy recomendables 120 CV, continúa con los 143 CV del modelo tratado en esta comparativa, y llega hasta los 170 CV. El BMW Serie 3, por su parte, dispone actualmente de 143 y 177 CV, mientras que Mercedes ofrece 136 y 170 CV para su Clase C. Tanto en el remodelado BMW Serie 3 como en Mercedes Clase C, pronto harán su aparición los máximos exponentes derivados de estas arquitecturas de cuatro cilindros, ambos sobrealimentados por dos turbos y con 204 CV. En el caso de las versiones que nos ocupan, es decir, en torno a 140 CV, cifras casi calcadas y diferencias de matiz en prestaciones, equipamientos e incluso en las cotas interiores, hacen casi imposible que la elección entre uno u otro no quede relegada a una mera cuestión emocional de afinidad a la marca, ya que los tres productos son totalmente convincentes. La conclusión final es que cada uno tiene virtudes en las que destaca especialmente, de modo que la configuración ideal pasaría por tomar prestado un poco de uno y de otro.

La personalidad de sus motores no tiene nada que ver. Los tres ofrecen un excelente rendimiento y un alto grado de refinamiento, pero cada uno entrega la potencia a su manera. El Audi A4 2.0 TDI es el que menos cómodo se encuentra al girar a pocas revoluciones, ya que su respuesta no es contundente hasta superadas las 2.000 vueltas. Es el que más efecto turbo tiene y el menos progresivo, pero también el que mejores cifras de recuperaciones ha obtenido en nuestras mediciones, por sus desarrollos algo más cortos. Su consumo también es ligeramente superior; además, a diferencia de sus competidores, no cuenta con medidas específicas enfocadas a optimizar el gasto de combustible. En este sentido, el BMW 318d es el que más mejoras incorpora bajo el paraguas del llamado EfficientDynamics, desde periféricos desacoplables hasta función de arranque y parada automáticos para reducir el consumo en ciudad, y sus excelentes cifras así lo reflejan. Su única pega es que resulta algo «soso»; es un propulsor excesivamente lineal y que no emociona, sobre todo si lo comparamos con el 320d del que deriva. El Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency también puede presumir de ser una versión de «eficiencia mejorada», con desarrollos alargados respecto al Mercedes C 200 CDI, cambios aerodinámicos, parabrisas más fino y ligero, así como bomba de la dirección desconectable cuando no está en uso. A pesar de ser el más modesto oficialmente —136 CV—, en nuestro banco ha rendido 155 CV. Sorprende su puntiagudo funcionamiento, que recuerda al de un motor de gasolina, progresivo y con más fuerza a medida que aumentan las revoluciones e incluso nos adentramos en la zona roja, por lo que obliga a jugar con el cambio para sacar el máximo partido. Como contrapartida, es el que peor recupera. Por lo tanto, empate técnico, con alternativas para todos los gustos. Audi A4 2.0 TDI
-Tacto de conducción
-Frenos
-Recuperaciones

BMW 318d
-Comportamiento deportivo
-Start-Stop
-Consumo

Mercedes C 200 CDI
-Motor
-Agrado de uso
-Comodidad de suspensión Audi A4 2.0 TDI
-Confort de bacheo
-Sonoridad en plazas traseras
-Tracción en mojado

BMW 318d
-Motor falto de carácter
-Sin termómetro de agua
-Maletero

Mercedes C 200 CDI
-Plazas traseras
-Recuperaciones
-Distancia de frenado
Comportamiento intachable
Equipamiento y seguridad
En los tres casos las motorizaciones Diesel de cuatro cilindros son las más vendidas y, en los tres casos, se ofrecen varios niveles de potencia partiendo de bloques motor comunes. Pensamos que para un uso diario convencional no hace falta recurrir a las versiones más prestacionales, pues las más básicas son lo suficientemente solventes y ya permiten disfrutar de la sensación de conducir un coche bien hecho. En el caso del Audi A4, el escalonamiento comienza con unos muy recomendables 120 CV, continúa con los 143 CV del modelo tratado en esta comparativa, y llega hasta los 170 CV. El BMW Serie 3, por su parte, dispone actualmente de 143 y 177 CV, mientras que Mercedes ofrece 136 y 170 CV para su Clase C. Tanto en el remodelado BMW Serie 3 como en Mercedes Clase C, pronto harán su aparición los máximos exponentes derivados de estas arquitecturas de cuatro cilindros, ambos sobrealimentados por dos turbos y con 204 CV. En el caso de las versiones que nos ocupan, es decir, en torno a 140 CV, cifras casi calcadas y diferencias de matiz en prestaciones, equipamientos e incluso en las cotas interiores, hacen casi imposible que la elección entre uno u otro no quede relegada a una mera cuestión emocional de afinidad a la marca, ya que los tres productos son totalmente convincentes. La conclusión final es que cada uno tiene virtudes en las que destaca especialmente, de modo que la configuración ideal pasaría por tomar prestado un poco de uno y de otro.

La personalidad de sus motores no tiene nada que ver. Los tres ofrecen un excelente rendimiento y un alto grado de refinamiento, pero cada uno entrega la potencia a su manera. El Audi A4 2.0 TDI es el que menos cómodo se encuentra al girar a pocas revoluciones, ya que su respuesta no es contundente hasta superadas las 2.000 vueltas. Es el que más efecto turbo tiene y el menos progresivo, pero también el que mejores cifras de recuperaciones ha obtenido en nuestras mediciones, por sus desarrollos algo más cortos. Su consumo también es ligeramente superior; además, a diferencia de sus competidores, no cuenta con medidas específicas enfocadas a optimizar el gasto de combustible. En este sentido, el BMW 318d es el que más mejoras incorpora bajo el paraguas del llamado EfficientDynamics, desde periféricos desacoplables hasta función de arranque y parada automáticos para reducir el consumo en ciudad, y sus excelentes cifras así lo reflejan. Su única pega es que resulta algo «soso»; es un propulsor excesivamente lineal y que no emociona, sobre todo si lo comparamos con el 320d del que deriva. El Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency también puede presumir de ser una versión de «eficiencia mejorada», con desarrollos alargados respecto al Mercedes C 200 CDI, cambios aerodinámicos, parabrisas más fino y ligero, así como bomba de la dirección desconectable cuando no está en uso. A pesar de ser el más modesto oficialmente —136 CV—, en nuestro banco ha rendido 155 CV. Sorprende su puntiagudo funcionamiento, que recuerda al de un motor de gasolina, progresivo y con más fuerza a medida que aumentan las revoluciones e incluso nos adentramos en la zona roja, por lo que obliga a jugar con el cambio para sacar el máximo partido. Como contrapartida, es el que peor recupera. Por lo tanto, empate técnico, con alternativas para todos los gustos. Audi A4 2.0 TDI
-Tacto de conducción
-Frenos
-Recuperaciones

BMW 318d
-Comportamiento deportivo
-Start-Stop
-Consumo

Mercedes C 200 CDI
-Motor
-Agrado de uso
-Comodidad de suspensión Audi A4 2.0 TDI
-Confort de bacheo
-Sonoridad en plazas traseras
-Tracción en mojado

BMW 318d
-Motor falto de carácter
-Sin termómetro de agua
-Maletero

Mercedes C 200 CDI
-Plazas traseras
-Recuperaciones
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Comportamiento intachable
Equipamiento y seguridad
En los tres casos las motorizaciones Diesel de cuatro cilindros son las más vendidas y, en los tres casos, se ofrecen varios niveles de potencia partiendo de bloques motor comunes. Pensamos que para un uso diario convencional no hace falta recurrir a las versiones más prestacionales, pues las más básicas son lo suficientemente solventes y ya permiten disfrutar de la sensación de conducir un coche bien hecho. En el caso del Audi A4, el escalonamiento comienza con unos muy recomendables 120 CV, continúa con los 143 CV del modelo tratado en esta comparativa, y llega hasta los 170 CV. El BMW Serie 3, por su parte, dispone actualmente de 143 y 177 CV, mientras que Mercedes ofrece 136 y 170 CV para su Clase C. Tanto en el remodelado BMW Serie 3 como en Mercedes Clase C, pronto harán su aparición los máximos exponentes derivados de estas arquitecturas de cuatro cilindros, ambos sobrealimentados por dos turbos y con 204 CV. En el caso de las versiones que nos ocupan, es decir, en torno a 140 CV, cifras casi calcadas y diferencias de matiz en prestaciones, equipamientos e incluso en las cotas interiores, hacen casi imposible que la elección entre uno u otro no quede relegada a una mera cuestión emocional de afinidad a la marca, ya que los tres productos son totalmente convincentes. La conclusión final es que cada uno tiene virtudes en las que destaca especialmente, de modo que la configuración ideal pasaría por tomar prestado un poco de uno y de otro.

La personalidad de sus motores no tiene nada que ver. Los tres ofrecen un excelente rendimiento y un alto grado de refinamiento, pero cada uno entrega la potencia a su manera. El Audi A4 2.0 TDI es el que menos cómodo se encuentra al girar a pocas revoluciones, ya que su respuesta no es contundente hasta superadas las 2.000 vueltas. Es el que más efecto turbo tiene y el menos progresivo, pero también el que mejores cifras de recuperaciones ha obtenido en nuestras mediciones, por sus desarrollos algo más cortos. Su consumo también es ligeramente superior; además, a diferencia de sus competidores, no cuenta con medidas específicas enfocadas a optimizar el gasto de combustible. En este sentido, el BMW 318d es el que más mejoras incorpora bajo el paraguas del llamado EfficientDynamics, desde periféricos desacoplables hasta función de arranque y parada automáticos para reducir el consumo en ciudad, y sus excelentes cifras así lo reflejan. Su única pega es que resulta algo «soso»; es un propulsor excesivamente lineal y que no emociona, sobre todo si lo comparamos con el 320d del que deriva. El Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency también puede presumir de ser una versión de «eficiencia mejorada», con desarrollos alargados respecto al Mercedes C 200 CDI, cambios aerodinámicos, parabrisas más fino y ligero, así como bomba de la dirección desconectable cuando no está en uso. A pesar de ser el más modesto oficialmente —136 CV—, en nuestro banco ha rendido 155 CV. Sorprende su puntiagudo funcionamiento, que recuerda al de un motor de gasolina, progresivo y con más fuerza a medida que aumentan las revoluciones e incluso nos adentramos en la zona roja, por lo que obliga a jugar con el cambio para sacar el máximo partido. Como contrapartida, es el que peor recupera. Por lo tanto, empate técnico, con alternativas para todos los gustos. Audi A4 2.0 TDI
-Tacto de conducción
-Frenos
-Recuperaciones

BMW 318d
-Comportamiento deportivo
-Start-Stop
-Consumo

Mercedes C 200 CDI
-Motor
-Agrado de uso
-Comodidad de suspensión Audi A4 2.0 TDI
-Confort de bacheo
-Sonoridad en plazas traseras
-Tracción en mojado

BMW 318d
-Motor falto de carácter
-Sin termómetro de agua
-Maletero

Mercedes C 200 CDI
-Plazas traseras
-Recuperaciones
-Distancia de frenado
Comportamiento intachable
Equipamiento y seguridad
En los tres casos las motorizaciones Diesel de cuatro cilindros son las más vendidas y, en los tres casos, se ofrecen varios niveles de potencia partiendo de bloques motor comunes. Pensamos que para un uso diario convencional no hace falta recurrir a las versiones más prestacionales, pues las más básicas son lo suficientemente solventes y ya permiten disfrutar de la sensación de conducir un coche bien hecho. En el caso del Audi A4, el escalonamiento comienza con unos muy recomendables 120 CV, continúa con los 143 CV del modelo tratado en esta comparativa, y llega hasta los 170 CV. El BMW Serie 3, por su parte, dispone actualmente de 143 y 177 CV, mientras que Mercedes ofrece 136 y 170 CV para su Clase C. Tanto en el remodelado BMW Serie 3 como en Mercedes Clase C, pronto harán su aparición los máximos exponentes derivados de estas arquitecturas de cuatro cilindros, ambos sobrealimentados por dos turbos y con 204 CV. En el caso de las versiones que nos ocupan, es decir, en torno a 140 CV, cifras casi calcadas y diferencias de matiz en prestaciones, equipamientos e incluso en las cotas interiores, hacen casi imposible que la elección entre uno u otro no quede relegada a una mera cuestión emocional de afinidad a la marca, ya que los tres productos son totalmente convincentes. La conclusión final es que cada uno tiene virtudes en las que destaca especialmente, de modo que la configuración ideal pasaría por tomar prestado un poco de uno y de otro.

La personalidad de sus motores no tiene nada que ver. Los tres ofrecen un excelente rendimiento y un alto grado de refinamiento, pero cada uno entrega la potencia a su manera. El Audi A4 2.0 TDI es el que menos cómodo se encuentra al girar a pocas revoluciones, ya que su respuesta no es contundente hasta superadas las 2.000 vueltas. Es el que más efecto turbo tiene y el menos progresivo, pero también el que mejores cifras de recuperaciones ha obtenido en nuestras mediciones, por sus desarrollos algo más cortos. Su consumo también es ligeramente superior; además, a diferencia de sus competidores, no cuenta con medidas específicas enfocadas a optimizar el gasto de combustible. En este sentido, el BMW 318d es el que más mejoras incorpora bajo el paraguas del llamado EfficientDynamics, desde periféricos desacoplables hasta función de arranque y parada automáticos para reducir el consumo en ciudad, y sus excelentes cifras así lo reflejan. Su única pega es que resulta algo «soso»; es un propulsor excesivamente lineal y que no emociona, sobre todo si lo comparamos con el 320d del que deriva. El Mercedes C 200 CDI BlueEfficiency también puede presumir de ser una versión de «eficiencia mejorada», con desarrollos alargados respecto al Mercedes C 200 CDI, cambios aerodinámicos, parabrisas más fino y ligero, así como bomba de la dirección desconectable cuando no está en uso. A pesar de ser el más modesto oficialmente —136 CV—, en nuestro banco ha rendido 155 CV. Sorprende su puntiagudo funcionamiento, que recuerda al de un motor de gasolina, progresivo y con más fuerza a medida que aumentan las revoluciones e incluso nos adentramos en la zona roja, por lo que obliga a jugar con el cambio para sacar el máximo partido. Como contrapartida, es el que peor recupera. Por lo tanto, empate técnico, con alternativas para todos los gustos. Audi A4 2.0 TDI
-Tacto de conducción
-Frenos
-Recuperaciones

BMW 318d
-Comportamiento deportivo
-Start-Stop
-Consumo

Mercedes C 200 CDI
-Motor
-Agrado de uso
-Comodidad de suspensión Audi A4 2.0 TDI
-Confort de bacheo
-Sonoridad en plazas traseras
-Tracción en mojado

BMW 318d
-Motor falto de carácter
-Sin termómetro de agua
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Mercedes C 200 CDI
-Plazas traseras
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