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Audi A1 1.6 TDI y Citroën DS3 1.6 HDI

Aparecen los nuevos Audi A1 y, sorprendentemente, Citroën DS3. ¿Cómo se llama la película? Dos coches, y un destino: adelantar a Mini como pequeño objeto de deseo. Imagen, personalización, eficiencia, precio... La ciudad se viste de gala.
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Audi A1 1.6 TDI y Citroën DS3 1.6 HDI

Bajo el paraguas de la eficiencia, Audi A1 y Citroën DS3 coinciden en sus versiones Diesel: misma cilindrada (1,6 litros) y rango de potencia (entre 90 y 112 CV). Como avanzados utilitarios, ambos presentan ya las últimas evoluciones superiores de sus respectivos grupos. Audi un moderno TDI common-rail de 105 CV sustituto del anterior 1.9 TDI, y Citroën un nuevo HDI con 112 CV oficiales y que, frente a su predecesor de 110, cuenta con menor relación de compresión (16:1 en lugar de 18:1), menor número de válvulas (8 frente a 16) y un 15% más de par. Modificación que el grupo francés ha introducido con discreción, aunque en carretera no pasa desapercibida. 

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Citroen DS3 vs Audi A1

Extraordinario el rendimiento ofrecido por este HDI en el Citroën DS3. Menos refinado que el TDI del Audi A1, se percibe más sonoro y con mayores vibraciones (sobre todo a baja velocidad), pero con una respuesta más instantánea y elástica. Su bajo régimen es buenísimo ya desde sólo 1.250 rpm y hasta pasadas las 4.000 no pierde consistencia.

Algo más le cuesta al TDI de Audi entrar en calor, y luego lo hace muy bien, pero también paga su cambio manual de cinco relaciones frente a las seis del DS3 (otra novedad de su renovado HDI). Justificable por las menores fricciones y peso de este tipo de cajas, acoplada en cambio a un modelo que busca ante todo la eficiencia muestra carencias. Porque al peor bajo régimen de su rival, une 5 desarrollos demasiado abiertos que provocan mayor uso del cambio y lentas recuperaciones y adelantamientos.

Más equilibrado llega el Citroën DS3 para no empeorar ni siquiera en dos décimas su economía de uso. Y es que, en la práctica, ambos cuentan con consumos prácticamente idénticos. Audi no logra sacar partido a su menor peso y a una batería de nuevas medidas de ahorro que, ante Citroën, implican sistemas Start/Stop y de recuperación de energía en la frenada y hasta bajos parcialmente cubiertos.

El equipamiento marca fronteras. El DS3 viene ya de serie con Climatizador, control de velocidad o volante multifunción, por los que hay que pagar en A1. Y con pintura bitono al mismo precio de la metalizada, mientras en Audi hay que pagar por esta última y por los arcos de techo en contraste por separado. Claro que el A1 lleva de serie sensor de lluvia y suspensión deportiva, y cuenta con un equipo opcional inalcanzable tanto por Citroën como por todos sus rivales: iluminación inteligente por xenón, acceso y arranque sin llaves, sistema MMI de información, control de presión de neumáticos...

Sin duda, en el análisis donde más desequilibrio hay en la puesta conjunta en escena de Audi A1 y Citroën DS3 es en el de vida a bordo. Y con dos apartados muy diferenciados. Entramos primero en la confección de habitáculo, donde Audi tira claramente de galones. Con su exquisita posición baja de conducción, impecable terminación, nivel de equipamiento casi de berlina de lujo y materiales de alta calidad percibida. Creíble ambiente "premium".

En cambio, más le va a costar a Citroën entrar en este preciado segmento. Bueno como constructor generalista, su interior es más que aparente, y a todas luces más que aceptable por ergonomía y confort, pero en acabado y materiales queda por detrás de Audi. Tampoco se aprecia una gran evolución frente al "popular" C3 del que deriva.

Sin embargo, desde ahí, entra en juego otro apartado para desnivelar también el enfrentamiento: la habitabilidad. Cambio de tercio para que Citroën tire esta vez de funcionalidad. A la prácticamente testimonial homologación para 5 pasajeros en lugar de los 4 del A1 (detrás tres irán apretados), el DS3 impone capacidad para mucho más que un buen biplaza: altura trasera a prueba de adultos, más que correcta anchura y un maletero en el que no sólo caben las pequeñas bolsas del hipermercado.

En el Audi, en cambio, de poco sirve un buen espacio trasero para piernas, porque en él sólo podrán viajar niños... y no muy creciditos. La altura en esta segunda fila es minúscula, menor que un Mini o un pequeñisimo Toyota iQ. A ello suma además un maletero muy poco aprovechable (menor incluso en capacidad que un Mini hasta 20 centímetros más corto) y sin poder contar ni siquiera por espacio con rueda de emergencia (sí el DS3). En su lugar, hay kit antipinchazos. En definitiva, demasiado sacrificio, por más que, preguntando a sus ingenieros, la respuesta sea contundente: "Quien quiera plazas traseras, no es cliente de Audi A1".

En carretera

Bajo el paraguas de la eficiencia, Audi A1 y Citroën DS3 coinciden en sus versiones Diesel: misma cilindrada (1,6 litros) y rango de potencia (entre 90 y 112 CV). Como avanzados utilitarios, ambos presentan ya las últimas evoluciones superiores de sus respectivos grupos. Audi un moderno TDI common-rail de 105 CV sustituto del anterior 1.9 TDI, y Citroën un nuevo HDI con 112 CV oficiales y que, frente a su predecesor de 110, cuenta con menor relación de compresión (16:1 en lugar de 18:1), menor número de válvulas (8 frente a 16) y un 15% más de par. Modificación que el grupo francés ha introducido con discreción, aunque en carretera no pasa desapercibida. 

Extraordinario el rendimiento ofrecido por este HDI en el Citroën DS3. Menos refinado que el TDI del Audi A1, se percibe más sonoro y con mayores vibraciones (sobre todo a baja velocidad), pero con una respuesta más instantánea y elástica. Su bajo régimen es buenísimo ya desde sólo 1.250 rpm y hasta pasadas las 4.000 no pierde consistencia.

Algo más le cuesta al TDI de Audi entrar en calor, y luego lo hace muy bien, pero también paga su cambio manual de cinco relaciones frente a las seis del DS3 (otra novedad de su renovado HDI). Justificable por las menores fricciones y peso de este tipo de cajas, acoplada en cambio a un modelo que busca ante todo la eficiencia muestra carencias. Porque al peor bajo régimen de su rival, une 5 desarrollos demasiado abiertos que provocan mayor uso del cambio y lentas recuperaciones y adelantamientos.

Más equilibrado llega el Citroën DS3 para no empeorar ni siquiera en dos décimas su economía de uso. Y es que, en la práctica, ambos cuentan con consumos prácticamente idénticos. Audi no logra sacar partido a su menor peso y a una batería de nuevas medidas de ahorro que, ante Citroën, implican sistemas Start/Stop y de recuperación de energía en la frenada y hasta bajos parcialmente cubiertos.

El equipamiento marca fronteras. El DS3 viene ya de serie con Climatizador, control de velocidad o volante multifunción, por los que hay que pagar en A1. Y con pintura bitono al mismo precio de la metalizada, mientras en Audi hay que pagar por esta última y por los arcos de techo en contraste por separado. Claro que el A1 lleva de serie sensor de lluvia y suspensión deportiva, y cuenta con un equipo opcional inalcanzable tanto por Citroën como por todos sus rivales: iluminación inteligente por xenón, acceso y arranque sin llaves, sistema MMI de información, control de presión de neumáticos...

Sin duda, en el análisis donde más desequilibrio hay en la puesta conjunta en escena de Audi A1 y Citroën DS3 es en el de vida a bordo. Y con dos apartados muy diferenciados. Entramos primero en la confección de habitáculo, donde Audi tira claramente de galones. Con su exquisita posición baja de conducción, impecable terminación, nivel de equipamiento casi de berlina de lujo y materiales de alta calidad percibida. Creíble ambiente "premium".

En cambio, más le va a costar a Citroën entrar en este preciado segmento. Bueno como constructor generalista, su interior es más que aparente, y a todas luces más que aceptable por ergonomía y confort, pero en acabado y materiales queda por detrás de Audi. Tampoco se aprecia una gran evolución frente al "popular" C3 del que deriva.

Sin embargo, desde ahí, entra en juego otro apartado para desnivelar también el enfrentamiento: la habitabilidad. Cambio de tercio para que Citroën tire esta vez de funcionalidad. A la prácticamente testimonial homologación para 5 pasajeros en lugar de los 4 del A1 (detrás tres irán apretados), el DS3 impone capacidad para mucho más que un buen biplaza: altura trasera a prueba de adultos, más que correcta anchura y un maletero en el que no sólo caben las pequeñas bolsas del hipermercado.

En el Audi, en cambio, de poco sirve un buen espacio trasero para piernas, porque en él sólo podrán viajar niños... y no muy creciditos. La altura en esta segunda fila es minúscula, menor que un Mini o un pequeñisimo Toyota iQ. A ello suma además un maletero muy poco aprovechable (menor incluso en capacidad que un Mini hasta 20 centímetros más corto) y sin poder contar ni siquiera por espacio con rueda de emergencia (sí el DS3). En su lugar, hay kit antipinchazos. En definitiva, demasiado sacrificio, por más que, preguntando a sus ingenieros, la respuesta sea contundente: "Quien quiera plazas traseras, no es cliente de Audi A1".

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