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Alfa 8C Competizione

Los Alfa suenan bien, son bonitos y deportivos. El Alfa 8C Competizione, también, sólo que es comparable a un Porsche, o un Ferrari. Sin embargo, cuando estas dos marcas ni existían, Alfa Romeo ya era experta en superdeportivos con motores de 8 cilindros como éste.
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Alfa 8C Competizione
Es un coche de sueño. Sólo se fabricarán 500 unidades para 500 afortunados que han pagado más 173.500 euros cada uno. Si esto no te desanima, sigue leyendo para conocer un poco más de este biplaza excepcional, porque merece la pena y hará historia.

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Alfa 8C Competizione: exteriores

Su carrocería tipo berlinetta, obra del Centro Stile de la marca, ya hemos podido admirarla en muchos salones del automóvil desde su debut en Frankfurt el año 2003. Pero, vista en un espacio abierto, cobra otra dimensión. Compacta, bajita, redondeada, sin alerones y bien proporcionada, está hecha en fibra de carbono, el material de los monoplazas de Formula 1. Es como un felino agazapado, como esos caballos de carreras que están ansiosos por liberar toda la energía de su musculatura. Y una vez en marcha, impresiona bajo cualquier ángulo. Para el que va dentro es igual. Las aletas delanteras son “como las piernas de una mujer escultural” y el volante de aluminio tapizado en piel… (lo de las piernas lo dice el ingeniero Martino, responsable de su puesta a punto).

La forma es una cosa y la función, otra. A pesar de no tener alerones, el fondo plano del 8 C y los extractores posteriores de aire consiguen que se pegue a la carretera como una lapa. Sólo tiene un pequeño deflector bajo el faldón delantero y el resultado es espectacular. Aunque en el circuito de pruebas de Balocco, Italia, donde hemos podido conducirlo, sólo hemos alcanzado 230 km/h, las pruebas realizadas en el oval de Nardó han permitido rodar de manera sostenida a 300 km/h. Sin una buena aerodinámica, sin todas esas horas pasadas en el túnel de viento para que sus trenes no “floten”, despegaría como un avión. Hoy, muchos coches utilizan la fibra de carbono como adorno en forma de inserciones. Para el Alfa 8C es su razón de ser, pues, gracias a su rigidez, consigue un comportamiento tan deportivo. Con otro material, los esfuerzos transmitidos por sus enormes neumáticos posiblemente acabarían retorciendo la estructura. Carrocería y aletas van unidas a una plataforma de acero, procedente del Maserati GranTurismo acortada. Pero ¡quietos! que nadie adelante acontecimientos, porque hay absolutas diferencias estructurales. Conceptualmente, además, los Maserati son coches de gran turismo y el 8C es un superdeportivo. El de Módena lleva el cambio (automático, el mismo del BMW Serie 7) delante; el de Arese lo lleva “transaxle”, es decir, sobre el puente trasero. Esto también le da más rigidez, que ya de por sí es altísima gracias a la combinación del carbono de la carrocería y el acero de la plataforma. Peso, frenos, potencia y puesta a punto de las suspensiones son las otras grandes diferencias entre ambos modelos, que tienen poco que ver entre sí salvo compartir algunos componentes.

Para buscar un competidor del 8C hay que mirar a los Porsche 911 atmosféricos, Aston Martin V8 Vantage y… Ferrari F430, del que ha heredado el motor. Es menos lujoso que todos ellos y con las sensaciones más a flor de piel. El arranque por botón despliega una sinfonía para 8 cilindros, 32 válvulas y 4 tubos de escape. Con las levas que hay tras el volante se acciona el cambio, que es mecánico con embrague robotizado para pasar de una marcha a otra en una exhalación. La primera se inserta con la leva de la derecha, y el punto muerto, accionando ambas a la vez; la marcha atrás, apretando un botón que hay en la consola central. Es decir, al más puro estilo Ferrari. Es un coche de sueño. Sólo se fabricarán 500 unidades para 500 afortunados que han pagado más 173.500 euros cada uno. Si esto no te desanima, sigue leyendo para conocer un poco más de este biplaza excepcional, porque merece la pena y hará historia. Su carrocería tipo berlinetta, obra del Centro Stile de la marca, ya hemos podido admirarla en muchos salones del automóvil desde su debut en Frankfurt el año 2003. Pero, vista en un espacio abierto, cobra otra dimensión. Compacta, bajita, redondeada, sin alerones y bien proporcionada, está hecha en fibra de carbono, el material de los monoplazas de Formula 1. Es como un felino agazapado, como esos caballos de carreras que están ansiosos por liberar toda la energía de su musculatura. Y una vez en marcha, impresiona bajo cualquier ángulo. Para el que va dentro es igual. Las aletas delanteras son “como las piernas de una mujer escultural” y el volante de aluminio tapizado en piel… (lo de las piernas lo dice el ingeniero Martino, responsable de su puesta a punto).

La forma es una cosa y la función, otra. A pesar de no tener alerones, el fondo plano del 8 C y los extractores posteriores de aire consiguen que se pegue a la carretera como una lapa. Sólo tiene un pequeño deflector bajo el faldón delantero y el resultado es espectacular. Aunque en el circuito de pruebas de Balocco, Italia, donde hemos podido conducirlo, sólo hemos alcanzado 230 km/h, las pruebas realizadas en el oval de Nardó han permitido rodar de manera sostenida a 300 km/h. Sin una buena aerodinámica, sin todas esas horas pasadas en el túnel de viento para que sus trenes no “floten”, despegaría como un avión. Hoy, muchos coches utilizan la fibra de carbono como adorno en forma de inserciones. Para el Alfa 8C es su razón de ser, pues, gracias a su rigidez, consigue un comportamiento tan deportivo. Con otro material, los esfuerzos transmitidos por sus enormes neumáticos posiblemente acabarían retorciendo la estructura. Carrocería y aletas van unidas a una plataforma de acero, procedente del Maserati GranTurismo acortada. Pero ¡quietos! que nadie adelante acontecimientos, porque hay absolutas diferencias estructurales. Conceptualmente, además, los Maserati son coches de gran turismo y el 8C es un superdeportivo. El de Módena lleva el cambio (automático, el mismo del BMW Serie 7) delante; el de Arese lo lleva “transaxle”, es decir, sobre el puente trasero. Esto también le da más rigidez, que ya de por sí es altísima gracias a la combinación del carbono de la carrocería y el acero de la plataforma. Peso, frenos, potencia y puesta a punto de las suspensiones son las otras grandes diferencias entre ambos modelos, que tienen poco que ver entre sí salvo compartir algunos componentes.

Para buscar un competidor del 8C hay que mirar a los Porsche 911 atmosféricos, Aston Martin V8 Vantage y… Ferrari F430, del que ha heredado el motor. Es menos lujoso que todos ellos y con las sensaciones más a flor de piel. El arranque por botón despliega una sinfonía para 8 cilindros, 32 válvulas y 4 tubos de escape. Con las levas que hay tras el volante se acciona el cambio, que es mecánico con embrague robotizado para pasar de una marcha a otra en una exhalación. La primera se inserta con la leva de la derecha, y el punto muerto, accionando ambas a la vez; la marcha atrás, apretando un botón que hay en la consola central. Es decir, al más puro estilo Ferrari.
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