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Citroën C4 Aircross 1.8 HDi 2WD

Amanece tarde, pero con luz oriental. Necesitaba Citroën competir en el único segmento de mercado en auge, el de los atractivos SUV, y ya tiene por fin su particular anti-Qashqai. Fruto de la colaboración con Mitsubishi, el nuevo Citroën C4 Aircross desembarca desde Japón con el foco puesto sobre todo en diseño y espacio.
16/11/2012
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No hay duda de que, entre los SUV compactos, Asia sigue marcando hoy el camino. Puede ser cuestión de nacimiento y gustos, aunque, muy probablemente, también de habilidades. Del mismo modo que las grandes berlinas son alemanas, o que nadie hace mejores monovolúmenes que los fabricantes  franceses, los todo camino son, prácticamente, coto oriental. Y en ellos se cumplen las dos premisas antes expuestas. 

Primero, la de nacimiento, porque si Toyota fue quien inventó la categoría hace 12 años con su RAV4, el origen de su verdadero «boom» llegó luego de Nissan y su fenómeno Qashqai, hoy todo un gran superventas; y, segundo, la de habilidad, porque la acreditada experiencia y fiabilidad de sus países en transmisiones, sobre todo Japón, supone grandes ventajas técnicas y de desarrollo. 

Así que, igual que Renault se aprovecha hace años de su alianza con Nissan, ahora es el grupo francés PSA quien parece haber encontrado en Mitsubishi el socio perfecto. Porque si sus más grandes Citroën C-Crosser y Peugeot 4007 estrenaron hace casi 5 años el acuerdo tomando por completo la base del Outlander, ahora el proceso de creación para una alternativa más pequeña, y que debe representar grandes ventas, ha sido conjunto. Al menos, eso nos aseguran los responsables de Citroën. Sólo falta preguntarse entonces por qué ha tardado dos años en llegar este C4 Aircross después del ASX… y conocer que ambos nacen en realidad de la plataforma del anterior Outlander, con el que comparten hasta un 70 por ciento de componentes.

Ni clon, ni gemelo: mellizo

Es cuestión de rascar y sentarse, ya que, a primera vista, no es fácil identificar la procedencia del nuevo Citroën C4 Aircross. Gran trabajo de Citroën en diseño, uno de los puntos fuertes de este modelo y, aquí, sí en consonancia con las últimas creaciones de la marca, en especial con su moderna línea DS y con un C4 al que sólo une aquí el apellido. 

Porque, ya dentro, el ambiente es inconfundible a Mitsubishi, y también agradable. Mandos, instrumentación, consola… todo es compartido con el ASX, aunque nuevos revestimientos elevan ligeramente una alta calidad percibida. Y es que, aunque huye de la multiplicación de plásticos blandos que tanto se estila en Europa, la terminación es buena, y también el diseño (se ve hoy más moderno que el Nissan Qashqai) y la ergonomía. 

Se conduce muy natural este Citroën C4 Aircross, bien acomodado entre su elevada posición, correctas regulaciones y amplio apoyo para el pie izquierdo. Y siempre rodeado de huecos portaobjetos, tan socorridos para dejar móvil, cartera o llaves. En este sentido, como en sus recortados 4,34 metros exteriores, se nota que ha habido estrecho marcaje al Nissan Qashqai. Su éxito y utilidad han creado tendencia, y hoy Citroën presume de mejorar esa buena habitabilidad cota a cota, sobre todo en una fila trasera muy aprovechable incluso por tres ocupantes: anchura, reducido túnel de transmisión y espacio para piernas (incluso con asientos delanteros huecos por debajo y que permiten introducir los pies) juegan a favor. Sólo el maletero y su irregular superficie, con casi 100 litros menos de capacidad que el Nissan, son claros puntos a mejorar.

Made in Mitsubishi

De momento, el Citroën C4 Aircross convence por agrado. ¿Y en carretera? Pues tampoco se pierde, aunque no sea aquí, todo sea dicho, el SUV más refinado en marcha de su clase. Ni tampoco un verdadero Citroën en esencia. Quizás se acerque más al habitual tacto francés con su pequeño motor 1.6 HDi de 115 CV (principal contribución de PSA al proyecto con el objetivo de reducir emisiones), pero, junto a este Diesel de 150 CV y origen japonés que probamos hoy, el aroma ya a Mitsubishi es total. Que no peor, es sólo cuestión de gustos, porque el manejo del cambio, la dirección o incluso la amortiguación (supuestamente con puesta a punto específica) dejan de lado la suavidad habitual de Citroën por una mayor firmeza. 

En marcha, este Citroën C4 Aircross hay que reconocer que anda con suficiencia. No podía esperarse menos de un motor, en realidad, muy avanzado. Con 1,8 litros y muy baja relación de compresión (14,9:1), se trata del primer Diesel del mercado en combinar turbo, inyección directa y control de alzada variable de válvulas. Por ello, quizás, también es cierto que esperas algo más. Porque sus prestaciones, ayudado por unas relaciones de cambio más bien cortas, son más que aceptables y resuelven bien el día a día. Pero tampoco son sobresalientes. 

Por su baja cilindrada, este Citroën C4 Aircross 1.8 HDi no resulta pletórico a bajo régimen (salvo por una notable ausencia de vibraciones), dando lo mejor de sí entre 2.000 y 3.000 rpm, poco usual ya en un Diesel moderno. Y, a pesar de contar con frenada regenerativa o sistema Stop/Start (por motor de arranque y no el exquisito alternador/arranque de los nuevos e-HDi de PSA), gasta poco combustible (6,6 l/100 km) pero no es tampoco de los SUV más eficientes del mercado. Desde luego, el nuevo Mazda CX-5, con su motor 2.2D de 150 CV, ofrece mejor rendimiento… y seguro que con el 2.0 HDi de PSA también lo haría este C4, un SUV por otra parte muy ligero, poco más que el propio CX-5, y restando casi 40 kg a Ford Kuga, Hyundai ix35 o VW Tiguan. 

Especialmente ligero resulta el Citroën C4 Aircross en esta versión 4x2 que, aunque renuncia al extra de polivalencia y seguridad que ofrece siempre la tracción integral, debería representar, como en sus rivales, hasta un 70 por ciento del total de ventas. Otra cosa es que, personalmente, me decante siempre en este tipo de SUV por sus opciones 4x4.

En el caso del C4 Aircross, la tracción total supone 2.000 € más, pero reconozco que aún no he encontrado ningún dos ruedas motrices del segmento sin apreciables pérdidas de tracción en cuanto se fuerza el apoyo y damos rienda al gas. Quizás por enfocar su desarrollo de base como versiones 4x4, o quizás por su puesta a punto de compacto, cuando en realidad hay mayor altura de carrocería y más recorrido de suspensión que comprimir, lo cierto es que tienen más dificultades de motricidad, reflejándose en continuas entradas de los controles electrónicos. Aunque no sea de los más críticos, en el Citroën C4 Aircross también se demuestra, pero en momentos muy puntuales, como horquillas muy cerradas o baches en apoyo. 

Y es que, por lo demás, este Citroën C4 Aircross ofrece un comportamiento bastante equilibrado. Tanto en ciudad, donde ofrece muy buena visibilidad, como en carretera, donde responde casi con la agilidad de un compacto, con una pisada asentada, buen agarre y un limitado balanceo de carrocería. Incluso en frenadas, donde no destacó nunca el Mitsubishi ASX, Citroën se desmarca con las mejores distancias de la categoría, ayudado por sus superiores y grandes neumáticos 225/55 R18. 

En definitiva, y junto a un equipamiento muy completo, Citroën ya tiene lo que buscaba: un poderoso antídoto contra el, de momento, infalible Qashqai, que aún hoy triplica en ventas a sus inmediatos perseguidores. Veremos si este C4 Aircross no llega hoy demasiado tarde visto como está el mercado.

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