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Audi A8 3.0 TDI Tiptronic

Audi nos presenta la versión más económica del A8. Una mecánica de gasóleo de 233 CV, una imagen no ostentosa y un confort de marcha superior hacen de él una opción muy apetecible, para los clientes de berlinas de representación.
16/11/2004
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Dicen los “gurús” de la buena educación que, entre caballeros, no se habla de dinero, pero, en este caso, se hace imprescindible citar desde el principio el precio del automóvil protagonista de nuestra prueba, sobre todo cuando su coste supera los 10 millones de las antiguas pesetas o, lo que es lo mismo, 68.340 euros. Se trata del Audi A8 3.0 TDI Tiptronic de 233 CV y, aunque no lo creáis, es la versión, junto al gasolina de tres litros, más asequible de la gama.

En un primer vistazo, el A8 ha perdido parte de su suntuosidad y magnificencia. La culpa de ello no la tiene el propio coche, tampoco la competencia, sino más bien su, por llamarlo así, “hermano menor”, el A6. El crecimiento de este modelo, que es sólo 13 centímetros más corto que el A8, y la contundencia de sus líneas han dejado al modelo más lujoso de Audi en una situación incómoda, pues por 20.000 euros menos se puede contar con un modelo de similar nivel de representación, una imagen más actual y con similares soluciones tecnológicas.

Cuando nos detenemos a observar con mayor detalle lo que vamos a tener la oportunidad de conducir, reparamos en que estamos ante, como se diría antes, “un señor coche”.

Al adentrarnos en el habitáculo, tras abrir introduciendo la llave o simplemente acercándola a la puerta, lo primero que notamos es la multitud de detalles de prestigio que nos vamos encontrando.

En el interior, se respira un ambiente selecto y de alta tecnología. Los materiales utilizados son de gran calidad con concesiones al lujo (inserciones en madera y metal y apliques en Alcantara) sin caer en lo barroco, aunque tratándose de Audi y su gusto más por la manejabilidad que por el diseño, esto último es comprensible. Preside esta zona una pantalla escamoteable en la que podemos contemplar diversas informaciones sobre el coche, manejar la radio y el sistema de navegación y, como veremos, más adelante, incluso regular la firmeza de las suspensiones.

Una imagen inmaculada se combina con una colocación de los mandos muy a mano. Entre ellos destaca, por su importancia, el "joystick" del sistema MMI (Multi Media Interface), que es el encargado de controlar las principales funciones del vehículo. Su funcionamiento es bastante intuitivo y, aunque abusa de menús y submenús, la práctica hace que llegar a dónde queremos (cambiar la emisora, subir la temperatura, etc) sea fácil y rápido. De todas maneras, para los menos hábiles con las nuevas tecnologías, cualquiera de las citadas funciones, excepto la del navegador, puede ser controlada con botones analógicos.

La mejor postura al volante es fácil de lograr gracias a las múltiples regulaciones que poseen los asientos, incluyendo la posibilidad de acomodar con perfección la parte alta de la espalda y el cuello y pudiendo, incluso, variar la altura del cinturón de seguridad. Las butacas son muy cómodas y aseguran una sujeción lateral destacada a la altura de los riñones.

Similar confort es el que obtienen los ocupantes de las plazas traseras, pero sólo si viajan dos personas, ya que una tercera contará con la incomodidad de sufrir un asiento central estrecho y de mullido algo duro. Nos esperábamos más espacio para las piernas ante el tamaño del A8, pero, aun así, es más que suficiente para personas de gran talla. También se cuenta con un sistema de climatización independiente, y regulable por ellos mismos, a la vez que una cortinilla en la luneta trasera que les salvaguarda de los rigores del sol más justiciero.

El transporte de maletas u otro tipo de equipaje tampoco supone un problema para el dueño de esta berlina de lujo. Con 490 litros de capacidad, según las mediciones de nuestro Centro Técnico, hay otros automóviles con más maletero, incluso el A6 es más grande en este apartado, pero frente a sus principales rivales, el Serie 7 y el Clase S, las cifras son muy similares y las diferencias inapreciables.

El arranque se puede hacer por el método tradicional o mediante un botón, sin que sea necesario usar la llave. Una vez realizado, lo primero que nos sorprende es la ausencia de sonoridad, algo que se debe en partes iguales a un motor silencioso, para ser un Diesel, y a la buena insonorización del habitáculo.

Dicen los “gurús” de la buena educación que, entre caballeros, no se habla de dinero, pero, en este caso, se hace imprescindible citar desde el principio el precio del automóvil protagonista de nuestra prueba, sobre todo cuando su coste supera los 10 millones de las antiguas pesetas o, lo que es lo mismo, 68.340 euros. Se trata del Audi A8 3.0 TDI Tiptronic de 233 CV y, aunque no lo creáis, es la versión, junto al gasolina de tres litros, más asequible de la gama.

En un primer vistazo, el A8 ha perdido parte de su suntuosidad y magnificencia. La culpa de ello no la tiene el propio coche, tampoco la competencia, sino más bien su, por llamarlo así, “hermano menor”, el A6. El crecimiento de este modelo, que es sólo 13 centímetros más corto que el A8, y la contundencia de sus líneas han dejado al modelo más lujoso de Audi en una situación incómoda, pues por 20.000 euros menos se puede contar con un modelo de similar nivel de representación, una imagen más actual y con similares soluciones tecnológicas.

Cuando nos detenemos a observar con mayor detalle lo que vamos a tener la oportunidad de conducir, reparamos en que estamos ante, como se diría antes, “un señor coche”.

Al adentrarnos en el habitáculo, tras abrir introduciendo la llave o simplemente acercándola a la puerta, lo primero que notamos es la multitud de detalles de prestigio que nos vamos encontrando.

En el interior, se respira un ambiente selecto y de alta tecnología. Los materiales utilizados son de gran calidad con concesiones al lujo (inserciones en madera y metal y apliques en Alcantara) sin caer en lo barroco, aunque tratándose de Audi y su gusto más por la manejabilidad que por el diseño, esto último es comprensible. Preside esta zona una pantalla escamoteable en la que podemos contemplar diversas informaciones sobre el coche, manejar la radio y el sistema de navegación y, como veremos, más adelante, incluso regular la firmeza de las suspensiones.

Una imagen inmaculada se combina con una colocación de los mandos muy a mano. Entre ellos destaca, por su importancia, el "joystick" del sistema MMI (Multi Media Interface), que es el encargado de controlar las principales funciones del vehículo. Su funcionamiento es bastante intuitivo y, aunque abusa de menús y submenús, la práctica hace que llegar a dónde queremos (cambiar la emisora, subir la temperatura, etc) sea fácil y rápido. De todas maneras, para los menos hábiles con las nuevas tecnologías, cualquiera de las citadas funciones, excepto la del navegador, puede ser controlada con botones analógicos.

La mejor postura al volante es fácil de lograr gracias a las múltiples regulaciones que poseen los asientos, incluyendo la posibilidad de acomodar con perfección la parte alta de la espalda y el cuello y pudiendo, incluso, variar la altura del cinturón de seguridad. Las butacas son muy cómodas y aseguran una sujeción lateral destacada a la altura de los riñones.

Similar confort es el que obtienen los ocupantes de las plazas traseras, pero sólo si viajan dos personas, ya que una tercera contará con la incomodidad de sufrir un asiento central estrecho y de mullido algo duro. Nos esperábamos más espacio para las piernas ante el tamaño del A8, pero, aun así, es más que suficiente para personas de gran talla. También se cuenta con un sistema de climatización independiente, y regulable por ellos mismos, a la vez que una cortinilla en la luneta trasera que les salvaguarda de los rigores del sol más justiciero.

El transporte de maletas u otro tipo de equipaje tampoco supone un problema para el dueño de esta berlina de lujo. Con 490 litros de capacidad, según las mediciones de nuestro Centro Técnico, hay otros automóviles con más maletero, incluso el A6 es más grande en este apartado, pero frente a sus principales rivales, el Serie 7 y el Clase S, las cifras son muy similares y las diferencias inapreciables.

El arranque se puede hacer por el método tradicional o mediante un botón, sin que sea necesario usar la llave. Una vez realizado, lo primero que nos sorprende es la ausencia de sonoridad, algo que se debe en partes iguales a un motor silencioso, para ser un Diesel, y a la buena insonorización del habitáculo.

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